La historia de la
muerte de Sócrates es harto conocida. Por lo menos, a grandes
rasgos: obligado por un tribunal a tomar la cicuta por “pervertir a
la juventud”. Incluso se recuerdan sus enigmáticas últimas
palabras. Aunque de los relatos que llegan hasta nuestros días sólo
cabe desconfiar.
En cualquier caso, la de su discípulo,
Platón, es mucho menos recordada. Y el hecho es que todo lo que nos
ha llegado de Sócrates es a través de él. La razón, en parte,
sería que no está nada clara, y aquí es donde empieza lo
interesante.
Lo que parece claro es que Platón habría sido excepcionalmente longevo para su época: 81, 84 años, según fuentes. Cosa que en principio descarta cualquier posible sospecha. Pero dicen que el diablo está en los detalles.
Porque el hecho es
que Platón dejó una sola obra por terminar. Es el diálogo que se
conoce como Critias. En la edición de Gredos el título es “Critias
o Atlántico”. Y no tiene la introducción habitual sino que
resulta en una solución de continuidad del diálogo anterior, el
Timeo.
El Timeo y el Critias (o Atlántico) son los dos
únicos testimonios que habrían llegado hasta nuestros días del
relato de la Atlántida.
Lo que sorprende es que, aún hoy, se insista desde la postura académica (y qué lejos
de aquella academia ateniense de la que Platón estuvo al frente) en considerar “La leyes” su última obra. Por Diógenes Laercio se
deduce que los últimos capítulos de tal obra fueron divulgados de
forma póstuma por uno de sus discípulos.
Sin embargo, la mencionada antes, ni siquiera se llegó a concluir. Y el hecho es
que Platón habría muerto antes de completarla. Así que, desde
cierto contexto, la sospecha de que transmitir el relato de la
Atlántida le habría costado la vida empieza a ganar peso.
Por supuesto no
entre la academia actual, que gusta mucho más del Platón “serio”
de "Las leyes" porque lo de la Atlántida o nunca han sabido o nunca
han querido tomarlo mínimamente en serio.
Y según la
lectura aquí planteada, no sólo sería serio, sino en tiempos,
extremadamente peligroso.
Hoy en día tal relato aparece simplemente enterrado bajo varias capas de descrédito vinculadas al New Age, a lo esotérico, etc: lo más lejos posible de la ciencia.
Aunque también es
verdad que, en alguna medida, los tiempos cambian. Del mismo modo que
ciertas cosas, parecen no cambiar nunca. Pensar que Platón fue
asesinado, ya octogenario, como decía antes, no tiene mucho sentido,
en principio. Pero es inevitable advertir el tremendo vacío que hay
alrededor de su fallecimiento, que sólo es mencionado en las fuentes
varios siglos después.
¿Por qué ese vacío? Tal vez
porque en sus tiempos fuera peligroso abordar el tema. Lo que se sabe
es que el que fuera su discípulo por 20 años, Aristóteles, salió
de Atenas tras su muerte. Dicen que porque esperaba dirigir la
Academia y se habría ido “despechado”.
Pero
Espeusipo, el sobrino de Platón que habría heredado el cargo de
“escolarca” y con ello la dirección, no tuvo una suerte
precisamente envidiable. Habría muerto 8 años después de Platón,
con 47. Según Diógenes Laercio, “aguantando la
respiración”. Tal comentario resuena más de lo que parece con el
habla coloquial de nuestros días. Así, cuando alguien es eliminado,
se comenta que “se cayó por una ventana”, claro que antes no
había tantos edificios altos. Pero sería muy presuntuoso por
nuestra parte pensar que la “ley de fugas” no estaba ya
inventada.
Otro dice que devorado por piojos… La
verdad es que uno no puede dejar de arquear las cejas ante tales
afirmaciones.
Para el caso de Platón no es muy distinto, Diógenes Laercio, por seguir con la referencia planteada, menciona que habría muerto en una boda. Otro dice que en su cama, mientras una esclava tracia le tocaba...la flauta. La verdad es que las afirmaciones son lo bastante extrañas y se prestan con demasiada facilidad a lecturas jocosas como para quedarse en la mera literalidad.
Llegados a este punto uno puede pensar que no tenemos más que un pequeño conjunto de coincidencias. Al final la obra ha llegado hasta nuestros días, incompleta, como parece que la dejó el autor. Al parecer por causas de fuerza mayor.
Y eso a pesar de la
quema de la biblioteca de Alejandría (año 30 ac). Muchos sabrán,
por cierto, que Alejandro Magno, que dio nombre a la ciudad, tuvo
como mentor al propio Aristóteles. El hecho es que la versión que
nos ha llegado procede de copistas muy posteriores, varios siglos
después.
Así que, dentro de todo, podemos acceder a ese
legado. Pero las coincidencias nunca vienen solas, al parecer. Si uno
busca hoy en castellano el inconcluso diálogo, lo que encuentra
divulgado es una copia anotada de la edición de Gredos (tanto en
Internet Archive como en otra fuente) que, a la mutilación propia
del texto, le añade la misteriosa ausencia de las páginas 280 y
281.
No diré que es algo habitual, pero es algo que “puede pasar”. Sin embargo, cuando uno lo une a la muerte de Sócrates por todos conocida, la muerte de Platón y el vacío de menciones contemporáneas que lo acompaña, la salida de Atenas de Aristóteles, la muerte del sobrino que heredó su cargo, Espeusipo, en forma más controvertida si cabe, pues es difícil dejar de preguntarse si realmente no existió una conspiración contra el Critias (o Atlántico), incluso, dado el mayor contexto del que disponemos, si esa conspiración no continúa hasta nuestros días.
Yo, por mi parte, seguiré buscando la manera de leer completas las que a mi juicio son las últimas palabras inacabadas de Platón y me temo que le costaron la vida. Pero quería dejar constancia de los inoportunos reveses de tan controvertido relato, cuyo infortunio parece que llega exactamente hasta hoy y aquí.
El texto original acaba de forma abrupta en un párrafo que resuena profundamente con aquello narrado por el evangelio apócrifo de Enoc, otro texto con su propia aventura que nos ha llegado por la escisión de la iglesia ortodoxa etíope, por más que fragmentos se hayan podido corroborar con los manuscritos del Mar Muerto, escondidos en una cueva y hallados por pastores, en deficiente estado de conservación. Se diría que algunos se han tomado muchas molestias para tratar de conservar cierta información y otros por eliminarla o desacreditarla, situación que está muy lejos de haber quedado solamente en el pasado.
Éstas son las
últimas líneas en relación a lo acontecido, según la propia voz
de Critias en el diálogo, 9000 años antes de que fueran puestas por
escrito. Ya serían más de 11000:
“.../...Mas cuando
se agotó en ellos la parte divina porque se había mezclado
muchas veces con muchos mortales y predominó el carácter humano, ya
no pudieron soportar las circunstancias que los rodeaban y se
pervirtieron; y al que los podía observar les parecían
desvergonzados, ya que habían destruido lo más bello de entre lo
más valioso, y los que no pudieron observar la vida verdadera
respecto de la felicidad, creían entonces que eran los más
perfectos y felices, porque estaban llenos de injusta soberbia y de
poder.
El dios de dioses
Zeus, que reina por medio de leyes, puesto que puede ver tales cosas,
se dio cuenta de que una estirpe buena estaba dispuesta de manera
indigna y decidió aplicarles un castigo para que se hicieran más
ordenados y alcanzaran la prudencia. Reunió a todos
los dioses en su mansión más importante, la que, instalada en el
centro del universo tiene vista a todo lo que participa de la
generación y, tras reunirlos, dijo…”
En la
edición de Gredos el turno de palabra de Critias abarca las escasas
últimas 20 páginas. Se acompaña además de las pertinaces notas a
pie de página, que nos van a indicar que la lectura “correcta”
es justo la opuesta a la que se desprende de forma natural del propio
texto. Luego, las 2 páginas faltantes en la digitalización
divulgada representan aproximadamente un 10% de un texto que ya nos
ha llegado mutilado de por sí.
Y qué duda cabe que se
interrumpe en un momento álgido: el de Zeus al pronunciar su juicio.
Aunque por otras tradiciones, que plantean algunos puntos en común,
tal vez nos podemos hacer una idea de como termina la historia.





