lunes, 20 de julio de 2026

¿De nuevo el error antropocéntrico?

   

Cuando uno se interesa por la historia del pensamiento e incide en los errores cometidos, para tomar buena nota de ellos y no volverlos a cometer, el tipo autocéntrico resulta un tipo relevante.

Eurocentrismo para los europeos en la visión geopolítica, antropocentrismo para el ser humano intentando entender la existencia y el marco en el que se desarrolla. El ejemplo más rampante está en la discusión de la iglesia y Galileo acerca de quién gira alrededor de quién en el sistema solar.

Al final es la tierra la gira alrededor del sol y no al revés. Obvio, a estas alturas. Lo que no es tan obvio es el modo en que volvemos a caer en el mismo error.

Así, desde el enfoque de la cosmología moderna, lo que se advierte al mirar el firmamento es que existe un desplazamiento en el espectro de los astros en relación a la distancia: la ley de Hubble.

Tal fenómeno se asocia con el efecto Doppler, que reconoce como el desplazamiento entre emisor y receptor altera la onda. Se concluye por lo tanto que “todo se aleja”.

Sucede que, bien pensado, si todo se aleja de uno, cosa que así de entrada extraña, tal vez lo que esté sucediendo, por surrealista que resulte es que uno esté...encogiendo.

Ésa es la única manera lógica de distanciarse de todo a la vez: encoger. O, si uno lo que ver a la inversa y pensarse como la medida de todas las cosas, es todo el resto de elementos que presentan una “expansión”. Y por ese camino, de nuevo inadvertidamente desde el error antropocéntrico, llegamos a la expansión acelerada del cosmos, que viene a ser la interpretación más consensuada de lo que nos rodea.

A ello hay que sumar que la ley de Hubble abusa de la primera ley de newton presuponiendo que en distancias astronómicas y periodos de tiempo cosmológicos nada perturba las dinámicas de los cuerpos en el espacio. Porque la información que nos ofrece el firmamento es más antigua cuanto más profundo miramos.

Sucede con la ley de Hubble que es susceptible de ser interpretada de ambos modos debido a la falta real de información. Uno sabe la situación de una estrella a 1 millón de años luz hace un millón de años, no ahora. Es ampliamente conocido que algunas de la estrellas observadas ni siquiera existen ya más que en forma de la luz radiada, sin embargo no siempre se aplica tal noción de forma correcta a la hora de construir las lecturas .

Lo que realmente se puede garantizar por la observación de Hubble, que remite a una suerte de “burbuja”, es que en el pasado “la expansión” habría sido mayor. O, visto desde un punto de vista menos autocéntrico, ese surrealista encogimiento que no he escuchado a nadie plantear. Por más que enlaza con la relatividad de una forma casi preocupante: la dilatación temporal encaja perfectamente con un cambio de escala.

A una velocidad dada, si las cosas están más cerca, se alcanzan antes y si están más lejos se alcanzan después. ¿Podría ser que el desfase de los relojes de los satélites se debiera a una contracción física general? Lo que viene a ser un cambio de escala. La idea resulta extraña, casi sacada de una vieja novela de fantasía, pero lo cierto es que sobre el papel son nociones perfectamente intercambiables: espacio-tiempo.

Pero para asumir ese presupuesto, habría que aceptar que el radio del electrón presenta la propiedad de dilatar y contraer su radio en función del medio en el que se halla. Y la luz en nuestros días, aunque algunas rendijas parece que empiezan a asomar, sigue según muchos desplazándose por el “vacío”. ¿De nuevo el error antropocéntrico? Eppur si muove.



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