jueves, 4 de junio de 2026

El síndrome de María Antonieta: pánico terminal

  

El otro día me llegó un relato, de los inconfirmables, acerca de un buzo de Costeau. El marino francés de gorrillo rojo, los viejos sin duda lo conocerán. El episodio narrado comprendía un accidente de descompresión por ascenso demasiado rápido como resultado de un pánico extremo del buceador. Y entre los efectos se relataba el recurrente “mito” del encanecimiento súbito.

Más allá de la causas propuestas para tal situación de pánico, dignas de abordar en otra ocasión, me resultó interesante el efecto, que resumidamente vendría a ser “el pelo blanco de un susto”.

El problema médico que presenta dicha afirmación es que el pelo no está vivo, al menos tal como se entiende hoy. De hecho puede constituir un registro, de tóxicos, por ejemplo, o de adn, en el folículo, pero lo que es el pelo en sí, no responde en principio al metabolismo si no en el momento de su crecimiento. Y luego ahí queda y se va alargando.

Entonces lo que se hace es negar la mayor, se propone una suerte de calvicie selectiva por lo que sólo queda el cabello blanco. Eso explica cualquier canosidad, pero no la repentina, si es que tal cosa finalmente existe. Si fuera así de repentina, no sería en principio una cuestión metabólica, ya que el cabello crecido queda al margen, debería ser un factor “externo”.

Si uno revisa casos ilustres encuentra el de María Antonieta, que da nombre al síndrome, y el de Tomás Moro. Ambos encarcelados y con severo peligro para su vida, desde una posición privilegiada. Pero rastreando casos, rápidamente se advierte que no hay un fenómeno externo común evidente más allá del propio pánico, que en principio es cuestión interna. ¿O no?

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En un orden aparentemente distinto de cosas, existe un fenómeno llamado “fotografía Kirlian”. Recuerda un poco a los rayos X, al final lo que hace es recoger el campo eléctrico de los cuerpos.
Y aquí viene la bola curva: si ese campo rodea a los cuerpos, ¿podría un cambio súbito e intenso de ese campo producir la decoloración del cabello ya crecido? Aunque no fuera de forma automática, tal vez en horas o días tras la exposición. ¿Podría ser ese campo eléctrico, ese “aura”, el responsable de dicha fenomenología?


Lo sensato, llegado a este punto, sería plantear el experimento. Si podemos decolorar el cabello con electricidad, estaríamos pisando terreno más sólido. Pues bien, ya está hecho. No en condiciones de laboratorio, sin duda, pero suficientes para demostrar la viabilidad del mecanismo. El caso de Ellen Barnes en 1890 recoge encanecimiento por impacto de rayo, presumiblemente:

https://newspapers.lib.utah.edu/details?id=1543114

Aún así, y por tremendo que sea el pánico que uno pueda sentir, resulta extraño que pudiera interactuar de esa manera con el propio cuerpo a través del...aura. Que presentaría la curiosa propiedad de ser una fenómeno de origen interno (el campo eléctrico del cerebro no puede ser el mismo contento que triste como no lo es durmiendo que despierto) que cobra expresión de forma externa. Aura. Está en las fotos mencionadas, luego ya cada cual interpretará.

Luego a nivel teórico el mecanismo, aunque muy infrecuente (un estudio de 2013 recogía 196 casos), parece factible. Pero avancemos un paso más, porque si el propio aura puede decolorarle el pelo en una situación de pánico límite… ¿Qué más podría hacer?

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Lo de “combustión espontánea” suena a relleno para las páginas de Más Allá, Año cero, o la mismísima “nave del misterio”, pero lo cierto es que existen casos forenses documentados sin explicación clara.

Eso sucede porque partiendo de un marco conceptual erróneo es imposible comprender como se producen determinados fenómenos. Ahora bien, si tenemos casos en los que ese “aura” (palabra que seguramente algunos odian casi tanto como éter) podría incluso decolorar eléctricamente el cabello… ¿Qué más podría hacer?

Todos hemos sentido la electricidad estática. Ya sea como el erizado del cabello o un buen pellizco, tal vez al tocar algo metálico. Sus propiedades son bien conocidas: altos voltajes y cargas mínimas.
No veo mayor problema para que un chispazo, tal vez mayor de lo acostumbrado, pudiera actuar en condiciones muy concretas como iniciador de un fuego.

No nos solemos ver así, pero lo cierto es que nuestro cuerpos son inflamables. Y lo cierto es que prenden si no los apagamos antes. Así que planteemos un escenario: una situación de pánico intenso que pueda generar un resultado de infarto, por un lado (no es tan extraño, es un clásico de la literatura médica) y a la vez un “chispazo” de estática, generado por la perturbación del propio aura, se propone aquí, que pudiera actuar de iniciador de una combustión que el infartado ya no estaría en condiciones de detener. El resultado, aunque sumamente infrecuente, sería indistinguible de lo que de define como combustión espontánea.

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Se plantea por lo tanto una tesis sólida que une el encanecimiento súbito con la combustión espontánea a través de la fotografía Kirlian y el aura. No está mal para un jueves de junio.

 


 

martes, 2 de junio de 2026

Electrum: ámbar o aleación

Hay coincidencias que pueden hacernos parpadear muy fuerte, varias veces. Seguramente porque no lo sean.

Fueron los griegos los que llamaban al ámbar elektron (latinizado electrum) y, dadas sus propiedades para generar electricidad estática al ser frotado con un paño o piel, la raíz ha quedado en lo que hoy llamamos electricidad. Hasta ahí nada raro.
 

Lo que sorprende es que usaran el mismo término para referirse a la aleación de los dos mejores conductores que conocemos: oro y plata. Se puede plantear que el color tuviera que ver algo en dicha circunstancia pero lo cierto es que en una aleación el resultado tiende a ser indistinguible de la plata:



Entonces, ¿cómo es posible que tuvieran conocimiento de las especiales propiedades eléctricas de esa aleación?
Difícil de explicar desde cualquier otro contexto que no contemple la transmisión de un conocimiento previo.

Así que una muesca más, como las 365 de Gobekli Tepe, de una calendario solar mucho antes que las grades culturas de calendarios lunares posteriores: griegos, romanos...

A ello cabe sumar los mapas con información que no se corresponde con la cultura en la que se hallan (Piri Reis), las grandes obras megalíticas con técnicas y localizaciones que desafían a lo que cabría atribuir a los periodos a los que se atribuyen...

Se diría que cada día estamos un poco más cerca de las puertas de la quizás no tan mítica Atlántida. Siempre he desconfiado de algunos asuntos, y creo que con razón, pero lo cierto es que las palabras de Edgar Cayce podrían haber resultado bastante más atinadas de lo que cabría esperar. Quién sabe, tal vez aún no hemos comprendido algo fundamental.

¿O podría ser todo sólo una enorme coincidencia? A mí no me lo parece.




martes, 12 de mayo de 2026

La última tentación

Hace poco escribía sobre el calendario solar de 365 días, 365 muescas, en una columna de Gobekli Tepe, haciendo hincapié en su importancia y planteando una serie de hipótesis al respecto. Se puede leer en este enlace.

Hace un poco más, analizaba de forma heterodoxa el móvil de las guerras mundiales para llegar a conclusiones que contradicen por completo la narrativa oficial. Y entre otros detalles significativos comentaba el caso de Eichmann. Se puede leer aquí.

La tesis básica es que el nazismo habría sido promovido (paradójicamente) por el sionismo internacional con el objetivo de la creación de Israel. Y precisamente se señala a Eichmann como posible agente sionista (otros habrían sido simplemente engañados). El interés por la historia de los nazis era de todos sabido, algo que sin duda comparten con el sionismo, que no hay que perder de vista que en realidad es un movimiento más bien centroeuropeo (Herzl). Y no es que los campos estuvieran sólo en Alemania.

Por otro lado, ya hace tiempo que, en la búsqueda de los orígenes, vengo desarrollando una tesis que en realidad poco tiene de nueva. La de hacerle un poco de justicia a Platón, y a Solón, y a los sacerdotes de Sais, dando credibilidad al relato de la Atlántida. Ése que a la academia parece causarle tanto prurito sin que quede del todo claro por qué, más viniendo de una fuente respetada. Habría más, seguramente, si no se hubiera quemado trágicamente la biblioteca de Alejandría.

La tesis implica la caída de una civilización, pero no sólo eso. No es fácil de resumir en un párrafo, hay diversos trabajos en mi perfil sobre ello. Pero una de las ideas que aflora es la de posibles supervivientes, e incluso dispersión de estos. Y se exploran las estrategias que pudieron adoptar y se hace un seguimiento del rastro y las huellas de las élites que hoy ostentan el poder.

La escurridiza identidad de tan solemne fraternidad pasa primero por Egipto, donde pudieron recalar algunos tras la tragedia, habrían renacido cual fenicios de sus cenizas, vistiendo a las cortes de púrpura, habrían medrado en Roma, poniendo las primeras piedras de lo que luego terminaron siendo las cruzadas.

De los múltiples tentáculos existentes habrían sido los que conformaron la orden del temple aquellos que recuperaron las reliquias de tierra santa, probablemente información de alto valor estratégico para la época: cartografía mundial y posiblemente el dato de la esfericidad de la tierra.

Reservan la información para sí, negando la autoridad del papado, abriendo una guerra que se llevará por delante tanto al gran maestre de la orden como al rey y al papa en menos de un año, tal como fue ordenado por el líder de los templarios antes de arder en la hoguera.

La orden por entonces ya se había enriquecido a través de bienes raíces y la práctica bancaria hasta tener en el bolsillo a la misma monarquía. Oficialmente el Papa los exconmulga, en los años siguientes aparecerán cátaros y gnósticos que serán perseguidos por Roma bajo cargos de herejía.

Buscan refugio en Portugal y forma la orden de Cristo. Son los herderos de ese conocimiento los que impulsan la circunnavegación de África y el camino a las Indias. Más tarde utilizarán a España para oficializar el descubrimiento del continente americano, que ya habrían visitado.

Adicionalmente recalan también en Escocia, ahí podemos encontrar el vínculo entre la proscrita orden del temple y lo que vendrá a ser la masonería moderna y su conocido “rito escocés”.

Y aún posterior, el sello de los iluminados de Baviera o illuminati, hablamos de la misma tradición que procedería del mencionado origen con información clave que habrían utilizado para afianzar aún más su ventaja estratégica.

Y aquí los 365 días de Gobekli Tepe son clave, y lo fueron también para Schmidt. Porque si todo un imperio romano, con todo sus mármoles, columnas y lujo, usaba un calendario de 354 días (el resultado de contar ciclos lunares, con una observación del firmamento moderada basta) y en Gobekli Tepe no hay precisamente los mármoles romanos, ni las estatuas ni los bustos… la evidencia aflora sola.

Hoy me he enterado de que Schmidt llegó a conclusiones en este aspecto similares y al parecer falleció al poco de compartir sus inquietudes, de un infarto nadando, 60 años. Aquí ofrecen algo de contexto.

Y bueno, hasta aquí sería sólo una de esas muertes “conspiranoicas”, no sabes si sí, si no… está ahí ahí. Como muchas, como todas. Lo que me ha parecido más interesante si cabe es lo pequeño que es el mundo. Quien lo sustituye en sus funciones es un tal Ricardo Eichmann. Qué casualidad, precisamente un Eichmann. Pero no un Eichmann cualquiera, uno de los hijos de aquél que llevó los asuntos judíos para el tercer reich. El que yo acusaba de pertenecer a ese “complot imaginario” de “sociedades secretas a lo James Bond”. La aguja en el pajar.

No es ningún secreto que los padres fundadores de EEUU tenían fuertes vínculos con la masonería, basta con ver un billete de dólar.

Sus vínculos con el sionismo ocupan hoy titulares y siguen causando muertes, además del descalabro económico internacional.

Pero la idea de que estamos infiltrados por los descendientes de los que tal vez ya reventaron una vez el mundo no es muy tranquilizadora, más que nada porque parecen insistir en seguir haciéndolo.

Un tipo brillante descubre un yacimiento que demuestra que la historia que se enseña es una vil patraña (falta "un capítulo", dice él, qué diplomático), empieza a largarlo, y muere un poquito joven para estos tiempos.

Y le sustituye el hijo de uno de los jerarcas del tercer reich. Todo normal, nada que ver, nada sospechoso. Casualidad. Coincidencia.

¿Más casualidades? Bueno, el Sr Schmidt trabajaba para la German Research Foundation (DFG, en alemán) y echando un vistazo a su wiki resulta muy interesante como la figura de Heisenberg, aquel que ya señalé como responsable de llevar a la cuántica a la vía muerta de la indeterminación, es reverenciada dando nombre a un nutrido programa con varias ramas.

Financian la investigación, claro. La controlan más bien. Como poner a la zorra a guardar las gallinas, creo que por fin hemos comprendido el mundo, al menos una verdad fundamental. Así que esto empieza a ponerse realmente serio. Serio de cojones. Si esperamos más para actuar ya será tarde. Es probable que ya lo sea. Ojalá fuera imaginario, ésa es la tentación. La última, seguramente. Ese autoengaño cómodo. El mundo se está poniendo mucho más peligroso de lo que solía ser. Hasta para los arqueólogos.

Ésta es la charla que el Sr Schmidt dio poco antes de su muerte en 2014. Llama la atención el uso de la expresión “smoking gun”. O vamos atando cabos o los cabos nos terminarán atando a nosotros.

 




domingo, 3 de mayo de 2026

365


 

A mucho les sonará lo de las calendas, de latín, que no es más que el primer día del mes romano, la luna nueva.

Establecer un calendario lunar se puede afirmar que es relativamente sencillo, la luna sigue un ciclo bien conocido de 29-30 días, es casi como tener un reloj en mitad de la noche.


Pero eso no es exactamente el año solar de 365 días de hoy. Para afinar hasta ese punto las observaciones y registros han de ser aún más metódicos y más dilatados en el tiempo.

Ya es difícil pensar que cazadores-recolectores pudieran generar un calendario siquiera lunar con ocupaciones mucho más perentorias. Toda una civilización como la romana, con su derecho, su pax, sus legiones, sus columnas y panteón de dioses tenía un calendario basado en esos ciclos lunares.


Eso por sí solo no es sorpresa, la sorpresa es hallar calendarios anteriores de 365 días. Gobekli Tepe, 9,600 AC, tallado en piedra. Y sorprende más no tener constancia de aproximaciones previas.

Porque pueden pasar tres cosas, que acertaron a la primera, cosa que se antoja extraña viendo que todo un imperio como el romano no dio pie con bola en eso.


Segunda opción, no se han hallado aún evidencias arqueológicas de ensayos previos. Es posible, no voy a ser yo el que interprete que ausencia de evidencia implica evidencia de ausencia, pero también es cierto que es difícil aferrarse a un vacío.


La tercera opción es la de la transmisión de conocimiento. Rompe, por supuesto, con la noción de evolución lineal. Pero lo cierto es que tal noción cae por su propio peso. En Egipto tenían mejor calendario que el romano. Luego, lo que se observa en un repaso somero de las diferentes aproximaciones es una pérdida de conocimiento.


Y sucede algo más, Gobekli Tepe es impresionante, máxime por su datación, pero palidece absolutamente ante la Roma imperial, Sin embargo, esos que se consideran “cazadores-recolectores” tenían un calendario que en lo factual es resultado de décadas de ejercicio de la astronomía, el que tal vez sea el mayor imperio de la antigüedad que conocemos no llegó a tal hito.


Y no es que los romanos fueran sólo “artistas”de la crucifixión, no. Ingenieros hidráulicos y de caminos. Ingeniería civil, agua, saneamiento, calzadas. Como el Sr Isaac Moreno Gallo bien nos recuerda en sus videos.


Llega un punto que empieza a parecer antinatural no acordarse del relato de Platón, en el que 9000 años atrás una civilización sucumbió bajo las aguas en un día y una noche, o eso es lo que nos ha llegado. Pero es que en realidad no procede de Platón, él mismo señala que la historia procede (ésta vez no de Sócrates) si no del cuasi mítico Solón, padre de la democracia ateniense del que Herodoto también dio buena cuenta en sus escritos.


Pero tampoco Solón era la fuente original, a él se lo cuentan los sacerdotes de Sais yendo de visita. Y podrían parecer palabras vanas, de hecho la narrativa se compone en forma de lisonja, alabando a los griegos que repelieron una invasión de la que ni ellos mismos guardarían memoria. Pero Egipto sí. Y claro, podría ser un mito. Pero el hecho es que el calendario egipcio sí era de 365 días.


Platón vivió en el siglo IV AC. Y su relato apuntaba a 9000 años antes, que se dice pronto. Eso nos pondría alrededor del 9400 AC. Gobekli Tepe, 9.600 AC. Nada mal para ir con túnica y no saber qué son unos calzoncillos elásticos.


En geología se llama Younger Dryas. En la tradición judeocristiana, tal vez, diluvio universal.

Cada vez se hallan más indicios que obligan a volver la vista a aquellos lugares donde la ortodoxia a evitado sistemáticamente detener la mirada, forzando a todos a pasar de página.


El problema, y no es menor, es la ausencia de evidencia, más allá de testimonios que en principio aparecen desconectados. Que podrían estar nombrando lo mismo con diferentes nombres, tal como el Noé sumerio no es Noé sino Utnapistim. Y el arca, los animales… o eso o la historia se repite más de lo que debería.


Viendo las características de Gobekli Tepe se hace difícil aceptar que pudieran haber llegado al mágico número de 365 por sus propios medios, por la estructura social que se desprende de los vestigios arqueológicos. O eso o los romanos iban muy despistados, y no eran los únicos.


Aquellos que después del 10,000 AC crearon calendarios lunares, no cabe mucha duda que se lo trabajaron ellos mismos, a fuerza de observación y razón. Que aparezcan los 365 días antes, debería ser objeto de una reflexión profunda (del mismo tipo que implica hallar la Isla de Pascua habitada, como ya se eñaló en otro artículo) y se hace imperativo conectar ese análisis con otros puntos.


No es difícil explicar la ausencia (o escasez) de evidencia en un contexto donde todo el litoral antediluviano, donde se suelen encontrar la mayoría de las poblaciones, estaría hoy varias decenas de metros por debajo del nivel del mar.


Esa última idea se puede radicalizar incluso más: algunos han sugerido que la Atlántida no sería otra que el continente helado que hoy conocemos como Antártida, puntualmente excluido de cualquier mapamundi desde el enfoque, y la evidencia arqueológica estaría sepultada bajo kilómetros de hielo, en uno de los climas más extremos del planeta. Lugar que, por cierto, es objeto de una consideración internacional única, con su propio tratado que restringe prácticamente cualquier tipo de actividad, por si el clima fuera poco.


Hablamos del tipo de clima que congela a mamuts en Siberia hasta prácticamente extinguirlos. Probablemente como resultado de la inversión de polos que propuso Hapgood, que si no recuerdo mal fue prologado por el mismo Einstein (¿o sólo mantuvieron correspondencia?) y cuyo trabajo estuvo largo tiempo clasificado por la CIA. (O algo así, la verdad es que suena un poco contradictorio).


Y pasa un poco como con la poesía de la Grecia clásica, que todo es mito hasta que se encuentra Troya. De momento, a través de la literatura comparada de diversas tradiciones, parece que hemos encontrado a Noé, o sus huellas, ya veremos el resto del libro. Y de libros. Aún así, establecer las causas últimas, no parece tarea sencilla.


Con este ya van unos cuantos clavos en el ataúd del relato ortodoxo: 365, así a ojo de buen cubero.


viernes, 1 de mayo de 2026

La guerra encubierta

    

La literatura de ciencia ficción está plagada de relatos de invasiones extraterrestres, más aún desde los 50. La guerra de los mundos de HG Wells es de finales del XIX. No se contentó con el desbarajuste físico del viaje en el tiempo sino que nos presentó una invasión imposible, a lo Independence day.


Pero no es así como funciona, por lo que se deduce de un análisis algo más maduro. A todos nos gustas los fuegos artificiales pero la realidad a veces es mucho más gris, aunque tal vez igual de eficaz.


Primero deberíamos entender un poco sobre lo que la guerra es y como funciona. Sabemos que es terrible, que muere gente, se destruyen recursos, etc, etc. Pero si en lugar de la visión general adoptamos un punto de vista particular, para algunos la guerra puede consistir en archivar formularios en un despacho, o cocinar para un batallón, o simplemente ir de compras. No todos mueren en trincheras todo el tiempo.


La segunda guerra mundial es conocida por el blitzkrieg alemán, esa toma relámpago del tgerritorio enemigo rompiendo sus líneas. Pero esa es una “solución” de conveniencia, y a pesar de ello, si tomamos el caso de Francia, aún se fracturó el gobierno con la Francia de Vichy y fue notable el papel de la resistencia.


No es, por lo general, cosas de un día, por lo menos la guerra tal como la conocemos con medios convencionales. Tras el desarrollo de las armas nucleares que finalizaron la contienda cayendo sobre japón, tal vez nos acerquemos más a ese tipo conflagración total, rápida y fulgurante que tan bien transmiten esas historias, pero ni siquiera. En Papúa Nueva Guinea desayunaron como el día anterior y el siguiente.


Quiero decir que el mundo es grande y somos unos cuantos miles de millones. Una invasión extraterrestre difícilmente sucedería de esa manera, de forma abierta, ofreciendo un objetivo al que responder. Eso llevaría una eterna guerra de desgaste que a la postre sería contraproducente respecto a los objetivos últimos: son estos los que dictan el modo de proceder.


La humanidad, desde cierto punto de vista, es un recurso tan valioso como puedan serlo otros recursos naturales. El objetivo último viene dictado por el carácter del sujeto. Y aquí es donde se pone interesante: esos “extraterrestres” podrían resultarnos no tan exóticos como podríamos imaginarnos, podrían sernos bastante familiares en realidad.


Tanto que una guerra podría estar librándose ante nuestros propios ojos sin ni siquiera darnos cuenta. Uno piensa que vendrían, nos aniquilarían y se quedarían en el planeta. ¿Para qué? Para extraer los recursos. Pero, ¿por qué eliminarnos si nos pueden utilizar a nosotros para extraerlos? Bienvenidos a la tierra.


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Una infiltración es realmente exitosa cuando no es detectada. Además de cumplir con su función.

Por lo hasta aquí expuesto, si cabe esperar algún tipo de invasión sería mucho más sigilosa que lo que la pantalla nos tiene acostumbrados. Simplemente tomarían las riendas de la sociedad a través de posiciones clave para reconducir hacia sí mismos el excedente. Tal vez a alguien le suene.


Sería interesante que el desarrollo de dicha sociedad pudiera generar una producción cada vez más elaborada pero habría que acotar ciertos ámbitos para separar con nitidez a los conquistadores de los conquistados. Luego, la economía no estaría enfocada al interés común del colectivo si no al beneficio de una serie de élites extractivas. Las disciplinas técnicas deberían ser conducidas a callejones sin salida, vías muertas donde reposar, y desviadas oportunamente si se acercan a puntos sensibles que pudieran diluir la superioridad establecida.


En general la enseñanza estaría más enfocada a reproducir con precisión complejas secuencias antes que a comprender y articular los elementos que las conforman para poder extrapolarlos mediante el pensamiento creativo. En general el mundo luciría muy parecido al que vivimos.


Ni siquiera tendrían necesidad de un presencia significativa. El dueño suele poner un gerente y sólo pasa a recoger el saco. Tampoco tendrían que ser demasiado diferentes, por lo menos en apariencia. Ya sea como resultado de cualquier artificio técnico o por propia naturaleza. Tal vez el color de ojos, o algún detalle más sutil en los que no reparamos el resto. Aunque con el tiempo, dada la tendencia a la mezcolanza de determinadas conductas, la situación serían sin duda cada vez más turbia.


Una vez en control de la sociedad, a través de la economía y vasallos leales en su control, sabiéndolo o no, sólo quedan dos objetivos: mantener el sistema de explotación y a sus élites en la invisibilidad y evitar el desarrollo excesivo que pudiera terminar por revelar la situación o acercarse a un nivel tecnológico que pudiera suponer una amenaza.


Ante tal circunstancia, antes de que los sometidos puedan levantarse, quedaría la opción del botón rojo. El gran reinicio. Lo que fue el diluvio. Ésas son las malas noticias, pero también hay buenas. Eso es lo que quiere decir, literalmente, evangelio: buenas noticias.


El control omnímodo de esas élites (que sean humanas o no es casi lo de menos) parece que ha encontrado alguna piedra en el zapato. Es difícil, tras dos milenios, estimar con precisión qué, cómo, cúando y dónde, más allá del relato que nos ha sido legado, pero parece adivinarse que otras partes también hacen juego.


La situación seguramente sea mucho más compleja de lo que estas líneas, de especulación más o menos fundada, puedan llegar a aventurar, pero de algo hay que prescindir para resumir.

El caso es que toda la esfera occidental está en manos de élites de orígenes judíos y sus asociados y la segunda guerra mundial puso el broche de oro a un proyecto largamente perseguido: la fundación del estado de Israel, paso ineludible para el control de Jerusalén. Todo absolutamente programado.


No creas un país con varios millones de habitantes de la noche a la mañana, les llevó décadas. Es ése tipo de invasión. De ahí la necesidad de los campos de concentración y de desplazar a la gente de sus hogares para después ofrecerles la tierra prometida. Que en realidad fue tomada por la fuerza, tal como fue perdida.


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Del pueblo judío dicen que fueron esclavos en “Egipto”. Y que los liberó Moisés, que los condujo por el “desierto”, siguiendo una “zarza ardiente”, y tras un deambular de 40 años llegaron a la tierra prometida. A la Tierra.


Porque si uno mira la distancia que hay entre Egipto e Israel, no digo que tuvieran que hacer el camino en línea recta, pero es difícil pensar que se tiraron 40 años dando vueltas siguiendo un matojo en llamas, como primates que apenas conocieran el fuego. No. También es raro lo de Moisés, “abriendo las aguas”.


Bueno, “abrir las aguas” es una manera bastante sensata de describir a alguien que no tiene el menor conocimiento de física el funcionamiento de un motor WARP o de curvatura, al estilo de Alcubierre.

El desierto sería un páramo vacío, la zarza o tea ardiente un lucero al que llamamos sol y los 40 años un largo viaje desde probablemente Orión, que al parecer es donde apuntan las pirámides de Guiza.


En otros trabajos se ha analizado el reinado de los faraones y el posible modelo que explique las observaciones. Resumamos en que el estilo “egipcio” no sería exclusivo de nuestra órbita, al más puro estilo “stargate”, que al parecer no sería una tecnología ampliamente disponible. Al menos no para esclavos fugados, que básicamente es lo habrían sido.


Si atendemos a tradiciones aún anteriores, como la sumeria, encontraremos que en la tierra han tenido acontecimientos algo más singulares de lo que cabría esperar, empezando por nuestro propio origen. A mí se me hace difícil no asociar a los judíos, ese “pueblo errante”, (que no tuvieran tierra propia der partida explicaría algunas cosas) a los hiyiyi de las crónicas annunaki.


Se dice que el humano se crea porque los hiyiyi se rebelan. Tal vez sea todo una, aunque el viaje de Moisés pareciera posterior. En cualquier caso la creación de la humanidad desemboca en los acontecimientos relatados por Enoc, que no quiere decir que fueran como relató o como nos han llegado.


El humano toma conciencia y, hablando mal y pronto, sabiendo que ir flojos de bragueta es casi un distintivo del pueblo elegido, además de con los hiyiyi cabría asociarlos con los propios “vigilantes” del mencionado evangelio apócrifo. Y lo poco o mucho que haya sido revelado, seguramente tiene que ver con esas “otras partes” en juego.


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Parece una locura pero lo cierto es que tiene mucho más sentido que el relato que se nos lega. De hecho, si estuviéramos siendo víctimas de una suerte de infiltración, lo natural sería ensombrecer cualquier tipo de revelación, ya sea anquilosándola con pompa y liturgia o ridiculizándola tildándola de conspiranoia.


A nadie que haya estudiado un poco de la historia de los últimos 2000 años se le puede escapar el giro copernicano de lo que denominamos cristianismo. De ser perseguidos y crucificados a ser la corriente principal, hasta el punto de obligar a Roma a integrarlos en el aparato del estado. Así que se entenderá que lo que hoy hay en Roma no tiene mucho que ver con los cristianos que alimentaban leones en su coliseo.


El proceso de destrucción del cristianismo empieza por el propio Jesús, crucificado por los romanos a instancias del sanedrín judío. No debería hacer falta recordar los recurrentes trágicos finales de los apóstoles predicando el evangelio. El cristianismo deja de ser contrapoder para ser absorbido y deglutido por este hace más de 1500 años.


Pero si hay un punto y aparte claro es uno de los capítulos más relevantes y poco comprendidos del último milenio: el final de los templarios.


Pero recapitulemos para ponerlo en contexto. Roma cae a manos de los bárbaros, el imperio romano de occidente se desintegra como tal y el cristianismo hace su parte en eso.

No es hasta siglos después que Europa se vuelve a recomponer y mira a su pasado. Las cruzadas son promovidas por intereses menos visibles que los del Papa que las bendice.


Dejando a un lado las especulaciones y las leyendas, en las que ya se ha abundado en otras reflexiones, el hecho es que se produce un tremendo cisma que termina con el gran maestre de la orden religiosa-militar más importante de su tiempo, quemado en la hoguera.


Es el pistoletazo de salida para la persecución de herejes de todo tipo (en realidad criptotemplarios agrupados bajo otras denominaciones) y lo que posteriormente terminará siendo la inquisición. Es una guerra abierta entre la iglesia y los templarios que por aquel entonces, tras las cruzadas ya tenían, ahogadas en deudas a las casas reales de media Europa.


Es una guerra en realidad no declarada, o declarada bajo falsos pretextos. Lo que se dice es que los templarios encontraron algo en el templo de Salomón. Lo cierto es que al empezar las cruzadas eran tan pobres como para ir dos en un caballo y terminaron siendo el mayor poder económico del momento, tanto que despertaron más que recelos en las monarquías y en Roma.


Lo interesante es lo siguiente, el capítulo que nadie cuenta. No sorprende a nadie que de una nutrida y poderosa orden, tras ser declarados herejes, perseguidos y asesinados, no quedara nadie que osara elevar ese mismo estandarte contra Roma. Era un poder incipiente que estaba en cierta posición de debilidad frente al poder de una institución milenaria.


El golpe debió ser tremendo, tanto en lo humano como en lo material. Pero lo cierto es que la maldición de Jacques de Molay, cuentan que desde la misma hoguera que lo devoró en llamas, se vio cumplida: el Papa y el Rey de Francia, responsables de su ejecución, murieron antes de un año.


Por como manejaron la situación se diría que hicieron contactos clave en tierra santa pero en mi opinión ese vínculo con algunas esferas del judaísmo existía antes y como causa de las cruzadas.

Así que al parecer sus redes, ya fueran secretas o discretas, tenían mayor alcance del que podría esperar. Pero ante la reacción de la iglesia (en mi opinión como resultado de una traición, no de herejía alguna), brutal e inflexible en su persecución, optaron por “desaparecer”.


Es en esta etapa donde asistimos a la creación de una serie de sociedades/órdenes que van a preservar en buena medidas las estructuras templarias en lo que luego vino a ser la masonería, en paralelo más tarde la orden illuminati, etc.


Ésa gente, con el respaldo económico que la usura de los prestamistas judíos había logrado amasar durante siglos (la iglesia católica lo prohibió durante mucho tiempo para los cristianos dejando el camino expedito), son los que algunos siglos después forman los Estados Unidos de América.


Pero antes ya se habían infiltrado en las estructuras eclesiásticas. A la monarquía francesa se la terminaron de devolver con la revolución. Todo facilitado a través de la financiación y las personas adecuadas en los lugares oportunos. Incluso aparentemente de signo opuesto. Tanto a los revolucionarios como a Napoleón.


Y en poco más llegamos hasta nuestros días, tal vez la muestra más espeluznante de dominio sean las guerras promovidas en Europa tras la etapa colonial, que aún perdura en modos pretendidamente más sofisticados.


Tanto la Alemania nazi como los USA de hoy no son más que herramientas al servicio de objetivos. Son demasiado inteligentes para atarse a ninguna bandera que pueda ser quemada, ni siquiera la de Israel. Todo son herramientas supeditadas a una función. La de USA el control mundial de la economía a través del dólar y la de Israel ser la cabeza de playa hacia Jerusalén.


Y el siguiente capítulo, según aquella supuesta carta filtrada de Albert Pike, sería enfrentar a Israel y al Islam, dando como resultado la tercera reconstrucción del templo y por lo tanto cumplimiento a la profecía de la segunda venida. Viendo lo que le hicieron al primero, lo difícil es entender que quieran un segundo.


De hecho sus vecinos árabes dicen que ya habría sucedido, en cierta forma. En el Islam a Jesús se le considera profeta, en modo similar a Mahoma. Y si uno hojea el corán ve rápido que buena parte de éste consiste en recriminar a su vecinos, judíos, con los que comparten la creencia en el pacto abrahamico (ibrahim), el nulo cumplimiento que dan a sus propios mandamientos. Se siguen haciendo llamar el pueblo elegido, desconociendo que dios haya podido cambiar de idea como mero resultado de su infame conducta. La misma que les ha llevado a sentarse en el trono del poder económico global.


No está mal para venir de fuera, aunque sus siglos les ha costado. Y expulsiones de países de toda Europa, en varias ocasiones. Y no sólo es cuestión de racismo, que no cabe duda que hay y habido, pero que en estas líneas no se halla y un ápice: en realidad es el resultados de dinámicas de luchas con los poderes locales que han terminado por usurpar con éxito.


Así que no, ni guerra de los mundos ni independence day. Sin embargo la invasión podemos decir que se ha consumado. Claro que el lejano oriente presenta algunas dificultades para sus estrategias típicas de infiltración, en otros lugares pasan más desapercibidos y ahí sólo pueden entrar con dinero, comprando a otros, por eso lo dejaron para el final, para cuando ya dispusieran de la palanca económica. Claro que, revelado el plan, lo cierto es que pierde bastante iniciativa estratégica.


***


Si usted ha sentido desde siempre que algo en el mundo está mal, ahora ya sabe por qué. Por eso le han educado en la corrupción desde el principio y vive en una sociedad perfectamente engrasada para explotar con precisión sus impulsos y debilidades. Por eso vive en una sociedad hostil diseñada contra el hombre. Lo último que se les ocurrió es que deberían también poner a las mujeres a trabajar, y no les va mal. Aplauden hasta con la orejas. El microchip ya lo llevamos implantado en el bolsillo en forma de teléfono móvil, hacerlo subcutáneo es un mero tecnicismo. Pagado de nuestro bolsillo y recargado religiosamente.


“Y aquellos que no tengan la marca de la bestia no podrán vender ni comprar”. No es el futuro, es el plan. Es que ya ha pasado, quién sabe donde y cuando, y cuántas veces, en otro lugar. En otros lugares. Es un modus operandi. Es la estrategia de esta guerra silente de infiltración y engaño. Se diría que están esclavizando a la humanidad con las mismas cadenas de las que se liberaron. No es de extrañar que muchos entre ellos no estén de acuerdo. También muchos de los de aquí han vendido su alma y la mayoría vive con la mente lobotomizada por el entretenimiento, ciegos de ignorancia, y con los sentidos embotados por la hiperestimulación de las urbes.


Es una guerra rara, la gente espera fuegos artificiales y, por más que en algunos lugares los hay, en la mayor parte es una balsa de aceite. Con personas tan profundamente engañadas que defienden las cadenas que les atenazan. O que venderían a cualquiera por una propina.


Tienen una carpetita con tu nombre y tu vida resumida en una cuantas hojas. Y así con todos, con más o menos páginas. La gente incómoda va desapareciendo en silencio, antes de tiempo. La propia escuela es un mecanismo para erradicar cualquier resquicio de lucidez.


Trabajan bien, tienen tiempo y medios: lo han orquestado de tal modo que cualquiera que eleve una palabra contra los judíos, con razón o sin ella (por más grosera que pueda ser la generalización) es automáticamente catalogado de nazi, luego, contrario a la más elemental humanidad.

Y paradójicamente fueron las propias élites judías las que tuvieron que financiar el nazismo, ya que ostentaban el poder económico en Europa sin que nadie les pudiera hacer sombra desde varios siglos atrás.


Luego, hablamos entonces de unas élites muy concretas, sin el menor respeto por las vidas ajenas, incluso de los propios judíos. Cabe recordar que en otros momentos los sacrificios humanos han sido sistemáticos, en varias culturas. Y desvelar el engaño que han pergeñado es tarea que puede ocupar buena parte del ciclo vital, por más que sea evidente que algo no marcha bien desde el principio. Basta con oír el llanto desconsolado de los niños. En realidad siempre lo has sabido.














jueves, 23 de abril de 2026

El fuego de Elías


En unos de esos “cuentos de pastores”, tal como hoy se ha venido a considerar por algunas los textos de la biblia, en concreto en el “libro de los reyes”, (nótese el contraste entre los entrecomillados), se refiere el episodio de Elías y los profetas de Baal.

Al final lo cierto, resumiendo el episodio, no es más que una apuesta chusca. Ponen madera en un altar y “el dios verdadero” lo encenderá a petición de sus… ¿protegidos? Al final es una cuestión bastante interpretativa. Evidentemente cuando los de Baal le imploran a este que encienda el fuego nada sucede. En cambio Elías, incluso, moja la madera (y mojar no implica necesariamente agua) y el fuego nace a su petición.

El dato de que se trate de madera mojada es revelador. Si en aquellos tiempos alguien hubiera hablado de un fuego que se aviva con agua, como sabemos que es el del litio, por ejemplo, que está en las baterías de nuestros teléfonos, parecería poco menos que cosa del diablo. Y una ventaja estratégica, de ahí que los griegos fijaran en él el gentilicio.

Lo de Elías data del reinado de Acab (no pun intended), que sitúan sobre el siglo IX AC. Luego, revela un conocimiento preexistente si aceptamos que ese “fuego de Elías” sería similar receta a la del “fuego griego”, ambos famosos por su preponderancia sobre el agua. No me cabe mucha duda que el origen debería hallarse en la cultura fenicia, esos “pueblos del mar” que parecen haber heredado un conocimiento que volvería a ser anterior.

De ellos parece que se ha comprendido poco, empezando por la etimología (fénix) y para mí están en la raíz del judaísmo. El mito griego del “renacimiento desde la cenizas”, (a medio camino del mediterráneo oriental al occidental) resonaría como aquellos que pudieron preservar la memoria del tiempo anterior al diluvio y conocimientos que les habrían valido para adquirir el control presente que ejercen sobre la sociedad a través de, entre otros mecanismos, la economía.

Siendo la actividad del préstamo (usura) estrechamente relacionada con la tradición templaria (posteriormente masónica, no hay más que ver un billete de dólar) y judía, esos “cristianos viejos”. Expresión que se puede encontrar en Cervantes y nadie acierta a interpretar en su contexto histórico, como una seña criptojudía, aunque poca duda cabe de que la primera parte de la biblia es la más vieja. Y como todos saben son los primeros 5 libros (pentateuco) los que el judaísmo reconoce como propios.

Al final, la prueba de Elías, aunque bajo cierto punto de vista es la estafa de un hombre de conocimiento científico superior al de sus némesis, o por lo menos con una as en la manga, sí que demuestra la validez de ese “dios” o la compresión de sus leyes y sustancias: física y química. Aunque seguramente no en el modo que los profetas de Baal esperaban.

También los griegos fueron celosos custodios de ese conocimiento que, tratándose de un ventaja estratégica, debería ser secreto y preservado de caer en malas manos. Son factores de ese tipo los que pueden suponer la diferencia entre prevalecer y caer en un tiempo en el que se derrumbó el mundo y tocaba empezar de cero. ¿O casi? Que alguien transmitió en diversos lugares del mundo el conocimiento de la agricultura y ganadería a hombres nómadas, lo que vendría a ser la revolución del neolítico, parece casi una constante en el compendio de la mitología, habitualmente tomados por “dioses”, o cuanto menos por profetas, como sería el caso de Elías. Pero todo esto es pre-historia, desde el punto de vista actual.

Lo preocupante es que esas élites que han tomado el control de Europa y Norteamérica, y del mundo en general, a través de la economía, más allá de la oposición geopolítica, no han decidido revelar su conocimiento más allá de su entramado de sociedades secretas y de forma fragmentada y utilitarista. Por más que tengamos litio en cada móvil, el “fuego griego” sigue siendo celosamente custodiado. El que de verdad quema, el de Prometeo, el del conocimiento.

Técnicamente no es prehistoria si estamos haciendo literatura comparada entre tradiciones de distintos lugares y momentos, lo es sólo desde que tal literatura queda etiquetada como mera mitología y se desestima como fuente.

Lo preocupante es que tales situaciones declaran más la voluntad de borrar las huellas, muchas veces de sangre, que la de compartir un conocimiento, que a la postre siempre es usado como medio de vida cuando no como ventaja estratégica. Pero eso dice poco del conocimiento y mucho del escenario: el de un mercado de esclavos más o menos pulcro, a veces bastante sórdido, probablemente las más, y el de una guerra perpetua no declarada por el control mundial.

Aceptada esta interpretación, queda la pregunta en relación al origen de esos dioses o profetas.

Supongo que aún quedan por resolver unos cuantos errores fundamentales para poder dar un respuesta algo más precisa a esa pregunta.

Solemos ver las cosas en términos binarios, con suerte en grados, pero solemos fallar al componer algunas aparentes contradicciones: si enseñaron agricultura y ganadería (etc) deberían ser “buenos”, un poco en el sentido aristotélico. Y ahí está el problema, que no deja de ser un punto de vista por más que la razón aproxime una convergencia. También nosotros damos de comer a los presos, y la noción de que se les hace un “bien” en muy cuestionable, para empezar seguramente por los propios presos, lo mismo con los esclavos o animales de trabajo e o incluso domésticos.

También es cierto que no es lo mismo que te den un pez que una caña de pescar: en el segundo caso ni siquiera tiene que pescar. Es cierto que ahí está el potencial de la independencia, siempre que uno tenga donde poner la caña. Viendo el curso de los acontecimientos, es posible que la caña te cueste la mitad de los peces que pesques a lo largo de toda tu vida, si no más.

Hay situaciones que no son de uno u otro signo por naturaleza, o aunque pueden en parte serlo, es el grado el que determina su carácter. Además de ser una cuestión polémica por antonomasia, que puede ejemplificarse con el “descubrimiento” de América en 1492 y sus consecuencias posteriores.

Un poco al estilo romano, el crimen de la guerra y el acto civilizatorio (o de modernización, revoluciones, guerras de independencia...) van demasiado a menudo de la mano.











martes, 3 de marzo de 2026

Yo soy quien espía los juegos de los niños

Estaba en el parvulario, no tendría más de 4 o 5 años. Corrió el rumor por el patio… creo que era un tal Santi. Debería ser el primer año, creo que era de lo mayores. No recuerdo que fuera a mi clase, pero no recuerdo muchas caras y nombres.

Así se dividía el parvulario: mayores y peques. Son un par de años, o apenas tres, los que se pasan por allí. Total, que corrió el rumor de que el tal Santi, una chaval por lo general sonriente, le había enseñado el colgajo a algunas niñas. Ni idea de a quienes, claro.

Algunas jugaban en el rincón más apartado del patio, que daba a la otra calle a los doctores y nunca parece que hubiera mucho problema. Algunos hacían como que se acercaban disimuladamente para echar un vistazo o haciendo que se tapaban los ojos. Yo nunca quise disimular mucho y tampoco parece que me quisieran en su muy selecto club.

La cuestión es que las profesoras (no recuerdo un solo maestro, más allá del “señor Muñoz, que nos traía los picatostes para aquella espesa sopa de verdura) cogieron al tal Santi y reunieron a todo el parvulario en el patio. Fue lo más parecido a una ejecución pública que he vivido, de momento.

Sentaron a todos los críos en el patio, una pequeña multitud. Seríamos, no sé, quizás 40 o 60, más las profes. O tal vez la mitad o el doble, no recuerdo bien, nos reunieron a todos. Sacaron no sé si una silla o una mesa.

Debió ser una mesa porque se le veía bastante por encima de las cabezas. Hasta los pies, diría.

Dieron una sucinta explicación de lo sucedido, o algo así… y acto seguido procedieron a bajarle los pantalones y calzoncillos delante de todo el parvulario, hasta los tobillos. Luego le dieron la vuelta con los pantalones a esa altura. Santi no reía mucho en ese momento, no. El chaval lloraba, claro. No sé que fue de él.

El club de doctoras supongo que siguió con sus actividades, en las que nunca me involucré, sin mayor incidencia. Desde luego ninguna tan pública y reseñable como la mencionada. Correría el año 85.

El otro día me preguntaba cuando se empezaron a torcer las cosas y eso presupone que en algún momento hubieran estado “rectas”. Correctas. No parece en realidad el caso. Ya no existe aquel viejo parvulario, lo derribaron hace muchos años. Las profesoras estarán muerta o jubiladas. Pero a mí jamás se me ha olvidado aquel día.

Espero que no fuera que en realidad el pobre Santi se negara a jugar a los doctores, clubs tan selectos suelen mostrarse muy orgullosos ante el rechazo a sus invitaciones. Y eso era el día a día a mediados de los 80. Lo del feminismo vino mucho después del instituto en realidad. Hay gente que es muy de sus amigos, “con razón o sin ella”, dicen. Yo no soy tan de amigos.

Más bien, como decía Jorge de Ilegales, fallecido el pasado diciembre, “yo soy quien espía los juegos de los niños”.