lunes, 13 de mayo de 2019

El temor de un hombre sabio

Prólogo

Es una sensación extraña, la de que algo subyace en la aparente calma y normalidad del transcurso de los días, una amenaza latente, inadvertida, impensable y desconocida de la que parece querer advertir un sentido que no tiene nombre.
Podría haber escogido otro título diferente al que Patrick Rothfouss le dio a una de sus novelas, y perdón por la fata de humildad que implica, pero no creo que hallara mejor expresión para poner marco a los pensamientos que quiero compartir, además, no cabría confusión alguna: esto no es una novela de ficción.

Muy al contrario viene a reunir un compendio de indicios, sospechas y evidencias que he ido recogiendo de forma intermitente  durante los últimos 10 años. Buscando esas piezas que no encajan o que han sido mal encajadas, o apartadas por no saber donde colocarlas en el que tal vez sea el más complicado puzzle, el de nuestro origen.

Durante mis reflexiones sobre la física cuántica realmente creía que abordaba tal vez la materia más compleja que se pueda abordar, la de un mundo físico tan pequeño que la interacción experimental con él adolece de grandes limitaciones y que obliga a inferir conclusiones a partir de unos pocos datos. También los temas de astrofísica pueden parecer la frontera última del conocimiento y ambos requieren de una aproximación matemática en muchos aspectos, tan valorada en nuestros días.

Sin embargo, uno puede darse cuenta de que más complicado que estudiar algo inabarcable o tan diminuto que interacciona con la mera mirada, es sin duda estudiar algo que ni siquiera está ahí. Que estuvo y ya no, que hay que aprehender a través de sus consecuencias. Esas consecuencias son nuestra realidad presente y esa disciplina se llama historia. Y requiere en buena parte el concurso de todas las demás.


Atlántida: de Platón al new age

De un tiempo a esta parte parece abrirse paso en la cultura popular, ya que el mundo académico parece bastante refractario, un fetiche intelectual (y a veces pseudointelectual) que parece extremadamente sugerente. Nos podemos referir al concepto con los términos "civilización perdida". Desde aún más atrás la "mítica" Atlántida se ha convertido en un icono pop y del que se pueden encontrar innumerables referencias en la industria del entretenimiento, por lo general en un marco de ficción al estilo Flash Gordon y similares.

No obstante, en tiempos más recientes, y tal vez por algunos trabajos previos, la idea parece haber ido calando más hondo y el relato platónico del Critias y el Timeo, que desde el mundo académico siempre se quiso leer en términos de mitología, parece querer enraizar de manera más profunda con un pasado olvidado en términos de historia formal y no como una historieta en las páginas de un cómic. Todo ello bajo el férreo descrédito que le atribuye el dogma académico actual, como pasa con otros asuntos en otras disciplinas.

Sin embargo cada vez son más las voces disidentes que se elevan con esta o aquella evidencia, con diversos grados de indicio y con una sospecha común: que estamos pasando por alto algo importante, quizás lo fundamental.
Si uno se remonta a los más antiguos orígenes de cualquiera de los pueblos del mundo de hoy, termina inexorablemente en un terreno de leyendas y mitológica. Al menos así lo interpreta hasta la fecha el consenso académico prenponderante.

Desde libros religiosos como pueda ser la Biblia, el Corán el Talmud, o la epopeya de Gilgamesh o el Mahabharata indio o incluso los poemas épicos griegos. De esas líneas salieron descubrimientos tan reales como el de la ciudad de Troya.
No parece, en términos generales, que todas esas tradiciones míticas hayan sido estudiadas con el rigor oportuno e interpretadas en la forma correcta. No en vano en el mundo de hoy algunas interpretaciones de textos religiosos aún son motivo de hostilidad e incluso guerras. Nada ayuda en eso a aclarar el fondo de la cuestión, como tampoco ayuda el pensamiento dogmático religioso ni la más moderna cerrazón atea a siquiera contemplar dichas fuentes.

Viendo la estructura social, política y económica del mundo presente y el control de la información que sucede en todos los ámbitos no es descartable que el persistente error mencionado no sea solamente espontáneo, aunque para los académicos es mucho más sencillo el modelo de evolución y progreso rectilíneo que tener en la mesa amontonados un montón de interrogantes de difícil respuesta con lo poco satisfactorio que eso resulta. Además, es mucho más complaciente el modelo tradicionalmente aceptado. No quiere decir que éste sea incorrecto en todo punto, pero es muy posible que a tenor de lo que se expondrá el concepto de pre-historia tal como se suele exponer deba ser sujeto a una severa revisión.

Tal vez el ejemplo más evidente sea el de las pirámides de Egipto. Por el gran interés a nivel popular que suscitan, pasto para las teorías más excéntricas y descabelladas y también por lo evidente en lo todo lo que hay de reaccionario en la academia. La discusión abarca cada aspecto desde su fecha de construcción hasta su finalidad última pasando por los medios empleados. Y no siempre es por no disponer de fuentes, a veces se trata de la credibilidad que se les concede a las mismas.

Así, en los textos platónicos se puede hallar una respuesta al menos al último punto a través de la invaluable visita de Solón a Egipto. A medida que uno retrocede en el tiempo es natural que la escasez de las fuentes aumente así como la dificultad en su interpretación y evaluación precisas. Somos conscientes todos de que el acceso a la información en torno a eventos de nuestro presente ya puede resultar compleja, tanto más retrocediendo hacia el pasado aunque ya no por la necesidad de reservarla a ciertas esferas, sin ser este último punto descartable.

De hecho, el motivo último que me impulsa a escribir estas líneas es la reciente desclasificación parcial (en 2013, creo) del libro "Adam and Eve story" de Chan Thomas, publicado originalmente en 1959. Al parecer la información en el llamado mundo libre no es tan libre como pudiera parecer, sobran ejemplos para sostener la afirmación.
De las 52 páginas desclasificadas del total de 248 del libro, de las que hasta ahora he leído sólo un aparte muy concreta en realidad son sólo unas pocas líneas el motivo de la reflexión presente.

Y tiene que ver con la Atlántida, sí. Pero también con muchas otras cosas.


La historia de Adán y Eva

Después de cerca de 10 años recavando información y recolectando piezas inconexas, tratando de evaluar la fiabilidad de innumerables y diversas evidencias se hace difícil encontrar por donde empezar. Tomaré de nuevo el título de otro autor para poner marco a este apartado. A la postre a sido el empujón final para, lejos de poder ofrecer una exposición clara, empezar a articular una idea trabajo, un estructura básica del objeto de estudio desde los diversos ámbitos que a la postre es nuestra historia. Esa que en realidad no recordamos.

Recuerdo que una vez charlando con un licenciado en historia se me ocurrió sacar el tema de la Atlántida. Él lo zanjó relacionándolo con una erupción en el mediterráneo, la llamada erupción minóica, la del Thera. Tal vez la expresión "en frente de las columnas de Hércules" le fuera desconocida, o no le concediera credibilidad alguna.

Con frecuencia tengo la impresión de tal vez por nuestra tecnologíua, por la ilusión de progreso en la que vivimos y en parte también por ese relato histórico "de menos a más" que tanto nos complace infravaloramos con mucho a nuestros antepasados. Como niños que cuentan historias de miedo. Y seguro que algo se eso hay, como hoy en día el rigor de las informaciones que se maneja en las diversas fuentes de información es desde luego irregular, pero parece un error de bulto bastante evidente meterlo todo en el mismo saco y zanjar así cómodamente un cuestión de la que no parece que  haya otra forma de salir airoso. No es de recibo rehuir esas complejidades, aún sin estar en posición de resolverlas.

En su libro, Thomas describe una labor similar, salvando las distancias de preparación, dedicación, capacidades y medios, a la descrita antes. Una colección de evidencias, de reflexiones de otros pensadores que puedan poner luz al misterio de nuestro origen. Relativo misterio, dirán algunos, la biología a través de la evolución apoya de nuevo esa narrativa histórica de progreso que tanto nos gusta. Podríamos mencionar el eslabón perdido pero es pronto para entrar en polémicas, de momento dejaremos la biología de lado.

De cualquier modo Thomas escribe su texto para reunir una serie de puntos, en las que a buen seguro faltarían otros, para ir uniéndolos con líneas y formar un dibujo, una panorama claro de los hechos. ¿Un juego de niños, no? Pues bien, eso es exactamente lo que yo he hecho. Ni más ni menos.
Thomas habla de cataclismos cíclicos, refiere trabajos anteriores, en particular sobre el desplazamiento de los polos magnéticos (no hay que olvidar que era ingeniero eléctrico de formación) incluso alguno sobre el que que llegó a reflexionar Einstein (Hapgood) y expone su propia teoría de cómo, cuándo y por qué tiene lugar ese tipo de acontecimientos.

Suelo revisar este tipo de informaciones, de alguna manera las evalúo, recopilo y clasifico en aras de un mejor modelo global que puede explicar la realidad mejor que el relato habitual, que difícilmente se sostiene en muchos aspectos.
Y eso requiere aprender a convivir con la duda sobre el grado de validez de cada información, algo bastante más incómodo que aceptar un relato dado, que más difícil se hace de digerir.

Tras exponer el mecanismo que Thomas postula, muy resumidamente un cambio brusco en el núcleo terrestre, que aún no he entrado a evaluar, se atreve incluso con una pequeña tabla donde indica dónde se ha hallado el polo norte en lo que él denomina "eras" previas. Por si no se deduce por sí sólo, lo que sigue a un evento de estas características según Thomas es la vuelta de la humanidad a la edad de piedra. Se podrá discutir si está en lo cierto o no en las diversas afirmaciones, lo innegable es la extrema relevancia del asunto. Además de su utilidad para explicar algunas cuestiones que la arqueología oficial prefiere desentender.


La eras magnéticas


La tabla ofrece la información siguiente:


Eras del Polo Norte   Desde hace      Hasta hace    Duración (años)

Océano Ártico              6.500               presente          presente

Cuenca sudanesa       11.500                 6.500                5.000

Bahía Hudson            18.500               11.500                7.000

Mar Caspio                29.000               18.500              10.500

Wisconsin                  35.000               29.000                6.000


Es evidente que la publicación de Thomas no es un paper científico, se asemejaría más a un ensayo, y no ofrece una metodología exacta para tales proposiciones, no obstante sí que reúne una serie de indicios que apuntan a los datos señalados producto de la observación e interrelación de aspectos que a ojos de las segmentadas disciplinas podrían parecer aislados.

Ni es materia de estas líneas, al menos por el momento, reflexionar sobre los mecanismos propuestos por Einstein y Thomas para explicar el evento ni someter a escrutinio la metodología empleada por Thomas para alcanzar sus conclusiones. En cambio lo que hice fue partir de éstas para ver hasta que punto tenían un sentido y que panorama dibujaban.

La tabla de Thomas muestra al final una serie de coordenadas e intervalos. Así que simplemente situé en el mapa esos cinco puntos geográficos aparentemente inconexos, por los que supuestamente habría viajado el norte magnético del planeta. Algo más fácil de hacer hoy que cuando el autor pergeñó su idea.



Pronto advertí algo, como lo haría cualquiera un poco observador. Las coordenadas geográficas, escogidas de forma alterna, trazan una línea recta. Una geodésica, de hecho. Desde la cuenca sudanesa al mar Caspio, con sólo dos puntos, uno puede tener sus dudas. Pero teniendo tres: Wisconsin, bahía de Hudson y océano Ártico no hay demasiada duda.
Lo que me llamó la atención en primer término fue la relativa agrupación en zonas del globo de los distintos nortes. Un patrón. Bien, ¿y que sucede si lo extrapolamos?

Cogí el primer eje Ártico-Hudson-Wisconsin (a partir de ahora eje A) desde un punto medio aproximado y evalué el intervalo de distancias. Aproximadamente unos 2500 km entre los puntos. Con es información de dispuse a prolongar en los dos sentidos la geodésica y marcarla a intervalos de 2500 km. De esa manera, se ser el comportamiento un patrón, predeciría las próximas ubicaciones del norte y profundizaría atrás en el tiempo en la previas, extendiendo la tabla.



Casualidad o no el diámetro terrestre se acerca a los 40.000 km, lo que da una aproximación bastante exacta con el intervalo planteado. Y así obtuve un eje circular con intervalos regulados parecido a lo que sería el plano de una moderna línea de metro. Incluso puse nombre a las "paradas".





Pero un momento, eso es sólo un eje. Según la tabla de Thomas existía una alternancia entre dos regiones del globo bien distanciadas. Hice lo propio con el eje Sudán-Caspio, a partir de aquí eje B.
Tal vez sorprenda a alguien contemplar el cruce en ángulo recto en un plano y 45º en el otro (o muy aproximado, con las particularidades propias de la geometría esférica) de ambos ejes de coordenadas, de ambas "líneas de metro".
Menos sorprendente debería ser que el eje A llega a situarse a mitad del recorrido de forma bastante precisa en el polo sur tras circundar medio globo para luego volver al punto de origen, aproximadamente, ofreciendo la idea de líneas cerradas.
Aunque vista alguna ligera desviación bien podrían ser espirales y entonces aún faltaría otro factor en la ecuación, de momento estableceremos el modelo de ejes circulares cerrados por su menor complejidad.




Bien, tenemos entonces dos ejes con intervalos de 2500 km, que se aproximan bastante a 1/16 de la circunferencia del planeta con 16 posiciones en cada uno, en total 32 y la posibilidad de enlazar el último punto con el primero asumiendo un modelo cíclico.
Tendríamos al parecer todas las ubicaciones posibles, pasadas y futuras del norte magnético tras un evento de las características referidas, al menos en términos de aproximación.
Pero si reparamos de nuevo en la tabla de Thomas vemos que en los eventos de cambio de polo el norte no sigue eje alguno sino que zigzaguea de un curiosa manera entre ambos, avanzando en una dirección en un eje para después avanzar en el otro. Interesante ese fenómeno de perpendicularidad, notando que se trata del polo magnético y que resulte de extrapolar el modelo de un ingeniero eléctrico y reparar en un trazado que resulta de dividir en cuatro "gajos" la esfera con patrones simétrico y opuestos.



Entonces, si unimos los puntos correctos en la secuencia adecuada lo que vemos son los desplazamientos cíclicos que realiza el polo norte. El dibujo resulta un tanto intrincado y la asistencia de herramientas 3d se hace imprescindible para verlo con claridad. Porque sí, la tierra es esférica. Pero, ¿que sucedería si los ejes A y B, en vez de ser círculos, que son líneas cerradas, fuesen simplemente rectas? ¿ayudaría a ver esa "danza magnética de forma más clara?

Lo cierto es que sí. Lo que vemos entonces es una rejilla que recuerda en cierto punto a un hiperboloide por como se forma una curva a partir de líneas estrictamente rectas.




Contrastando el modelo

Hasta aquí el modelo, describa o no la realidad, parece tener bastante sentido. Pero un hermoso modelo teórico es del todo estéril si no refleja la realidad en alguna medida.En este punto, y viendo de las lides que se tratan, uno prefería mucho antes estar del todo equivocado que hacer un gran descubrimiento. Sobre todo siendo del tipo "si ya sabemos que teníamos el tiempo contado, ahora además sabemos que es más bien poco". Mucho mejor equivocarse y seguir mirando al mar como ese plácido compañero de verano que como un monstruo que se desata cada pocos milenios para reducir la obra del hombre a cenizas.

Con ese ánimo y rebuscando en la red neuronal y en la red informática uno recuerdo y encuentra la información reciente sobre el desplazamiento poco habitual del polo en tiempos recientes. Algo que al parecer tiene preocupados a los científicos por una velocidad más alta de lo esperado. Obtiene la trayectoria de ese desplazamiento del último siglo y bueno, tal vez el modelo de Thomas no encaja del todo, al parecer desde 1920 traza un ascenso desde el norte de la bahía de Hudson hacia el ártico, camino de Siberia, sin mayor tentativa de dirigirse súbitamente hacia África como predice el modelo. De hechos Thomas recalca en varias ocasiones que el desplazamiento se produce en entre 6 y 12 horas y el mar y la atmósfera no se normalizan hasta pasados 6 días, y de este modo lo asemeja al relato bíblico por todos conocido y por todos ignorado.



Bueno, entonces ya está, no encaja, ¿no? Bien, no exactamente. Si uno repara en la trayectoria registrada desde principios del siglo pasado del norte magnético verá que transcurre paralelamente al meridiano 90ºW, que no es otra trayectoria la que parece señalar el eje A que hemos trazado. Son una serie de casualidades nada tranquilizadoras las que envuelven al modelo, por los menos cuatro, a saber: la circunferencia de la esfera como múltiplo del intervalo, la ortogonalidad de ambos ejes, la coincidencia relativa entre posiciones de polo norte y polo sur dado el intervalo y el desplazamiento coincidente con uno de los ejes postulados. Al menos para mí son demasiadas casualidades para dormir tranquilo.

Cabe notar que el eje B alcanza la latitud N52º45' en un parte más septentrional y S51º58' en su parte más meridional (aproximadamente) cruzando en 45º el plano que describe el primer eje.
También que cada posición del polo sur corresponde a la posición opuesta dentro del trazado de mismo eje.




El mecanismo, el factor tiempo y otras variables desconocidas

Einstein y otros buscaron atribuir el papel causal del evento a los kilómetros de hielo que se acumulan en los polos y aunque posteriormente se desdijo, siempre según Thomas, no parece que esa ingente cantidad de hielo tenga en esto un papel menor. Como él mismo señala en su libro la súbita desubicación de los casquetes polares de la posición con las temperaturas que los genera es responsable de grandes subidas del nivel del mar que cifra en 200 pies (unos 60m) y que tendrían carácter cíclico. Eso por no hablar de las dos millas de alto (unos 3200m) que arrasaría la superficie del globo como resultado de tal evento.

Naturalmente tanto las cifras que ofrece Thomas, en mi opinión, como la extrapolación de su modelo se han de tomar como las aproximaciones que son, pero pueden constituir un marco de referencia valioso para enfocar el problema.
Huelga decir, a estas alturas, que es una lectura recomendada y reveladora, y extraña mucho conocer que literatura de este tipo pueda estar clasificada. Uno puede pensar en los documentos clasificados como turbios asuntos de espías. Da que pensar, otro dato más para la colección, en como funciona el mundo y en el papel que juegan los distintos agentes en él.

En cuanto al funcionamiento del mecanismo Thomas habla de una capa plástica bajo la corteza que bajo ciertas condiciones se tornaría líquida. Francamente, no me he detenido aún a analizarlo con profundidad y él lo explica mejor en algunos breves párrafos de la parte desclasificada de su libro, yo me he ceñido a extrapolar ampliando el patrón propuesto en su figuración más simple de líneas cerradas que encaja bastante bien con las observaciones.

Para abordar el factor tiempo, que parece bastante más arbitrario habría que desentrañar con precisión el mecanismo causal subyacente. En la escasa "muestra" que Thomas ofrece se observa una horquilla de 5000 a 10500 años, estando según sus indicaciones, ya a 6500 años tras el último evento. Si un evento de estas características pudiera acaecer en 50, 500, 5000 años o mañana mismo es algo que nadie parece estar en condiciones de asegurar. O tal vez nunca si el modelo no es correcto, pero parece ofrecer suficiente correlación con las limitadas observaciones además de demostrarse consistente.

Que el intervalo de la distancia sea predecible y no arbitrario así como la trayectoria de desplazamiento no implica necesariamente que el factor tiempo no lo sea en alguna medida imposible de establecer sin conocer sus causas exactas.
También cabría ahondar en las razones físicas para dicho intervalo "cuantizado" aún teniendo en cuenta que debe haber otros factores no contemplados en el modelo que expliquen desplazamientos menores como los observados en los registros recientes.

Y ya que menciono los registros no puedo dejar de incluir las citas del Timeo que el propio Thomas incluye en su libro:

“Oh Solón, Solón, tus helenos no son otra cosa sino niños ..

No hay doctrina vieja transmitida entre ustedes por la tradición antigua ni ciencia que sea canosa con la edad, y te diré la razón detrás de esto. Ha habido y habrá otra vez destrucciones de la humanidad que aparecen por muchas causas, las más grandes han sido producidas por el fuego de la tierra y la inundación. Cualquier cosa que suceda ya sea en su país o en el nuestro o en cualquier otro país del cual estemos informados, cualquier acción que sea noble y grande o de otra manera notable que haya tenido lugar, todo eso ha sido inscrito hace mucho tiempo en nuestro templo de registros, mientras tú y otras naciones no mantuvieron registros no perecederos. Y entonces después de un periodo de tiempo, la inundación usual visita como una peste y deja solo aquellos de ustedes que han sido destituidos de las letras y de la educación. Y así ustedes tienen que empezar otra vez como niños y sabiendo nada de lo que sucedió en los tiempos antiguos entre nosotros o entre ustedes”

“En cuanto a las genealogías de ustedes, las cuales usted nos ha relatado, ellas no son mejores que los relatos de niños; por cuanto en primer lugar, ustedes recuerdan sólo un diluvio, mientras hubo un número de ellos. Y en el próximo lugar allí habitaron en su tierra, la cual ustedes no conocen, la raza más justa y más noble de los hombres que hayan vivido de la cual ustedes son una semilla o un residuo. Y esto no fue conocido por ustedes porque por muchas generaciones los sobrevivientes de esa destrucción no llevaron registros.”


Es una cita que recordaba haber leído antes de que Thomas me la volviera ofrecer, y es de creer que en el contexto apropiado cobra una relevancia extraordinaria y que que es difícil de cuantificar al margen de éste.
No me corresponde pensar por nadie del mismo modo que tampoco soy ventrílocuo pero creo que lo expuesto hasta aquí debería bastar a todos para poder extraer sus propias conclusiones.




Epílogo

No hay mucho más que contar, tan sólo reflexionar sobre lo expuesto y en como se relaciona con otras ideas. Por ejemplo, de establecerse como evento cíclico y de responder a un patrón característico de la naturaleza y presente en todos los orbes podríamos haber encontrado el "gran filtro" que se plantea como una de la posibles explicaciones a la paradoja de Fermi.

Si el evento tiene la capacidad de provocar el hundimiento y alzamiento de grandes placas tectónicas estaríamos ante la explicación de las las legendaria Mu y Atlántida como el propio Thomas propone, así como en mejor posición para comprender las dinámicas de civilizaciones antiguas y atar algunos cabos sueltos que de forma aislada pero como un goteo incesante van surgiendo. Al parecer esa noción de progreso siempre creciente con la que queremos hacer encajar nuestros hallazgos no sería capar de articular una realidad histórica completa y tendría un alcance muy limitado. El término pre-historia en términos absolutos quedaría simplemente obsoleto a tenor del escaso alcance de nuestras fuentes de información.

Tampoco sería correcta la clasificación de edad de piedra y edades de los metales en términos globales ya que diferentes grupos de población pueden hallarse en estadios muy diferentes de evolución y sólo responde a un proceso tecnológico.
El rigor científico requiere respaldar cada afirmación con evidencia, el sentido común exige no limitarse en términos absolutos a ellas conociendo sus propias limitaciones, por lo menos a la hora de señalar el rumbo a seguir para hallar evidencias nuevas.

Precisamente por eso no puedo dejar de compartir un temor, quizás algo irracional. Otros han expresado ya los suyos acerca de la posible relación de tal tipo de evento con la reciente aparición de ondas sísmicas de un tipo nunca antes observado recorriendo todo el planeta y desconcertando en cierta medida a la comunidad científicos.

Mi preocupación va más allá, viendo el orden socioeconómico imperante, con una sociedad dividida en buena medida en castas, con las reservas al acceso de información el el orden de dominación presente, en definitiva, no puedo dejar de relacionarlo con esa aparente arbitrariedad temporal entre eventos.

Sabiendo que la sociedad al final es una pirámide que sirve a una élite en su cúspide, independientemente de su procedencia y/o naturaleza, no puedo dejar de contemplar la posibilidad de que el mencionado "gran filtro" sea al fin y al cabo la relación entre el depredador y su presa como en el resto de la cadena alimentaria, si las sociedades avanzan naturalmente en su progreso hasta que se tornan demasiado peligrosas para una clase dominante que activaría una vez más el mecanismo que devolvería al ser humano a su estado más animal posible.

Tal vez sea sólo un temor infantil, pero me quedaría más tranquilo conociendo el mecanismo preciso que desencadenaría tales acontecimientos. Tal vez sean sólo dos datos vinculados arbitrariamente, como que los 52º de latitud que alcanza uno de los ejes mencionados sean los mismos grados que los de la inclinación de la gran pirámide. Tal vez sí, tal vez no, tal vez un dato más pueda acabar de afianzar la correlación o ese tercer dato, como el tercer punto que ilumina la trayectoria del primer eje del modelo, nunca llegue. Aún así es bueno tener lo ahí, no como un relato cierto ni falso de los hechos sino como una posibilidad a contemplar, a confirmar, a descartar. Igual que el propio modelo planteado que, como ya he dicho, me hubiera encantado poder descartar pero me temo no estar en posición de hacerlo.

Como corolario final, no deja de ser divertido reparar en nuestra preocupación, más que razonable, por no contaminar y contabilizar el tiempo que tardan los desechos en ser reciclados por el medio cuando tal vez la preocupación de otras civilizaciones previas fuera justo la opuesta, la manera de dejar un testimonio que atravesara el paso brutal del tiempo con una advertencia para el futuro, o incluso la tendencia más respetable si cabe de ciertos movimientos animalistas cuando en un abrir y cerrar de ojos podríamos estar volviendo a pugnar con ellos por nuestra mera supervivencia.

El contexto lo cambia todo, la información lo es todo. Y sin la información correcta es imposible tomar las decisiones correctas. Es posible que hayamos estado haciendo todo absolutamente mal. Las mayores ciudades del planeta se erigen a la orilla de un mar que encierra el potencial de devolverlas a la altura de sus cimientos en un solo día. Parece inevitable darse cuenta de que como especie y como sociedad hemos estado en muchos aspectos sembrando las semillas de nuestro propio desastre, éste último es tan sólo uno más. Podría ser un meteorito, una llamarada solar, otra clase de colapso medio ambiental o energético, una guerra nuclear o el colapso de la propia estructura socioeconómica. Éste es tan solo un problema más. Uno grave, pero ni mucho menos el único. Al parecer la civilización tiene muchos otros retos que enfrentar antes del colapso de su estrella y en plazos mucho más breves. Hasta que no conozcamos el proceso exacto no podremos saber siquiera el tiempo del que disponemos.

Como Patrick Rothfouss señala varias veces en la novela previa a la que lleva por título el que he tomado prestado para este texto, y también muchos otros han advertido, todas la leyendas contienen algo de realidad. Esperemos, como Thomas señala tomando como ejemplo Baalbek, no convertirnos en una leyenda también.

Enlace a boceto para Google Earth:
https://drive.google.com/file/d/1oUPTmz72ipM4QcZBRhHfdpYNJoosBk_v/view?usp=sharing

viernes, 10 de mayo de 2019

El error de la falacia del jugador

A tenor del resultado electoral del 28-A en el que por lo menos los seis primeros partidos han obtenido un número de escaños que resulta ser múltiplo de tres, además de otras coincidencias, me he acordado de la llamada "falacia del jugador", o de Montecarlo, o del apostador.

Tiene su propia entrada en la wikipedia y se refiere a la probabilidad en series de acontecimientos "aleatorios". Vamos a entender aquí aleatorio como el fenómeno causal que depende de variables no contempladas y que tienen igual probabilidad de acontecer.
Se suele usar el ejemplo de la moneda, al 50%. Yo voy a escoger el símil de la baraja de naipes francesa (sin comodines) y sus 4 palos, que arroja una posibilidad del 25%, por resultar más clara para el caso, pero el principio subyacente es el mismo.

Y aquí están los motivos por los que no deberías decirle a un jugador como jugar y por qué su percepción basada en la experiencia no es ninguna falacia, sepa o no dejar a tiempo el juego en el que, no olvidemos, la casa siempre gana.

He de decir que la primera vez que me aproximé a la llamada paradoja de Monty Hall caí de cuatro patas y de alguna manera ésta es mi pequeña venganza. O tal vez me equivoque de nuevo, que cada cual juzgue. No fue hasta incrementar el número de puertas que incluye el problema hasta que vi con cierta claridad la acumulación de probabilidades, aunque en mi defensa he de decir que el planteamiento al que accedí no era del todo correcto.

Pero el caso que nos ocupa aquí es otro. Cualquier jugador de poker que va buscando una jugada de color sabe que la posibilidad de que salga del mazo una carta de su palo es de 1/4, 25% o 0.25. Y eso es cierto visto de forma aislada. Y la falacia del jugados nos señala que "las cartas no tienen memoria" y que ésa es siempre la posibilidad de obtener una carta del palo determinado.

Craso error. Esa estimación probabilística responde a la forma más reducida de información respecto de la serie que supone ir descubriendo cartas del mazo y de la que todos los sucesos forman parte: el fenómeno aislado. No contempla en absoluto el factor serial. ¿Cómo podemos demostrar que el factor serie afecta a las probabilidades del evento aislado? Pues muy sencillo, al menos al nivel teórico. Empecemos:

La baraja francesa completa, sin comodines se compone de 13 naipes distintos multiplicados por los 4 palos, en total 52 naipes. Y, como en el dilema de Monty Hall, podemos llevar el caso al extremo para poder visualizarlo con claridad.

Vamos a imaginar la improbable serie en la que destapando las 13 primeras cartas del mazo se descubren los 13 tréboles de la baraja. Improbable, desde luego, pero no imposible. En realidad, estadísticamente necesario y por lo tanto inexorable.

Y asumiendo que esa serie es posible, ¿quién en sus cabales puede sostener que al destapar el catorceavo naipe tiene un 25% de probabilidades de ser un trébol?
Se puede objetar que el razonamiento es tramposo porque la serie que arroja un mazo está limitada a sus 52 naipes. Y la limitación es cierta, pero todas las demás series tienen su propia limitación.

Pongamos el caso más habitual de la moneda: el total de la serie en el largo plazo ha de converger necesariamente hacia el 50%. Y no es que la moneda tenga memoria, ni falta que le hace. El que ha de tener memoria es el jugador para asimilar el simple hecho de que si sale cuatro veces seguidas cara, hay que tener el alma intrépida y el corazón aventurero para apostar a que la quinta va a volver a salir cara. Y saber muy poco de estadística y creerse que el jugador es imbécil y se juega su dinero en base a percepciones falaces.

Y yo estoy dispuesto a apostar mi escaso dinero. Les planteo la siguiente apuesta, con naipes o monedas, me da igual:

En cada caso de cuatro repeticiones en la serie, los que crean en la mal llamada falacia del jugador que apuesten a que habrá una quinta repetición, yo apostaré por el cambio.
Según los defensores de tal tesis a la larga los beneficios/pérdidas de ambas partes deberían ser iguales si la probabilidad fáctica es del 50%.

Sin embargo me temo que, a la larga, podría vivir sin trabajar, de no ser porque no me parece digno vivir de la estupidez ajena ni quitarle el caramelo a un niño.
Podemos buscar también la forma de hacer el juego con naipes, el resultado será la expresión del mismo principio. Y es que si la posibilidad fuera inmutable como fenómeno aislado no se podría cumplir la convergencia probabilística de la serie.

Del mismo modo vamos a encontrar una relación inversamente proporcional en la cantidad de repeticiones consecutivas y su frecuencia de aparición. Por eso el caso expuesto con los naipes de agotar los tréboles sin retirar ningún otro palo de la baraja se antoja naturalmente improbable. Hagan ustedes, incrédulos, si lo desean, sus cálculos y sus experimentos, pero ante todo: comprendan lo que es una serie y como la probabilidad del evento aislado ha de terminar sometiéndose a la convergencia de la serie.

Así, cada vez que sale cara, la posibilidad de que la siguiente tirada sea cara se va reduciendo ligeramente y lo mismo para los naipes. Uno lo puede tildar de irrelevante, de despreciable pero el equilibrio total de la serie se ha de mantener, del mismo modo que en el universo todo tiende al equilibrio.

Tiene algo de irónico que la "falacia del jugador" sea una absoluta falacia.
No sé porque me habré acordado de esto después de las elecciones, pero no deja de ser una reflexión oportuna.

jueves, 7 de marzo de 2019

La elipse elíptica


¿Es posible que todo lo que creemos saber sea incorrecto? Tomamos como prueba de la validez de nuestros conocimientos su demostración práctica, a tenor del llamado método científico. Si funciona experimentalmente valida de forma automática la teoría subyacente.

En realidad hoy en día sabemos que las cosas no funcionan así y que algunas teorías tienen un ámbito de aplicación acotado. Funcionan en un escenario pero no en otro. Estoy pensando por ejemplo en la relatividad. Eso de algún modo debería darnos una pista sobre la cuestión que planteaba al principio.

Que las cosas funcionen no es lo mismo que saber exactamente por qué las cosas funcionan. Eso lo podemos comprobar la mayoría de nosotros cada día con el mero hecho de encender el televisor, el ordenador o responder a una llamada.

Funciona, sí, o al menos la mayoría de las veces, pero ¿sabemos realmente cómo y por qué? Y ahora no me refiero al común de los usuarios de tales tecnologías si no a los propios ingenieros que las diseñan. Lo cierto es que comprendemos en una medida muy limitada el funcionamiento físico, químico y matemático del mundo que nos rodea.

Y para darse cuenta de ello no hace falta acudir a las fronteras últimas del conocimiento y la investigación más puntera, no. No hace falta pensar en física cuántica. Basta con reparar en las bases más elementales sobre las que se sustenta ese gran constructo al que llamamos ciencia, la religión de nuestros días. Ese dios sí que obra milagros que podemos ver todos a diario.

No hay edificio que ascienda recto desde cimientos torcidos y nuestra ciencia, siguiendo con la metáfora arquitectónica, tiene toda la apariencia de una gran torre de Pisa. Si se parte de unas premisas experimentalmente válidas pero erróneas en su comprensión, al profundizar en esa área de conocimiento van a aparecer problemas irresolubles. Y es mucho más difícil volver atrás para enmendar el error que hacerlo bien desde un principio, precisamente porque las premisas testeadas experimentalmente se toman como irrefutables y difícilmente se cuestionan.

¿Es posible entonces que ni siquiera sepamos calcular correctamente el perímetro de una circunferencia? Y no, no me refiero al final del infinito irracional de Pi, una aproximación es a todos los efectos válida. Pero una aproximación correcta.

Pi r2, nos enseñan. Y nos cuentan que esa razón matemática que es pi, la relación entre el radio de una circunferencia y su perímetro o longitud la descubrieron años ha en la Grecia clásica, ya preocupados en cierto modo por su irracionalidad. Pero dejaremos las cuestiones concernientes a la historia para otro capítulo.

Nos dicen que el doble del radio multiplicado por ese mágico número nos dará la cifra que necesitamos. Y aquí es importante reparar en que decir “el doble del radio de una circunferencia” es equivalente a decir diámetro.

Pi r2, diámetro por pi. A efectos prácticos son exactamente lo mismo. Los números que vamos a combinar en la operación son idénticos. En cambio, las imágenes, los conceptos que estamos combinando en nuestras cabezas son bien distintos. Tal vez irrelevante en el corto plazo.

Si la inclinación del pavimento es muy ligera, el primer piso dará la apariencia de estar recto, quizás el segundo y el tercero. Sin embargo si uno pretende edificar hasta el piso 50, podrá comprobar como ese pequeño error inicial, casi inapreciable, “despreciable” en un marco acotado, va magnificándose a cada nuevo piso edificado, con el resultado final de que uno ya no está donde debería estar.
Vuelvo a la analogía del edificio porque es así como funciona la ciencia y como se construye el conocimiento, a hombros de gigantes, como dijera Newton. Admirable sin duda. Pero sin menoscabo al respeto merecido tal vez valga la pena revisar si algunos de esos gigantes cojean.

Podemos complicarlo un poco más, y nótese que estamos hablando de algo tan elemental como el perímetro de un círculo. Volvemos a pi r2. Porque cuando dicen r2, parecen decir que hay que multiplicar, por alguna inescrutable y misteriosa razón, el radio dado, por la no menos misteriosa y mágica cifra 2, el padre de todos los pares (con permiso del cero).

Pero, y he aquí mi duda, ¿debo multiplicarlo por la sinuosa cifra, o debería sumar el valor de dos radios? El resultado, de nuevo, es exactamente el mismo. Que multiplicar por dos es sumar una misma cifra es aritméticamente evidente pero de la manera en que se conceptúa no necesariamente lo es. Entonces cual es la fórmula correcta para calcular el perímetro de la circunferencia, ¿pi r2, diámetro por pi, la suma de un radio y otro, multiplicado luego por pi?

De hecho el caso aún es más grave y puede llegar a despertar suspicacias cuando no levantar sospechas. Lo que a mí me enseñaron en el colegio fue 2pi r. En aras de la tolerancia, alguien de talante conciliador, amigo de todos levantará cordialmente los brazos diciendo: -¡Pero si es lo mismo!

Y en cierto modo podría pasar por serlo, como veremos. Acto seguido añadirá, reafirmándose: ¡Al final es lo mismo! Y cuando dice aquí “final” se refiere exclusivamente a su finalidad que es calcular la longitud de la circunferencia, no al final que pueda cumplir tal fórmula en la caja de herramientas con las que se intenta entender el todo. Este segundo final, que sí es el final, está algo más lejos. Y para este último caso, no, ni de lejos es lo mismo.

Sabrán calcular la longitud de la circunferencia, cogerán los números y escribirán un resultado correcto, pero en realidad, no sabrán que están haciendo. Porque se saben las tablas y se saben la fórmula pero en realidad, lo único que han hecho es aprender un proceso por mímesis.

No conocen los conceptos con los que están trabajando, no llegan a interiorizar sus razones, simplemente memorizan. A mí me sucede cuando voy con más gente a algún lugar. Difícilmente recuerdo el camino, sigues la corriente y ya está. En cambio, si hago ese camino solo recordaré hasta algunos detalles.

De hecho a los alumnos ni siquiera se les acompaña por ese camino de razonamiento, se les teletransporta a ese lugar del saber . Todo en aras de la productividad, de la mal entendida eficiencia, de la funcionalidad. Eso sí, más vale que al despejar una ecuación no se dejen ningún paso.

En realidad la mayoría de jóvenes que salen de los templos del conocimiento que son las universidades, o deberían ser, no son más que los abortos de las mentes creativas que pudieron haber sido. Hay razones culturales pero sobre todo pesan las de la economía empresarial que lleva la batuta de la sociedad. Y así hemos llegado hasta donde estamos, pensando poner un pie en marte sin saber siquiera calcular la longitud de un círculo.

¿Crees que sí que sabemos? En realidad no sabemos ni lo que es un círculo. Llegados a este punto alguien puede pensar que hay muchas maneras de hacer las cosas y sin duda es así: por lo general hay muchas incorrectas y una correcta.

El círculo, no en vano icono de la perfección, no es más que la elipse perfecta de las infinitas elipses posibles, es la elipse cuyos ejes, diámetros o radios, están en equilibrio. No están por un lado los círculos y por otro las elipses, están las elipses y entre ellas, los círculos. Siendo los círculos una infinitesimal parte de las posibilidades que contienen éstas. No es un problema de nomenclatura, es un problema de como organizamos los muebles de nuestras cabezas, por lo general poco amuebladas.

Pero el círculo mola mucho, está de moda. Desde los clásicos griegos por lo menos. Además están siempre las tan cacareadas razones prácticas. Pero cuando las cosas se plantean mal desde el principio las consecuencias no se hacen esperar demasiado. Y más si uno se hace trampas al solitario y en lugar de comprender se dedica a tomar medidas, convertirlas en teoría y, aquí viene lo más grave del error, creer que ha comprendido. Porque de ahí salió la irracionalidad de pi, de nuestra propia irracionalidad. Del mismo sitio que ha salido la irracional física cuántica. Exactamente el mismo proceso, el mismo problema, el mismo lugar.

Calcular el perímetro de una elipse es francamente complejo. Los griegos, en virtud de sus necesidades, encontraron que para el caso del círculo existía una relación constante con el radio de la circunferencia que se mantenía invariablemente en todas las elipses que cumplen la condición de círculo, eso es: una elipse con los dos ejes iguales. ¿Nos da pi la solución mágica al problema del perímetro de la elipse? Definitivamente no. Nos sirve, del mismo modo que a los griegos de hace siglos como aproximación funcional. Pero si nos limitamos a aplicar una fórmula que involucra una constante cuyo origen desconocemos no hemos comprendido absolutamente nada. Y menos si tal fórmula, aunque válida a efectos prácticos, está conceptualmente mal expresada.

Tal vez por eso en los exámenes se requiere la expresión del desarrollo y no sólo el mero resultado. Porque no basta llegar al lugar correcto, además hay que llegar por el camino correcto. Sorprende por lo tanto ver que no se profesa con el criterio demandado.

Sucede entre la longitud y los ejes de las distintas elipses que no es una razón estática como el pi que conocemos. ¿No es entonces pi una de las fabulosas constantes universales, si no la más magnificente de ellas? Pi sigue siendo lo que es y lo seguirá siendo. Lo que debería cambiar son los ojos con que lo vemos.

Cuando uno estudia la geometría de la elipse es fácil reparar en una correlación inversamente proporcional: Partiendo del más estudiado círculo, a medida que uno va alargando uno de los dos ejes que poseen todos ellos sustrayéndolo del otro, encuentra que el perímetro aumenta y el área se reduce, en relación a la medida de sus ejes. Y eso nos devuelve a la noción de la elipse mínima y las mismas bases de la geometría.

Nos dicen que el punto mide 0 en cada uno de sus ejes. Nos cuentan además que no existe, lo cual suele ser motivo de no poco cachondeo. Nos hablan del punto como unidad adimensional. Y qué remedio, hacemos como que nos lo creemos, y eso responderemos el día del examen. Algunos incluso terminan por creérselo.

Al fin nos dan la buena noticia de que, teniendo otro punto más, podremos trazar un segmento entre ellos y dar el salto a la dimensionalidad. Unidimensionalidad, para ser precisos. Ya que un segmento, nos contaban mientras trazaban una gruesa raya de tiza sobre la oscura pizarra, sólo posee longitud. Idealmente, claro.

Y es entonces cuando empieza la fiesta porque con segmentos ya se pueden trazar polígonos, círculos tomándolos como radio, etc, etc. Como suele contar en su charlas Nassim Haramein, yo también miré al punto siempre de soslayo. Dice que no existe pero está ahí, ergo, miente. ¿Es el segmento más de fiar? ¿Y el resto de la geometría euclidiana? Creo que son pensamientos comunes mientras uno traza láminas, ese abstracto plano infinito, con el compás y la escuadra.
Si uno presta atención podrá ver hasta el polvillo de grafito de la mina desmenuzándose sedosamente sobre el papel. Geometría plana, ya. Quizás razones como esa lleven a pensar que el segmento tampoco es de fiar. Quizás esté yo obsesionado con las elipses pero no me cuesta mucho ver al punto como una elipse cuyos ejes valen 0. Si es que el cero existe, claro. Pero eso nos lleva a otras razones más del terreno de la filosofía que no son el tema a tratar aquí.

Podemos salvar la cuestión poniendo una coma tras ese cero, que implica estar por debajo del umbral del marco de referencia y eludir por el momento tal desafío a la razón añadiendo los valores que nos venga en gana para poder trabajar con cosas que sí que existen, que parece más sencillo que trabajar con las que no.

Ahora bien, si queremos dar el salto a la unidimensionalidad, nos hará falta otro punto. O que ese punto estático se mueva, vibre, oscile. Tampoco es el enfoque físico el que corresponde a estas líneas, vamos dejando de lado desvíos a lo largo del camino que habrá que retomar en otra ocasión.

La cuestión es que de un modo u otro hemos conseguido un segmento que yo en mi obsesión interpreto como, sorpresa, una elipse de nuevo, con valor 0 en uno de sus ejes y en el otro digamos que 1. ¿Que por qué uno? Pues porque ¿1 qué? Si no sabemos el que, siempre es 1.

Ya hemos salido de la elipse mínima que es siempre un círculo. El punto. Y ahora lo que tenemos es una elipse muy, muy chafada, deprimida. Al borde del suicidio, se diría. Esa elipse, como nuestros ojos nos revelan y el valor 0 en uno de sus ejes nos demuestra, carece de área. Es todo longitud, todo perímetro. Es el llamado segmento unidimensional. O mejor dicho, su eje mayor es el que representa dicho segmento tal como lo interpretamos nosotros. Si lo tomáramos como perímetro su valor tendría que ser, necesariamente, el doble, por lo menos.

Un pequeño paso para un punto, un gran paso para la geometría. En esta primera elipse más allá del punto podemos intuir lo que se va a convertir en una constante. El pobre punto que se ha tomado la molestia de desplazarse en un eje ha conseguido crear perímetro, longitud, pero no área. Y siempre que se desplace más en un eje que en el otro va a crear más perímetro que área en relación al desplazamiento o medida total de sus ejes respecto al círculo. Esa es la correlación mencionada antes.

Sucede que el círculo (y añadiendo el tercer eje que corresponde a la tercera dimensión, ocurre de forma análoga con la esfera) es la expresión donde se maximiza la relación del área con la suma de sus ejes.

Y aquí quiero hacer una aclaración, una reclamación y una denuncia, todo a la vez. Basta de representar a los pobres círculos con un segmento perdido en su interior partiendo de un peregrino centro en un ángulo capricho de un azar que no existe. Las elipses tienen dos ejes/diámetros, uno mayor y uno menor. Y los círculos no son menos por tener los dos ejes iguales, no es de recibo hacer elipsis de algo nunca mencionado.

Si uno visualiza los dos diámetros o los dos radios en su perpendicularidad concibe las cosas de otro modo, aprovecho para introducir aquí una noción que será de utilidad a la hora de abordar la trigonometría. Y es que, como veremos, si estamos hablando de elipses estamos hablando en cierto modo de triángulos rectángulos.

Pero volvamos a la correlación de la elipse. A mayor equidad entre sus ejes, maximización del área, siempre en relación al valor total de estos. Para muestra, un botón: en una elipse circular cuyos ejes sean ambos de valor 5, suma 10, mayor área que en una elipse con un eje 9 y otro 1, también suma 10. Y que en la elipse 8-2, 7-3 y 6-4.

Y en orden opuesto, a mayor equidad entre ambos ejes, minimización del perímetro. El círculo contiene más con menos. Ése es el culmen del equilibrio. Ése es el paso completo a la segunda dimensión, estirando esa elipse de ejes 0 y 1 hasta el 1-1. Ya tenemos un círculo, ha nacido una estrella. Con permiso del punto, claro.

La cuestión de fondo es que cada elipse tiene una razón diferente entre la suma de sus radios, que no es más que la media de sus ejes, y su perímetro o longitud. La fórmula con pi que utilizamos para la longitud del círculo va perdiendo cada vez más precisión a medida que la circunferencia se va achatando más y más. Pero no es que sea el círculo en realidad más fácil de calcular por naturaleza o porque su ejes respondan a un mismo valor. Es que hemos buscado un razón ad hoc para poder trabajar con mayor comodidad con este tipo de elipses.

No es desde luego mi intención subestimar, creo que ha quedado claro, la geometría del círculo.
Más relevante es señalar que el esfuerzo de nuestro atareado y omnipresente punto que no está creando área, está creando perímetro, siendo la elipse circular el punto central de la combinatoria donde ambos extremos se tocan y el centro se convierte en extremo de los extremos (1-9, 2-8, 3-7, 6-4, 5-5, 4-6, 3-7, 2-8, 1-9) devolviéndonos otra vez a razones más filosóficas. Al final tal vez sea cierto que todo segmento es elipse.

El descubrimiento, desde luego, no trasciende del terreno de lo personal puesto que son cuestiones largamente conocidas y estudiadas. Mucho más de lo que esta somera reflexión tiene por finalidad. Pero el enfoque, el trazado, la proyección, esos cimientos que han de estar correctamente nivelados para que la edificación pueda crecer en forma sólida y correcta, no es menos importante.

Ahora que ya sabemos lo que es un círculo, tal vez podamos intentar aproximar la longitud de su perímetro. Sabiendo, eso sí, que no necesitamos para nada 2 pi, que basta con una, y deberemos sumar ambos radios para obtener la media de sus diámetros que el caso del círculo son indefectiblemente idénticos, por eso nos vale multiplicar por 2. Y ahora sí, escríbanlo como quieran: 2pi r, pi r2, diámetro por pi, radio 1 más radio 2 por pi. Diámetro 1 (eje ¿mayor?) más diámetro 2 (eje ¿menor?) partido entre dos multiplicado por pi.
Escríbanlo como quieran pero sabiendo lo que escriben. Además de funcionar, sabrán lo que están haciendo. Aproximadamente.



domingo, 17 de febrero de 2019

El secreto de la felicidad

Dicen que el secreto de la felicidad consiste en convertir tu trabajo en tu hobby.
Puede parecer algo aventurado ya que una de la características intrínsecas de la vida es que nunca sabes que había realmente en el otro camino de ese desvío que dejaste atrás.
No es como en esos viejos concursos de la tele en los que tras cada puerta hay un premio y tras decidirte por una abren la que guarda el coche, ese premio estelar de todo concurso casposo y me medio pelo con algo de presupuesto.
Yo ni siquiera tengo carné de conducir. Imposible no recordar aquí la sobresaliente película Concursante.

Pero no nos desviemos, la ambición de todo mortal es hacer lo que quiera y cobrar además por ello y eso se traduce para muchos en conseguir que su trabajo sea su hobby, afición, vocación, etc. El mundo es de lo valientes. Y de los optimistas.
El es por cierto, sea dicho de paso, una puta mierda. Las más de las veces me temo que sucede lo contrario: lejos de convertir tu trabajo en tu hobby, es tu hobby el que se convierte en tu trabajo, si uno alcanza su empeño en el camino hacia la plenitud materia y espiritual, al menos es lo que dice el manual para el éxito en la vida más difundido por todos.
Huelga decir que ninguno de ellos saben si les hubiera ido mejor o peor tomando distintas decisiones en las encrucijadas que se les presentaron. Pero eso es lo que se dice.

sin embargo sucede que en tal ambición, aunque razonable, ese pequeño, casi exiguo reducto de libertad total, sin plazos no horarios, sin ningún carácter de obligatoriedad, sin la necesidad de alcanzar ningún fin concreto ni de ser medio para ningún fin más que las metas que uno libremente se pueda fijar y modificar al gusto y en cada momento, eso que es tal vez lo más valioso en la vida, eso simplemente se pierde.

Entonces, ¿por qué la gente dice eso? ¿Nadie ha leído a Mark Twain? ¿Nadie sabe ya quienes son Tom Sawyer y Huckleberry Finn?
Está en el primer capítulo. Castigan a Tom a pintar una valla. él termina cobrando a un amigo por llevar a cabo su castigo.
Bueno, entonces ¿qué es trabajo y qué no lo es? Desde luego no lo determina la actividad en sí propiamente dicha, eso sería una visión bastante corta de miras. Cierto es que nadie se metería en una cloaca por divertimento. O quién sabe.

Trabajo sería tener que bajar a esa puta cloaca un día y otro día y así semana tras semana mientras los meses se convierten en años. Y si además es actividad es lo que en algún momento fue tu hobby, han conseguido además robarte una de las pocas cosas que realmente te apasionaban de la vida.

A mí me gusta escribir. Disfruto con ello. ¿Debería tratar de conseguir publicar una columna diaria en algún medio escrito?
Nunca he escrito sin ganas, lo cierto es que no sé como me sentiría. Pero no me parece la panacea. Lo cierto, lo grave, es que no existen soluciones mágicas y cuanto antes sea uno capaz de aceptarlo en mejores condiciones podrá afrontar la situación real.

También me gusta tocar la guitarra, dibujar y otras muchas cosas y de alguna manera intento integrarlas las unas con las otras sin más restricciones que las de mi criterio. Y seguramente eso no sea lo mejor para el producto final. Pero es que el producto en este caso es más bien secundario. Tal vez caiga en algún momento en la tentación de intentar algo parecido, y digo intentar porque además no es fácil, hay millones de personas tratando de aplicar la receta de "haz que tu trabajo sea tu hobby". A algunos les irá mejor que a otros pero el caso particular no invalida el argumento hasta aquí expuesto.

Y no sólo eso, has de estar dispuesto a convertirte en un producto sometido a las leyes del mercado. Es casi la definición de lo que aborrezco más profundamente. Y si alcanzas éxito, fortuna y fama... la meta de todo ser humano en esta sociedad capitalista, ¿no? El dinero dejaría de ser un problema, que gran alivio. Tal vez pueda empezar a serlo algo tan simple como tomar una café en un bar. Qué gran suerte poseer cantidades ingentes de dinero para poner a los demás a tu servicio contra su voluntad en la esclavitud de lo que llamamos trabajo. Eso no va a hacer del mundo un lugar mejor, a duras penas tu vida.

Ni siquiera concibo la felicidad como un fin en sí mismo pero si tuviera que buscarla sería más por el camino de los estoicos que por el de la abundancia para tratar de llenar el saco roto que es el alma humana. Qué más podría odiar yo que hallarme complacido en el mundo que detesto, aún sabiendo que tal cosa no es posible.
Si la solución para mí no es la solución para ti es que no es la solución, no me sirve.
Así que tal vez espere un poco más para hacer la eterna ronda por las diversas editoriales.
Con algo de suerte tal vez la muerte me alcance antes que el error. Antes de sucumbir a una tentación tan humana como es la de desear ser un liberto en un mundo de esclavos.

martes, 27 de noviembre de 2018

Sobre la democracia

La democracia es hoy en día uno de esos valores incuestionables ante la opinión pública. De hecho, en el plano teórico, vendrían a ser la misma cosa.

Todos sabemos que la ejecución práctica dista mucho de los planteamientos teóricos, pero no es en ese sentido donde se dirige esta reflexión. La democracia aquí es ese valor ideal y prístino, utópico dirían algunos, que se concibió en la Grecia clásica. Esa idea.

El gobierno del pueblo, etimológicamente, literalmente. Resulta bastante irónico que un "mero humorista" como fuera el Perich pueda poner en jaque a las más preclaras mentes de entre los clásicos.

El Perich, que por cierto no era un gran dibujante (tenía otros atributos que compensaban con creces la deficiente calidad de su dibujo), escribió en una viñeta, poniendo en boca de su alter ego zoomorfo la siguiente afirmación, aproximadamente:

Ante una cuestión, si nueve están equivocados y yo tengo razón, tenemos un problema. O le pueden dar por culo a la democracia, algo así.

Empecemos. ¿Qué es la democracia realmente, de dónde proviene y qué representa? Bien, es probable que alguien haya oído esa propuesta entre pueril y cándida, a buen seguro hippiesca, de resolver los conflictos bélicos ya sea con un partido de fútbol, una partida de ping-pong, o similares.

La democracia es de algún modo esa partida de ping-pong. Esa metáfora del conflicto que en realidad tiene más de conflicto que de metáfora, como ya se señalara con buen criterio al fin y al cabo la política es la continuación de la guerra por otros medios.

El gobierno del pueblo es también el gobierno de la mayoría. De los más, la preponderancia del número, algo que recuerda mucho y no por casualidad a un factor muy relevante en una conflagración bélica, al margen de grandes abismos tecnológicos entre los bandos o clamorosos fracasos estratégicos. En una palabra, es una analogía de la guerra.

Más civilizada, por supuesto pero guerra al fin y al cabo, como la que tiene lugar entre clases y naciones a través de la economía.
Lo que podríamos entender como su alternativa tradicional, se podría definir de aristocracia, o sea, gobierno de los mejores.

Sucede sin embargo que los mejores no eran siquiera buenos. Sin el control de los más el sistema colapsa por sus cimientos podridos de corrupción. En realidad las democracias que conocemos se enmarcan más en esta descripción que en la de democracia teórica ideal.

Por otro lado, ser mayoría está muy lejos de estar en lo cierto. Algunos asumen tal circunstancia como un mal menor inevitable. De hecho, el próximo caballo de troya neoliberal se introduce en los estados a través de llamada tecnocracia y es que, si es malo asumir el error de la mayoría, tanto peor es asumir el error de una minoría, las disciplinas que guían tales políticas están tan lejos de la honestidad como la realidad de los diagnósticos que establecen sus análisis.

Pero eso es sólo el relato. A nadie se le escapa que los hilarantes marcianos que Tim Burton retrató en Mars Attacks! son un caricaturesco reflejo de la propia humanidad. Venimos en son de paz, exclaman mientras te desintengran con sus estrambóticas armas. Esa es la hipocresía signo de nuestros tiempos.

La solución última, naturalmente, no depende de ser compartida por mayor o menor número de personas o por representar los intereses de unos o de otros. Y conviene a todos aunque algunos piensen que obtienen más provecho de la patológica situación económico-política actual.

No hemos salido del feudalismo. Los principios que rigen son en el fondo idénticos, al margen de una más gruesa pátina de tecnología y humanismo. El fin de la democracia, como ya vaticinó Marx, es la dictadura del proletariado. Pero no por el gobierno del número, todo lo contrario: por el gobierno de la razón.

Pero en estos días los señores feudales se contentan con la carne, en la cama y en la mesa, y con jornadas de caza y divertimentos. Hace un milenio, qué no hubiera dado un señor feudal por, por ejemplo, un cirujano moderno.

Y aquí cabe señalar que es la acumulación de capital, en términos cristianos la avaricia (y los otros seis), la que impide el desarrollo apropiado de la ciencia, el arte, el conocimiento y el bienestar.

El señor feudal con tantas tierras, tanto ganado y tantos siervos moría de peritonitis en su cama entre enormes dolores. Su bendición era su condena, la ignorancia. Condena porque le arrebataba su más preciado bien, su vida, y bendición porque ni siquiera conocía que la dolencia que le llevaba a la tumba unos pocos siglos después quedaría relegada casi al terreno de lo anecdótico.

Ningún banquero, miembro de consejo de administración o CEO de multinacional parece consciente, a tenor de sus posiciones políticas, de una verdad tan simple y evidente. O tal vez sean, en cierto modo, víctimas de su propia incontinencia, si no de su ignorancia. Desconocen que desconocen lo que desconocen.

Se pueden alegar enormes progresos desde la edad media. Los hay sin duda. Si la humanidad fuera un edificio, se habría restaurado la fachada.
Pero los pilares, muros de carga, cimientos, equilibrios de fuerzas y tensiones son como ya se ha dicho idénticos.

Llegará el tiempo en que nuestra época sea objeto de estudio de algo parecido a la Historia y tal vez nos sorprendería vernos incluidos dentro de la misma etapa que esas toscas gentes del medievo.

Y a la democracia, como una extensión del interminable conflicto bélico que es hasta hoy en día la historia. La electricidad a duras penas ha iluminado en algo esta era aún de oscuridad.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Y todo esto viene de que ahora parece que se ha abierto un debate en torno a la prostitución


Sucede que para muchas personas hay ciertos límites y la sexualidad, para una gran mayoría, está mucho mejor reservada al terreno personal por las implicaciones que conlleva.

El tema está plagado de disparates, desde el que dice que así puede tener con las mujeres un trato en mayor igualdad y que llega a afirmar que es incluso más seguro e higiénico (risa enlatada aquí),  los que dicen que los que señalan el asunto como un problema viven en el mundo de la piruleta y los que les aplauden las tonterías, etc.

Vamos a ver.
Lo siguiente no va con ánimo de ofender a nadie en particular y sí a todos en general, a ver si alguno se da cuenta por casualidad de lo que son las cosas.

Tendréis los cojones de cuestionar hasta a la madre que os parió antes cuestionar la necesidad de meterla en caliente.
Sois así de imbéciles, a eso se le llama literalmente pensar con el nabo, no os asustéis, lleváis toda la vida haciéndolo y con toda probabilidad os moriréis haciéndolo.
No tenéis ni orgullo, ni dignidad, ni respeto hacia vosotros mismos, para qué hablar de hacia el resto, sois el bicho más repugnante que camina por este planeta, una polla que sólo tiene un cerebro para tratar de resolver los problemas que le causa el nabo.

Y hasta que no os deis cuenta de vuestra situación biológica de patética dependencia seguiréis literalmente trabajando para ellas. Y en algunos casos, estando como está la vida, no es difícil encontrar a algunas con pocos remilgos y pocas ganas de trabajar, cosa natural por otra parte, porque a ver de donde saca una cualquiera 50 pavos en media hora. Sí, justo, sólo de vuestra patética e infame debilidad que guía toda vuestra vida y os convierte en seres lamentables. Eso sí, muy hombres. Casi tanto como imbéciles. En realidad unos calzonazos sumisos de un modo u otro, sometidos a las mujeres a través de vuestra necia polla.

Sucede que la mayoría no sois capaces de encontrar más sentido en vuestras miserables vidas que volver al lugar del que salisteis, un coño, espero que no el de vuestra madre porque la endogamia es muy cruel como bien saben las monarquías. En ese sentido os compadezco.

Pero os ruego que dejéis de intentar utilizar el cerebro para justificar los estúpidos apetitos de vuestro miembro porque me recorre el mismo sentimiento que si viera a alguien limpiarse el culo con un lienzo de Velázquez y me veo obligado a compartirlo con vosotros, lo cual no parece resultar muy agradable.

No es sólo culpa vuestra, nadie se ha atrevido en toda vuestra puta vida a deciros lo que os estoy diciendo. Nadie jamás cuestionaría el sacrosanto "amor". Ni la puta iglesia, ni la tele, ni las canciones de la radio, por no hablar de los colegas del bar. Nadie os había escupido antes esta puta verdad a la cara. Porque como dice el refrán "si no fumas, ni vives, ni follas, ¿para qué vives, gilipollas?". Bien, de hecho son los gilipollas quienes viven sólo para fumar, beber y follar y trabajan sólo para ello.

Tal vez en la homosexualidad se encuentre mejor acomodo de las necesidades, la verdad es que lo desconozco y no me interesa conocerlo. Lo que os digo, a vosotros que pensáis que os agarráis la polla para mear,es que es la polla la que os tiene agarrados a vosotros. Sencillamente.

Ahora, podéis descubrir lo que realmente significa ser hombres por una puta vez en la vida, que no es follar con tías, ni follar con tíos, ni traer el pan a casa, es tener los cojones de no ser esclavos de vuestra propia estupidez y encontrar algo más en la vida que follar como monos peludos venidos a menos.

Quien haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí se debe estar preguntando qué clase de problema tengo con el sexo. Pobrecito. ¿Qué puede tener de malo el sexo? ¡Si hasta los médicos los recomiendan! Pues la verdad es que el sexo me gusta tanto como al que más. Sólo hay un pequeño problema: que no me gusta a cualquier precio.
Y cuando eres consciente de que tus pulsiones biológicas más básicas te sitúan en una posición de notoria inferioridad y de dependencia o eres los bastante hombre para dominarlas o simplemente te dominan a ti.

En la gente joven lo encuentro más natural, es comprensible, la química aprieta más y han tenido menos tiempo para darle vueltas a las cosas pero la inmensa mayoría nunca sale de ahí. Hay muchos ya con los huevos canos y si por la boca muere el pez los tíos palman por el nabo, la mayoría al menos.
Todas la agencias de inteligencia lo saben, o son tetas o es dinero, o ambos, tal vez mancebos. ¿Os acordáis de Strauss-kahn?

El cabreo es porque, como ya he dicho, me gusta follar como a todos. Y resulta que la desaforada demanda de los millones de pagafantas miserables y arrastrados sin dignidad ni orgullo que campan por el mundo crean lo que en términos económicos se podría definir como una burbuja. Y es lamentable ver a personas tragando con lo que nunca habría que tragar y aguantando mil mierdas porque en el fondo viven para alimentar a su polla. Los cojones se ve que son de adorno.

De hecho si hiciéramos caso a Freud absolutamente todo en la puta vida se dirige biológicamente en ese sentido, incluso nuestro subconsciente. Y de hecho es lo que mueve el mundo, sexo y dinero, para la mitad de la humanidad dinero para comprar sexo y para la otra mitad para comprar trapitos para obtener mayor remuneración por el sexo que de un modo u otro venden. Nadie escapa a esa pulsión del subconsciente y pocos eluden su ejercicio.

He probado algunas drogas. Creo saber que es una dependencia. Creo saber que es una abstinencia. La diferencia es que las drogas, como agentes externos, tienen un rechazo social significativo. ¿Qué pasaría si todo fuéramos adictos en cierta medida? ¿Si naciéramos con una abstinencia programada para desarrollarse en ciertos plazos?
¿Qué saben los peces del agua? Ha estado siempre ahí, luego, de hecho es como si no estuviera. Igual que nosotros con el aire, cualquiera puede saber que ese vaso medio vacío siempre esta rebosando, mitad de agua y aire.

Sois felices esclavos que aman sus cadenas, porque, ¿para qué otra cosa merecería vivir la vida? Tal vez algún día comprendáis lo que sois si halláis esa respuesta. ¿Y el sexo? pues claro que no, en principio no tiene nada de malo.
El opio, a través de sus derivados, procura un invaluable alivio a ciertas condiciones indeseables de nuestra biología. No obstante también encierra el potencial de sumir vidas en la más absoluta oscuridad.
No le preguntéis a Escohotado, sabe todo de drogas y nada de adicciones. La adicción funciona como un vórtice gravitatorio en vidas sin contrapesos. Sucede que el balance que establece la medicina actual, en cuanto a la adicción al sexo se refiere, que está por supuesto contemplada, comprende únicamente los casos más hilarantes.

En realidad es un fenómeno que abarca todas las sociedades ya que forma parte de nuestra biología y está perfectamente integrado en todas y cada una de las culturas. Pero, ¿qué sucedería si se aplicaran los criterios que se aplican a una sustancia? Lo primero que te dirían es que eres un adicto si no puedes dejar de consumir.
¿Alguien en su sano juicio se ha planteado dejar de consumir la droga que a la postre es la responsable última de que nos multipliquemos como ratas y que nos conduce además a pasos agigantados a un colapso a todos los niveles?

No, todo lo contrario, la principal meta de cualquier varón sano en cualquier cultura es procurarse un suministro de sexo estable y constante. Y lo llamaron matrimonio. Todo el mundo gira alrededor del eje que es la polla.
Así se libraron las mujeres del trabajo, haciendo... otros trabajos. Y las tareas domésticas, claro. Que ahora pretenden que se considere un trabajo, y en parte lo es cuando se hace para otro, pero no está nada mal, ¿a cuantos asalariados les gustaría trabajar en casa, sin jefe y organizarse ellos? Y gestionar por lo menos una parte del dinero que traía el hombre porque su trabajo no le deja demasiado tiempo para hacer la compras.

Dijo Einstein algo sobre el infinito y la estupidez, no contempló que esta última va de la mano de la ambición, porque, otra pulsión que está arraigada en lo más profundo de nuestro ser es la de medrar, ir a más, sin límite.
Y las mujeres que ya tenían una posición muy cómoda en muchos casos, tal vez aburridas de reunirse para tomar el té de las cinco, a través de la envidia empezaron a ambicionar roles, posiciones y actividades que, por ser un bien a proteger (de hecho una mercadería, como lo es el hombre también en el mercado laboral) estaban más bien restringidas a los hombres.

En algunas generaciones los roles de género se desdibujan y ya a nadie se le escapa que nos dirigimos a una suerte de hibridación de los géneros que sólo va a ir a más. Lo estamos viendo. Las mujeres ya no necesitan realmente ser mantenidas, han descubierto que, más allá de la ventajas de la monogamia en la que tienen a un hombre trabajando para mantenerlas pueden obtener mucho más partido de una situación de poligamia con diversos hombres pugnando en el cortejo por su favores, se consumen estos, o no. Los réditos que obtienen sí son tangibles por más etéreas que sean las recompensas de algunos de sus pretendientes.

Al final no deberíamos olvidar que tan sólo somos animales y los rituales de cortejo son solamente algo más sofisticados que dos perros en el pipi-can olisqueándose el culo. Pero lo peor no es que los hombres trabajen para las mujeres, cosa que ya hacían. La base biológica en ello es la de sostener a la progenie, lo divertido es que, en la gran mayoría de casos ni siquiera hay progenie y las mujeres siguen disfrutando de todos esos réditos. Y mejor que no haya al ritmo que va el mundo. Pero no deja de ser un abuso importante de una parte respecto a la debilidad de la otra, tan repugnante como ver a un hombre imponiendo su superioridad física sobre una mujer.
Sí, tan deleznable como la violación. En cierto modo, os están violando. No os dais cuenta porque no os duele el culo. Así que, queridos esclavos de vuestras pollas, hasta que aprendáis a controlar vuestras bajas pasiones seguiréis siendo el pírrico ejército de pagafantas que sois. Y eso os pasa por chochoadictos. Y bueno, dicen que sarna con gusto no pica, pero tampoco es menos sarna.

Lo triste es que a los que creemos que pueden existir otro tipo de relaciones y sexualidad más sana (alguno más habrá) nos los ponéis muy difícil, convertís a vuestras hijas, hermanas y madres en putas ociosas sin más objetivo en la vida que hallar el modo de vivir de las rentas de vuestro trabajo. Ambos géneros tienen su tentación, ellos la de pensar con el nabo y ellas la de vivir del nabo de alguno. Y francamente, no veo yo ahí un atisbo de dignidad. Tampoco la mayoría de ellas ha encontrado una respuesta y ni siquiera tienen la excusa de una polla entre las piernas que les esclavice. A las numerosas y honrosas excepciones, espero que sepan disculparme la burda generalización pero es que, grosso modo, lo descrito hasta aquí es el escenario en el que estamos, en términos generales.

Y todo esto viene de que ahora parece que se ha abierto un debate en torno a la prostitución, ¿por qué no se puede pagar por follar? De hecho ya se hace en todas partes, no sólo en los burdeles. La selección natural, dicen. Bueno, de sabios es calcular las consecuencias de los propios actos. Pero es mucho pedir a alguien que piensa con la polla y a alguien que gana en media o una hora lo que tú ganas quizás en ocho.

Mejor no incluir en este breve análisis el rol de las distintas clases sociales, lo haría todavía más denigrante.
Sólo apuntar que a los que lo pueden comprar todo con dinero el escenario actual les va bastante bien, o eso se piensan. El tipo de sexualidad que conocen como servicio a cambio de dinero, o cuando no de regalos, viajes u otras atenciones es a lo más que podrán aspirar y ni siquiera se plantean que pueda existir algo más.

No voy a ser yo el que se ponga en plan cursi a hablar de amor y blablablá. Prefiero pensar en términos de honestidad, sinceridad y respeto. De esos valores que hoy valen tan poco y que, por lo que se ve, con tan poco se compran. Pero qué le vas a decir a las ovejas que vuelven solas al corral y lo harán hasta el día del matadero.
Probablemente tienen lo que se merecen. Por mí que os entierren con volquetes de putas. Haced lo que os venga en gana, sólo una advertencia: recogeréis lo que sembréis.

jueves, 2 de agosto de 2018

La distopía de cada día

Volverá la lucha de clases, tan largamente postergada por la anestesia de la expansión monetaria.

Siempre se quiso contentar falsamente a todos, dar dinero a todo el mundo, sobre todo a los que tienen más, con cargo a una deuda que ha terminado por socavar el más mínimo atisbo de solvencia cuando no de liquidez.

Se terminó la expansión crediticia y con ella el crecimiento económico, tal vez sólo nos quede por ver algo tan absurdo como los tipos de interés negativos, ése es el momento en el que estamos.


Solucionar el problema requiere una acción internacional coordinada, requiere una verdadera redistribución de quitar allí y poner allá en lugar de poner aquí más y allí menos pero no hay donde hallar ni el valor ni la cordura.
 
Aún así las multinacionales se comprarían su feudo y su ejército para defender lo que han robado con sangre. La de otros, por supuesto.

Lo que nos aguarda es ver la catedral de Burgos rebautizada como la catedral de -inserte aquí nombre de multinacional-, y así con calles, plazas,  avenidas, estadios; estaciones de metro con nombre de alguna marca o producto comercial.

Alguno podría pensar que los mismos cuerpos serán alquilados como espacios publicitarios pero estaría muy lejos de la verdad. Los propios consumidores  pagarán por lucir el logotipo de aquella marca o la otra como símbolo de status, prestigio o cualquier otra mentira de la mercadotécnia y ofrecerán su trabajo para poder distinguirse con el sesgo más común.

El capital lo devorará todo hasta fundir la dignidad que tal vez un día tuvimos con el mismo olvido. No es una distopía futura, está sucediendo hoy. En ese momento estamos.