1.
Los Caídos
Para explicar la
historia hay que remontarse al origen de los hombres, mucho más allá
de donde alcanza hoy su memoria.
Una de las cosas que
sorprende del antiguo testamento, o más bien de sus traductores, es
que siempre se han negado a traducir correctamente el término
“nephilim”, a pesar de que su etimología es meridianamente
clara: la raíz de “caer” y el sufijo que apunta al plural
masculino. Los caídos.
En la traducción
tradicional se traduce como “gigantes”. Aquellos a los que debió
borrar el diluvio. O tal vez no sorprende tanto cuando el libro de
Enoc ha sido apartado tanto como ha sido posible y si ha llegado a
nuestros días es por la escisión de la iglesia etíope. Del libro
de los “gigantes” apenas se conservan menciones.
En eso texto,
llamados “apócrifos”, se amplia el episodio en el que “los
vigilantes” toman esposas humanas y les engendran hijos: los
nephilim.
La tradición sumeria lo explica de manera diferente
pero coincide en el episodio del diluvio y en ese Noé sumerio
(Utnapistim) al que Enki advierte a través de una pared de cañas.
Qué duda cabe que
poderes muy terrenales han convertido a los caídos del texto
original en gigantes y tratado de ocultar narrativas que no
favorecerían sus intereses.
2.
La Mano Negra
A esa forma de
accionar bien nos podemos referir como la “Mano negra”, no sólo
en los términos literales del grupo terrorista, presuntamente
anarquista, que habría llevado el atentado que a la postre
desencadenaría dos guerras mundiales.
Muy al contrario,
como influjo permanente y recalcitrante que habría estado presente
desde que el líder de los vigilantes, Semyaza, hubiera reunido al
resto de “ángeles rebeldes” en cónclave para transgredir el
mandato de su misión.
Rebelión idéntica a la que llevan
a cabo los “templarios”, pobres compañeros de Cristo, se hacían
llamar, traicionando al poder en Roma que les encomienda la defensa
de tierra santa.
La traición de Roma
a los cielos sería el capítulo inmediatamente anterior de este
reguero de desencuentros que es el periplo humano. Y siempre, desde
el principio, aparece esa mano desde las sombras que tuerce caminos y
voluntades y que algunos atribuyen a la propia condición humana.
3.
La Mano Blanca
Por la historia que
nos ha sido legada, cuyos intentos de ocultación y tergiversación
se cuentan ya por milenios, parece difícil eludir el hecho de que
otras partes tienen su papel en los acontecimientos.
Así,
parece difícil obviar que algunos discursos extemporáneos de
personajes clave en la historia han estado imbuidos por alguna suerte
de inspiración más allá de lo convencional.
Más allá de
disparate que ha quedado engarzado en el dogma católico de la
santísima trinidad, el propio islam reconoce esa inspiración en
aquel que ya hace 2000 años caminara por las orillas del
Mediterráneo oriental. Del mismo modo que antes, algunos insisten en
las facultades de la condición humana como fuente de inspiración.
Son los mismos que contemplan el cielo estrellado y dicen que estamos
solos en el universo.
Los mismos que han
tratado de borrar la historia, en particular las huellas de sus
crímenes, que les han procurado la riqueza y posición de la que hoy
disfrutan sus herederos. De aquellos que llevaron a un inocente a la
cruz y hoy que pretenden hacerse acreedores de la tierra que bañó
su sangre pero eluden cualquier responsabilidad en su derramamiento.
4.
El Nexo Abrahámico
En lo que sí
coinciden las tres grandes religiones de occidente es en dar
veracidad al pacto con Abraham. Lo que se observa es una
fragmentación del legado en la región a través de las diferentes
culturas y etapas. Se diría que desde Sumeria, pasando por el
antiguo Egipto hasta el Israel bíblico y luego a través del
cristianismo y el islam, hay un relato único fragmentado en muchas
voces.
Y no es la norma, no
parece que ni hinduismo ni budismo presenten esa tipo de trauma, de
ruptura constante del legado. Supongo que porque Buda no fue
crucificado.
Aparece por lo tanto
bien localizado un saldo pendiente que es imposible no vincular con
el momento de partida mencionado al principio.
No en vano, el
origen de la práctica bancaria que hoy rige el mundo, tiene sus
orígenes en tales latitudes y llega a Europa en gran medida de la
mano de los templarios, siendo ésta responsable tanto de su auge
como, en parte, de su caída.
Es el episodio de
los mercaderes (banqueros, cambistas) en el templo y no otro el que
conduce a los inmediatamente posteriores de la aprensión y
crucifixión.
Basta con ver el
mundo de hoy para no tener duda de que el diluvio no dejó sólo
hombres justos sobre la faz de la tierra.
5.
El Milenario
En concreto son 2000
años, el segundo milenario, los que están por cumplirse desde el
acontecimiento alrededor del que gira todo el nuevo testamento.
Contamos los años, en todo el mundo, desde el incierto nacimiento de
Jesús de Nazaret. Pero más relevante es su, resurrección, dicen
algunos, y crucifixión, seguramente dirán otros más.
En los últimos
tiempos, la mano negra, operando tanto desde dentro como desde fuera
de la iglesia romana, ha promovido la disolución del relato, como el
del resto de sus crímenes, que están muy lejos de quedar sólo en
el pasado.
Si la fecha de
nacimiento no está exenta de controversia, menos clara aún aparece
la de la crucifixión. Lo que parece seguro es que tuvo que
producirse durante el mandato de Poncio Pilatos, que se extendió
desde el año 26 al 36, por registros.
En el primer
milenario se diría que lo que cae es aquello que nacería a la luz
del saber Mahoma, el último califa es depuesto en el año 1031. Pero
en cuanto a los acontecimientos narrados en el nuevo testamento,
sigue sin establecerse una fecha nítida.
6.
Apophis
Huelga decir que en
los tiempos presentes, no son éstas materias de interés. Aparecen
separadas de cualquier problemática que se considere realmente
relevante estando sin embargo, paradójicamente, con gran
probabilidad en su origen.
Y puede que,
incluso el tránsito previsto de Apophis para 2029, no sea una
excepción. No hay registros históricos para una aproximación de
tales características, evento que se calcula con una probabilidad de
cada 16000 años.
La asociación de
Apohis con el Ajenjo bíblico, el meteorito que se dice caería al
mar en el libro del apocalipsis, es tan vieja como el descubrimiento
de la órbita del primero, en 2004.
Aún hay gente que
respeta el legado de los ancestros.
Que la aproximación
vaya a suceder tan cercana en el tiempo a ese segundo milenario, en
cambio, no parece que haya resultado llamativo. Al principio saltaron
las alarmas por una probabilidad de impacto del 2,7% que rápido se
corrigió con observaciones posteriores. Pasará a unos 32000 km,
según estimaciones actuales, más bajo que algunos satélites.
Y deberá atravesar
por tanto la órbita a 36000 km que se ha convertido en un vertedero
de basura espacial. Se espera una segunda aproximación para 2036,
mucho más lejana, siempre que Apophis no halle incidencia en su
trayectoria.
7.
El Profeta del Séptimo Sello
Si uno lee de forma
analítica el libro del apocalipsis, no es difícil encontrar en las
descripciones de las siete trompetas, no sólo el impacto explícito
de un asteroide, si no consecuencias consecuentes con éste. Algunas
de ellas análogas a lo descrito en la versión islámica, en
concreto referentes a la pérdida de luminosidad en la atmósfera
típica de un escenario de invierno nuclear.
Y no sólo el
impacto: habla del advenimiento de la batalla final que culminará en
la creación de la nueva Jerusalén, que siempre ha estado, desde el
principio, en el eje de la narrativa.
La lectura de los
textos que conduce a este tipo de planteamientos, ni que decir tiene,
es en términos simbólicos. Resulta del conocimiento del presente
aplicado al legado del pasado, un pasado en concreto donde se habrían
dado revelaciones del futuro.
Lo que antes sólo
podía interpretarse desde la magia hoy puede ser visto desde la
ciencia y la tecnología. La interpretación que se propone de las
trompetas del apocalipsis es eminentemente científica y articulada a
través de la causalidad. Así como la identificación con Apophis y
sus posibles consecuencias.
La condición que
genera estas conclusiones implica, eso sí, unas premisas sobre el
escenario de la realidad muy diferentes a las que se suelen adoptar,
o tal vez tan sólo la ausencia de estas últimas.
En el caso de Billy
Meier, quién ya en 1981 predijera la caída de un “meterorito
rojo” que se ha venido a asociar al escenario expuesto, sostiene
estar en contacto con pleyadianos.
Si hacemos una
lectura técnica de la biblia, lo aceptemos o no, es innegable que lo
que propone a través de esos “sueños premonitorios” es una
forma de comunicación, una tecnología.
Nada de eso añade o
resta credibilidad a las afirmaciones de Meier en particular,
respecto a los pleyadianos (por provenir presuntamente de las
pléyades, las siete hermanas), Apophis, o el hecho de haberse
proclamado profeta del séptimo sello en una línea que se originaría
en Enoc. No en vano la mano negra siempre está presta a desacreditar
cualquier relato inconveniente, ya sea ofuscando o a través de
impostores. Y dicho está que en el fin de los tiempos aparecerán
falsos profetas.
O tal vez todo sea
una enorme coincidencia. Yo por ejemplo, el 13 de abril de 2029,
fecha de la aproximación prevista de Apophis tendría siete veces
siete años. No exactos, ya sería demasiado coincidencia, los cumplo
siete días antes. Y aquí estoy contándote esta historia.
Que vaya a ser
viernes 13, tal como aquel de 1307 en el que se promulgara la orden
de excomunión contra los templarios y fuera perseguidos pasando a la
clandestinidad, añade una capa más al cúmulo de alineaciones.
Jung estudió este
tipo de casualidades, las llamó sincronicidades, término que aún
ni si quiera acepta el diccionario. Si no hemos acertado aún en dar
una lectura tecnológica a esos mensajes recibidos a través de
sueños que la tradición recoge, y que puede que muchos otros hayan
experimentado, se hace bastante evidente que estamos completamente
ciegos ante una realidad física que tal vez con el tiempo vayamos
empezando a comprender.