sábado, 15 de agosto de 2026

Segunda lectura

   

Una de las ideas más útiles para comprender la historia de occidente, siempre a vuelo de pájaro, grosso modo, es que Roma es una reedición en muchos aspecto de la Grecia clásica. Que recibe de ahí su inspiración, una imitación, incluso una copia barata dirían algunos. Del mismo modo en que a veces se hace alusión al imperio romano para describir al poder hegemónico de nuestros días.

En cualquier caso, Grecia es la fuente de conocimiento original, en esa lectura. Pero tal vez podamos dar un paso más y aplicarle la misma óptica a la posición de Grecia. Solón, padre de la democracia ateniense y aquel que según Platón viajara a Sais a recibir conocimientos no hallados en Grecia, podría ser un buen punto de partida. También de Pitágoras se dice que viajó a Egipto.

Pitágoras, el de la teoría musical. No en vano, las combinaciones de una escala musical de doce “peldaños” con escalas de siete notas (o grados), que incluyen 5 tonos y dos semitonos, aún las llamamos “modos griegos”.

En el artículo anterior demostraba como esos modos griegos ya eran conocidos hace por lo menos 3600 años, lo que viene a ser un milenio antes. Están inscritos en una tablilla cuneiforme, en acadio, hallada en Nippur (Irak) que se piensa que es copia de otra del periodo paleobabilónico. Y supongo que sin saber de cuál anterior sería copia esa última o del origen de ese conocimiento.

Porque al final lo que estamos viendo una y otra vez reproducido en la historia es el papel de los monjes copistas en los monasterios medievales. La civilizaciones presentarían auges y declives, en los grandes intervalos de tiempo. Y la preservación de ese conocimiento anterior suele ir en paralelo a su investigación y la generación de “nuevo” conocimiento. Siempre en función de los recursos y de la pervivencia de las estructuras que los generan.

Lo de Grecia como fuente creadora del conocimiento nos funciona muy bien como base del paradigma que nos creamos, y dado que el conocimiento tiene sus límites, en algún lugar se ha de establecer el punto de origen. O no. Si somos conscientes de esas limitaciones (epistemológicas) tal vez en lugar de establecer un punto debiéramos fijar unos prudentes puntos suspensivos.

Y aquí enlazo con un trabajo anterior, referente a Gobekli Tepe, en el que se repara en la existencia de un calendario solar hace unos 11000 años del que, al parecer, ya no llegaron a tener conocimiento ni griegos ni romanos.

Sin embargo la serpiente de Kukulcán desciende puntualmente la escalera en cada equinoccio. Con su base cuadrangular y 91 peldaños por lado: 364. Mismo fenómeno equinoccial que sucede en la Gran Pirámide de Giza. Mucho mejor que el mero cómputo de lunas que da 354, poco más o menos lo que tenían griegos y romanos. Un severo desajuste que antes de que César cruzara el Rubicón (Julio es por él) era causa de mofa.

El conocimiento del que se vale la reforma del calendario que propugnó, a la postre es el que tenemos hoy, (salvo la pequeña revisión incorporada por el Vaticano) y procede del calendario solar egipcio, vía Alejandría.

Y Alejandría es sin duda el mejor ejemplo: El conocimiento no sólo se genera, se puede perder. Todos saben que es mucho más fácil destruir que construir.

Lo vengo diciendo hace tiempo: nuestra herencia “greco-romana”, es más bien poética, nosotros somos más parte de aquellos que llamaban bárbaros y destruyeron esos imperios.

Se dibuja casi como una constante en la historia, sólo con el, en realidad, breve lapso que podemos observar. Todos los sistemas (que no están en equilibrio, añado yo) llevan la semilla de su propia destrucción. O: el orden de hoy es el desorden de mañana.

La afirmación, correspondiente al ámbito político-económico, vista a través de la historia, adquiere atribuciones de ley física. En general, parece que quienes conocen el pasado no necesitan conocer el futuro.

Y esta otra afirmación, tal vez entre algo soberbia y algo enigmática, refleja un poco el eje de la nueva articulación que se está proponiendo: hay una segunda lectura de la historia cada vez más sólida que apunta a una fuente de conocimiento perdido. Desde ámbitos muy diversos, volvamos a enumerar:




Desde el legado Atlántico de Platón (1, Historia).

Pasando por la diversidad de construcciones megalíticas con patrones característicos: muros poligonales, pirámides, presentes alrededor de todo el globo (2, Arqueología).

Sumado a los escenarios de glaciaciones que proponen un cambio drástico hace 12000 años (3, Geología).

Teniendo en cuenta los “textos sagrados” o relato mítico y religioso que han llegado hasta nuestros días (4, Teología).
Sabiendo que la teoría musical vigente ya procedía de tablillas escritas en cuneiforme (5, Matemáticas)

Si además mucho antes de Roma ya existía un conocimiento exacto en Egipto de lo equinoccios, también en México (6, Atronomía)

Y existe evidencia del uso de electricidad más allá del redescubrimiento moderno: la desaparecida Pila de Bagdad (8, Ingeniería)

Así como se desprende la noción de las estructuras de poder del mundo que se procede con un cierto secretismo, elitismo y nepotismo (9, Geopolítica).

Y esto por citar sólo unas pocas, es imposible no llegar a la conclusión de que la historia es en realidad al revés de como se cuenta. No somos los faros de la civilización llevando la luz del conocimiento hacia las fronteras del infinito. Somos los que quemaron el faro y aún nos maravillamos con pedazos de vidrio que ni siquiera comprendemos. Bueno, tal vez el faro no. Pero la biblioteca sí. (Hablando de Alejandría).

O quizás ese “nosotros” deba ponerse bajo revisión y preguntarse si no hay otras fuerzas actuando en el mundo. Seguramente, mediante redes de humanos pero con intereses que en principio les serían impropios.

La evidencia, vista con la óptica adecuada, está en cualquier lugar: permea desde la estructura económica hacia la política. Al final lo que tenemos es un sistema de élites extractivas (10, Economía) que termina modelando la enseñanza a su conveniencia, y la ignorancia igual (11, Pedagogía), bajo un sistema de leyes que a la postre promueve su perpetuidad e impunidad (12, Derecho) a través del monopolio de la violencia que enseña a los demás a no ejercer (13, Militar).

Así, el conocimiento nace fragmentado desde su base, no sólo como estrategia de especialización si no limitando desde el principio cualquier posible visión de conjunto. No hay donde se enseñe formalmente nada acerca de “ufología” ni “conspiraciones”, en realidad suelen ser objeto de desprestigio, ya sea por errores propios, inducidos o directamente forzados. En resumen, el ser humano parece ser ayudado por su peor enemigo. Tal vez él mismo, está por ver.

Lo que a estas alturas resulta innegable es que cada vez es más difícil desprenderse de la noción de una civilización previa con conocimientos que apenas empezamos a descifrar y que colapsó a causa de algún tipo de cataclismo. A veces desperdigando ese conocimiento entre sociedades que apenas fueron capaces de preservarlo, otras usándolo para relacionarse con ellas con ventaja, y finalmente para dominarlas. Bienvenido al mundo post-atlántico.





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