viernes, 7 de marzo de 2025

Recapitulando (la clave Orión II)

 

Tal vez no hayamos interpretado bien algunas cosas. De la historia, de nuestra herencia cultural, de las religiones. Así por ejemplo, en el cristianismo, una de las cosas que choca con el punto de vista más científico de hoy en día es lo de los milagros: de Jesús se dice en la biblia, por ejemplo, que caminaba sobre las aguas.

Además del (in)oportuno acto de fe que tradicionalmente se ha requerido, no es difícil imaginar explicaciones cabales para encajar con nuestra experiencia de la realidad esa afirmación.

Pero es que tal vez ni siquiera sea necesario y baste sólo con tener memoria, o un poco de la cultura de aquellos que legaron tal mensaje.

Porque si uno conoce un poco la mitología griega, es posible que advierta que ese rasgo de “caminar sobre las olas” también le era atribuido al mítico Orión, el cazador, que tiene su propia constelación en el firmamento.

Cuyo cinturón, formado por estrellas, suele ser conocido como “los tres reyes”. Como los tres reyes magos de oriente que avisaron a Herodes, hecho que dio lugar a la matanza de los inocentes, según cuenta la tradición y por estas latitudes rememoramos cada año. Otra vez Orión.

Y aún una vez más, cuando huyen para eludir la persecución de Herodes, lo hacen hacia Egipto.

Donde existen tres grandes pirámides cuya alineación, según advirtió Bauval ya hace algunas décadas, coincidiría precisamente con el cinturón de... Orión.

Tal vez esto por sí solo no diga demasiado, pero con el contexto apropiado queda en seguida muy lejos de la casualidad. Uno venía buscando el stargate de Jerusalén y el origen de tanta disputa geopolítica y termina por dar con el “portal de belén”, el templo de Salomón y la cúpula de la roca, precisamente el lugar desde donde Mahoma “ascendió al cielo”. No sé. ¿A Orión?

Pero, qué significa en realidad la palabra Orión, no está tan claro como lo que designa. Unos sugieren la voz Uru Anna, que no se recoge como acadia por lo que he podido consultar pero provendría de mesopotamia, significando la luz del cielo. Otros sugieren “urios”, término griego para la orina y asociado a cierto mito sobre su nacimiento. En él, tres dioses griegos (¿reyes, magos?) habrían miccionado sobre la piel de un cordero (que se desconoce si era virgen) insuflando vida en ello y dando un hijo a un señor mayor que les resultó simpático, un tal Hyereus o Hyria, en, algunos dicen, Beocia .

Estrabón apunta en cambio al término “oros”, que vendría a significar montaña, significando “aquél que habita en la montaña”. Lo que se hace bastante obvio es que el nombre que hoy le damos a las estrellas que forman dicha constelación proviene del árabe, llamándose ésta Al-ğawzā. La nuez. Tal vez en el sentido que también se le da de “la de enmedio”, quizás como núcleo. Y bueno, qué duda cabe que ahí parece estar el “meollo” de la cuestión, palabra ésta que en principio nada tendría que ver con micción alguna. Lo que parece claro es que ciettos relatos legados parecen a ojos de hoy demasiado extraños como para no encerrar ningún valor simbólico.

La clave Orión

Tal vez no hayamos interpretado bien algunas cosas. De la historia, de nuestra herencia cultural, de las religiones. Así por ejemplo, en el cristianismo, una de las cosas que choca con el punto de vista más científico de hoy en día es lo de los milagros: de Jesús se dice en la biblia, por ejemplo, que caminaba sobre las aguas.

Además del (in)oportuno acto de fe que tradicionalmente se ha requerido, no es difícil imaginar explicaciones cabales para encajar con nuestra experiencia de la realidad esa afirmación.

Pero es que tal vez ni siquiera sea necesario y baste sólo con tener memoria, o un poco de la cultura de aquellos que legaron tal mensaje.

Porque si uno conoce un poco la mitología griega, es posible que advierta que ese rasgo de “caminar sobre las olas” también le era atribuido al mítico Orión, el cazador, que tiene su propia constelación en el firmamento.

Cuyo cinturón, formado por estrellas, suele ser conocido como “los tres reyes”. Como los tres reyes magos de oriente que avisaron a Herodes, hecho que dio lugar a la matanza de los inocentes, según cuenta la tradición y por estas latitudes rememoramos cada año. Otra vez Orión.

Y aún una vez más, cuando huyen para eludir la persecución de Herodes, lo hacen hacia Egipto.

Donde existen tres grandes pirámides cuya alineación, según advirtió Bauval ya hace algunas décadas, coincidiría precisamente con el cinturón de... Orión.

Tal vez esto por sí solo no diga demasiado, pero con el contexto apropiado queda en seguida muy lejos de la casualidad. Uno venía buscando el stargate de Jerusalén y el origen de tanta disputa geopolítica y termina por dar con el “portal de belén”, el templo de Salomón y la cúpula de la roca, precisamente el lugar desde donde Mahoma “ascendió al cielo”. No sé. ¿A Orión?

Pero qué significa en realidad la palabra Orión, no está tan claro como lo que designa. Unos sugieren la voz Uru Anna, que no se recoge como acadia por lo que he podido consultar pero dicen provendría de mesopotamia, significando la luz del cielo. Otros sugieren “urios”, término griego para la orina y asociado a cierto mito sobre su nacimiento. En él, tres dioses griegos (¿reyes, magos?) habrían miccionado sobre la piel de un cordero (que se desconoce si era virgen) insuflando vida en ello y dando un hijo a un señor mayor que les resultó simpático, un tal Hyereus o Hyria, en, algunos dicen, Beocia .

Estrabón apunta en cambio al término “oros”, que vendría a significar montaña, significando “aquél que habita en la montaña”. Lo que se hace bastante obvio es que el nombre que hoy le damos a las estrellas que forman dichas constelación proviene del árabe, llamándose ésta Al-ğawzā. La nuez. Tal vez en el sentido que también se le da de “la de en medio”, quizás como núcleo. Y bueno, qué duda cabe que ahí parece estar el “meollo” de la cuestión, palabra ésta que en principio nada tendría que ver con micción alguna. Lo que parece claro es que ciertos relatos legados parecen a ojos de hoy demasiado extraños como para no encerrar ningún valor simbólico.

El portal de Belén



El cuento lo conocemos todos y no lo entiende nadie. Igual es porque no es exactamente como se ha contado. Sin embargo es un estampa que rememoramos cada año. San José, la virgen (ya empezamos mal), el “niño”, los animales, a la postre de trabajo, a los lados y una estrella con una cola curva sobre ellos. Y le llaman portal. Un portal, vamos, lo que viene siendo un portal.

Que a ver, en realidad se representa como un establo, pero… portal se le llama. Pero cuidado, que es que además los tres reyes magos luego avisarían a Herodes. Veremos.

La historia no es tan rara a no ser que escrutemos detalles en los que se ha insistido hasta la ridiculez, se diría, quizás no sin razón: el hijo de una virgen. Vaya bola curva, ¿no?

Yo soy un tío sencillo, intento tener la mente abierta, pero así a primer vistazo, o no era virgen o no era su hijo. Lo primero es motivo de chascarrillo, lo segundo no se lo he oído a nadie nunca mencionar.

Y es extraño viajar sin medios y con un presunto recién nacido a Egipto, que es donde se dice que Jesús pasó su juventud. Tal vez con otras piezas que no encajan podamos situar mejor ésta, porque lo de los tres reyes magos avisando a Herodes pues hombre, tampoco es un martes cualquiera.

A quien le hablen de tres reyes y no conozca la tradición cristiana tal vez pueda reparar en que es como se conoce, desde hace vaya usted a saber cuánto, a los tres astros que forman el cinturón de la constelación de Orión, el cazador. El hecho de que, precisamente en Egipto, se hallen las tres grandes pirámides que Bauval identificó como alineadas con esos “tres reyes” del firmamento debe ser pura casualidad.

Pero hay más, hay una estrella más. La llamada “estrella de Belén” siempre situada sobre el “portal de Belén”. Uno en principio espera ver representado un cometa o semejante con la cola recta, aunque hay casos para todo. Pero a ver si va a ser otra cosa, porque es otro rasgo persistente: esa curvatura.

A estas alturas no es difícil empezar a atar cabos, aún a riesgo de patinar.

Pero si, por cualquier motivo, se aparece un niño en un pajar, a una pareja que vaya a saber usted qué estaría haciendo, seguramente alimentado a las bestias, pues puede ser una situación complicada, más si al gobernante de turno le da por matar a los infantes.

Lo bastante para, hasta sin recursos, desplazarse lejos huyendo de preguntas incómodas. En los pueblos se sabe todo, y un embarazo, más. Lo raro es que aparezca un niño sin embarazo (aparente), aunque también puede pasar. Y si apareciera, no sé, digamos con tres años, más raro sería aún.

Cabe mencionar que actualmente se piensa que Jesús habría nacido en entre el año 6 y 4… antes de Cristo. Imposible de justificar y, bueno, desde cierto punto de vista sí sería el hijo de una virgen. Claro que, habiéndolo hallado en un pajar yo no me ceñiría al sentido literal del término.

Bromas aparte, existe un evangelio apócrifo, conocido como el de “pseudo-Mateo”, que se atribuye al propio evangelista pero no habría traducido del hebreo. En él se narra el episodio, entre otros. Lo que se propone es una lectura en clave simbólica que estaría camuflada bajo un relato de acontecimientos.

Y a quien no le guste mi explicación siempre puede quedarse con la tradicional “obra del espíritu santo”. ¿Una paloma, eh? El revoloteo de alas que debieron escuchar en el pajar, claro. No vienen niños de Orión cada día, en principio. A ver si la luz curva no estaba en el cielo y quiere representar, a la manera que lo podía explicar la gente de aquellos tiempos, algún tipo de… ¿portal? Y si me tomo un poco más de tiempo igual te saco hasta de cual de las tres, pero supongo que no es lo más relevante.

¿Ah, que no sabías que Jesús vino en un “platillo volante”? Pues colega, lo de “mi reino no es de este mundo” no digo yo que lo aclare todo, pero alguna pista da. O portal, vamos a dejarlo en portal.

Desde luego hay más incógnitas que certezas, pero qué duda cabe que las claves está ahí. Para quien sepa leerlas. Y esté lo bastante libre de complejos para pensar al margen del dictado pero sin dejar de prestarle atención. Quizás había animales o quizás sólo representan fuerza, quién sabe. O quizás el establo es consecuencia del pesebre y el pesebre representa algo que no se entendió bien, ¿una cuna?

No sería la primera vez que un niño se cae al recinto de los osos polares, claro que no de tan alto como desde Orión. O podría tratarse de un enviado, pero no parece que aquellos que organizaron la sociedad que construyó las pirámides tengan mucha prisa por volver, y tal vez mejor. Demasiados flagelos para mi gusto.

Sea como fuere, la cosa no se puede decir que acabara bien. Nada bien. De hecho se diría que jodidamente mal, claro que uno ya no sabe que versión del cuento creerse. Que judas hubiera besado a otro explicaría de forma muy simple la resurrección y tal vez fuera esa su traición, culpa que no habría soportado viendo el desenlace, quién sabe. Eso abre la pregunta de a quién cojones crucificaron y explica en parte que fuera Barrabás el indultado.

Hay toda un línea narrativa que habla de un posterior viaje hacia oriente, quién sabe. En tiempos recientes el poder hegemónico de la sociedad insistía en meternos con embudo el dogma de la santa trinidad. En tiempos más recientes (los equilibrios de poder cambian) se ha pasado prácticamente a la negación absoluta del relato. Pásese usted 2000 años haciendo iglesias para esto.

Pero qué duda cabe que hemos prosperado, hemos pasado de campo de trabajo y burdel a zoológico. O quién sabe, tal vez tengamos montado aquí un desastre tal que conmueva hasta a los mismos dioses.

Lo curioso del caso es que yo, como cualquiera sensato, pensaba que el portal estelar (stargate) estaba en Jerusalén, en el supuesto templo de Salomón, bajo lo que vendría a ser hoy la explanada de las mezquitas o por ahí, bajo la cúpula de la roca, no en un establo de Belén. Así que supongo que debe ser simbólico.

Sería buen momento para que aquellos que saben, por lo menos lo que les han legado, empiecen a hablar en lugar de tenernos deduciendo, sin duda van a quedar peor retratados si la historia la cuentan otros. Y de una forma u otra será contada.

Cojamos una historia al azar, por ejemplo, la de la saga Stargate: nunca será la misma historia que si la contara, por ejemplo, Ra, aunque narre los mismos hechos.

Pero bueno, dado el entendimiento del que hacemos gala, podemos cagarnos en la santa sede, pero al final el caso es que el chaval habría “nacido” de una “virgen” en un “portal” de “Belén”. Más o menos. Desde cierto punto de vista, que decía Obi Wan.

¿No sería María una de las sacerdotisas del templo? (Sí, según el mencionado apócrifo, además se diría que la más "pelota" de todas) Porque lo que es seguro es que si hay palomas, hay mierda que limpiar. ¿Quién no se ha llevado a su pareja alguna vez al trabajo estando solos? ¿O quién no se ha llevado alguna vez el trabajo a casa? A saber.

Y por el otro lado, Stargate no puede presumir de ser el pináculo del CGI, pero si tal cosa como la representada existiera, debería ser sin duda fascinante, como lo es la física que no se ha contemplado jamás antes, como un arco eléctrico por ejemplo, un nuevo fuego. Tal vez lo bastante llamativa para seducir a un pequeño infante despreocupado. Siendo así, lo que sobraría es la cuna-pesebre, o tal vez cayera en uno, a saber para que podrían usar en tiempos aquello. Debería ser bastante aparatoso si ni los persas, ni los romanos, ni los templarios se lo llevaron consigo.

Y, exista realmente o no, explica un poco el follón que hay montado en Palestina. O quizás es mucho más complejo y los “tres reyes” de Orión...¿te? fueron los que avisaron a Herodes de los ¿planes? de un tercero dando lugar a la matanza de los inocentes. Eso parece tener más sentido. Pero a su vez se supone que son los mismos que alertaron a María y José. Difícil de decir es. La cosa habría empezado aún peor de lo que acabó, y así se suele justificar la huida a Egipto, de la noche a la mañana, pero dos años después del nacimiento. Cuanto menos curioso, algo parece no encajar del todo ahí.

De lo que no hay duda es que lo de los tres reyes no puede ser casualidad. Los tres reyes, magos. De Orión. Oro, incienso y mirra. El evangelio canónico ni siquiera afirma que fueran tres ni que fueran reyes, sólo se refiere a ellos como “los magos” “de Oriente”. De alguna manera la impresión que da es que el relato hubiera ido construyéndose con el tiempo.

Y sea como fuere, huyen precisamente a Egipto, donde según la tradición judía fueron esclavos. Y precisamente desde Jerusalén (o Belén que está al lado), lugar donde según la tradición judía reposaba el “arca de la alianza”, en el sancta santorum del templo. Pero oiga, de portales no nos habían dicho nada, y el arca presumiblemente se la llevaron los persas y cuentan que estaría en Etiopía, a saber. Esperemos que no quieran hacer de Eritrea otro Israel. Desde luego se diría que el arca les interesa bastante menos.

Total, que sacamos poco en claro, ¿no? Al menos algunas ideas, algunos puntos que ir uniendo, una pequeña constelación. Pero lo que a nadie puede sorprender es que al final quizás no fuera hijo (en el sentido biológico) de una virgen. Otras explicaciones cabrían, pero lo cierto es que ya olía raro.

Lo que empieza a hacerse evidente es que la clave de nuestros orígenes se hallaría en Orión.

Y, curiosamente, tenemos una rica tradición griega en la que Orión es un personaje, con el curioso don de “caminar sobre las olas como sobre la tierra”. ¿Es posible que tal “milagro” deba leerse en clave simbólica como una suerte de referencia? Anda, si caminaba sobre las aguas: como Orión.

E intentó violar a las Pléyades, a saber. Toda esta cosmogonía mitológica bien podría ser un cierto intento de transmitir algunas ideas, más o menos cifradas sobre lo que hoy se viene a conocer como “exopolítica”, que nadie sabe de donde sale, quizás de alguna fantasía perturbada, pero estar, ahí está.

Pero centrémonos: Jerusalén. El pacto de Abraham, el templo, el arca. Que se perdió. Y al cabo de los siglos, unos 500 años… mismo sitio. Es una pena que la verdad haya quedado, bien bajo el secretismo, bien bajo el dogma, haciendo prácticamente imposible entender realmente nada.

Para algunos lo aquí expresado podría ser una completa herejía y los textos sagrados, sagrados son, y tal vez ni siquiera deben ser interpretados. Servidos de la razón y conociendo las obras del hombre, por muy imbuidas de los dioses que estén, en mi opinión deberíamos de partir de cierta suspicacia honesta.

Al final el Corán, entre otras muchas cosas, es fundamentalmente un crítica a los judíos por parte de sus vecinos señalándoles como habrían desatendido la fe en su propio dios. Y en él se reconoce implícitamente el pacto con Abraham. Pero el arca de la alianza desaparece y de Yavhé no se vuelve a saber. Y casi mejor porque se diría que tenía bastante mal carácter.

O bueno, no se vuelve a saber nada del tema hasta que unos 1500 años después del supuesto pacto, estamos con la historia del portal, que vaya usted a saber. Y aún hoy se supone que esperan una segunda venida, profecías, etc, etc. Tal vez cosas de tener a tonto loco junto o tal vez es que algunas cosas pasan.

Puede que la serie animada Rick & Morty no sea la mejor fuente científica, pero si hablamos de portales no hallaremos tampoco fuentes mucho más rigurosas. El problema es que los viajes en el tiempo, especialmente al pasado, carecen de sentido físico, pero los agujeros de gusano sí que tendrían soluciones matemáticas dentro del marco de la relatividad.

La cuestión es que en algún episodio, entre las muchas locuras que plantean, hacen referencia a un posible desfase temporal entre ambos lados de un portal, no en el sentido de viajes en el tiempo propiamente dicho si no en el de la dilatación temporal. Algo parecido a lo que vimos en Interstellar. No en vano el asesor científico de la peli, Kip Thorne, es tal vez el ¿especialista? más conocido en el tema.

La teoría dice que a medida que un cuerpo acelera, su experiencia del tiempo, comparada con la de otro cuerpo, vamos a decir “en reposo”, se vería ralentizada. En el film de Nolan se ejemplifica con Gargantúa, un enorme agujero negro, y de alguna manera se entendería que la velocidad orbital es a la postre función de la masa del cuerpo orbitado.

Y lo cierto es que si el fenómeno del agujero de gusano fuera algo más que unas soluciones que se desprenden de la relatividad, habría que tener en cuenta la dilatación temporal. Las estrellas en el cinturón de Orión se estima que son entre 16 y 40 veces más masivas que el sol.

Si la dilatación temporal fuera proporcional a la diferencia de masa podríamos establecer una ventana, para los 1500 años entre el pacto y la llegada de Jesús de entre 37 y 93 años. 37 Sería desde la del medio, la más brillante, Alnilam. Oiga, yo que sé, cosas más raras se han visto.

Explique usted a un indígena la electricidad y el teléfono móvil. Que nosotros usamos cada día.

Porque desde el paradigma actual estamos habituados a contar años luz. Si tales agujeros de gusano fueran posibles, y ojalá que lo sean porque si no estamos abrumadoramente aislados, la distancia ya no sería el factor determinante. Aunque a saber como se habrían de hacer tales ingenios. La cosa es que parece que alguien ya se habría tomado el trabajo, en este planeta en tiempos que ni la historia recuerda.

Y dicha tecnología, ya sea real o en potencia, de ésta u otra índole, estaría en el centro de las disputas geopolíticas presentes. De otro modo se hace imposible explicar tanta insensatez.

El número 37 se diría que es especial, más que el 75 o el 93, pero al fin y al cabo estaríamos contemplando el asunto sólo desde el punto de vista de órbitas terrestres.

En cualquier caso, por el conocimiento actual, sólo a Betelgeuse se le estima la posibilidad de albergar planetas y ni siquiera estaría confirmado ni forma parte de cinturón de Orión en sí. Quién sabe. Pero si tres indicios son una prueba, tres ejes dan una coordenada.

Que al cinturón de Orión se le conozca como “los tres reyes” es la primera.

Que el viaje fuera hacia Egipto, lugar donde se hallan precisamente las pirámides alineadas con el cinturón de Orión es la segunda.

Que Orión, en la mitología griega, tuviera la curiosa facultad de “caminar sobre las aguas”, que es una buena descripción de nadar para quien no tiene una palabra para ello, tampoco parece una coincidencia. Ésa es la tercera coordenada.

Y sin duda se trataría de un “milagro”, pero muy distinto al que se presenta en la literalidad del texto. De hecho parece una forma arcaica de cifrar información: ¿sabes quién caminaba también sobre las aguas? Y apunta a con el dedo a esa constelación, que es la primera que vemos al mirar al cielo desde el hemisferio norte: Orión. El relato apunta a Orión. Y los hechos precisos de la narrativa bien podrían estar subordinados al valor simbólico, ya sea en términos generales o en episodios concretos.

Rasgos así se han utilizado para negar cualquier relación con la realidad de tal narrativa, planteando que la figura mítica sería un constructo de rasgos y elementos previos. Y hasta cierto punto lo es, pero quizás por motivos muy distintos a los achacados. La clave es Orión.

Y quedan dos líneas que tal vez podrían a llegar a ser no excluyentes: el accidente y el plan maestro, quizás del karma.

Porque si uno tiene, digamos, un cadáver en el congelador, es un desastre que un niño lo abra por accidente. O quizás el universo está enviando un mensaje.

Porque digo yo que en 1500 años uno encuentra un momento para llamar. Y en 75 también, si es que la dilatación temporal respondiera al criterio propuesto. A buen seguro los dioses están muy ocupados, qué duda cabe. Ya sabes por qué no les has visto el pelo. Eso unos, y la clandestinidad los otros. Y, a ver, tiene sentido, digamos que nadie se acerca tanto a la hoguera de motu proprio. Pero son los ladrones los que se mueven en las sombras.

Aunque por otro lado, a los ojos del mundo, lo que define al criminal o al héroe es la victoria o la derrota, al final es una vulgar cuestión de poder. Llaman pirata al que tiene un barco y al que tiene un flota, conquistador.

Uno de los aspectos interesantes de la idea de karma es que reúne el tan humano accidente con una suerte de plan maestro trascendental. O quizás sea a la postre sólo mera superstición, ignorancia. Acerca de las causas reales últimas. En esas tinieblas estamos. Tal vez incluso viendo fantasmas.

Quién sabe, tal vez el “accidente” hubiera llevado a ordenar un poco el congelador. Al final esto es un desmadre absoluto, 8000 millones de personas cada una tirando para lo suyo, pero lo cierto es que, en líneas generales, todo se controla tirando de unos pocos hilos. Pero nos hemos ido muy lejos del portal de Belén. Que al final era un portal, oye.


jueves, 6 de marzo de 2025

Templarios (Sobre la muerte de Jacques de Molay)

Paradójicamente la que nos suele llegar es la versión "templaria", lo que hace obvio que la orden no fue "borrada de la tierra" si no que pasó a la clandestinidad.

Cabría preguntarse cómo los "pobres compañeros de Cristo", que iban dos en un caballo, pasaron a tener en la palma de su mano a las monarquías europeas. Yo para estas cosas me fío de Balzac (detrás de cada gran fortuna...).

Al parecer estarían relacionados con la creación de la banca moderna, en prácticas más asociadas en principio a la tradición judía (usura) que vaya usted a saber dónde aprendieron y qué era aquello que chocheaba Franco acerca de la conspiración judeo-masónica.

Pero "templarios" no es el nombre oficial, sino una suerte de "apodo" por resultar responsables de la custodia del templo en tierra santa, eso es Jerusalén (y la que hay ahí liada todavía, casualidades de la vida). Y cuenta la "leyenda" que algo encontraron en el templo y presumiblemente se quedaron para sí mismos, que explicaría en parte su meteórico ascenso y estaría relacionado con el descubrimiento del "nuevo mundo". Cuentan que las carabelas de Colón llevaban aquellas enormes cruces porque los nativos ya conocían el símbolo.

 

Así que el pobre mártir que nos describe este artículo es posiblemente responsable, por vía herencia, del mayor robo de patrimonio de la humanidad en la historia (más o menos) conocida. Y siendo así las cosas, digo yo, bien quemado está. Lo jodido es poderlo quemar sólo una vez.

Y si lo anterior puede parecerle a alguien ofensivo, más ofensiva es la corriente que han promovido de negar la existencia del tío aquel que crucificaron, más sabiendo que ahí está el meollo de la cuestión.

Porque el tema es que aún estamos lidiando con sus "pobrecitos y perseguidos herederos", en forma de cierta tradición masónica controlada inteligentemente por una élite, judía para más señas, distribuida en distintos entramados de sociedades más o menos secretas (lo de skull & bones ya lo conoce todo el mundo) que desde entonces se volcaron en follarse a iglesia y monarquía, y no les va mal. Así que entre hijos de puta anda el juego.

Pero ya si te digo que tanto el papel del régimen nazi, la fundación de Israel y el presente conflicto de Crimea son capítulos de la misma desastrosa historia de intrigas, avaricia e ignorancia, supongo que te acabas de quedar con el culo torcido.

Lo que sí queda claro es que la historia cambia mucho según quien la cuente, porque cuando la cuentan "ellos" parece que a este buen señor lo quemaran un día que paseaba por allí despistado.

No sólo traicionaron a quienes les encomendaron la "protección" del templo (la santa sede, otro nido de víboras) y se sirvieron de su posición para su lucro personal, si no que lo que el mundo ha visto después han sido siglos de esclavitud y genocidio, herramientas de las que se han valido y se siguen valiendo sin ningún pudor.

Y por eso nada de esto se ha podido hacer público aunque les guste dejar su impronta aquí y allá, al estilo del psicópata que guarda trofeos de sus víctimas, como toda la mierda de simbología que puedes encontrar en el reverso del billete de dólar.

Un despropósito y una vergüenza para la humanidad. De la iglesia y las monarquías supongo que no hace falta ni hablar, su historia es bastante mejor conocida.

Si los templarios hubieran sido japoneses, otro gallo nos cantaría. Porque lo primero que hubiera pensado un japonés es "eso no es mío". Ellos llevan 700 años sin darse cuenta. Más grave es escindir a la humanidad en una suerte de casta secreta dominante. Los mediocres sólo pueden sentirse superiores rebajando al resto.

Y está bien contarlo porque estas mierdas no se las dice nadie y se dedican con toda probabilidad a pajearse entre ellos: oh, qué injusticia, mira lo que le hicieron al gran maestre y qué gran hombre que era... traidores, ladrones y usureros. Por otro lado, para cazar a un monstruo...

En fin, ¿templarios, decías?



viernes, 28 de febrero de 2025

Las redes sociales y el pensamiento único

Vale la pena comentarlo porque en un principio se ha vendido siempre como lo contrario: internet y sus plataformas como un lugar de libre intercambio de ideas donde todo el mundo se puede expresar y aprender del resto.


Quizás en algún momento pudo ser algo parecido, pero hace mucho que no es así, y de hecho juega el papel exactamente opuesto. Son medios de incomunicación, literalmente. Te levantas y lo primero que haces es poner la tele, la radio o mirar el móvil. Enciendes la lobotomía para sumergirte en una realidad que no existe y diseñada para dirigirte a donde quieran que vayas. Se podría decir que nos manipulan, pero parece más apropiado afirmar que nos pastorean.


Al final youtube es la nueva televisión, muchos canales, con la falsa impresión de poder elegir cuando en realidad sólo escoges entre la limitadísima oferta que plantean. Y ni siquiera tienen que diseñar un contenido específico, simplemente escoger lo que les interesa de entre la amplísima oferta real. Lo que no interesa no es que se censure, es que se hace que no exista. Lo cual acentúa aún más la diferencia en medios (de producción, al final, el análisis ya lo hizo Marx) en una efecto que se retroalimenta. 


El papel de plataforma neutral citado en el primer párrafo es tan incompatible con el diseño de las redes sociales como con su modelo económico, no es nada que pueda sorprender mucho a estas alturas.


Luego, el hecho es que nos pasamos el día enchufados al NO-DO, aquel “noticiero universal” franquista, o a su equivalente de este siglo. Cosa que, hablando de una red, resuena de forma bastante divertida. Al final da igual que esté bajo un control público o privado, lo determinante son los objetivos y los medios empleados. El fin y los medios. La realidad es lo que queda cuando apagas la televisión y dejas de mirar lo que a la postre no es más que una pared. Un espejo negro. Un espejo de feria que devuelve una caricatura de la realidad en manos del mejor postor.


Natural que, siendo así las cosas, la mitad de la población llegue incluso a votar contra sus intereses de clase. La cuestión es que no se puede ganar en un juego amañado. Y lo más triste es que para la mayoría de los de abajo el único objetivo es estar arriba, nunca subvertir las reglas del juego. Es ese tipo de corrupción, más difícil de eludir que un perfume. Esa gran mierda perfumada. Tal vez la manera de, ya no ganar, sino de no perder, es no tomar parte en el juego. No tiene sentido tomar parte en una "conversación" en la que no puedes hablar. El hecho es que nunca fue una conversación.


No sólo vivimos sumergidos en un universo de entretenimiento que nos lobotomiza, pagamos por ello. Somos completamente adictos. Es el soma de Huxley en formato audiovisual. No sólo nos acabaron implantando el famoso microchip de los conspiranoicos, nosotros mismos pagamos la cuota de conexión religiosamente. Pagamos la cuerda con la que nos cuelgan.


Bien incomunicados entre jornada y jornada laboral, no hay mucho más objetivo. Y sostener un relato que hace aguas por tantos lados, en el que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia y sigue existiendo, por supuesto, un monopolio del conocimiento: historia, economía, incluso la física. Hasta los números, bajo tortura, “confiesan” la “verdad” precisa.


Así que no es sólo que las redes sociales promuevan el pensamiento único, es que ese pensamiento único es una mentira consciente y con la voluntad clara de mantener a la gente incomunicada en su ignorancia, por más que aquellos que forman parte de los engranajes que articulan el aparato de desinformación no tengan siquiera la menor idea de ello. Y al que bien se le paga, pues menos interés tiene en encontrar las respuestas a problemas que ni siquiera son directamente suyos, por supuesto. Y supongo que no hay mucho más que decir, bienvenidos al NODO, ésa es la Matrix. Al menos que sepas por donde caminas.

 


 

lunes, 24 de febrero de 2025

De la gravedad oscura, la densidad y la fuerza de Arquímedes: eureka?

Partiendo de las ideas vertidas aquí: https://www.meneame.net/m/Los12monos/teoria-todo-cuestion-ontologica

Donde, resumidamente, se asume que la gravedad es a fin de cuentas un fenómeno emergente que procede de la interacción electromagnética. Hay una conclusión inevitable de lo planteado, y no precisamente menor, en la que acabo de reparar:

Si realmente la gravedad se tratara de magnetismo, tal como se propone, debería verse afectada por la temperatura. Así que resulta posible falsar tal premisa.

El principio es bien conocido y se puede sintetizar en el llamado “péndulo de Curie”:

https://youtube.com/shorts/bKRoMMJkU1s?si=gZDpjBa0OnBEKoIZ

A mayor temperatura, menor efecto magnético.

La razón de ello podría encajar bastante bien con lo interpretado en el artículo anterior. Sabiendo que el calor es a la postre movimiento de las partículas que forman un cuerpo dado, bajo el punto de vista geométrico tiene mucho sentido que el flujo del medio (espacio) que se plantea como origen del fenómeno magnético, se vea entorpecido, encuentre una resistencia en función de la temperatura. O sea, del movimiento de esas partículas. Geometría.

Y decía que el principio es bien conocido ya que en asuntos de superconductividad, y recordemos que eso es la menor resistencia posible, es práctica habitual enfriar los materiales hasta temperaturas cercanas al cero absoluto. Luego, existe una relación de proporcionalidad directa entre calor y resistencia.

Y para el caso que nos ocupa, el de la interacción gravitatoria, la relación con la temperatura abre la puerta a contrastarlo con la teoría imperante.

Si los vemos por ejemplo desde la cosmología, nos hallamos con el problema de la materia oscura que bajo la interpretación actual supone aproximadamente un 95% de materia que no vemos.

Hace poco veía como Neil deGrasse comentaba que sería una expresión más correcta, para no caer en asunciones infundadas, llamarlo “gravedad oscura”.

Si lo que conocemos como “constante gravitatoria” no fuera constante en absoluto si no dependiente de la temperatura, podría explicar como en los bordes externos de las galaxias, que deberían ser las zonas más frías, se halla más gravedad de la esperada.

Es conocido también que hay diferencias gravimétricas a lo largo de la superficie. En el contexto de la atmósfera, también la altura juega un papel. La gravedad al final sería resultado de diversos efectos cruzados antes que un número mágico y universal.

Y, seguramente, dentro de nuestro contexto, pueda resultar lo bastante preciso para arrojar predicciones, pero en los extremos debería mostrar desviaciones importantes.

Por ejemplo, las estrellas deberían experimentar una gravedad mucho menor de la prevista dadas las altas temperaturas, o ser las zonas frías del cosmos mucho más sensibles al fenómeno.

El modelo estelar en un principio encaja mejor que el modelo cosmológico, así que seguramente nuestra estimación esté más cerca de ese primero. El problema es que muchas estimaciones y cálculos incorporan G, está completamente engarzada en el modelo, por lo que puede ser difícil buscar elementos de contraste.

A buen seguro muchas de nuestras estimaciones actuales presentan importantes desvíos que deberían corregirse.

Y es posible que pueda explicar los 50 microgramos perdidos del kilo de París y tal vez servir incluso para ejemplificar el cambio climático:

https://www.elindependiente.com/futuro/2018/11/16/tras-130-anos-la-ciencia-dice-adios-al-kilogramo-original/

Ya hace un tiempo escribía sobre la gravedad valorando la posibilidad de que no fuera constante en el tiempo. Es posible que no sea constante ni siquiera a diferentes temperaturas.

Y si es posible demostrar cómo el calor afecta a la gravedad, tal vez haya que valorar obligatoriamente las premisas que han conducido a tal conclusión.

Y volver al abandonado modelo del universo eléctrico, tras denostar el viejo “deus ex maquina”, asumir que Maxwell tenía razón cuando pensaba en un medio donde el fenómeno eléctrico se expresaba y que Faraday estaba en lo cierto cuando previó la unificación de fuerzas.

Einstein y Tesla intercambiaron ideas interesantes al respecto. Einstein sugirió que el espacio se curva. Tesla observó que si ser curva, no pueder ser el vacío, la nada, pues tiene propiedades. Y ya hace mucho más que Parménides avisó que “sólo la nada puede no ser”.

Y a hombros de gigantes, en palabras de Newton, es como se llega a la conclusión de que la gravedad no es si no electromagnetismo parcialmente autocancelado y que muestra de ello es la afectación común en función de la temperatura.

El fenómeno de que los cuerpos calientes pesen menos que un cuerpo idéntico a menor temperatura se atribuye a la “fuerza de Arquímedes” que, casualmente, surge sólo en presencia de la gravedad. Y la fórmula que determina tal fuerza por supuesto incluye G:

F = ρgV

Donde F es la llamada fuerza de Arquímedes, ρ es la densidad del medio; g es la aceleración de la gravedad; V es el volumen del líquido (gas) desplazado por el cuerpo o sumergido por él.

https://es.scienceforming.com/10726375-archimedean-force-what-does-it-mean

Luego, según la fórmula expuesta G es proporcional a F, lo que tiene sentido según el principio de acción reacción, tercera ley de Newton. La fórmula no nos habla directamente de temperatura, pero nos habla de densidad, que indirectamente implica la temperatura y se nos dice que éas es la razón de una mayor flotabilidad en aguas más frías, esa mayor densidad.

Y si vemos la fórmula de la densidad, tampoco nos habla directamente de temperatura, nos habla de masa y volumen.

d= m/V

Sabemos bien que la temperatura afecta a ambas, así que de alguna manera ya se está incorporando la temperatura al cálculo sin advertirlo explícitamente, por lo que la fórmula funciona pero sin entender realmente el fenómeno subyacente y el papel que la gravedad tienen en él.

Parte de los efectos atribuidos a la densidad se deberían a variaciones de la interacción electromagnética-gravitatoria.

Los cuerpos calientes pesan menos (no confundir con el cálculo de la masa), en parte porque el calor debilita la interacción electromagnética que es la gravedad.

Si la fuerza de Arquímedes se atribuye a la dinámica de fluidos, comprendiendo también los gases de la atmósfera, bastaría con hacer la prueba en el vacío: si los cuerpos calientes siguen pesando menos en ese entorno, el medio con el que están interactuando no es ni el agua líquida de la bañera de Arquímedes ni el gas de la atmósfera, si no el tejido del espacio mismo que tiempo ha vino a llamarse éter. Y estaríamos probando que la gravedad está muy lejos de ser en realidad constante, con efectos en todo lugar donde se halle esa G de forma apreciable, que no son pocos. Eureka?


viernes, 21 de febrero de 2025

Los dioses mienten

Desde el pensamiento moderno se suele contemplar la idea de que las religiones, de un modo u otro nos han engañado. Otros siguen hallando ahí su verdad. Sin entrar en esa discusión, hay otra posibilidad de la que jamás se oye hablar: que fueran los dioses quienes han engañado a los hombres.

Si uno observa las diferentes tradiciones culturales del globo, apreciará detalles, se diría, caprichosos, a primera vista.

Así en la región del mediterráneo oriental y oriente medio, tanto en la cultura musulmana como judía, se proscribe el consumo de carne de cerdo. En una latitud bien apartada, en la india, el consumo de carne que está vetado es el de ternera. Todo ello vinculado a la religión, que de algún modo son las pautas dadas por dios a los hombres, presuntamente.

Lo que cabría preguntarse es qué lógica hay detrás de ello. No es difícil advertir que, de tratarse de algún tipo de planificación coordinada respondería a una lógica de diversificación, idéntica a la que se emplea en el ámbito financiero, entre muchos otros. Así, si alguna enfermedad de ganado se trasmitiera a la población, por ejemplo a través de la carne de cerdo, allí donde no lo comen quedarían exentos. Otros credos plantean directamente opciones veganas como el jainismo.

Asumiendo de nuevo la posibilidad de esa estrategia coordinada en los mensajes dados por los dioses a los hombres, sorprende la cuestión de las lenguas. Lo razonable en favor de una integración global sería dotarlos de una única lengua. En cambio sólo en la zona de oriente medio tenemos la raíz fenicia, que recuerda a runas nórdicas y que deriva en arameo y hebreo, la cuneiforme procedente de Babilonia y los jeroglíficos egipcios. Un poco en la línea del mito de la torre de Babel donde dios confunde a la gentes haciéndoles hablar diferentes lenguas.

Y es curioso porque, por poca movilidad que hubiera existido en la zona sería de esperar una mayor sinergia y similitudes. Sin embargo lo que vemos en Egipto recuerda más a los mayas, al otro lado del Atlántico, que lo que hay a unos pocos kilómetros. Lo que sugiere que no existió contacto ni intercambio mientras se desarrollaron esos sistemas.

También determinados estilos de construcción en piedra, que es de lo poco que resta del pasado distante, aún habiendo sido utilizados a veces como canteras, parecen cruzar los océanos sin problemas.

Más tarde los griegos hicieron un esfuerzo en asemejar su cosmogonía teológica a la del antiguo Egipto, algo que posteriormente hicieron los romanos respecto a la cultura griega. Así, en tal cultura este dios tiene este nombre y en aquella aquel otro, pero son la misma identidad, antes del viaje hacia el monoteísmo.

Y hacían bien los griegos en mirar a Egipto porque al final las obras realizadas son de algún modo función del excedente que dicha cultura produce y por lo tanto también función de la calidad y cantidad de sus registros históricos. De Abydos, junto al Nilo, salió la lista de reyes que registra incluso el tiempo en que Egipto fue gobernado por dioses. Obviamente desde el pensamiento actual se interpreta en clave mitológica, por más que el resto del listado sea fundamentalmente correcto, una vez contrastado con otras fuentes. Algo parecido a lo que sucede con Platón y la Atlántida.

Tal vez en otras regiones lo que sucede es que no se conserva memoria, pero lo cierto es que hay otro tipo de testimonios. Y es que indagando en esa pretérita cultura megalítica global, ahondando en las raíces de esas tradiciones religiosas, acaba siendo imposible no ver una planificación común, y seguramente en interés de los planificadores y no de los planificados: tras las huellas de los dioses.

La biblia habla de un Edén, donde Adán y Eva moraban desnudos. Y no es sino tras morder la manzana del conocimiento, del árbol del centro del jardín, ofrecida por la serpiente, que les está explícitamente prohibida, que empiezan a cubrir sus cuerpos, entre otras consecuencias.

La ciencia de la evolución explica sencillamente que un buen día nos caímos del árbol. No en vano, para la ciencia, la aparición de la conciencia es un punto difuso como lo es la aparición de la vida en sí, incluso su propia definición.

Y ni siquiera digo que no sea así, pero tal vez habría que tener en consideración todos los testimonios, y sin duda no son muchos los que nos han llegados desde tiempos tan remotos.

Lo que las evidencias muestran es un proyecto planificado a escala global, con el denominador común del oro, cuya importancia en las diversas culturas es imposible de explicar por la función que desempeñaba en ellas. Así que podemos recapitular un poco y ver con qué tipo de dioses tratamos:

Sabemos que les gusta el oro, y dudo mucho que sea por una mera cuestión decorativa.

Que mientras gobernaron mantuvieron a varios grupos humanos más bien aislados.

Y que, asumida la planificación global, adoptaron distintos nombres en los diversos lugares.

No parecen prácticas guiadas por un sentido noble de transparencia. Todo lo contrario.

De hecho todo parece tener mucho más sentido si vemos al Adán no como un individuo, si no como una raza desprovista artificialmente de conciencia para el desarrollo de determinadas tareas.

Y, conociendo en algo al ser humano, no se me ocurre qué serpiente podría introducir en ella la semilla del conocimiento. Claro que, si el jardín del Edén fueran a la postre campos de trabajo, no parece que la versión de dios en esto sea demasiado clara.

Muy al contrario, recuerda un poco al inefable Hawass que nos dice por activa y por pasiva que no había esclavos en Egipto cuando está llenos de representaciones de látigos, que según él deben ser sin duda para espantar moscas.

Hay algunos elementos en Egipto que se repiten una y otra vez: el ankh, la vara con doble pico y empuñadura con cabeza de ave (donde yo no puedo evitar ver un pterodáctilo) y un bastón con forma de interrogante que ilustra muy bien el misterio. Porque sin duda algo de misterio hay en que ninguno de esos objetos representados hasta el hartazgo haya llegado hasta nuestros días más que en forma de representación, o por lo menos acerca de sus funciones.

Otro dato curioso que hallamos en la biblia es que dios hizo al hombre “a su imagen y semejanza”. Y, si damos por válidas las funciones hasta aquí planteadas para el diseño, cabe preguntarse qué interés podría haber detrás del hecho de que fuera tan a su imagen y semejanza. Eso unido a otros relatos como en el que los hijos de los dioses yacen con las hijas de los hombres nos da una idea de cuales podrían haber sido esas funciones.

Y analizando la sociedad contemporánea, no sorprende hallar que esto siga siendo un enorme burdel, tal vez es que los dioses que diseñaron al ser humano para la esclavitud a perpetuidad nunca se fueran expulsados y sigan, entre nosotros, esclavizando y violando a la humanidad sólo que de formas más sutiles. Tanto como para contarnos la historia explicando que el ser humano fue desterrado del paraíso por su pecado original, el de haber adquirido conciencia.

Qué duda cabe de que los dioses mienten.