martes, 10 de febrero de 2026

Comprender Egipto

 


  Si fuera tan fácil comprender Egipto no sería campo abonado para las teorías más inverosímiles.

Lo cierto es que ni siquiera sabemos con certeza el papel que jugaba el Ankh, ni siquiera qué es, y empezando por ahí la cosa no mejora demasiado.


Porque ni siquiera somos “nosotros”, o no es nuestra memoria, o la de la gente que hoy vive por allí. El conocimiento que pudiera inscribirse en los jeroglíficos se habría perdido junto a su propia interpretación.


Es posible que los restos del antiguo Egipto sean vestigios de momentos especialmente complicados, además de varias cosas a explicar que no tienen que ver con nuestra percepción del mundo, la vida y como la entendemos:



1.Construcciones faraónicas


El término ha quedado en el lenguaje como sinónimo de lo descomunal y desproporcionado.

De las pirámides sorprenden a su vez elementos muy concretos:


·La complejidad y estabilidad del orden social para acometer dichos proyectos


·La naturaleza de los proyectos en sí misma


·Los medios requeridos para acometer tales proyectos


No lo he intentado nunca, pero supongo que no es fácil convencer a una sociedad para amontonar piedras durante años. Algún argumento de peso debe haber ahí que se nos escapa, incluso más allá de un régimen de esclavitud o mixto.



2. La divinidad del faraón


Por otro lado, si uno convence al resto de su vínculo con las alturas, algo empieza a encajar, pero sigue faltando el argumento de peso. La prueba irrefutable de tal divinidad. Caso contrario tal individuo terminaría como un chiste o incluso linchado.


Y aún con la autoridad de la fuerza, las mentiras terminan cayendo por su propio peso.



3. Alto Egipto y Bajo Egipto


Otra cosa que llama la atención es el extraño gusto por los sombreros alargados, tanto la “corona blanca”, se dice el alto Egipto, como la corona roja, que dicen del bajo Egipto, presentan el mismo patrón alargado.


Sin embargo, como bien quedan retratadas de perfil, sólo la corona blanca contiene un volumen. La roja se diría que es un plano que de alguna manera “simula” o recuerda a ese volumen desde el frente.


Volumen que, tal vez no por casualidad, encajaría muy bien con las peculiares características craneales de Akenatón y sus familiares. Quizás ni siquiera alto y bajo Egipto sea en realidad una categorización geográfica, o no sólo.

 

 

Sobre las cabezas largas y sombreros largos



Desde luego va mucho más allá de Egipto, desde el sombrero del papa (vínculo con lo divino en la tierra, dicen, o algo así) hasta las momias de los Andes.


Más allá de la posible coincidencia, se pueden atisbar algunas posibles correlaciones.


Una situación curiosa es que, si uno está acostumbrado a mirarse al espejo y ver una frente que se eleva unos buenos 15 o 20 cm, al ver a alguien con la mitad de frente uno tendría la permanente sensación de extrañeza de estar viendo a un amputado craneal, sensación perturbadora y de la que debe ser difícil desprenderse.


Ésa es una posible explicación para la corona roja. Y la corona blanca…


Y comprender el papel que jugaron esos cráneos puede ser clave para entender las historia de este planeta. Huelga decir que ninguna manipulación de tipo comprensiva, como existe constancia en varias culturas, podría aumentar la capacidad craneal en las formas observadas. La raíz de tales prácticas queda justificada con el caso real que pretendieran emular.


Lo interesante del rasgo es que no es nada arbitrario, y desde luego no surge de ninguna imaginación desbordada en cuanto a que los cráneos están ahí.

Y digo que es interesante porque coincide con la dirección previsible de nuestra propia evolución: elevar la capacidad craneal con las limitaciones del canal del parto.


Por lo menos en lo evolutivo, si más no, se podría decir que esa gente venía “del futuro”.



Comprendiendo el tiempo


El cuestionamiento sobre lo que definimos como tiempo es consustancial al pensamiento humano, pero la literatura acerca de “viajes en el tiempo” es relativamente reciente aunque tal vez más antigua de lo que uno esperaría: finales del XIX.


Platón nos habló de la Atlántida pero no de viajar en el tiempo, hasta donde yo sé.

La incursión de cualquier elemento en la cultura popular siempre obedece a alguna causa. El mito siempre hunde su raíz en los hechos, en un sentido u otro.


Eso vale para los OVNIS (que serían “posteriores”), para los “portales dimensionales” y cómo no, para los viajes en el tiempo. Para todo en realidad, pero por hacer algunas menciones en relación al caso concreto que nos ocupa.


Desde el punto de vista estrictamente físico, la posibilidad exótica de agujeros de gusano quedó para mí relegada a un muy segundo término, sin poder ser descartada pero con pocos visos de describir la realidad. Uno vuelve a revisar sus papeles a tenor de los acontecimientos.


La tarea de comprender la realidad involucra todas las áreas del conocimiento y a veces unas marcan el camino de otras. Y a veces dos piezas encajan de forma tan innegable que justifican ser el punto de partida para nuevos enfoques.


Tratando de recordar el momento exacto en el que empecé a considerar seriamente tal posibilidad, termino encontrando la raíz abrahámica: Jacob (Israel), Jesús y Mahoma. Que comparten unas coordenadas muy concretas, bajo conflicto perpetuo.


Así llegué, a través de la geopolítica, queriendo arreglar el mundo. O tratando de comprender por qué funciona tan mal. Tratando de entender el presente, la realidad. Desde la física rigurosa era más una suerte de ejercicio circense que algo a considerar en serio.


Bien es cierto que las conductas de los agentes que generan esa actualidad pueden estar guiadas por motivos completamente erróneos, pero también hay que comprender esos motivos para comprender el error. Y hay que partir de la premisa de que uno siempre está observando un iceberg: la mayor parte está bajo la superficie. Sea como fuera, matar gente, todavía, alegremente, llama la atención.


Una vez uno tiene indicios de que ciertos postulados exóticos de la física teórica podrían estar vinculados a situaciones que han generado los movimientos religiosos más significativos del planeta, tal vez caiga en la cuenta: si llevan 2000 mil años insistiendo en eso igual hay que echarle un vistazo.


Esto partiendo de una consideración laica o atea en un entorno católico no practicante donde la religión ha quedado equiparada a alguna suerte de estafa. Más delante se entiende que situaciones que a veces parecen contradictorias no son en ningún caso excluyentes: ¿Es verdad? “Sí”. ¿Es una estafa? “Sí”.


Luego sólo queda recordar a Arthur C Clarke: cualquier tecnologío lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Por qué nos han explicado tan mal las cosas es también un elemento a considerar.


El problema a veces es la forma que tenemos de concebirlas, y el tiempo es uno de esos casos. Otro camino que también conduce a las presentes conclusiones es la búsqueda de los propios orígenes. Se diría en realidad que todos los caminos conducen a Roma. La ciudad eterna, la llaman.


Yendo al grano, no entendemos las dilataciones temporales y nos son completamente contraintuitivas porque no forman parte de nuestro medio natural ni de nuestra experiencia cotidiana, en principio. Del mismo modo que no lidiamos bien con la luz UV porque nos la filtra la atmósfera, nos resulta exótica.


En realidad, siendo precisos, la dilataciones temporales no forman parte de nuestra escala. Ésa es la palabra. Pero empezamos a operar satélites e imprecisiones empiezan a surgir: el ser humano crece y quiere abarcar otras escalas. Y ahí se ve que las cosas empiezan a funcionar “un poco diferente”. No en otra galaxia, no en otro planeta: en los límites de nuestra propia atmósfera. Poco, pero suficiente para suponer implicaciones operativas. En realidad no cambian las reglas, cambia el contexto.

El problema es la cantidad de creencias erróneas que se nos han inculcado. Y de como se sigue tergiversando todo por intereses. Y de como la información sigue siendo de carácter reservado.

Aún así siempre queda la aproximación intelectual, aunque no sea el camino que ha seguido en realidad nuestra historia. La ilusión persistente que es el tiempo, en palabras de Einstein, funciona de una manera que prácticamente aturde:


Habría un presente único pero diferentes velocidades de tiempo en las diferentes localizaciones.

Tiempo propio. Pues la relatividad que conocemos desde hace más de un siglo, ¿no?. Sí y no. Porque una cosa es ver la teoría sobre el papel y jugar con la mal llamada “paradoja de lo gemelos” y otra cosa muy distinta es experimentar situaciones de ese género en la realidad. O aún peor: como las peores intenciones podrían explotar tales características de la física para los más diversos fines. Y eso último es una realidad, no una teoría en un papel.


Si uno observa el desajuste en los relojes de los satélites por dilatación temporal parece un efecto no despreciable pero menor. Pero qué pasaría si esa dilatación pudiera elevarse a voluntad. ¿Cómo? Con ciencia. Y mucha fe, sin duda.


Si ese mecanismo existe, alguien tarde o temprano lo va a explotar a su favor. Y en mi opinión ya lo ha explotado. Lo detalles técnicos involucrarían los límites de rango de la propia relatividad: para generar grandes dilataciones basta sólo con velocidad. Pero ha de ser prácticamente la de la luz.


Algo complicado en principio para la materia. ¿Imposible?




BIENVENIDA A LA ERGOESFERA


Así es como se denomina a la capa inmediatamente previa al horizonte de sucesos de un gran agujero negro en rotación, que produciría un arrastre en el medio de la velocidad de la luz.


Desde ahí la velocidad del tiempo propio es proporcional al radio orbital.


Y el universo parece demasiado viejo para que a nadie se le halla ocurrido. ¿Ventajas? Y contrapartidas, por supuesto. Nada de lo aquí dicho permite viajar al pasado. Lo que se revela es es reverso de la moneda de algo que en realidad sabemos muy bien: para viajar en el espacio hay que viajar en el tiempo. La relatividad los hace indisolubles.


Pero es que, para viajar en el tiempo, hay que viajar en el espacio. Se diría que todo gira, y un giro que no produce anisotropía en la observaciones parece responder a una naturaleza estocástica. En cualquier caso lo primero que hay que entender es que las deformaciones que genera nuestra percepción no deben trasladarse a un modelo que pretende responder a lo factual.


Las percepciones pueden entrar en contradicción, aparente, los hechos no. En realidad funciona de una manera muy sencilla pero las implicaciones pueden llegar a ser tremendas, y en manos equivocadas, podría llegar a ser un herramienta para someter a pueblos enteros. Mediante el engaño y la promesa de la inmortalidad.


Y la prueba sería la inmortalidad del faraón, que no envejece por generaciones. Eso es lo que podría hacer una dilatación temporal extrema. ¿Quieres ser inmortal? Pues de momento vete poniendo otra piedra en la pirámide. Es posible que sean conocidos como “el clan de los faraones” y estén en busca y captura en varios galaxias.


Pero igual sólo con eso no alcanza, eso parece formar parte de algún tipo de declive posterior. Cuando ya no es una corona blanca o roja si no un sombrero alargado que cubre lo que en realidad no hay.


Los milenarios reinados del zep tepi egipcio, renconsiderados con este nuevo elemento, así como las longevidades extremas en otras tradiciones, bien podría estar rindiendo cuentas de lo que para nosotros es un fenómeno físico muy poco habitual y en nuestra experiencia inexistente. Nadie diría cuando mira a un espejo que mira a su yo del pasado pero no conviene olvidarlo cuando se mira al firmamento.

Aún con lo expuesto, asumiendo que puedan existir dilataciones temporales extremas, falta un elemento clave: la conexión entre ambos puntos. De nuevo, desde el punto de vista estrictamente físico, el entrelazamiento cuántico jugaba un papel similar al de los agujeros de gusano.


Pero tampoco conviene perderse en los detalles, no hace falta saber como funciona una arma para entender las consecuencias de un disparo, aún sin ver la bala.


Luego, dado este contexto, lo que sorprende del pacto con Yavhé es que se comprometiera a no volver a destruir a la humanidad, “por agua”. Dicho al revés: por agua, nunca más. Y la duda emerge sola. Tampoco parece que hubiera del otro lado una posición negociadora fuerte. Ni siquier lo primero.


Y siendo así las cosas, lo de la Atlántida tal vez sorprenda un poco menos.


Mientras tanto, aún debe haber en algunos lugares del cosmos, emitiendo luz en el espectro de radio, distorsionada por la dilatación temporal de las ergoesferas, un muchacho al que visten de faraón en una sala con diversos portales que dan a diversos mundos.


Las masas le aclaman como a un inmortal. El sólo va del lecho del harén a los portales cuando los relojes de arena así lo indican. Sale, saluda desde lo alto de algún palacio en algún lugar recóndito del cosmos y después de dejarse ver y aclamar por la gente, tal vez unas palabras, vuelve por el portal por donde vino. Otro reloj de arena señala el momento de volver. Nunca hay que permanecer mucho tiempo. Otros se encargan de eso. Y de gestionar las inmensas riquezas que extraen de las masas bajo la falsa promesa de la inmortalidad. Oro puro. A toneladas. Minas a cámara rápida, eso es la dilatación temporal.


En realidad el faraón tampoco sabe qué sucede, ha sido criado y educado para eso. No exactamente para gobernar. Sí que reconoce muchas caras, más envejecidas cada vez, como a cámara rápida, y ausencias, de una visita a otra. Cuando no sirva o empiece a hacer demasiadas preguntas tal vez corra la misma suerte que aquellos a los que se les prometió la inmortalidad. La indumentaria, ornamentación y simbología debería ser aproximadamente la misma en todos los lugares.


Esa sala de las puertas, que sería algo parecido a una centralita de teleportación, debería hallarse orbitando a la velocidad de la luz un gigante como Sagitario A.

A no ser que la tecnología permita generar tales condiciones a voluntad, extremo que me vuelve a parecer descabellado, pero precisamente son esas las opciones que parecen ir cobrando forma.


Un sistema similar, tal vez primero como drama y después como farsa, explicaría algunas cosas acerca de lo que observamos en el antiguo Egipto. Aún sin saber en realidad para qué sirve un “ankh”. Lo que está claro es que puertas como las descritas seguramente deberían guardarse bajo llave, podrían causar daños inimaginables.


¿Y que pasaría si, por ejemplo, hace 2000 años, un crío de muy pocos años jugando al escondite en esa “sala de las puertas”, o alguna otra semejante, atravesara accidentalmente el umbral? Bienvenido a la era moderna.
























sábado, 27 de diciembre de 2025

"Critón, le debemos un gallo a Esculapio"

 

En vista de la enigmática coincidencia de la imagen me ha parecido oportuno recordar las no menos enigmáticas últimas palabras de Sócrates.


 

sábado, 15 de noviembre de 2025

El tiempo como cuarta dimensión

 

El tiempo como cuarta dimensión o Tempus fugit o El universo explicado con un chicle



Siempre me ha repelido la idea, es obvio que el tiempo es categóricamente distinto al resto de dimensiones. Me pareció que inducía a la confusión, pero estoy empezando a verlo de otra manera.

Porque mirado con detalle, las tres dimensiones espaciales tampoco son iguales entre ellas.

Vamos a la geometría.


Es aquella primera clase sobre el punto, ese elemento en plena crisis existencial. “Esto es un punto y no existe”, era un poco la frase que también Haramein solía recordar.

Pero no entremos de más en la metafísica, la cuestión es que con puntos, o con el movimiento de ese punto, mejor dicho, se puede formar una línea.


Así, de la dimensión 0 que es ese punto en la nada, pasamos a la primera dimensión, en la que el punto “explorar un determinado rango de posibilidades”, una línea. Un vaivén, una vibración.


Dada esa línea, la cosa podría quedarse ahí y no pasaría nada y no estaríamos aquí, pero por algún motivo ese punto viajero prefiere explorar nuevos camino que repetir el mismo. O en realidad sólo evitar el que acaba de transitar. Así, sucesivas líneas, terminan por “explorar un determinado rango de posibilidades”, constituyendo el plano. Segunda dimensión, bienvenidos a la casa de Euclides.


Pero no queda ahí la cosa, el punto del principio, que no existe, sigue empeñado en huir de sí mismo y es empujado a “explorar un rango de posibilidades” formando el volumen. 3D, tercera dimensión.


Aquí la cosa se empieza a poner interesante, decía que las tres dimensiones no son iguales en absoluto. Las posteriores aplican sobre las anteriores y “exploran un determinado rango de posibilidades” de éstas.


Así, biológicamente estamos diseñados para movernos hacia lo que llamamos “delante”, desplazarnos hacia los lados nos cuesta más por diseño y movernos arriba y abajo tiene un coste energético notablemente superior. En cualquier caso siempre nos estamos desplazando en un volumen tridimensional.


Y “explorando un rango de posibilidades” de ese volumen tendríamos la dimensión siguiente en la que, no es que no nos movamos, pero se diría que estamos varados y llamamos tiempo.


La idea es que, considerando que es una pobre única partícula divina (o diabólica, según se quiera, luciferina sin duda) la que configura primero a la línea, luego el plano y luego el volumen, según un rango determinado, cada vez tiene más trabajo.


Es un poco el chiste aquel del tipo que contratan para pintar la línea de la carretera y el primer día pinta 20 kilómetros, al día siguiente 200 y al tercero 2 metros… porque cada vez tiene el bote de pintura más lejos.


Y eso sería la experiencia del tiempo, para pasar al siguiente “momento” de ese volumen hay que completar todo el recorrido del momento anterior. De todo el volumen existente. Esa partícula estaría recorriendo el universo de punta a punta en cada efímera fracción de tiempo, y no precisamente en línea recta, si no configurando su propia estructura. Incluyéndonos a ti, a mí y estas palabras.


Así que lo que cabe esperar de ese eje de la cuarta dimensión, que debería responder a un determinado rango, es que vaya a “explorar un rango de posibilidades” de este volumen. Y aquí estamos, explorando, como posibilidades de ese volumen que somos.


Normal que la cosa vaya lenta, por rápido que sea el punto. Y yo lo dejaría aquí, pero aún se puede complicar la historia sin acudir a hipercubos, que no sé muy bien qué significan.


Pero de haber una quinta dimensión, de la que en principio no creo que tengamos evidencia ni experiencia, debería “explorar un rango de posibilidades” del tiempo. ¿Pero es qué significa?


Cuando decimos “explorar todas las posibilidades” al final hablamos de combinatoria, permutaciones, matrices. Y el concepto es realmente simple. Pero la complejidad puede provenir del número de elementos, teniendo en cuenta además que en cada dimensión estamos multiplicando las anteriores.


Si tenemos un uno y lo elevamos a cualquier exponente, no pasa nada. Es el elemento neutro y representa al punto estático, indistinguible de la nada. Ahora bien, si conseguimos que tenga tan sólo dos posiciones posibles, 2 ² ya son 4 y 2 ³ ya son 8. Si además ampliamos la base con un mayor rango de posibilidades, las curvas que se dibujan son cada vez más pronunciadas.


Desde la cuarta dimensión, vemos como se explora ese rango de posibilidades de un volumen o espacio, del universo de hecho. Todo con un simple punto y de hecho debería estar en las definiciones:


La línea es un rango explorado por un punto.

El plano es un rango explorado por una línea.

El volumen es un rango explora por un plano.

El tiempo es un rango explorado por un volumen.


Eso es una serie de configuraciones posibles de dicho volumen, que nos contiene.

Hasta ahí más o menos se puede aventurar y el patrón fractal es evidente, lo que no es tan obvio es tratar de imaginar qué cosa es lo que explora un “rango de tiempo”.


Todos tenemos muy claro lo que es un volumen, un espacio. El tiempo no es más que una determinada secuencia de acontecimientos en dicho espacio. Esa secuencia se puede representar en un eje cronológico y obedecería la ley de causa-efecto.


Podríamos definir el “momento” como un fotograma tridimensional del universo y el eje temporal sería una secuencia de principio a fin de una duración determinada. Una línea de tiempo.


Si hubiera una 5ª dimensión, lo que cabría esperar es la exploración de todas las líneas de tiempo dentro de un rango determinado. Pero la noción de “líneas de tiempo alternativas” contraviene el principio de causalidad. Tal vez deba ser reinterpretado desde un punto de vista superior.


¿Podría haber a alguna escala situaciones donde sean posibles dos efectos para una misma causa?

De ser así, tales situaciones actuarían como bifurcaciones de las las líneas de tiempo desde una perspectiva de 5ª dimensión, desde donde se explorarían un rango determinado de ellas. Sería lo que llaman multiverso.


Sin embargo, más allá del hecho de teorizar, ¿qué evidencia o experiencia tenemos de algo así pueda ser real? ¿El efecto Mandela? No parece que haya ninguna razón para que esas líneas, esos diferentes desarrollos tuvieran conexión de ninguna clase tras una presunta “bifucarción” u otra secuencia que explora otra posibilidad, que no parece que pueda resultar simultánea.


Sin seguimos con a noción del punto, se ha de completar la línea antes de empezar el plano, se ha de completar el plano antes de empezar el volumen, se ha de completar el volumen antes de empezar la línea de tiempo y se ha de completar la línea de tiempo antes de completar el multiverso desde una 5ª dimensión. Y ese multiverso ha de ser completado antes de volver al punto de partida a trazar otra vez la línea.


Por lo menos, cada fracción de tiempo, cada “momento”, con cierta frecuencia (¿Planck?). Y de hecho el espacio mínimo de tiempo entre un momento y otro debería revelar la profundidad del fractal. Porque, si desde el multiverso se “explora un rango determinado de líneas de tiempo”, ¿desde dónde se exploraría un rango de multiversos? Y todo con un punto que no existe en mitad de la nada.





P.D.: Después de explicar el universo con un chicle, me sobra un clip y un trozo de cordel.








Errores de traducción: Ararat

 

1. ARARAT


Aleph. Resh. Resh. Tet. Esas son las cuatro letras del alfabeto hebreo que identifican la montaña, jamás hallada, en la que el arca de Noé, jamás hallada, se habría posado tras el diluvio.

Unas coordenadas básicas de hebreo: se escribe de derecha a izquierda y no tiene vocales.

El aleph no tiene traducción exacta, por eso la traducción fonética se suele representar como ‘RRT. De ahí viene “Ararat” y su posterior asociación con el Ayrarat armenio.

Indagando en ello, he topado con un término bastante parecido WRRT, “wereret”. La W no tiene una equivalencia directa en hebreo. Desconozco la clase de traducciones que se pudieran hacer en el primer milenio pero el criterio fonético tiene bastante sentido.

De hecho, sin quien escribió el relato hubiera preguntado ¿cómo se llamaba la montaña? o incluso dispusiera de una equivalencia fonética como las que se maneja hoy, fácilmente podría haber reflejado ese “wereret” como “’’RRT”.


2. 1502

En pararelo, y tal vez siguiendo con los problemas de las traducciones, seguramente el primer relato de la época moderna a Egipto por parte de un español (italiano en realidad, pero en funciones) sea el de Pedro Mártir de Anglería.

La fuente es su Legatio Babilónica, que se puede consultat abiertamente. El problema es que siendo una obra de 1511 está en latín. La traducción al parecer se halla en “Una Embajada española al Egipto de principios del siglo XVI”, obra que aún no he podido consultar.

Conocí la obra y la figura a través de un trabajo de Enrique Gozálbes Cravioto: LA VISITA A LAS PIRÁMIDES DE EGIPTO DE UN ERUDITO RENACENTISTA: MÁRTIR DE ANGLERÍA

La frase que captó mi atención y a la que aún le doy vueltas es:

Mártir mandó a algunos de sus servidores que realizaran la ascensión, y éstos quedaron impresionados ante el espectáculo. También contaron que en lo alto de la pirámide mayor había un barco de piedra, en el que cabían no menos de treinta personas.”

De ahí que quiera contrastarlo con el original y en latín es bastante más complejo de lo que pueda parecer. Eso fue en el año 1502, bastante antes que otros testimonios.

¿Un barco de piedra encima de la gran pirámide? ¿Qué clase de locura es esa? Pareciera un error de traducción.


3. La barca del faraón

43,4 metros de eslora. Lo llaman barca solar de Keops o barca funeraria y acompaña todo el relato que se ha construido en torno al antigio Egipto. Pero lo que encontraron en 1954 dicen que estaba “desmontado” y al pie de la pirámide, en la cara sur.





1224 piezas, al parecer han encontrado más embarcaciones. De hecho acaban de estrenar nuevo museo de Historia en Egipto y ésta sería la pieza estelar, reconstruida.

Es casi el doble de largo que la mayor de las 3 naves que, según cuenta la historia, 10 años antes de la visita de Mártir de Anglería a Egipto, descubrieron América.


4. Tres en raya

Wereret quiere decir “el grande”. En realidad eso sería WRR, cuando va acompañado con el sufijo T apunta al género femenino.

Luego, el “monte” “ararat” sería el monte grande. Y no sería exactamente un monte o montaña, por más que esa sea la primera impresión que da cuando se observa en la distancia. Ésa y otra fue la impresión cuando los primeros relatos llegaban a las cortes europeas y aún mucho después. Realmente se discutía si eran formaciones naturales. En la “Piramidografía” de Greaves creo que había algunos ejemplos de ello, o por lo menos en la literatura de esa época sobre el tema.

Nadie sensato puede pensar hoy en día eso, por supuesto, pero parece que seguimos lejos de comprender. Si embargo, si el monte Ararat resultara ser el monte Wereret algunas cosas quedarían explicadas.

Lo primero, el no poder encontrar el dichoso monte, que en principio no tiene mucho que ver lo de Armenia con un relato más bien Mediterráneo, más allá de un coincidencia fonética, poniendo las vocales a conveniencia. Y ese es el consenso actual.

Y también explicaría el no poder encontrar el arca, aunque no tendría por qué haberse conservado.

De hecho es muy posible que el relato real conserve un parecido casi anécdotico con el que nos ha sido legado a través de la tradición.

Que las pirámides “apuntan” a la constelación de Orión no es ninguna sorpresa ya, pero es posible que señalen algunas cosas más. Por ejemplo, el lugar donde quedó el arca varada tras el diluvio,

Todavía hoy le seguimos llamando “la grande” (wereret), pero por fortuna empezamos a distinguir entre montañas y pirámides, aunque seguramente tengamos aún sorpresas por delante. Si lo planteado etimológicamente fuera correcto, el arca quedó varada en la gran pirámide.

Pero no es que quedara encallada en la cima, no. En la meseta de Guiza. La idea es que se edificó, fundamentalmente, para “conmemorar” ese acontecimiento. Y cuando en 1502 Mártir de Algería pasó por allí… ¿Todavía estaba en la cima? Curioso. Nadie nunca jamás habló de un barco en la cima. En cualquier caso, debe ser un error de traducción.

jueves, 6 de noviembre de 2025

¿El ADN es código binario?

 


En Matrix decían de Neo que leía el “código” del sistema, de ahí lo de las letras verdes con caracteres exóticos. Eso es la matrix, le dice en algún momento Morfeo, refiriéndose a la pantalla por donde no dejan de correr las líneas.

Pero eso sólo es posible en la ficción, claro. Para que eso llegara en algún modo a ser cierto el mismo ADN debería ser un lenguaje de programación. Pero es extraño, porque la lógica nos dice que debería ser binario y en genética siempre se nos habla de 4 elementos, denotados con las letras GATC.

Sucede que, con una mirada un poco más atenta sobre cómo se combinan esos elementos en la doble hélice, observaremos el factor clave: sólo hay dos uniones posibles, G-C y A-T y sus inversos, que a la postre son lo mismo.

Luego, hablamos en realidad de dos elementos, por lo tanto de código binario. El ADN es código binario.

Una diferencia del código binario con otros sistemas numéricos con otras bases es que parte de la lógica de la mínima expresión, lo cual es en sí mismo un principio. Así como el triángulo lo es a los polígonos, el sistema mínimo de comunicación, el lenguaje mínimo por definición requiere de dos elementos. Para poder generar 1 cambio, en realidad, al final no deja de ser un código morse.

Ése es el tipo de lógica inapelable que hay que seguir para entender, investigar e interpretar el mundo. Si sabes geometría, entra, dicen que estaba escrito en la puerta de la escuela pitagórica.

No es casualidad que tanto los ordenadores que usamos como nuestro organismo estén desarrollados en un mismo lenguaje: tal vez sea la forma más eficiente. En realidad “lenguaje” no sería una palabra correcta, técnicamente, desde el punto de vista informático. El binario, esa ristra de unos y ceros, es la forma en que se codifican esos lenguaje de programación.

De esos "unos y ceros", positivo y negativo, encendido y apagado, debe emerger algún tipo de código en otra capa de abstracción, tal como sucede en la informática. Así que el problema, como siempre para la ciencia, es en realidad de ingeniería inversa.

Expresión especialmente apropiada en este caso, hablando de informática. Aprovecho ya para decir que siempre me pareció raro que nos mandaran aquí sin manual de instrucciones.

Pero siguiendo aún más con el símil, se conoce que existen secuencias de ADN “codificantes y no codificantes”, así que es posible que tengamos el código hasta comentado. Si eso fuera así cabría esperar la existencia de alguna secuencia que actuara a modo de “interruptor” entre secuencias codificantes y no codificantes, etc.

Similares interruptores se han hallado respecto a la codificación de aminoácidos pero es sólo entre un 1 y 2% de esos 3000 millones de pares de nucleótidos el ADN asociado a tal función.

Al final es una pequeña “matrioska” de lenguajes: el binario ha de servir para estructurar algún otro lenguaje desconocido, a descifrar, que permita operaciones más complejas. Y ya que hablamos de lenguaje, no debería de ser necesario mencionar que antes de escribir corresponde aprender a leer.

Así que tal vez, después de todo, de alguna inesperada forma, sí que pudiera haber un “elegido” que leyera y desentrañara el código que estructura la realidad misma. Por lo menos del ADN. De ese arquitecto. Unos dicen dios, otros dicen ciencia.

Tal vez “creador” sea un término más circunspecto a las circunstancias. Pero si del ADN se pudiera extraer un lenguaje, qué duda cabe que sería su palabra sin más intermediario que el paso del tiempo.

Lo interesante del asunto es que el código binario si de algo se precia es de basarse en la lógica más elemental y no deja mucho espacio a posibles interpretaciones.  

La tarea es sin duda, titánica, que nadie se engañe. Y no por el barco, eh, y es que esto no va a estar para mañana. No es sencillo descifrar lenguajes de ese modo, supongo que gente con conocimientos de encriptación podría ser útil, a saber.

Pero hace cosquillas a la curiosidad pensar qué tipo de mensaje podría haber ahí, sería algo como: “the software is provided ‘as is’, without warranty of any kind…", cosa que resultaría bastante apropiada, o tal vez algo más como: “en el principio fue el verbo…”, no sé, quizás una mezcla.

¿Cuánta gente debe haber trabajando en ello? ¿Por qué siempre que oigo hablar del genoma humano pienso en médicos, en vez de en ingenieros y matemáticos? Porque, no es posible que nadie se haya dado cuenta de que el ADN en realidad es código binario, ¿no? Igual hay que esperar al elegido o algo. Para el 98 o 99% de ADN "no codificante", digo.

Según mis cuentas, 3000 millones de pares de nucleótidos, considerados como bits, me sale al equivalente de 360 megabytes. No está mal para estar ahí arrugadito en cada célula. Para mi fortuna veo que no estoy solo en la analogía planteada, aunque cada cual desde su perspectiva:

https://origen.bio/revgen/la-genetica-es-la-informatica-de-los-dios/

Lo de los cuatro nucleótidos supongo que despista bastante pero al final es un ingenioso sistema de redundancia: la información estaría completa en un solo lado de la cadena puesto que cada nucleótido tiene sólo una unión posible. Así que el sistema lleva backup incorporado, las cosas importantes mejor preservarlas por duplicado.

Nada nuevo bajo el sol, hay constancia de sistemas binarios desde el siglo III AC, mucho antes del descubrimiento de la genética en la era moderna. Es un poco esa clase de lógica, como cuando Mendelev desde la pura asimilación teórica corrigió un observación desviada acerca de uno de, se diría, sus elementos.

Y reescribiendo el viejo chascarrillo, se podría concluir que a 10 tipos de persona, los que saben que el ADN es código binario y los que no.

 


 

 

 

miércoles, 8 de octubre de 2025

Angkor Wat, Camboya

Hace unos días estuve revisando imágenes del templo de Angkor. Con las espectaculares raíces de árboles que se elevan desde sus restos, si las has visto seguro que las recuerdas, como si la naturaleza tratara de engullir las enormes piedras, de este estilo:

 


Revisé la especie, su índice de crecimiento, diámetros aproximados de lo troncos, todo ello en relación con la datación estimada. En realidad nada tan concluyente como me gustaría, como casi siempre.

Sin embargo, al poco de haber escrito el artículo, me crucé con un video de un par de turistas paseando por la zona. En principio nada más excepcional de lo acostumbrado para este tipo de contextos, pero en determinado momento empiezan a caminar a lo largo de un muro recto: 

https://youtu.be/Tj_SP4pWYrI?si=NPxcBdbOQRD-E5_u

Como se puede observar, salvo por una parte medio derruida, el muro responde a un trazado recto de principio a fin, excepto por un curioso hundilón:



Es el menor deterioro que cabe esperar para una estructura que está en buena medida en ruinas, como se ve más adelante, al final del muro. Sin embargo la imagen me llamó la atención. 

Podrían darse varias explicaciones para esa protuberancia. Sería raro para formar parte del diseño original, pero podrían haberse dado movimientos de tierras, por ejemplo.

Si uno observa el muro con detalle ve que la primera hilada que sirve de cimentación es de un material distinto, de un matiz más azulado que las hiladas superiores. Otro hecho significativo es que es la única parte del muro en que la vegetación ha encontrado soporte en el que brotar, sin duda por una cierta pérdida de verticalidad unida tal vez a la apertura de mayores resquicios.

El problema es que ningún terremoto ni movimiento del suelo va a curvar el trazado de un muro como si fuera mantequilla, abrirá grietas, en todo caso. Incluso hasta colapsarlo completamente o en parte. En cambio aquí parece observarse como si esa sección del muro en conjunto hubiera cedido ligeramente hacia atrás, siendo el trazado original en principio recto, como se observa segundos antes. En esta imagen se aprecia mejor la hilada de cimentación y lo que en principo parece un diseño recto:

 


 

Un poco más adelante hallamos una zona con un decoloración reseñable y algo más adelante aún el hundilón de la imagen.

Si queremos explicarlo ya sea como parte del diseño original o algún tipo de defecto constructivo no vamos a eludir la problemática. El diseño de sillares a hueso dibujando una curvatura, cuya función además quedaría por explicar, complica exageradamente el trabajo.

Y la idea de que pudieran adaptar el trazado a una irregularidad del relieve, ni parece ajustada al estilo del diseño ni justifica en nada la inclinación del muro. 

Antes que eso, lo que denota tal protuberancia es una zona de influencia más o menos esférica que hubiera actuado sobre un muro inicialmente recto y hubiera causado tal deformidad, con el diametro más o menos a la altura de la última hilada del muro.

Claro que ni mediante la especulación logramos eludir los problemas:

Si uno piensa en temperatura, que es lo que podría generar un efecto similar sobre la piedra, parece difícil alcanzar el orden de magnitud requerido para causar efectos similares fuera de un horno, además de la ausencia de restos de hollín.

Y si volvemos a la línea del defecto constructivo, cabría pensar en un encofrado cuyo continente se retira de forma prematura, estando aún "fresco" (o caliente). Pero nuevamente el problema es que hablamos, en principio, de sólidos sillares.

El hecho es que el complejo presenta algunas secciones en ruinas, seguramente sin una explicación concreta. Y como casi siempre la observación continúa sin ser del todo concluyente, aunque sin duda hay detalles que merecen ser examinados... con lupa.

En cualquier caso, ya sea que queramos verlo como un rasgo del diseño, un fallo en la construcción o algún tipo de influencia posterior, quedamos obligados a buscar expliaciones fuera de los parámetros habituales, y en ese aspecto sí que parece una evidencia más que significativa, reveladora.

 Similar a las dudas que arroja un rincón tan distante como las escaleras del templo de Dendera, en Egipto:

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 




sábado, 31 de mayo de 2025

La perilla de Zelensky

Navegando por esos interneses de dios me he cruzado con una imagen de Zelensky, al que en realidad nunca he prestado mayor atención, y por primera vez he observado un detalle, se diría, curioso. Por lo menos muy particular.

El hueco de su perilla. ¿Vaya chorrada, no? Bueno, la verdad es que normalmente la parte de barba de debajo del labio inferior conecta más o menos con la del mentón. Claro que se puede aligerar y dar forma para una imagen tal vez más pulida, pero lo llamativo en su caso es que acaba en punta, el vaciado se diría que llega casi hasta el propio mentón. Pues sí, una chorrada.

Ahora bien, sabiendo lo que en algunos “ambientes” gustan de los juegos con imágenes especulares:




Y sabiendo que si juegas con un espejo sobre el reverso de un billete de 50€ acabas encontrando un bicho con cuernos que algunos dicen que es Baal:


Y por si fuera poco, en los billetes de 100, 200 y 500… no, qué va, la verdad es que esos no los vemos.

Pero teniendo en cuenta los rumores que asocian a Zelensky con ciertos hábitos estimulantes… Bueno, qué mejor que una mesa de espejo para pintarse unas buenas clenchas, que por cierto las hace ver más grandes. A mí me lo ha contado un amigo. Un conocido. Lejano.

Total, que si invertimos la imagen del jepeto de Zelensky, como si lo viéramos en una mesa de espejo pintándose unos fideos, el diagrama que quedaría es el siguiente:

 


Ah, ¿que no sabes qué representa? Pues el mismo triángulo con ojito que puedes ver en el reverso de un billete de dólar.


Billetes, espejos… se diría que el chiste se cuenta solo. Vaya unos flipaos de mierda. Y con mucho tiempo libre. Si no fuera por las vidas que cuestan sus decisiones podría ser una peli de Berlanga. Por otro lado, de la cantidad de sandeces y desinformaciones que puedan pulular sobre el tema, como es obvio, yo no me hago responsable. Y nada, que si queréis os hago un plano. O bueno, tal vez sea todo pura coincidencia. Pero pura 100%, ¿eh?