viernes, 1 de mayo de 2026

La guerra encubierta

    

La literatura de ciencia ficción está plagada de relatos de invasiones extraterrestres, más aún desde los 50. La guerra de los mundos de HG Wells es de finales del XIX. No se contentó con el desbarajuste físico del viaje en el tiempo sino que nos presentó una invasión imposible, a lo Independence day.


Pero no es así como funciona, por lo que se deduce de un análisis algo más maduro. A todos nos gustas los fuegos artificiales pero la realidad a veces es mucho más gris, aunque tal vez igual de eficaz.


Primero deberíamos entender un poco sobre lo que la guerra es y como funciona. Sabemos que es terrible, que muere gente, se destruyen recursos, etc, etc. Pero si en lugar de la visión general adoptamos un punto de vista particular, para algunos la guerra puede consistir en archivar formularios en un despacho, o cocinar para un batallón, o simplemente ir de compras. No todos mueren en trincheras todo el tiempo.


La segunda guerra mundial es conocida por el blitzkrieg alemán, esa toma relámpago del tgerritorio enemigo rompiendo sus líneas. Pero esa es una “solución” de conveniencia, y a pesar de ello, si tomamos el caso de Francia, aún se fracturó el gobierno con la Francia de Vichy y fue notable el papel de la resistencia.


No es, por lo general, cosas de un día, por lo menos la guerra tal como la conocemos con medios convencionales. Tras el desarrollo de las armas nucleares que finalizaron la contienda cayendo sobre japón, tal vez nos acerquemos más a ese tipo conflagración total, rápida y fulgurante que tan bien transmiten esas historias, pero ni siquiera. En Papúa Nueva Guinea desayunaron como el día anterior y el siguiente.


Quiero decir que el mundo es grande y somos unos cuantos miles de millones. Una invasión extraterrestre difícilmente sucedería de esa manera, de forma abierta, ofreciendo un objetivo al que responder. Eso llevaría una eterna guerra de desgaste que a la postre sería contraproducente respecto a los objetivos últimos: son estos los que dictan el modo de proceder.


La humanidad, desde cierto punto de vista, es un recurso tan valioso como puedan serlo otros recursos naturales. El objetivo último viene dictado por el carácter del sujeto. Y aquí es donde se pone interesante: esos “extraterrestres” podrían resultarnos no tan exóticos como podríamos imaginarnos, podrían sernos bastante familiares en realidad.


Tanto que una guerra podría estar librándose ante nuestros propios ojos sin ni siquiera darnos cuenta. Uno piensa que vendrían, nos aniquilarían y se quedarían en el planeta. ¿Para qué? Para extraer los recursos. Pero, ¿por qué eliminarnos si nos pueden utilizar a nosotros para extraerlos? Bienvenidos a la tierra.


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Una infiltración es realmente exitosa cuando no es detectada. Además de cumplir con su función.

Por lo hasta aquí expuesto, si cabe esperar algún tipo de invasión sería mucho más sigilosa que lo que la pantalla nos tiene acostumbrados. Simplemente tomarían las riendas de la sociedad a través de posiciones clave para reconducir hacia sí mismos el excedente. Tal vez a alguien le suene.


Sería interesante que el desarrollo de dicha sociedad pudiera generar una producción cada vez más elaborada pero habría que acotar ciertos ámbitos para separar con nitidez a los conquistadores de los conquistados. Luego, la economía no estaría enfocada al interés común del colectivo si no al beneficio de una serie de élites extractivas. Las disciplinas técnicas deberían ser conducidas a callejones sin salida, vías muertas donde reposar, y desviadas oportunamente si se acercan a puntos sensibles que pudieran diluir la superioridad establecida.


En general la enseñanza estaría más enfocada a reproducir con precisión complejas secuencias antes que a comprender y articular los elementos que las conforman para poder extrapolarlos mediante el pensamiento creativo. En general el mundo luciría muy parecido al que vivimos.


Ni siquiera tendrían necesidad de un presencia significativa. El dueño suele poner un gerente y sólo pasa a recoger el saco. Tampoco tendrían que ser demasiado diferentes, por lo menos en apariencia. Ya sea como resultado de cualquier artificio técnico o por propia naturaleza. Tal vez el color de ojos, o algún detalle más sutil en los que no reparamos el resto. Aunque con el tiempo, dada la tendencia a la mezcolanza de determinadas conductas, la situación serían sin duda cada vez más turbia.


Una vez en control de la sociedad, a través de la economía y vasallos leales en su control, sabiéndolo o no, sólo quedan dos objetivos: mantener el sistema de explotación y a sus élites en la invisibilidad y evitar el desarrollo excesivo que pudiera terminar por revelar la situación o acercarse a un nivel tecnológico que pudiera suponer una amenaza.


Ante tal circunstancia, antes de que los sometidos puedan levantarse, quedaría la opción del botón rojo. El gran reinicio. Lo que fue el diluvio. Ésas son las malas noticias, pero también hay buenas. Eso es lo que quiere decir, literalmente, evangelio: buenas noticias.


El control omnímodo de esas élites (que sean humanas o no es casi lo de menos) parece que ha encontrado alguna piedra en el zapato. Es difícil, tras dos milenios, estimar con precisión qué, cómo, cúando y dónde, más allá del relato que nos ha sido legado, pero parece adivinarse que otras partes también hacen juego.


La situación seguramente sea mucho más compleja de lo que estas líneas, de especulación más o menos fundada, puedan llegar a aventurar, pero de algo hay que prescindir para resumir.

El caso es que toda la esfera occidental está en manos de élites de orígenes judíos y sus asociados y la segunda guerra mundial puso el broche de oro a un proyecto largamente perseguido: la fundación del estado de Israel, paso ineludible para el control de Jerusalén. Todo absolutamente programado.


No creas un país con varios millones de habitantes de la noche a la mañana, les llevó décadas. Es ése tipo de invasión. De ahí la necesidad de los campos de concentración y de desplazar a la gente de sus hogares para después ofrecerles la tierra prometida. Que en realidad fue tomada por la fuerza, tal como fue perdida.


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Del pueblo judío dicen que fueron esclavos en “Egipto”. Y que los liberó Moisés, que los condujo por el “desierto”, siguiendo una “zarza ardiente”, y tras un deambular de 40 años llegaron a la tierra prometida. A la Tierra.


Porque si uno mira la distancia que hay entre Egipto e Israel, no digo que tuvieran que hacer el camino en línea recta, pero es difícil pensar que se tiraron 40 años dando vueltas siguiendo un matojo en llamas, como primates que apenas conocieran el fuego. No. También es raro lo de Moisés, “abriendo las aguas”.


Bueno, “abrir las aguas” es una manera bastante sensata de describir a alguien que no tiene el menor conocimiento de física el funcionamiento de un motor WARP o de curvatura, al estilo de Alcubierre.

El desierto sería un páramo vacío, la zarza o tea ardiente un lucero al que llamamos sol y los 40 años un largo viaje desde probablemente Orión, que al parecer es donde apuntan las pirámides de Guiza.


En otros trabajos se ha analizado el reinado de los faraones y el posible modelo que explique las observaciones. Resumamos en que el estilo “egipcio” no sería exclusivo de nuestra órbita, al más puro estilo “stargate”, que al parecer no sería una tecnología ampliamente disponible. Al menos no para esclavos fugados, que básicamente es lo habrían sido.


Si atendemos a tradiciones aún anteriores, como la sumeria, encontraremos que en la tierra han tenido acontecimientos algo más singulares de lo que cabría esperar, empezando por nuestro propio origen. A mí se me hace difícil no asociar a los judíos, ese “pueblo errante”, (que no tuvieran tierra propia der partida explicaría algunas cosas) a los hiyiyi de las crónicas annunaki.


Se dice que el humano se crea porque los hiyiyi se rebelan. Tal vez sea todo una, aunque el viaje de Moisés pareciera posterior. En cualquier caso la creación de la humanidad desemboca en los acontecimientos relatados por Enoc, que no quiere decir que fueran como relató o como nos han llegado.


El humano toma conciencia y, hablando mal y pronto, sabiendo que ir flojos de bragueta es casi un distintivo del pueblo elegido, además de con los hiyiyi cabría asociarlos con los propios “vigilantes” del mencionado evangelio apócrifo. Y lo poco o mucho que haya sido revelado, seguramente tiene que ver con esas “otras partes” en juego.


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Parece una locura pero lo cierto es que tiene mucho más sentido que el relato que se nos lega. De hecho, si estuviéramos siendo víctimas de una suerte de infiltración, lo natural sería ensombrecer cualquier tipo de revelación, ya sea anquilosándola con pompa y liturgia o ridiculizándola tildándola de conspiranoia.


A nadie que haya estudiado un poco de la historia de los últimos 2000 años se le puede escapar el giro copernicano de lo que denominamos cristianismo. De ser perseguidos y crucificados a ser la corriente principal, hasta el punto de obligar a Roma a integrarlos en el aparato del estado. Así que se entenderá que lo que hoy hay en Roma no tiene mucho que ver con los cristianos que alimentaban leones en su coliseo.


El proceso de destrucción del cristianismo empieza por el propio Jesús, crucificado por los romanos a instancias del sanedrín judío. No debería hacer falta recordar los recurrentes trágicos finales de los apóstoles predicando el evangelio. El cristianismo deja de ser contrapoder para ser absorbido y deglutido por este hace más de 1500 años.


Pero si hay un punto y aparte claro es uno de los capítulos más relevantes y poco comprendidos del último milenio: el final de los templarios.


Pero recapitulemos para ponerlo en contexto. Roma cae a manos de los bárbaros, el imperio romano de occidente se desintegra como tal y el cristianismo hace su parte en eso.

No es hasta siglos después que Europa se vuelve a recomponer y mira a su pasado. Las cruzadas son promovidas por intereses menos visibles que los del Papa que las bendice.


Dejando a un lado las especulaciones y las leyendas, en las que ya se ha abundado en otras reflexiones, el hecho es que se produce un tremendo cisma que termina con el gran maestre de la orden religiosa-militar más importante de su tiempo, quemado en la hoguera.


Es el pistoletazo de salida para la persecución de herejes de todo tipo (en realidad criptotemplarios agrupados bajo otras denominaciones) y lo que posteriormente terminará siendo la inquisición. Es una guerra abierta entre la iglesia y los templarios que por aquel entonces, tras las cruzadas ya tenían, ahogadas en deudas a las casas reales de media Europa.


Es una guerra en realidad no declarada, o declarada bajo falsos pretextos. Lo que se dice es que los templarios encontraron algo en el templo de Salomón. Lo cierto es que al empezar las cruzadas eran tan pobres como para ir dos en un caballo y terminaron siendo el mayor poder económico del momento, tanto que despertaron más que recelos en las monarquías y en Roma.


Lo interesante es lo siguiente, el capítulo que nadie cuenta. No sorprende a nadie que de una nutrida y poderosa orden, tras ser declarados herejes, perseguidos y asesinados, no quedara nadie que osara elevar ese mismo estandarte contra Roma. Era un poder incipiente que estaba en cierta posición de debilidad frente al poder de una institución milenaria.


El golpe debió ser tremendo, tanto en lo humano como en lo material. Pero lo cierto es que la maldición de Jacques de Molay, cuentan que desde la misma hoguera que lo devoró en llamas, se vio cumplida: el Papa y el Rey de Francia, responsables de su ejecución, murieron antes de un año.


Por como manejaron la situación se diría que hicieron contactos clave en tierra santa pero en mi opinión ese vínculo con algunas esferas del judaísmo existía antes y como causa de las cruzadas.

Así que al parecer sus redes, ya fueran secretas o discretas, tenían mayor alcance del que podría esperar. Pero ante la reacción de la iglesia (en mi opinión como resultado de una traición, no de herejía alguna), brutal e inflexible en su persecución, optaron por “desaparecer”.


Es en esta etapa donde asistimos a la creación de una serie de sociedades/órdenes que van a preservar en buena medidas las estructuras templarias en lo que luego vino a ser la masonería, en paralelo más tarde la orden illuminati, etc.


Ésa gente, con el respaldo económico que la usura de los prestamistas judíos había logrado amasar durante siglos (la iglesia católica lo prohibió durante mucho tiempo para los cristianos dejando el camino expedito), son los que algunos siglos después forman los Estados Unidos de América.


Pero antes ya se habían infiltrado en las estructuras eclesiásticas. A la monarquía francesa se la terminaron de devolver con la revolución. Todo facilitado a través de la financiación y las personas adecuadas en los lugares oportunos. Incluso aparentemente de signo opuesto. Tanto a los revolucionarios como a Napoleón.


Y en poco más llegamos hasta nuestros días, tal vez la muestra más espeluznante de dominio sean las guerras promovidas en Europa tras la etapa colonial, que aún perdura en modos pretendidamente más sofisticados.


Tanto la Alemania nazi como los USA de hoy no son más que herramientas al servicio de objetivos. Son demasiado inteligentes para atarse a ninguna bandera que pueda ser quemada, ni siquiera la de Israel. Todo son herramientas supeditadas a una función. La de USA el control mundial de la economía a través del dólar y la de Israel ser la cabeza de playa hacia Jerusalén.


Y el siguiente capítulo, según aquella supuesta carta filtrada de Albert Pike, sería enfrentar a Israel y al Islam, dando como resultado la tercera reconstrucción del templo y por lo tanto cumplimiento a la profecía de la segunda venida. Viendo lo que le hicieron al primero, lo difícil es entender que quieran un segundo.


De hecho sus vecinos árabes dicen que ya habría sucedido, en cierta forma. En el Islam a Jesús se le considera profeta, en modo similar a Mahoma. Y si uno hojea el corán ve rápido que buena parte de éste consiste en recriminar a su vecinos, judíos, con los que comparten la creencia en el pacto abrahamico (ibrahim), el nulo cumplimiento que dan a sus propios mandamientos. Se siguen haciendo llamar el pueblo elegido, desconociendo que dios haya podido cambiar de idea como mero resultado de su infame conducta. La misma que les ha llevado a sentarse en el trono del poder económico global.


No está mal para venir de fuera, aunque sus siglos les ha costado. Y expulsiones de países de toda Europa, en varias ocasiones. Y no sólo es cuestión de racismo, que no cabe duda que hay y habido, pero que en estas líneas no se halla y un ápice: en realidad es el resultados de dinámicas de luchas con los poderes locales que han terminado por usurpar con éxito.


Así que no, ni guerra de los mundos ni independence day. Sin embargo la invasión podemos decir que se ha consumado. Claro que el lejano oriente presenta algunas dificultades para sus estrategias típicas de infiltración, en otros lugares pasan más desapercibidos y ahí sólo pueden entrar con dinero, comprando a otros, por eso lo dejaron para el final, para cuando ya dispusieran de la palanca económica. Claro que, revelado el plan, lo cierto es que pierde bastante iniciativa estratégica.


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Si usted ha sentido desde siempre que algo en el mundo está mal, ahora ya sabe por qué. Por eso le han educado en la corrupción desde el principio y vive en una sociedad perfectamente engrasada para explotar con precisión sus impulsos y debilidades. Por eso vive en una sociedad hostil diseñada contra el hombre. Lo último que se les ocurrió es que deberían también poner a las mujeres a trabajar, y no les va mal. Aplauden hasta con la orejas. El microchip ya lo llevamos implantado en el bolsillo en forma de teléfono móvil, hacerlo subcutáneo es un mero tecnicismo. Pagado de nuestro bolsillo y recargado religiosamente.


“Y aquellos que no tengan la marca de la bestia no podrán vender ni comprar”. No es el futuro, es el plan. Es que ya ha pasado, quién sabe donde y cuando, y cuántas veces, en otro lugar. En otros lugares. Es un modus operandi. Es la estrategia de esta guerra silente de infiltración y engaño. Se diría que están esclavizando a la humanidad con las mismas cadenas de las que se liberaron. No es de extrañar que muchos entre ellos no estén de acuerdo. También muchos de los de aquí han vendido su alma y la mayoría vive con la mente lobotomizada por el entretenimiento, ciegos de ignorancia, y con los sentidos embotados por la hiperestimulación de las urbes.


Es una guerra rara, la gente espera fuegos artificiales y, por más que en algunos lugares los hay, en la mayor parte es una balsa de aceite. Con personas tan profundamente engañadas que defienden las cadenas que les atenazan. O que venderían a cualquiera por una propina.


Tienen una carpetita con tu nombre y tu vida resumida en una cuantas hojas. Y así con todos, con más o menos páginas. La gente incómoda va desapareciendo en silencio, antes de tiempo. La propia escuela es un mecanismo para erradicar cualquier resquicio de lucidez.


Trabajan bien, tienen tiempo y medios: lo han orquestado de tal modo que cualquiera que eleve una palabra contra los judíos, con razón o sin ella (por más grosera que pueda ser la generalización) es automáticamente catalogado de nazi, luego, contrario a la más elemental humanidad.

Y paradójicamente fueron las propias élites judías las que tuvieron que financiar el nazismo, ya que ostentaban el poder económico en Europa sin que nadie les pudiera hacer sombra desde varios siglos atrás.


Luego, hablamos entonces de unas élites muy concretas, sin el menor respeto por las vidas ajenas, incluso de los propios judíos. Cabe recordar que en otros momentos los sacrificios humanos han sido sistemáticos, en varias culturas. Y desvelar el engaño que han pergeñado es tarea que puede ocupar buena parte del ciclo vital, por más que sea evidente que algo no marcha bien desde el principio. Basta con oír el llanto desconsolado de los niños. En realidad siempre lo has sabido.