viernes, 1 de mayo de 2026

La guerra encubierta

    

La literatura de ciencia ficción está plagada de relatos de invasiones extraterrestres, más aún desde los 50. La guerra de los mundos de HG Wells es de finales del XIX. No se contentó con el desbarajuste físico del viaje en el tiempo sino que nos presentó una invasión imposible, a lo Independence day.


Pero no es así como funciona, por lo que se deduce de un análisis algo más maduro. A todos nos gustas los fuegos artificiales pero la realidad a veces es mucho más gris, aunque tal vez igual de eficaz.


Primero deberíamos entender un poco sobre lo que la guerra es y como funciona. Sabemos que es terrible, que muere gente, se destruyen recursos, etc, etc. Pero si en lugar de la visión general adoptamos un punto de vista particular, para algunos la guerra puede consistir en archivar formularios en un despacho, o cocinar para un batallón, o simplemente ir de compras. No todos mueren en trincheras todo el tiempo.


La segunda guerra mundial es conocida por el blitzkrieg alemán, esa toma relámpago del tgerritorio enemigo rompiendo sus líneas. Pero esa es una “solución” de conveniencia, y a pesar de ello, si tomamos el caso de Francia, aún se fracturó el gobierno con la Francia de Vichy y fue notable el papel de la resistencia.


No es, por lo general, cosas de un día, por lo menos la guerra tal como la conocemos con medios convencionales. Tras el desarrollo de las armas nucleares que finalizaron la contienda cayendo sobre japón, tal vez nos acerquemos más a ese tipo conflagración total, rápida y fulgurante que tan bien transmiten esas historias, pero ni siquiera. En Papúa Nueva Guinea desayunaron como el día anterior y el siguiente.


Quiero decir que el mundo es grande y somos unos cuantos miles de millones. Una invasión extraterrestre difícilmente sucedería de esa manera, de forma abierta, ofreciendo un objetivo al que responder. Eso llevaría una eterna guerra de desgaste que a la postre sería contraproducente respecto a los objetivos últimos: son estos los que dictan el modo de proceder.


La humanidad, desde cierto punto de vista, es un recurso tan valioso como puedan serlo otros recursos naturales. El objetivo último viene dictado por el carácter del sujeto. Y aquí es donde se pone interesante: esos “extraterrestres” podrían resultarnos no tan exóticos como podríamos imaginarnos, podrían sernos bastante familiares en realidad.


Tanto que una guerra podría estar librándose ante nuestros propios ojos sin ni siquiera darnos cuenta. Uno piensa que vendrían, nos aniquilarían y se quedarían en el planeta. ¿Para qué? Para extraer los recursos. Pero, ¿por qué eliminarnos si nos pueden utilizar a nosotros para extraerlos? Bienvenidos a la tierra.


***


Una infiltración es realmente exitosa cuando no es detectada. Además de cumplir con su función.

Por lo hasta aquí expuesto, si cabe esperar algún tipo de invasión sería mucho más sigilosa que lo que la pantalla nos tiene acostumbrados. Simplemente tomarían las riendas de la sociedad a través de posiciones clave para reconducir hacia sí mismos el excedente. Tal vez a alguien le suene.


Sería interesante que el desarrollo de dicha sociedad pudiera generar una producción cada vez más elaborada pero habría que acotar ciertos ámbitos para separar con nitidez a los conquistadores de los conquistados. Luego, la economía no estaría enfocada al interés común del colectivo si no al beneficio de una serie de élites extractivas. Las disciplinas técnicas deberían ser conducidas a callejones sin salida, vías muertas donde reposar, y desviadas oportunamente si se acercan a puntos sensibles que pudieran diluir la superioridad establecida.


En general la enseñanza estaría más enfocada a reproducir con precisión complejas secuencias antes que a comprender y articular los elementos que las conforman para poder extrapolarlos mediante el pensamiento creativo. En general el mundo luciría muy parecido al que vivimos.


Ni siquiera tendrían necesidad de un presencia significativa. El dueño suele poner un gerente y sólo pasa a recoger el saco. Tampoco tendrían que ser demasiado diferentes, por lo menos en apariencia. Ya sea como resultado de cualquier artificio técnico o por propia naturaleza. Tal vez el color de ojos, o algún detalle más sutil en los que no reparamos el resto. Aunque con el tiempo, dada la tendencia a la mezcolanza de determinadas conductas, la situación serían sin duda cada vez más turbia.


Una vez en control de la sociedad, a través de la economía y vasallos leales en su control, sabiéndolo o no, sólo quedan dos objetivos: mantener el sistema de explotación y a sus élites en la invisibilidad y evitar el desarrollo excesivo que pudiera terminar por revelar la situación o acercarse a un nivel tecnológico que pudiera suponer una amenaza.


Ante tal circunstancia, antes de que los sometidos puedan levantarse, quedaría la opción del botón rojo. El gran reinicio. Lo que fue el diluvio. Ésas son las malas noticias, pero también hay buenas. Eso es lo que quiere decir, literalmente, evangelio: buenas noticias.


El control omnímodo de esas élites (que sean humanas o no es casi lo de menos) parece que ha encontrado alguna piedra en el zapato. Es difícil, tras dos milenios, estimar con precisión qué, cómo, cúando y dónde, más allá del relato que nos ha sido legado, pero parece adivinarse que otras partes también hacen juego.


La situación seguramente sea mucho más compleja de lo que estas líneas, de especulación más o menos fundada, puedan llegar a aventurar, pero de algo hay que prescindir para resumir.

El caso es que toda la esfera occidental está en manos de élites de orígenes judíos y sus asociados y la segunda guerra mundial puso el broche de oro a un proyecto largamente perseguido: la fundación del estado de Israel, paso ineludible para el control de Jerusalén. Todo absolutamente programado.


No creas un país con varios millones de habitantes de la noche a la mañana, les llevó décadas. Es ése tipo de invasión. De ahí la necesidad de los campos de concentración y de desplazar a la gente de sus hogares para después ofrecerles la tierra prometida. Que en realidad fue tomada por la fuerza, tal como fue perdida.


***


Del pueblo judío dicen que fueron esclavos en “Egipto”. Y que los liberó Moisés, que los condujo por el “desierto”, siguiendo una “zarza ardiente”, y tras un deambular de 40 años llegaron a la tierra prometida. A la Tierra.


Porque si uno mira la distancia que hay entre Egipto e Israel, no digo que tuvieran que hacer el camino en línea recta, pero es difícil pensar que se tiraron 40 años dando vueltas siguiendo un matojo en llamas, como primates que apenas conocieran el fuego. No. También es raro lo de Moisés, “abriendo las aguas”.


Bueno, “abrir las aguas” es una manera bastante sensata de describir a alguien que no tiene el menor conocimiento de física el funcionamiento de un motor WARP o de curvatura, al estilo de Alcubierre.

El desierto sería un páramo vacío, la zarza o tea ardiente un lucero al que llamamos sol y los 40 años un largo viaje desde probablemente Orión, que al parecer es donde apuntan las pirámides de Guiza.


En otros trabajos se ha analizado el reinado de los faraones y el posible modelo que explique las observaciones. Resumamos en que el estilo “egipcio” no sería exclusivo de nuestra órbita, al más puro estilo “stargate”, que al parecer no sería una tecnología ampliamente disponible. Al menos no para esclavos fugados, que básicamente es lo habrían sido.


Si atendemos a tradiciones aún anteriores, como la sumeria, encontraremos que en la tierra han tenido acontecimientos algo más singulares de lo que cabría esperar, empezando por nuestro propio origen. A mí se me hace difícil no asociar a los judíos, ese “pueblo errante”, (que no tuvieran tierra propia der partida explicaría algunas cosas) a los hiyiyi de las crónicas annunaki.


Se dice que el humano se crea porque los hiyiyi se rebelan. Tal vez sea todo una, aunque el viaje de Moisés pareciera posterior. En cualquier caso la creación de la humanidad desemboca en los acontecimientos relatados por Enoc, que no quiere decir que fueran como relató o como nos han llegado.


El humano toma conciencia y, hablando mal y pronto, sabiendo que ir flojos de bragueta es casi un distintivo del pueblo elegido, además de con los hiyiyi cabría asociarlos con los propios “vigilantes” del mencionado evangelio apócrifo. Y lo poco o mucho que haya sido revelado, seguramente tiene que ver con esas “otras partes” en juego.


***


Parece una locura pero lo cierto es que tiene mucho más sentido que el relato que se nos lega. De hecho, si estuviéramos siendo víctimas de una suerte de infiltración, lo natural sería ensombrecer cualquier tipo de revelación, ya sea anquilosándola con pompa y liturgia o ridiculizándola tildándola de conspiranoia.


A nadie que haya estudiado un poco de la historia de los últimos 2000 años se le puede escapar el giro copernicano de lo que denominamos cristianismo. De ser perseguidos y crucificados a ser la corriente principal, hasta el punto de obligar a Roma a integrarlos en el aparato del estado. Así que se entenderá que lo que hoy hay en Roma no tiene mucho que ver con los cristianos que alimentaban leones en su coliseo.


El proceso de destrucción del cristianismo empieza por el propio Jesús, crucificado por los romanos a instancias del sanedrín judío. No debería hacer falta recordar los recurrentes trágicos finales de los apóstoles predicando el evangelio. El cristianismo deja de ser contrapoder para ser absorbido y deglutido por este hace más de 1500 años.


Pero si hay un punto y aparte claro es uno de los capítulos más relevantes y poco comprendidos del último milenio: el final de los templarios.


Pero recapitulemos para ponerlo en contexto. Roma cae a manos de los bárbaros, el imperio romano de occidente se desintegra como tal y el cristianismo hace su parte en eso.

No es hasta siglos después que Europa se vuelve a recomponer y mira a su pasado. Las cruzadas son promovidas por intereses menos visibles que los del Papa que las bendice.


Dejando a un lado las especulaciones y las leyendas, en las que ya se ha abundado en otras reflexiones, el hecho es que se produce un tremendo cisma que termina con el gran maestre de la orden religiosa-militar más importante de su tiempo, quemado en la hoguera.


Es el pistoletazo de salida para la persecución de herejes de todo tipo (en realidad criptotemplarios agrupados bajo otras denominaciones) y lo que posteriormente terminará siendo la inquisición. Es una guerra abierta entre la iglesia y los templarios que por aquel entonces, tras las cruzadas ya tenían, ahogadas en deudas a las casas reales de media Europa.


Es una guerra en realidad no declarada, o declarada bajo falsos pretextos. Lo que se dice es que los templarios encontraron algo en el templo de Salomón. Lo cierto es que al empezar las cruzadas eran tan pobres como para ir dos en un caballo y terminaron siendo el mayor poder económico del momento, tanto que despertaron más que recelos en las monarquías y en Roma.


Lo interesante es lo siguiente, el capítulo que nadie cuenta. No sorprende a nadie que de una nutrida y poderosa orden, tras ser declarados herejes, perseguidos y asesinados, no quedara nadie que osara elevar ese mismo estandarte contra Roma. Era un poder incipiente que estaba en cierta posición de debilidad frente al poder de una institución milenaria.


El golpe debió ser tremendo, tanto en lo humano como en lo material. Pero lo cierto es que la maldición de Jacques de Molay, cuentan que desde la misma hoguera que lo devoró en llamas, se vio cumplida: el Papa y el Rey de Francia, responsables de su ejecución, murieron antes de un año.


Por como manejaron la situación se diría que hicieron contactos clave en tierra santa pero en mi opinión ese vínculo con algunas esferas del judaísmo existía antes y como causa de las cruzadas.

Así que al parecer sus redes, ya fueran secretas o discretas, tenían mayor alcance del que podría esperar. Pero ante la reacción de la iglesia (en mi opinión como resultado de una traición, no de herejía alguna), brutal e inflexible en su persecución, optaron por “desaparecer”.


Es en esta etapa donde asistimos a la creación de una serie de sociedades/órdenes que van a preservar en buena medidas las estructuras templarias en lo que luego vino a ser la masonería, en paralelo más tarde la orden illuminati, etc.


Ésa gente, con el respaldo económico que la usura de los prestamistas judíos había logrado amasar durante siglos (la iglesia católica lo prohibió durante mucho tiempo para los cristianos dejando el camino expedito), son los que algunos siglos después forman los Estados Unidos de América.


Pero antes ya se habían infiltrado en las estructuras eclesiásticas. A la monarquía francesa se la terminaron de devolver con la revolución. Todo facilitado a través de la financiación y las personas adecuadas en los lugares oportunos. Incluso aparentemente de signo opuesto. Tanto a los revolucionarios como a Napoleón.


Y en poco más llegamos hasta nuestros días, tal vez la muestra más espeluznante de dominio sean las guerras promovidas en Europa tras la etapa colonial, que aún perdura en modos pretendidamente más sofisticados.


Tanto la Alemania nazi como los USA de hoy no son más que herramientas al servicio de objetivos. Son demasiado inteligentes para atarse a ninguna bandera que pueda ser quemada, ni siquiera la de Israel. Todo son herramientas supeditadas a una función. La de USA el control mundial de la economía a través del dólar y la de Israel ser la cabeza de playa hacia Jerusalén.


Y el siguiente capítulo, según aquella supuesta carta filtrada de Albert Pike, sería enfrentar a Israel y al Islam, dando como resultado la tercera reconstrucción del templo y por lo tanto cumplimiento a la profecía de la segunda venida. Viendo lo que le hicieron al primero, lo difícil es entender que quieran un segundo.


De hecho sus vecinos árabes dicen que ya habría sucedido, en cierta forma. En el Islam a Jesús se le considera profeta, en modo similar a Mahoma. Y si uno hojea el corán ve rápido que buena parte de éste consiste en recriminar a su vecinos, judíos, con los que comparten la creencia en el pacto abrahamico (ibrahim), el nulo cumplimiento que dan a sus propios mandamientos. Se siguen haciendo llamar el pueblo elegido, desconociendo que dios haya podido cambiar de idea como mero resultado de su infame conducta. La misma que les ha llevado a sentarse en el trono del poder económico global.


No está mal para venir de fuera, aunque sus siglos les ha costado. Y expulsiones de países de toda Europa, en varias ocasiones. Y no sólo es cuestión de racismo, que no cabe duda que hay y habido, pero que en estas líneas no se halla y un ápice: en realidad es el resultados de dinámicas de luchas con los poderes locales que han terminado por usurpar con éxito.


Así que no, ni guerra de los mundos ni independence day. Sin embargo la invasión podemos decir que se ha consumado. Claro que el lejano oriente presenta algunas dificultades para sus estrategias típicas de infiltración, en otros lugares pasan más desapercibidos y ahí sólo pueden entrar con dinero, comprando a otros, por eso lo dejaron para el final, para cuando ya dispusieran de la palanca económica. Claro que, revelado el plan, lo cierto es que pierde bastante iniciativa estratégica.


***


Si usted ha sentido desde siempre que algo en el mundo está mal, ahora ya sabe por qué. Por eso le han educado en la corrupción desde el principio y vive en una sociedad perfectamente engrasada para explotar con precisión sus impulsos y debilidades. Por eso vive en una sociedad hostil diseñada contra el hombre. Lo último que se les ocurrió es que deberían también poner a las mujeres a trabajar, y no les va mal. Aplauden hasta con la orejas. El microchip ya lo llevamos implantado en el bolsillo en forma de teléfono móvil, hacerlo subcutáneo es un mero tecnicismo. Pagado de nuestro bolsillo y recargado religiosamente.


“Y aquellos que no tengan la marca de la bestia no podrán vender ni comprar”. No es el futuro, es el plan. Es que ya ha pasado, quién sabe donde y cuando, y cuántas veces, en otro lugar. En otros lugares. Es un modus operandi. Es la estrategia de esta guerra silente de infiltración y engaño. Se diría que están esclavizando a la humanidad con las mismas cadenas de las que se liberaron. No es de extrañar que muchos entre ellos no estén de acuerdo. También muchos de los de aquí han vendido su alma y la mayoría vive con la mente lobotomizada por el entretenimiento, ciegos de ignorancia, y con los sentidos embotados por la hiperestimulación de las urbes.


Es una guerra rara, la gente espera fuegos artificiales y, por más que en algunos lugares los hay, en la mayor parte es una balsa de aceite. Con personas tan profundamente engañadas que defienden las cadenas que les atenazan. O que venderían a cualquiera por una propina.


Tienen una carpetita con tu nombre y tu vida resumida en una cuantas hojas. Y así con todos, con más o menos páginas. La gente incómoda va desapareciendo en silencio, antes de tiempo. La propia escuela es un mecanismo para erradicar cualquier resquicio de lucidez.


Trabajan bien, tienen tiempo y medios: lo han orquestado de tal modo que cualquiera que eleve una palabra contra los judíos, con razón o sin ella (por más grosera que pueda ser la generalización) es automáticamente catalogado de nazi, luego, contrario a la más elemental humanidad.

Y paradójicamente fueron las propias élites judías las que tuvieron que financiar el nazismo, ya que ostentaban el poder económico en Europa sin que nadie les pudiera hacer sombra desde varios siglos atrás.


Luego, hablamos entonces de unas élites muy concretas, sin el menor respeto por las vidas ajenas, incluso de los propios judíos. Cabe recordar que en otros momentos los sacrificios humanos han sido sistemáticos, en varias culturas. Y desvelar el engaño que han pergeñado es tarea que puede ocupar buena parte del ciclo vital, por más que sea evidente que algo no marcha bien desde el principio. Basta con oír el llanto desconsolado de los niños. En realidad siempre lo has sabido.














jueves, 23 de abril de 2026

El fuego de Elías


En unos de esos “cuentos de pastores”, tal como hoy se ha venido a considerar por algunas los textos de la biblia, en concreto en el “libro de los reyes”, (nótese el contraste entre los entrecomillados), se refiere el episodio de Elías y los profetas de Baal.

Al final lo cierto, resumiendo el episodio, no es más que una apuesta chusca. Ponen madera en un altar y “el dios verdadero” lo encenderá a petición de sus… ¿protegidos? Al final es una cuestión bastante interpretativa. Evidentemente cuando los de Baal le imploran a este que encienda el fuego nada sucede. En cambio Elías, incluso, moja la madera (y mojar no implica necesariamente agua) y el fuego nace a su petición.

El dato de que se trate de madera mojada es revelador. Si en aquellos tiempos alguien hubiera hablado de un fuego que se aviva con agua, como sabemos que es el del litio, por ejemplo, que está en las baterías de nuestros teléfonos, parecería poco menos que cosa del diablo. Y una ventaja estratégica, de ahí que los griegos fijaran en él el gentilicio.

Lo de Elías data del reinado de Acab (no pun intended), que sitúan sobre el siglo IX AC. Luego, revela un conocimiento preexistente si aceptamos que ese “fuego de Elías” sería similar receta a la del “fuego griego”, ambos famosos por su preponderancia sobre el agua. No me cabe mucha duda que el origen debería hallarse en la cultura fenicia, esos “pueblos del mar” que parecen haber heredado un conocimiento que volvería a ser anterior.

De ellos parece que se ha comprendido poco, empezando por la etimología (fénix) y para mí están en la raíz del judaísmo. El mito griego del “renacimiento desde la cenizas”, (a medio camino del mediterráneo oriental al occidental) resonaría como aquellos que pudieron preservar la memoria del tiempo anterior al diluvio y conocimientos que les habrían valido para adquirir el control presente que ejercen sobre la sociedad a través de, entre otros mecanismos, la economía.

Siendo la actividad del préstamo (usura) estrechamente relacionada con la tradición templaria (posteriormente masónica, no hay más que ver un billete de dólar) y judía, esos “cristianos viejos”. Expresión que se puede encontrar en Cervantes y nadie acierta a interpretar en su contexto histórico, como una seña criptojudía, aunque poca duda cabe de que la primera parte de la biblia es la más vieja. Y como todos saben son los primeros 5 libros (pentateuco) los que el judaísmo reconoce como propios.

Al final, la prueba de Elías, aunque bajo cierto punto de vista es la estafa de un hombre de conocimiento científico superior al de sus némesis, o por lo menos con una as en la manga, sí que demuestra la validez de ese “dios” o la compresión de sus leyes y sustancias: física y química. Aunque seguramente no en el modo que los profetas de Baal esperaban.

También los griegos fueron celosos custodios de ese conocimiento que, tratándose de un ventaja estratégica, debería ser secreto y preservado de caer en malas manos. Son factores de ese tipo los que pueden suponer la diferencia entre prevalecer y caer en un tiempo en el que se derrumbó el mundo y tocaba empezar de cero. ¿O casi? Que alguien transmitió en diversos lugares del mundo el conocimiento de la agricultura y ganadería a hombres nómadas, lo que vendría a ser la revolución del neolítico, parece casi una constante en el compendio de la mitología, habitualmente tomados por “dioses”, o cuanto menos por profetas, como sería el caso de Elías. Pero todo esto es pre-historia, desde el punto de vista actual.

Lo preocupante es que esas élites que han tomado el control de Europa y Norteamérica, y del mundo en general, a través de la economía, más allá de la oposición geopolítica, no han decidido revelar su conocimiento más allá de su entramado de sociedades secretas y de forma fragmentada y utilitarista. Por más que tengamos litio en cada móvil, el “fuego griego” sigue siendo celosamente custodiado. El que de verdad quema, el de Prometeo, el del conocimiento.

Técnicamente no es prehistoria si estamos haciendo literatura comparada entre tradiciones de distintos lugares y momentos, lo es sólo desde que tal literatura queda etiquetada como mera mitología y se desestima como fuente.

Lo preocupante es que tales situaciones declaran más la voluntad de borrar las huellas, muchas veces de sangre, que la de compartir un conocimiento, que a la postre siempre es usado como medio de vida cuando no como ventaja estratégica. Pero eso dice poco del conocimiento y mucho del escenario: el de un mercado de esclavos más o menos pulcro, a veces bastante sórdido, probablemente las más, y el de una guerra perpetua no declarada por el control mundial.

Aceptada esta interpretación, queda la pregunta en relación al origen de esos dioses o profetas.

Supongo que aún quedan por resolver unos cuantos errores fundamentales para poder dar un respuesta algo más precisa a esa pregunta.

Solemos ver las cosas en términos binarios, con suerte en grados, pero solemos fallar al componer algunas aparentes contradicciones: si enseñaron agricultura y ganadería (etc) deberían ser “buenos”, un poco en el sentido aristotélico. Y ahí está el problema, que no deja de ser un punto de vista por más que la razón aproxime una convergencia. También nosotros damos de comer a los presos, y la noción de que se les hace un “bien” en muy cuestionable, para empezar seguramente por los propios presos, lo mismo con los esclavos o animales de trabajo e o incluso domésticos.

También es cierto que no es lo mismo que te den un pez que una caña de pescar: en el segundo caso ni siquiera tiene que pescar. Es cierto que ahí está el potencial de la independencia, siempre que uno tenga donde poner la caña. Viendo el curso de los acontecimientos, es posible que la caña te cueste la mitad de los peces que pesques a lo largo de toda tu vida, si no más.

Hay situaciones que no son de uno u otro signo por naturaleza, o aunque pueden en parte serlo, es el grado el que determina su carácter. Además de ser una cuestión polémica por antonomasia, que puede ejemplificarse con el “descubrimiento” de América en 1492 y sus consecuencias posteriores.

Un poco al estilo romano, el crimen de la guerra y el acto civilizatorio (o de modernización, revoluciones, guerras de independencia...) van demasiado a menudo de la mano.











martes, 3 de marzo de 2026

Yo soy quien espía los juegos de los niños

Estaba en el parvulario, no tendría más de 4 o 5 años. Corrió el rumor por el patio… creo que era un tal Santi. Debería ser el primer año, creo que era de lo mayores. No recuerdo que fuera a mi clase, pero no recuerdo muchas caras y nombres.

Así se dividía el parvulario: mayores y peques. Son un par de años, o apenas tres, los que se pasan por allí. Total, que corrió el rumor de que el tal Santi, una chaval por lo general sonriente, le había enseñado el colgajo a algunas niñas. Ni idea de a quienes, claro.

Algunas jugaban en el rincón más apartado del patio, que daba a la otra calle a los doctores y nunca parece que hubiera mucho problema. Algunos hacían como que se acercaban disimuladamente para echar un vistazo o haciendo que se tapaban los ojos. Yo nunca quise disimular mucho y tampoco parece que me quisieran en su muy selecto club.

La cuestión es que las profesoras (no recuerdo un solo maestro, más allá del “señor Muñoz, que nos traía los picatostes para aquella espesa sopa de verdura) cogieron al tal Santi y reunieron a todo el parvulario en el patio. Fue lo más parecido a una ejecución pública que he vivido, de momento.

Sentaron a todos los críos en el patio, una pequeña multitud. Seríamos, no sé, quizás 40 o 60, más las profes. O tal vez la mitad o el doble, no recuerdo bien, nos reunieron a todos. Sacaron no sé si una silla o una mesa.

Debió ser una mesa porque se le veía bastante por encima de las cabezas. Hasta los pies, diría.

Dieron una sucinta explicación de lo sucedido, o algo así… y acto seguido procedieron a bajarle los pantalones y calzoncillos delante de todo el parvulario, hasta los tobillos. Luego le dieron la vuelta con los pantalones a esa altura. Santi no reía mucho en ese momento, no. El chaval lloraba, claro. No sé que fue de él.

El club de doctoras supongo que siguió con sus actividades, en las que nunca me involucré, sin mayor incidencia. Desde luego ninguna tan pública y reseñable como la mencionada. Correría el año 85.

El otro día me preguntaba cuando se empezaron a torcer las cosas y eso presupone que en algún momento hubieran estado “rectas”. Correctas. No parece en realidad el caso. Ya no existe aquel viejo parvulario, lo derribaron hace muchos años. Las profesoras estarán muerta o jubiladas. Pero a mí jamás se me ha olvidado aquel día.

Espero que no fuera que en realidad el pobre Santi se negara a jugar a los doctores, clubs tan selectos suelen mostrarse muy orgullosos ante el rechazo a sus invitaciones. Y eso era el día a día a mediados de los 80. Lo del feminismo vino mucho después del instituto en realidad. Hay gente que es muy de sus amigos, “con razón o sin ella”, dicen. Yo no soy tan de amigos.

Más bien, como decía Jorge de Ilegales, fallecido el pasado diciembre, “yo soy quien espía los juegos de los niños”.



 


martes, 10 de febrero de 2026

Comprender Egipto

 


  Si fuera tan fácil comprender Egipto no sería campo abonado para las teorías más inverosímiles.

Lo cierto es que ni siquiera sabemos con certeza el papel que jugaba el Ankh, ni siquiera qué es, y empezando por ahí la cosa no mejora demasiado.


Porque ni siquiera somos “nosotros”, o no es nuestra memoria, o la de la gente que hoy vive por allí. El conocimiento que pudiera inscribirse en los jeroglíficos se habría perdido junto a su propia interpretación.


Es posible que los restos del antiguo Egipto sean vestigios de momentos especialmente complicados, además de varias cosas a explicar que no tienen que ver con nuestra percepción del mundo, la vida y como la entendemos:



1.Construcciones faraónicas


El término ha quedado en el lenguaje como sinónimo de lo descomunal y desproporcionado.

De las pirámides sorprenden a su vez elementos muy concretos:


·La complejidad y estabilidad del orden social para acometer dichos proyectos


·La naturaleza de los proyectos en sí misma


·Los medios requeridos para acometer tales proyectos


No lo he intentado nunca, pero supongo que no es fácil convencer a una sociedad para amontonar piedras durante años. Algún argumento de peso debe haber ahí que se nos escapa, incluso más allá de un régimen de esclavitud o mixto.



2. La divinidad del faraón


Por otro lado, si uno convence al resto de su vínculo con las alturas, algo empieza a encajar, pero sigue faltando el argumento de peso. La prueba irrefutable de tal divinidad. Caso contrario tal individuo terminaría como un chiste o incluso linchado.


Y aún con la autoridad de la fuerza, las mentiras terminan cayendo por su propio peso.



3. Alto Egipto y Bajo Egipto


Otra cosa que llama la atención es el extraño gusto por los sombreros alargados, tanto la “corona blanca”, se dice el alto Egipto, como la corona roja, que dicen del bajo Egipto, presentan el mismo patrón alargado.


Sin embargo, como bien quedan retratadas de perfil, sólo la corona blanca contiene un volumen. La roja se diría que es un plano que de alguna manera “simula” o recuerda a ese volumen desde el frente.


Volumen que, tal vez no por casualidad, encajaría muy bien con las peculiares características craneales de Akenatón y sus familiares. Quizás ni siquiera alto y bajo Egipto sea en realidad una categorización geográfica, o no sólo.

 

 

Sobre las cabezas largas y sombreros largos



Desde luego va mucho más allá de Egipto, desde el sombrero del papa (vínculo con lo divino en la tierra, dicen, o algo así) hasta las momias de los Andes.


Más allá de la posible coincidencia, se pueden atisbar algunas posibles correlaciones.


Una situación curiosa es que, si uno está acostumbrado a mirarse al espejo y ver una frente que se eleva unos buenos 15 o 20 cm, al ver a alguien con la mitad de frente uno tendría la permanente sensación de extrañeza de estar viendo a un amputado craneal, sensación perturbadora y de la que debe ser difícil desprenderse.


Ésa es una posible explicación para la corona roja. Y la corona blanca…


Y comprender el papel que jugaron esos cráneos puede ser clave para entender las historia de este planeta. Huelga decir que ninguna manipulación de tipo comprensiva, como existe constancia en varias culturas, podría aumentar la capacidad craneal en las formas observadas. La raíz de tales prácticas queda justificada con el caso real que pretendieran emular.


Lo interesante del rasgo es que no es nada arbitrario, y desde luego no surge de ninguna imaginación desbordada en cuanto a que los cráneos están ahí.

Y digo que es interesante porque coincide con la dirección previsible de nuestra propia evolución: elevar la capacidad craneal con las limitaciones del canal del parto.


Por lo menos en lo evolutivo, si más no, se podría decir que esa gente venía “del futuro”.



Comprendiendo el tiempo


El cuestionamiento sobre lo que definimos como tiempo es consustancial al pensamiento humano, pero la literatura acerca de “viajes en el tiempo” es relativamente reciente aunque tal vez más antigua de lo que uno esperaría: finales del XIX.


Platón nos habló de la Atlántida pero no de viajar en el tiempo, hasta donde yo sé.

La incursión de cualquier elemento en la cultura popular siempre obedece a alguna causa. El mito siempre hunde su raíz en los hechos, en un sentido u otro.


Eso vale para los OVNIS (que serían “posteriores”), para los “portales dimensionales” y cómo no, para los viajes en el tiempo. Para todo en realidad, pero por hacer algunas menciones en relación al caso concreto que nos ocupa.


Desde el punto de vista estrictamente físico, la posibilidad exótica de agujeros de gusano quedó para mí relegada a un muy segundo término, sin poder ser descartada pero con pocos visos de describir la realidad. Uno vuelve a revisar sus papeles a tenor de los acontecimientos.


La tarea de comprender la realidad involucra todas las áreas del conocimiento y a veces unas marcan el camino de otras. Y a veces dos piezas encajan de forma tan innegable que justifican ser el punto de partida para nuevos enfoques.


Tratando de recordar el momento exacto en el que empecé a considerar seriamente tal posibilidad, termino encontrando la raíz abrahámica: Jacob (Israel), Jesús y Mahoma. Que comparten unas coordenadas muy concretas, bajo conflicto perpetuo.


Así llegué, a través de la geopolítica, queriendo arreglar el mundo. O tratando de comprender por qué funciona tan mal. Tratando de entender el presente, la realidad. Desde la física rigurosa era más una suerte de ejercicio circense que algo a considerar en serio.


Bien es cierto que las conductas de los agentes que generan esa actualidad pueden estar guiadas por motivos completamente erróneos, pero también hay que comprender esos motivos para comprender el error. Y hay que partir de la premisa de que uno siempre está observando un iceberg: la mayor parte está bajo la superficie. Sea como fuera, matar gente, todavía, alegremente, llama la atención.


Una vez uno tiene indicios de que ciertos postulados exóticos de la física teórica podrían estar vinculados a situaciones que han generado los movimientos religiosos más significativos del planeta, tal vez caiga en la cuenta: si llevan 2000 mil años insistiendo en eso igual hay que echarle un vistazo.


Esto partiendo de una consideración laica o atea en un entorno católico no practicante donde la religión ha quedado equiparada a alguna suerte de estafa. Más delante se entiende que situaciones que a veces parecen contradictorias no son en ningún caso excluyentes: ¿Es verdad? “Sí”. ¿Es una estafa? “Sí”.


Luego sólo queda recordar a Arthur C Clarke: cualquier tecnologío lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Por qué nos han explicado tan mal las cosas es también un elemento a considerar.


El problema a veces es la forma que tenemos de concebirlas, y el tiempo es uno de esos casos. Otro camino que también conduce a las presentes conclusiones es la búsqueda de los propios orígenes. Se diría en realidad que todos los caminos conducen a Roma. La ciudad eterna, la llaman.


Yendo al grano, no entendemos las dilataciones temporales y nos son completamente contraintuitivas porque no forman parte de nuestro medio natural ni de nuestra experiencia cotidiana, en principio. Del mismo modo que no lidiamos bien con la luz UV porque nos la filtra la atmósfera, nos resulta exótica.


En realidad, siendo precisos, la dilataciones temporales no forman parte de nuestra escala. Ésa es la palabra. Pero empezamos a operar satélites e imprecisiones empiezan a surgir: el ser humano crece y quiere abarcar otras escalas. Y ahí se ve que las cosas empiezan a funcionar “un poco diferente”. No en otra galaxia, no en otro planeta: en los límites de nuestra propia atmósfera. Poco, pero suficiente para suponer implicaciones operativas. En realidad no cambian las reglas, cambia el contexto.

El problema es la cantidad de creencias erróneas que se nos han inculcado. Y de como se sigue tergiversando todo por intereses. Y de como la información sigue siendo de carácter reservado.

Aún así siempre queda la aproximación intelectual, aunque no sea el camino que ha seguido en realidad nuestra historia. La ilusión persistente que es el tiempo, en palabras de Einstein, funciona de una manera que prácticamente aturde:


Habría un presente único pero diferentes velocidades de tiempo en las diferentes localizaciones.

Tiempo propio. Pues la relatividad que conocemos desde hace más de un siglo, ¿no?. Sí y no. Porque una cosa es ver la teoría sobre el papel y jugar con la mal llamada “paradoja de lo gemelos” y otra cosa muy distinta es experimentar situaciones de ese género en la realidad. O aún peor: como las peores intenciones podrían explotar tales características de la física para los más diversos fines. Y eso último es una realidad, no una teoría en un papel.


Si uno observa el desajuste en los relojes de los satélites por dilatación temporal parece un efecto no despreciable pero menor. Pero qué pasaría si esa dilatación pudiera elevarse a voluntad. ¿Cómo? Con ciencia. Y mucha fe, sin duda.


Si ese mecanismo existe, alguien tarde o temprano lo va a explotar a su favor. Y en mi opinión ya lo ha explotado. Lo detalles técnicos involucrarían los límites de rango de la propia relatividad: para generar grandes dilataciones basta sólo con velocidad. Pero ha de ser prácticamente la de la luz.


Algo complicado en principio para la materia. ¿Imposible?




BIENVENIDA A LA ERGOESFERA


Así es como se denomina a la capa inmediatamente previa al horizonte de sucesos de un gran agujero negro en rotación, que produciría un arrastre en el medio de la velocidad de la luz.


Desde ahí la velocidad del tiempo propio es proporcional al radio orbital.


Y el universo parece demasiado viejo para que a nadie se le halla ocurrido. ¿Ventajas? Y contrapartidas, por supuesto. Nada de lo aquí dicho permite viajar al pasado. Lo que se revela es es reverso de la moneda de algo que en realidad sabemos muy bien: para viajar en el espacio hay que viajar en el tiempo. La relatividad los hace indisolubles.


Pero es que, para viajar en el tiempo, hay que viajar en el espacio. Se diría que todo gira, y un giro que no produce anisotropía en la observaciones parece responder a una naturaleza estocástica. En cualquier caso lo primero que hay que entender es que las deformaciones que genera nuestra percepción no deben trasladarse a un modelo que pretende responder a lo factual.


Las percepciones pueden entrar en contradicción, aparente, los hechos no. En realidad funciona de una manera muy sencilla pero las implicaciones pueden llegar a ser tremendas, y en manos equivocadas, podría llegar a ser un herramienta para someter a pueblos enteros. Mediante el engaño y la promesa de la inmortalidad.


Y la prueba sería la inmortalidad del faraón, que no envejece por generaciones. Eso es lo que podría hacer una dilatación temporal extrema. ¿Quieres ser inmortal? Pues de momento vete poniendo otra piedra en la pirámide. Es posible que sean conocidos como “el clan de los faraones” y estén en busca y captura en varios galaxias.


Pero igual sólo con eso no alcanza, eso parece formar parte de algún tipo de declive posterior. Cuando ya no es una corona blanca o roja si no un sombrero alargado que cubre lo que en realidad no hay.


Los milenarios reinados del zep tepi egipcio, renconsiderados con este nuevo elemento, así como las longevidades extremas en otras tradiciones, bien podría estar rindiendo cuentas de lo que para nosotros es un fenómeno físico muy poco habitual y en nuestra experiencia inexistente. Nadie diría cuando mira a un espejo que mira a su yo del pasado pero no conviene olvidarlo cuando se mira al firmamento.

Aún con lo expuesto, asumiendo que puedan existir dilataciones temporales extremas, falta un elemento clave: la conexión entre ambos puntos. De nuevo, desde el punto de vista estrictamente físico, el entrelazamiento cuántico jugaba un papel similar al de los agujeros de gusano.


Pero tampoco conviene perderse en los detalles, no hace falta saber como funciona una arma para entender las consecuencias de un disparo, aún sin ver la bala.


Luego, dado este contexto, lo que sorprende del pacto con Yavhé es que se comprometiera a no volver a destruir a la humanidad, “por agua”. Dicho al revés: por agua, nunca más. Y la duda emerge sola. Tampoco parece que hubiera del otro lado una posición negociadora fuerte. Ni siquier lo primero.


Y siendo así las cosas, lo de la Atlántida tal vez sorprenda un poco menos.


Mientras tanto, aún debe haber en algunos lugares del cosmos, emitiendo luz en el espectro de radio, distorsionada por la dilatación temporal de las ergoesferas, un muchacho al que visten de faraón en una sala con diversos portales que dan a diversos mundos.


Las masas le aclaman como a un inmortal. El sólo va del lecho del harén a los portales cuando los relojes de arena así lo indican. Sale, saluda desde lo alto de algún palacio en algún lugar recóndito del cosmos y después de dejarse ver y aclamar por la gente, tal vez unas palabras, vuelve por el portal por donde vino. Otro reloj de arena señala el momento de volver. Nunca hay que permanecer mucho tiempo. Otros se encargan de eso. Y de gestionar las inmensas riquezas que extraen de las masas bajo la falsa promesa de la inmortalidad. Oro puro. A toneladas. Minas a cámara rápida, eso es la dilatación temporal.


En realidad el faraón tampoco sabe qué sucede, ha sido criado y educado para eso. No exactamente para gobernar. Sí que reconoce muchas caras, más envejecidas cada vez, como a cámara rápida, y ausencias, de una visita a otra. Cuando no sirva o empiece a hacer demasiadas preguntas tal vez corra la misma suerte que aquellos a los que se les prometió la inmortalidad. La indumentaria, ornamentación y simbología debería ser aproximadamente la misma en todos los lugares.


Esa sala de las puertas, que sería algo parecido a una centralita de teleportación, debería hallarse orbitando a la velocidad de la luz un gigante como Sagitario A.

A no ser que la tecnología permita generar tales condiciones a voluntad, extremo que me vuelve a parecer descabellado, pero precisamente son esas las opciones que parecen ir cobrando forma.


Un sistema similar, tal vez primero como drama y después como farsa, explicaría algunas cosas acerca de lo que observamos en el antiguo Egipto. Aún sin saber en realidad para qué sirve un “ankh”. Lo que está claro es que puertas como las descritas seguramente deberían guardarse bajo llave, podrían causar daños inimaginables.


¿Y que pasaría si, por ejemplo, hace 2000 años, un crío de muy pocos años jugando al escondite en esa “sala de las puertas”, o alguna otra semejante, atravesara accidentalmente el umbral? Bienvenido a la era moderna.
























sábado, 27 de diciembre de 2025

"Critón, le debemos un gallo a Esculapio"

 

En vista de la enigmática coincidencia de la imagen me ha parecido oportuno recordar las no menos enigmáticas últimas palabras de Sócrates.


 

sábado, 15 de noviembre de 2025

El tiempo como cuarta dimensión

 

El tiempo como cuarta dimensión o Tempus fugit o El universo explicado con un chicle



Siempre me ha repelido la idea, es obvio que el tiempo es categóricamente distinto al resto de dimensiones. Me pareció que inducía a la confusión, pero estoy empezando a verlo de otra manera.

Porque mirado con detalle, las tres dimensiones espaciales tampoco son iguales entre ellas.

Vamos a la geometría.


Es aquella primera clase sobre el punto, ese elemento en plena crisis existencial. “Esto es un punto y no existe”, era un poco la frase que también Haramein solía recordar.

Pero no entremos de más en la metafísica, la cuestión es que con puntos, o con el movimiento de ese punto, mejor dicho, se puede formar una línea.


Así, de la dimensión 0 que es ese punto en la nada, pasamos a la primera dimensión, en la que el punto “explorar un determinado rango de posibilidades”, una línea. Un vaivén, una vibración.


Dada esa línea, la cosa podría quedarse ahí y no pasaría nada y no estaríamos aquí, pero por algún motivo ese punto viajero prefiere explorar nuevos camino que repetir el mismo. O en realidad sólo evitar el que acaba de transitar. Así, sucesivas líneas, terminan por “explorar un determinado rango de posibilidades”, constituyendo el plano. Segunda dimensión, bienvenidos a la casa de Euclides.


Pero no queda ahí la cosa, el punto del principio, que no existe, sigue empeñado en huir de sí mismo y es empujado a “explorar un rango de posibilidades” formando el volumen. 3D, tercera dimensión.


Aquí la cosa se empieza a poner interesante, decía que las tres dimensiones no son iguales en absoluto. Las posteriores aplican sobre las anteriores y “exploran un determinado rango de posibilidades” de éstas.


Así, biológicamente estamos diseñados para movernos hacia lo que llamamos “delante”, desplazarnos hacia los lados nos cuesta más por diseño y movernos arriba y abajo tiene un coste energético notablemente superior. En cualquier caso siempre nos estamos desplazando en un volumen tridimensional.


Y “explorando un rango de posibilidades” de ese volumen tendríamos la dimensión siguiente en la que, no es que no nos movamos, pero se diría que estamos varados y llamamos tiempo.


La idea es que, considerando que es una pobre única partícula divina (o diabólica, según se quiera, luciferina sin duda) la que configura primero a la línea, luego el plano y luego el volumen, según un rango determinado, cada vez tiene más trabajo.


Es un poco el chiste aquel del tipo que contratan para pintar la línea de la carretera y el primer día pinta 20 kilómetros, al día siguiente 200 y al tercero 2 metros… porque cada vez tiene el bote de pintura más lejos.


Y eso sería la experiencia del tiempo, para pasar al siguiente “momento” de ese volumen hay que completar todo el recorrido del momento anterior. De todo el volumen existente. Esa partícula estaría recorriendo el universo de punta a punta en cada efímera fracción de tiempo, y no precisamente en línea recta, si no configurando su propia estructura. Incluyéndonos a ti, a mí y estas palabras.


Así que lo que cabe esperar de ese eje de la cuarta dimensión, que debería responder a un determinado rango, es que vaya a “explorar un rango de posibilidades” de este volumen. Y aquí estamos, explorando, como posibilidades de ese volumen que somos.


Normal que la cosa vaya lenta, por rápido que sea el punto. Y yo lo dejaría aquí, pero aún se puede complicar la historia sin acudir a hipercubos, que no sé muy bien qué significan.


Pero de haber una quinta dimensión, de la que en principio no creo que tengamos evidencia ni experiencia, debería “explorar un rango de posibilidades” del tiempo. ¿Pero es qué significa?


Cuando decimos “explorar todas las posibilidades” al final hablamos de combinatoria, permutaciones, matrices. Y el concepto es realmente simple. Pero la complejidad puede provenir del número de elementos, teniendo en cuenta además que en cada dimensión estamos multiplicando las anteriores.


Si tenemos un uno y lo elevamos a cualquier exponente, no pasa nada. Es el elemento neutro y representa al punto estático, indistinguible de la nada. Ahora bien, si conseguimos que tenga tan sólo dos posiciones posibles, 2 ² ya son 4 y 2 ³ ya son 8. Si además ampliamos la base con un mayor rango de posibilidades, las curvas que se dibujan son cada vez más pronunciadas.


Desde la cuarta dimensión, vemos como se explora ese rango de posibilidades de un volumen o espacio, del universo de hecho. Todo con un simple punto y de hecho debería estar en las definiciones:


La línea es un rango explorado por un punto.

El plano es un rango explorado por una línea.

El volumen es un rango explora por un plano.

El tiempo es un rango explorado por un volumen.


Eso es una serie de configuraciones posibles de dicho volumen, que nos contiene.

Hasta ahí más o menos se puede aventurar y el patrón fractal es evidente, lo que no es tan obvio es tratar de imaginar qué cosa es lo que explora un “rango de tiempo”.


Todos tenemos muy claro lo que es un volumen, un espacio. El tiempo no es más que una determinada secuencia de acontecimientos en dicho espacio. Esa secuencia se puede representar en un eje cronológico y obedecería la ley de causa-efecto.


Podríamos definir el “momento” como un fotograma tridimensional del universo y el eje temporal sería una secuencia de principio a fin de una duración determinada. Una línea de tiempo.


Si hubiera una 5ª dimensión, lo que cabría esperar es la exploración de todas las líneas de tiempo dentro de un rango determinado. Pero la noción de “líneas de tiempo alternativas” contraviene el principio de causalidad. Tal vez deba ser reinterpretado desde un punto de vista superior.


¿Podría haber a alguna escala situaciones donde sean posibles dos efectos para una misma causa?

De ser así, tales situaciones actuarían como bifurcaciones de las las líneas de tiempo desde una perspectiva de 5ª dimensión, desde donde se explorarían un rango determinado de ellas. Sería lo que llaman multiverso.


Sin embargo, más allá del hecho de teorizar, ¿qué evidencia o experiencia tenemos de algo así pueda ser real? ¿El efecto Mandela? No parece que haya ninguna razón para que esas líneas, esos diferentes desarrollos tuvieran conexión de ninguna clase tras una presunta “bifucarción” u otra secuencia que explora otra posibilidad, que no parece que pueda resultar simultánea.


Sin seguimos con a noción del punto, se ha de completar la línea antes de empezar el plano, se ha de completar el plano antes de empezar el volumen, se ha de completar el volumen antes de empezar la línea de tiempo y se ha de completar la línea de tiempo antes de completar el multiverso desde una 5ª dimensión. Y ese multiverso ha de ser completado antes de volver al punto de partida a trazar otra vez la línea.


Por lo menos, cada fracción de tiempo, cada “momento”, con cierta frecuencia (¿Planck?). Y de hecho el espacio mínimo de tiempo entre un momento y otro debería revelar la profundidad del fractal. Porque, si desde el multiverso se “explora un rango determinado de líneas de tiempo”, ¿desde dónde se exploraría un rango de multiversos? Y todo con un punto que no existe en mitad de la nada.





P.D.: Después de explicar el universo con un chicle, me sobra un clip y un trozo de cordel.








Errores de traducción: Ararat

 

1. ARARAT


Aleph. Resh. Resh. Tet. Esas son las cuatro letras del alfabeto hebreo que identifican la montaña, jamás hallada, en la que el arca de Noé, jamás hallada, se habría posado tras el diluvio.

Unas coordenadas básicas de hebreo: se escribe de derecha a izquierda y no tiene vocales.

El aleph no tiene traducción exacta, por eso la traducción fonética se suele representar como ‘RRT. De ahí viene “Ararat” y su posterior asociación con el Ayrarat armenio.

Indagando en ello, he topado con un término bastante parecido WRRT, “wereret”. La W no tiene una equivalencia directa en hebreo. Desconozco la clase de traducciones que se pudieran hacer en el primer milenio pero el criterio fonético tiene bastante sentido.

De hecho, sin quien escribió el relato hubiera preguntado ¿cómo se llamaba la montaña? o incluso dispusiera de una equivalencia fonética como las que se maneja hoy, fácilmente podría haber reflejado ese “wereret” como “’’RRT”.


2. 1502

En pararelo, y tal vez siguiendo con los problemas de las traducciones, seguramente el primer relato de la época moderna a Egipto por parte de un español (italiano en realidad, pero en funciones) sea el de Pedro Mártir de Anglería.

La fuente es su Legatio Babilónica, que se puede consultat abiertamente. El problema es que siendo una obra de 1511 está en latín. La traducción al parecer se halla en “Una Embajada española al Egipto de principios del siglo XVI”, obra que aún no he podido consultar.

Conocí la obra y la figura a través de un trabajo de Enrique Gozálbes Cravioto: LA VISITA A LAS PIRÁMIDES DE EGIPTO DE UN ERUDITO RENACENTISTA: MÁRTIR DE ANGLERÍA

La frase que captó mi atención y a la que aún le doy vueltas es:

Mártir mandó a algunos de sus servidores que realizaran la ascensión, y éstos quedaron impresionados ante el espectáculo. También contaron que en lo alto de la pirámide mayor había un barco de piedra, en el que cabían no menos de treinta personas.”

De ahí que quiera contrastarlo con el original y en latín es bastante más complejo de lo que pueda parecer. Eso fue en el año 1502, bastante antes que otros testimonios.

¿Un barco de piedra encima de la gran pirámide? ¿Qué clase de locura es esa? Pareciera un error de traducción.


3. La barca del faraón

43,4 metros de eslora. Lo llaman barca solar de Keops o barca funeraria y acompaña todo el relato que se ha construido en torno al antigio Egipto. Pero lo que encontraron en 1954 dicen que estaba “desmontado” y al pie de la pirámide, en la cara sur.





1224 piezas, al parecer han encontrado más embarcaciones. De hecho acaban de estrenar nuevo museo de Historia en Egipto y ésta sería la pieza estelar, reconstruida.

Es casi el doble de largo que la mayor de las 3 naves que, según cuenta la historia, 10 años antes de la visita de Mártir de Anglería a Egipto, descubrieron América.


4. Tres en raya

Wereret quiere decir “el grande”. En realidad eso sería WRR, cuando va acompañado con el sufijo T apunta al género femenino.

Luego, el “monte” “ararat” sería el monte grande. Y no sería exactamente un monte o montaña, por más que esa sea la primera impresión que da cuando se observa en la distancia. Ésa y otra fue la impresión cuando los primeros relatos llegaban a las cortes europeas y aún mucho después. Realmente se discutía si eran formaciones naturales. En la “Piramidografía” de Greaves creo que había algunos ejemplos de ello, o por lo menos en la literatura de esa época sobre el tema.

Nadie sensato puede pensar hoy en día eso, por supuesto, pero parece que seguimos lejos de comprender. Si embargo, si el monte Ararat resultara ser el monte Wereret algunas cosas quedarían explicadas.

Lo primero, el no poder encontrar el dichoso monte, que en principio no tiene mucho que ver lo de Armenia con un relato más bien Mediterráneo, más allá de un coincidencia fonética, poniendo las vocales a conveniencia. Y ese es el consenso actual.

Y también explicaría el no poder encontrar el arca, aunque no tendría por qué haberse conservado.

De hecho es muy posible que el relato real conserve un parecido casi anécdotico con el que nos ha sido legado a través de la tradición.

Que las pirámides “apuntan” a la constelación de Orión no es ninguna sorpresa ya, pero es posible que señalen algunas cosas más. Por ejemplo, el lugar donde quedó el arca varada tras el diluvio,

Todavía hoy le seguimos llamando “la grande” (wereret), pero por fortuna empezamos a distinguir entre montañas y pirámides, aunque seguramente tengamos aún sorpresas por delante. Si lo planteado etimológicamente fuera correcto, el arca quedó varada en la gran pirámide.

Pero no es que quedara encallada en la cima, no. En la meseta de Guiza. La idea es que se edificó, fundamentalmente, para “conmemorar” ese acontecimiento. Y cuando en 1502 Mártir de Algería pasó por allí… ¿Todavía estaba en la cima? Curioso. Nadie nunca jamás habló de un barco en la cima. En cualquier caso, debe ser un error de traducción.