sábado, 5 de septiembre de 2026

Apophis 2029: Guerra en los cielos

 


 


1. Los Caídos


Para explicar la historia hay que remontarse al origen de los hombres, mucho más allá de donde alcanza hoy su memoria.

Una de las cosas que sorprende del antiguo testamento, o más bien de sus traductores, es que siempre se han negado a traducir correctamente el término “nephilim”, a pesar de que su etimología es meridianamente clara: la raíz de “caer” y el sufijo que apunta al plural masculino. Los caídos.


En la traducción tradicional se traduce como “gigantes”. Aquellos a los que debió borrar el diluvio. O tal vez no sorprende tanto cuando el libro de Enoc ha sido apartado tanto como ha sido posible y si ha llegado a nuestros días es por la escisión de la iglesia etíope. Del libro de los “gigantes” apenas se conservan menciones.


En eso texto, llamados “apócrifos”, se amplia el episodio en el que “los vigilantes” toman esposas humanas y les engendran hijos: los nephilim.
La tradición sumeria lo explica de manera diferente pero coincide en el episodio del diluvio y en ese Noé sumerio (Utnapistim) al que Enki advierte a través de una pared de cañas.


Qué duda cabe que poderes muy terrenales han convertido a los caídos del texto original en gigantes y tratado de ocultar narrativas que no favorecerían sus intereses.



2. La Mano Negra


A esa forma de accionar bien nos podemos referir como la “Mano negra”, no sólo en los términos literales del grupo terrorista, presuntamente anarquista, que habría llevado el atentado que a la postre desencadenaría dos guerras mundiales.


Muy al contrario, como influjo permanente y recalcitrante que habría estado presente desde que el líder de los vigilantes, Semyaza, hubiera reunido al resto de “ángeles rebeldes” en cónclave para transgredir el mandato de su misión.

Rebelión idéntica a la que llevan a cabo los “templarios”, pobres compañeros de Cristo, se hacían llamar, traicionando al poder en Roma que les encomienda la defensa de tierra santa.


La traición de Roma a los cielos sería el capítulo inmediatamente anterior de este reguero de desencuentros que es el periplo humano. Y siempre, desde el principio, aparece esa mano desde las sombras que tuerce caminos y voluntades y que algunos atribuyen a la propia condición humana.



3. La Mano Blanca


Por la historia que nos ha sido legada, cuyos intentos de ocultación y tergiversación se cuentan ya por milenios, parece difícil eludir el hecho de que otras partes tienen su papel en los acontecimientos.

Así, parece difícil obviar que algunos discursos extemporáneos de personajes clave en la historia han estado imbuidos por alguna suerte de inspiración más allá de lo convencional.


Más allá de disparate que ha quedado engarzado en el dogma católico de la santísima trinidad, el propio islam reconoce esa inspiración en aquel que ya hace 2000 años caminara por las orillas del Mediterráneo oriental. Del mismo modo que antes, algunos insisten en las facultades de la condición humana como fuente de inspiración. Son los mismos que contemplan el cielo estrellado y dicen que estamos solos en el universo.


Los mismos que han tratado de borrar la historia, en particular las huellas de sus crímenes, que les han procurado la riqueza y posición de la que hoy disfrutan sus herederos. De aquellos que llevaron a un inocente a la cruz y hoy que pretenden hacerse acreedores de la tierra que bañó su sangre pero eluden cualquier responsabilidad en su derramamiento.



4. El Nexo Abrahámico


En lo que sí coinciden las tres grandes religiones de occidente es en dar veracidad al pacto con Abraham. Lo que se observa es una fragmentación del legado en la región a través de las diferentes culturas y etapas. Se diría que desde Sumeria, pasando por el antiguo Egipto hasta el Israel bíblico y luego a través del cristianismo y el islam, hay un relato único fragmentado en muchas voces.


Y no es la norma, no parece que ni hinduismo ni budismo presenten esa tipo de trauma, de ruptura constante del legado. Supongo que porque Buda no fue crucificado.

Aparece por lo tanto bien localizado un saldo pendiente que es imposible no vincular con el momento de partida mencionado al principio.


No en vano, el origen de la práctica bancaria que hoy rige el mundo, tiene sus orígenes en tales latitudes y llega a Europa en gran medida de la mano de los templarios, siendo ésta responsable tanto de su auge como, en parte, de su caída.


Es el episodio de los mercaderes (banqueros, cambistas) en el templo y no otro el que conduce a los inmediatamente posteriores de la aprensión y crucifixión.

Basta con ver el mundo de hoy para no tener duda de que el diluvio no dejó sólo hombres justos sobre la faz de la tierra.



5. El Milenario


En concreto son 2000 años, el segundo milenario, los que están por cumplirse desde el acontecimiento alrededor del que gira todo el nuevo testamento. Contamos los años, en todo el mundo, desde el incierto nacimiento de Jesús de Nazaret. Pero más relevante es su, resurrección, dicen algunos, y crucifixión, seguramente dirán otros más.


En los últimos tiempos, la mano negra, operando tanto desde dentro como desde fuera de la iglesia romana, ha promovido la disolución del relato, como el del resto de sus crímenes, que están muy lejos de quedar sólo en el pasado.


Si la fecha de nacimiento no está exenta de controversia, menos clara aún aparece la de la crucifixión. Lo que parece seguro es que tuvo que producirse durante el mandato de Poncio Pilatos, que se extendió desde el año 26 al 36, por registros.


En el primer milenario se diría que lo que cae es aquello que nacería a la luz del saber Mahoma, el último califa es depuesto en el año 1031. Pero en cuanto a los acontecimientos narrados en el nuevo testamento, sigue sin establecerse una fecha nítida.

 

 

6. Apophis


Huelga decir que en los tiempos presentes, no son éstas materias de interés. Aparecen separadas de cualquier problemática que se considere realmente relevante estando sin embargo, paradójicamente, con gran probabilidad en su origen.


Y puede que, incluso el tránsito previsto de Apophis para 2029, no sea una excepción. No hay registros históricos para una aproximación de tales características, evento que se calcula con una probabilidad de cada 16000 años.


La asociación de Apohis con el Ajenjo bíblico, el meteorito que se dice caería al mar en el libro del apocalipsis, es tan vieja como el descubrimiento de la órbita del primero, en 2004.

Aún hay gente que respeta el legado de los ancestros.

Que la aproximación vaya a suceder tan cercana en el tiempo a ese segundo milenario, en cambio, no parece que haya resultado llamativo. Al principio saltaron las alarmas por una probabilidad de impacto del 2,7% que rápido se corrigió con observaciones posteriores. Pasará a unos 32000 km, según estimaciones actuales, más bajo que algunos satélites.


Y deberá atravesar por tanto la órbita a 36000 km que se ha convertido en un vertedero de basura espacial. Se espera una segunda aproximación para 2036, mucho más lejana, siempre que Apophis no halle incidencia en su trayectoria.



7. El Profeta del Séptimo Sello


Si uno lee de forma analítica el libro del apocalipsis, no es difícil encontrar en las descripciones de las siete trompetas, no sólo el impacto explícito de un asteroide, si no consecuencias consecuentes con éste. Algunas de ellas análogas a lo descrito en la versión islámica, en concreto referentes a la pérdida de luminosidad en la atmósfera típica de un escenario de invierno nuclear.


Y no sólo el impacto: habla del advenimiento de la batalla final que culminará en la creación de la nueva Jerusalén, que siempre ha estado, desde el principio, en el eje de la narrativa.

La lectura de los textos que conduce a este tipo de planteamientos, ni que decir tiene, es en términos simbólicos. Resulta del conocimiento del presente aplicado al legado del pasado, un pasado en concreto donde se habrían dado revelaciones del futuro.


Lo que antes sólo podía interpretarse desde la magia hoy puede ser visto desde la ciencia y la tecnología. La interpretación que se propone de las trompetas del apocalipsis es eminentemente científica y articulada a través de la causalidad. Así como la identificación con Apophis y sus posibles consecuencias.


La condición que genera estas conclusiones implica, eso sí, unas premisas sobre el escenario de la realidad muy diferentes a las que se suelen adoptar, o tal vez tan sólo la ausencia de estas últimas.


En el caso de Billy Meier, quién ya en 1981 predijera la caída de un “meterorito rojo” que se ha venido a asociar al escenario expuesto, sostiene estar en contacto con pleyadianos.

Si hacemos una lectura técnica de la biblia, lo aceptemos o no, es innegable que lo que propone a través de esos “sueños premonitorios” es una forma de comunicación, una tecnología.


Nada de eso añade o resta credibilidad a las afirmaciones de Meier en particular, respecto a los pleyadianos (por provenir presuntamente de las pléyades, las siete hermanas), Apophis, o el hecho de haberse proclamado profeta del séptimo sello en una línea que se originaría en Enoc. No en vano la mano negra siempre está presta a desacreditar cualquier relato inconveniente, ya sea ofuscando o a través de impostores. Y dicho está que en el fin de los tiempos aparecerán falsos profetas.


O tal vez todo sea una enorme coincidencia. Yo por ejemplo, el 13 de abril de 2029, fecha de la aproximación prevista de Apophis tendría siete veces siete años. No exactos, ya sería demasiado coincidencia, los cumplo siete días antes. Y aquí estoy contándote esta historia.


Que vaya a ser viernes 13, tal como aquel de 1307 en el que se promulgara la orden de excomunión contra los templarios y fuera perseguidos pasando a la clandestinidad, añade una capa más al cúmulo de alineaciones.


Jung estudió este tipo de casualidades, las llamó sincronicidades, término que aún ni si quiera acepta el diccionario. Si no hemos acertado aún en dar una lectura tecnológica a esos mensajes recibidos a través de sueños que la tradición recoge, y que puede que muchos otros hayan experimentado, se hace bastante evidente que estamos completamente ciegos ante una realidad física que tal vez con el tiempo vayamos empezando a comprender.










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