jueves, 3 de septiembre de 2026

El séptimo sello

 

Siete sellos, siete trompetas y siete copas. Ésa es, de forma muy esquemática la “profecía” que se propone en el apocalipsis.

La idea de profecía es una noción ampliamente desacreditada, no sin razón, que se suele situar en un contexto mágico o esotérico. Pero lo cierto es que Laplace ya en 1814 propuso una “máquina” teórica que, si la física se desarrolla por los cauces del determinismo, tendría “pasado y futuro presentes ante los ojos”, en sus propias palabras, no exentas del halo poético del pensamiento profundo.


Desde ese punto de vista es posible revisitar el Nuevo Testamento con otros ojos. Y, si realmente ampliamos el marco de lo posible, ver las tres religiones abrahámicas como una solución de continuidad de contacto con alguna otra instancia.


Y digo si ampliamos el marco porque desde el concepto científico (del limitado método científico) de que estamos “solos en el universo” y desde una visión puramente atea, también muy científica, así como que la posición de que la telepatía pertenece al ámbito de la ciencia ficción, la única evaluación posible para cualquiera que reciba voces-visiones-revelaciones, es el diagnóstico de esquizofrenia.

Eso hoy, 1000 años atrás, hoguera por brujería. Qué duda cabe que hay una mejora cualitativa. Y poca duda también de que se ha indagado menos de lo debido en determinados asuntos.

El problema, o uno de ellos, es que el mundo, lamentablemente, está lleno de charlatanes y muertos de hambre. Cuando no de otros con peores intenciones.


Pero los hechos son tozudos y, demos crédito o no, el Nuevo Testamento ha llegado hasta nuestros días como parte de la biblia moderna. Menciono lo anterior porque a juzgar por el contenido del texto, elevar tales afirmaciones hoy en día podría convertir a cualquiera en carne de psiquiátrico.

En el judaísmo, por ejemplo, no se le da el menor crédito. Más allá de las opiniones, una visión somera del texto desgrana el esquema resumido al principio.


Y se hace relevante en estas fechas, aunque bien sabemos que en todas la épocas alguien pregona el fin del mundo, por el paso tan cercano de Apophis, esperado para 2029.


Si uno analiza el contenido de esas “siete trompetas”, más bien podrían parecer siete sirenas de emergencias, de esas de tipo antiaéreo o catástrofes similares. Porque lo que describen, bien interpretado, es un “invierno nuclear” causado por el impacto de un meteorito.


Si lo unimos al hecho de que entre este 2026 y el 2036 (año de la prevista segunda aproximación de Apophis) se abre la ventana en que se cumplen 2000 años de la crucifixión (no se sabe exactamente cuando fue, pero ése es el periodo de Pilatos en la región), pues hombre, no hay que ser ni muy cristiano ni muy supersticioso para ver en ello cierta preocupación.

Y tirando del hilo, hacia atrás en este caso, si las trompetas tienen sentido científico en sus descripciones:


(Incendios, fenómenos atmosféricos extremos e inusuales, impacto y tsunami, contaminación de las aguas, ofuscación de la atmósfera como resultado del impacto y sus consecuencias (siempre bajo la medida genérica de ⅓, de luminosidad en este caso, no de cantidad, de ahí que golpee “el sol, la luna y las estrellas”), plagas vinculadas al desequilibrio causado en los ecosistemas y finalmente guerra desencadenada por la situación con impresión de que el invierno, cuatro seres, dice, ahora sí sería tal vez nuclear.)

Tal vez los sellos también pudieran tenerlo, aunque a estas alturas también es razonable pensar que para trompeta la que me he fumado. La cosa empieza con los cuatro jinetes:


Conquista, Guerra, Hambre y Muerte. No sé si alguien los ha visto por aquí últimamente algo más de lo habitual. Esos son los cuatro primeros “sellos”, el quinto es especialmente interesante, hace referencia a los que han muerto “por la palabra de dios”.


Si leemos las religiones abrahámicas de forma transversal y secuencial, el cristianismo es una enmienda al judaísmo y el islam a ambos dos. Y si entendemos esa secuencia como una interacción decreciente con otra instancia, fácil es identificar esa “palabra de dios” con el propio pacto abrahámico y el legado del “pueblo elegido”.

¿Alguien ha sufrido recientemente pesares más allá de lo habitual por tal elección? ¿En Gaza, por ejemplo? Bien podría ser ese el quinto sello.

¿El sexto?

El sol oscurecido… (no sé si a alguien se le ha oscurecido el sol últimamente, aunque siendo un fenómeno local da que pensar…), estrellas cayendo sobre la tierra (perseidas), la luna roja… (la verdad que ese eclipse me lo perdí), terremotos… Una lectura sutil nos da un pleno al quince por estas latitudes. Aunque con lo de la ira del cordero a saber a qué se puede referir.

Y aquí vale la pena hacer un inciso y hablar de la figura de Billy Meier, el autoproclamado “profeta del séptimo sello”, o eso tengo entendido. Figura emblemática del “contactismo” que sostiene estar en comunicación desde su más tierna infancia con pleyadianos. A ver, vicios peores hay. Emblemático para algunos, ampliamente desacreditado para otros, controvertido sin duda.


El tema es que el tipo predijo en 1981 que un “meteorito rojo” partiría Eurasia por la mitad y del mismo modo que con la profecía bíblica cualquiera que pase por aquí es buen candidato.


El Nuevo Testamento es mucho más prolijo en detalles, porque después aún quedan las siete copas: habla de un falso profeta, de esa marca de la bestia sin la que nadie podrá vender o comprar...pero eso sería más adelante. Se diría, y me consta que siempre hay freaks viendo los signos del fin del mundo en su presente, que estamos en tiempos del séptimo sello. Silencio en los cielos.


Tal vez sí, tal vez no. Al final la descripción de Juan se asemeja a algo parecido a un pastor al que le han pasado un power point del apocalipsis, cazando lo que pudo y como pudo. La repuesta a si este pequeño amasijo de sincronicidades es más casual que causal la tendremos en 2029.


Lo previsto es que Apophis, que no sé de qué color es, pero como llegue a ingresar en la atmósfera ya te digo yo que se pondrá bien rojo, pase a unos 32000 km. Eso es menos de una décima parte de la distancia a la luna y más cerca que la órbita de algunos satélites. 350 metros, se supone que el que borró a los dinosaurios tenía varios kilómetros pero lo cierto es que no tenemos registro de un impacto de esa envergadura.

La verdad es que va a ser una buena racha para la astronomía por aquí, tres eclipses seguidos y el paso de Apophis de colofón. Que debería pasar de largo y volver a orbitar más lejos en 2036 pero este tipo de cálculos, digamos que siempre están sujetos al error de los sistemas caóticos, donde pequeñas diferencias en la medición pueden generar desarrollos muy distintos. Es muy posible que tras el paso en 2029 toque recalcular órbita para la próxima pasada. Si es que realmente pasa de largo, cosa que está por ver. Si lo planteado fuera cierto, sería muy humillante que alguien hubiera calculado un evento con 2000 años de antelación y mayor precisión. Sería, a nuestros ojos, un milagro.


Así que nada, ya tenemos un nuevo 2012 en el horizonte, pues para que al menos haya algo que esperar. Releyendo apaciblemente el apocalipsis, por ejemplo. Con la certeza, o no, de que “el milenarismo va a llegar”.




Se recomienda la visualización del episodio íntegro, contiene perlas como: “nosotros vamos a decirle al poder que somos el camino, la verdad y la vida” o Newton yendo a buscar dragones a Suiza. ¿En nombre de quién hablaba el caballero, con título de “anarquista divino”? ¿Y qué pasó exactamente ahí, una simple borrachera?  ¿Qué si no?

 











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