Cuando uno se interesa por la historia del pensamiento e incide en los errores cometidos, para tomar buena nota de ellos y no volverlos a cometer, el tipo autocéntrico resulta un tipo relevante.
Eurocentrismo para los europeos en la visión geopolítica, antropocentrismo para el ser humano intentando entender la existencia y el marco en el que se desarrolla. El ejemplo más rampante está en la discusión de la iglesia y Galileo acerca de quién gira alrededor de quién en el sistema solar.
Al final es la tierra la gira alrededor del sol y no al revés. Obvio, a estas alturas. Lo que no es tan obvio es el modo en que volvemos a caer en el mismo error.
Así, desde el enfoque de la cosmología moderna, lo que se advierte al mirar el firmamento es que existe un desplazamiento en el espectro de los astros en relación a la distancia: la ley de Hubble.
Tal fenómeno se asocia con el efecto Doppler, que reconoce como el desplazamiento entre emisor y receptor altera la onda. Se concluye por lo tanto que “todo se aleja”.
Sucede que, bien
pensado, si todo se aleja de uno, cosa que así de entrada extraña,
tal vez lo que esté sucediendo, por surrealista que resulte es que
uno esté...encogiendo.
Ésa es la única manera lógica
de distanciarse de todo a la vez: encoger. O, si uno lo que ver a la
inversa y pensarse como la medida de todas las cosas, es todo el
resto de elementos que presentan una “expansión”. Y por ese
camino, de nuevo inadvertidamente desde el error antropocéntrico,
llegamos a la expansión acelerada del cosmos, que viene a ser la
interpretación más consensuada de lo que nos rodea.
A
ello hay que sumar que la ley de Hubble abusa de la primera ley de
newton presuponiendo que en distancias astronómicas y periodos de
tiempo cosmológicos nada perturba las dinámicas de los cuerpos en
el espacio. Porque la información que nos ofrece el firmamento es
más antigua cuanto más profundo miramos.
Sucede con la ley de Hubble que es susceptible de ser interpretada de ambos modos debido a la falta real de información. Uno sabe la situación de una estrella a 1 millón de años luz hace un millón de años, no ahora. Es ampliamente conocido que algunas de la estrellas observadas ni siquiera existen ya más que en forma de la luz radiada, sin embargo no siempre se aplica tal noción de forma correcta a la hora de construir las lecturas .
Lo que realmente se
puede garantizar por la observación de Hubble, que remite a una
suerte de “burbuja”, es que en el pasado “la expansión”
habría sido mayor. O, visto desde un punto de vista menos
autocéntrico, ese surrealista encogimiento que no he escuchado a
nadie plantear. Por más que enlaza con la relatividad de una forma
casi preocupante: la dilatación temporal encaja perfectamente con un
cambio de escala.
A una velocidad dada, si las cosas están
más cerca, se alcanzan antes y si están más lejos se alcanzan
después. ¿Podría ser que el desfase de los relojes de los
satélites se debiera a una contracción física general? Lo que
viene a ser un cambio de escala. La idea resulta extraña, casi
sacada de una vieja novela de fantasía, pero lo cierto es que sobre
el papel son nociones perfectamente intercambiables: espacio-tiempo.
Pero para asumir ese
presupuesto, habría que aceptar que el radio del electrón presenta
la propiedad de dilatar y contraer su radio en función del medio en
el que se halla. Y la luz en nuestros días, aunque algunas rendijas
parece que empiezan a asomar, sigue según muchos desplazándose por
el “vacío”. ¿De nuevo el error antropocéntrico? Eppur si
muove.

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