miércoles, 26 de junio de 2024

Los intereses humanos

Qué locura pensar que estamos gobernados por extraterrestres. Es mucho más cabal pensar que estamos solos en el universo. Entre las infinitas estrellas.

Porque al final que una sociedad, que no será tan secreta, como la masonería, plante un obelisco ante cada centro de poder del mundo, cada órgano de gobierno, puede resultar hasta lógico.

Más oscuro si cabe es tratar de dilucidar los intereses que al final mueven los hilos de toda la estructura. Y si esos son los intereses de la humanidad, los intereses humanos.

Lo cierto es que el oro no está entre ellos, sin embargo es la moneda de cambio desde tiempos inmemoriales. Que los obeliscos tengan una relación directa con el antiguo Egipto tampoco debería dar que pensar a nadie.

Ni que no seamos capaces de explicar nuestros orígenes más que a través de mitos y leyendas o de una evolución que narra el relato de una victoria constante. Ojalá.

Pero por estas tierras saben desde hace mucho que hay cosas demasiado buenas para ser verdad.

A estas alturas las evidencias que desmontan el relato, que más que legársenos se nos ha inculcado, son incontestables. Fragmentarias e inconexas, sí, pero se van cerrando como un puño.

Desde el mercurio en las pirámides de México hasta el muro preinca en la Isla de Pascua. Pasando por supuesto por los mapas que los templarios debieron obtener del templo de Salomón con la ruta hacia el nuevo mundo bajo el estandarte de la cruz templaria de las carabelas.

Ni secreto, ni discreto. Sin embargo no todo es tan evidente. Pero está bien igual, hablemos un poco de chismorreos. Porque, la verdad es que un platillo volante vaya a estrellarse en un lugar llamado Socorro, no deja de obligar a arquear una ceja hasta al más pintado.

Más que nada porque no deja en muy buen lugar a los pilotos. A mí me pasa con el móvil que voy a escribir algo en el buscador y lo estoy escribiendo en el correo. Y claro, la imaginación no puede dejar de figurarse a un ser atribulado rodeado de luces y sirenas que no entiende y que teclea en algún lugar “socorro”, y al parecer de mala manera en Socorro aterrizó. Que a nadie le quepa duda que la culpa fue del informático.

Lo suficiente tragicómico como para tener visos de ser cierto. La vida es ese tipo de desastre.

Pero aún da para arquear la otra ceja, porque no deja de ser casualidad que en las inmediaciones se hallen los parajes que vieron el primer ensayo nuclear de la civilización presente.

Y aún hay más, lo que se cuenta es que luego cayeron otros dos por la zona, a ritmo de uno por mes.

Y ya uno empieza a acordarse de esa grúa que colapsa intentando levantar una grúa que ha colapsado intentado levantar algo.

No sé, me había parecido muy brillante la idea de que al no haber humedad en el desierto, pues igual… Lo cierto es que es muy razonable no saber qué pensar.

Y no pensar, también lo es. No pensar en nada más que lo que dé dinero, lo que cubra las necesidades más inmediatas. Porque caminar es más importante que saber hacia donde caminas.

Ya te dirán a donde tienes que caminar. O mejor, ni siquiera necesitas saberlo. ¿Para qué quieres saber eso?

Ya sea porque Enki sembró en el ser humano la semilla del descontento o porque este sistema resulta extractivo hasta el abuso, o ambas, pero no parece que muchas personas se sientan a gusto con su papel. No saben bien cómo, ni saben por qué, pero saben que algo no va bien. Y en eso se pasa la vida.

Al final aprenderán cómo, y aprenderán por qué. Y que, desde lo alto, la mano que mueve los hilos de la estructura, no parece responder a los intereses humanos.

Antes, si acaso, a confundirlos y enfrentarlos. A susurrarles, en el oído, desde las sombras y a predisponerles uno contra el otro. Donde la economía es un mero desfalco. Donde sólo se enseña obediencia. Donde la verdad está proscrita y la mentira se viste de ciencia.

Es un mundo de la técnica antes que la idea, de los objetivos antes que los principios, del orden natural invertido. De niños que mueren en las escuelas sin hallar respuesta a ninguna a las mil preguntas que les rondan por la cabeza y de ancianos que no han vivido más que la ignorancia.

Un mundo de tabúes. De secretos y mentiras. A la imagen y semejanza de los que nos dominan.

Porque es en la sombra donde se urden los planes, al cobijo de las debilidades. Sun Tzu nos legó una advertencia: el primer arma es la mentira.

Aún así es imposible borrar las huellas. Entre las piedras, los planetas o las estrellas.

miércoles, 19 de junio de 2024

Teoría del todo: una cuestión ontológica

CONCLUSIONES

A la luz de esta nueva interpretación puede entenderse que la interacción gravitatoria sea mucho más leve que el magnetismo que la origina mediante la tesis de la autocancelación atómica y la concepción de toda materia como imán potencial, sin entrar en los pormenores de su integridad funcional. También justifica que siga la ley del cuadrado de las distancia y que no exista gravedad con signo opuesto.

De ser correcto el planteamiento implicaría que la física de partículas moderna se habría pasado de frenada en busca de colisiones de cada vez más energía en los ciclotrones, cuando el propio material del espacio se hallaría a una escala significativamente más accesible.

Con la interpretación correcta del espacio tal vez sea posible pensar en modos más eficientes de apartarlo antes que atravesarlo bajo principios análogos a los de la aerodinámica, en una escala inferior. Tal vez alinearlo para transitarlo en las mejores condiciones posibles. La velocidad de la luz es el límite de ese medio según la relatividad. Corresponde pues hallar la forma de eludirlo.



El medio del fenómeno electromagnético: Agua, aire y espacio.


Se suele explicar la electricidad como un flujo de electrones.

Más bien se trataría de la transmisión de una señal a través de ese sistema de electrones, de modo análogo a como una ola se desplaza por la superficie del mar.

Y es bajo esa lectura cuando surge una cuestión, podría decirse ontológica:

¿Lo que se desplaza es un elemento del medio o el propio medio en sí?

Si examinamos el funcionamiento de un transformador, sabiendo que la circulación de una corriente eléctrica crea un campo magnético perpendicular, vemos que desde el bobinado primario se genera un campo magnético, por necesidad cilíndrico y con un cierto sentido de giro.

Lo que se crea es un vórtice en el medio.

Que a su vez es recogido por un material diamagnético, que presenta resistencia a ese empuje magnético.

La electricidad es la manera que tienen las cosas de moverse cuando se han de mover pero no pueden hacerlo, entre otras. Es es en parte la respuesta a la vieja cuestión del objeto inamovible y la fuerza imparable.

Pero volviendo al vórtice, se conoce que presenta una dirección de giro en relación a la corriente eléctrica que lo genera.

Salvando las distancias, podríamos ver al electrón como una piedra que cae perpendicularmente en la superficie de un lago. La ondas que genera son el campo magnético.

La parte del lago es más semejante a la realidad, pero el electrón no sería exactamente una piedra, más bien es una onda generando otra onda.

Y es natural, sucede que nos cuesta ver las cosas que no vemos. Tan natural como que al lanzar una bola en una pista de bolos el aire ha de desplazarse de forma perpendicular a la trayectoria de ésta.

La atmósfera es un medio a presión, para mover un elemento hay que desplazar otro. Del mismo modo que bajo las olas de mar. Y del mismo modo que en el vacío del espacio, en el espacio en sí.

Interactuamos razonablemente bien con el agua, aún siendo transparente la vemos, se diría que es el elemento fundamental de la vida como la conocemos. El oxígeno se podría decir que no lo vemos, pero lo palpamos y respiramos, es si cabe aún más elemental que el agua para nosotros. Y más sutil aún y más primigenio es el propio espacio, del que cabe esperar un comportamiento análogo en su escala.

Agua, aire y espacio. O líquido, gas y “vacío”. Desde cierto punto de vista, lo que llamamos vacío es un estado de la materia. Espacio, en realidad. El término vacío debería reservarse para una ausencia completa de elementos con los que interactuar.

El problema es que el espacio nos es transparente tanto a la vista como al tacto.

Si vamos a un líquido y generamos un vórtice, dando vueltas con una cucharilla a un café, nos es fácil percibir el resultado de nuestra acción y la mecánica que genera. Bien notamos el aire que desplaza un ventilador. Y bueno, desde luego no se puede decir que la electricidad no interactúe con nosotros, cuando forma parte de nuestros propios mecanismos biológicos, pero lo hace de un modo que se percibe de manera cualitativamente distinta.

El medio que es el espacio ha de tener sin duda unas propiedades. La energía se desplaza por él en un amplio espectro de frecuencias que percibimos de maneras muy distintas.

Tanto el calor como la luz visible son excitaciones de ese medio. Respecto al calor, lo interpretamos con la vibración de las moléculas, claro. Pero vuelve la misma cuestión ontológica: ¿es la molécula la que se mueve, o el medio que la sustenta?

¿O realmente, siendo un medio a presión, no se puede desplazar una cosa sin desplazar otra?

La pregunta de si fue antes el huevo o la gallina es fundamentalmente capciosa. Es obvio que fueron las dos cosas a la vez.

***


La relatividad y la ley de Ohm


Por Einstein sabemos que la materia es una forma de energía muy concentrada.

Pero, ¿qué es la energía? Es a la postre una excitación del medio. Y todo fluye por el camino de menor resistencia.

Se puede definir la resistencia como oposición al cambio. Si reparamos en la analogía formal que presenta la famosa ecuación de Einstein y la ley de Ohm, cabe interpretar a la masa como una forma de resistencia. Y, siguiendo con la analogía la potencia, equivaldría a la energía:

E = m · c²

P = R · I²

Ahora bien, dentro de la ley de Ohm la potencia se define como el producto del voltaje y la intensidad: P= V · I

Siendo el Voltaje el producto de la resistencia y la intensidad: V= R · I

Según la analogía propuesta la intensidad sería al final una velocidad.

La velocidad se define como una “tasa”, una relación entre espacio y “tiempo” que al final pone en correlación dos magnitudes espacio. (El tiempo como tal no existe, no es una entidad física como ya se ha postulado en trabajos anteriores, ver “Las leyes de la causalidad y la muerte del tiempo”, entre otros)

Se puede ver por lo tanto la velocidad como un número racional, una fracción.

Y es que sin duda la intensidad es el voltaje dividido por la resistencia: I = V / R

Esto nos dice que voltaje y resistencia son medidas del mismo género. Un voltaje puede ser la resistencia de otro, y una resistencia puede ser el voltaje de otra.

Bien sabido es que la diferencia de potencial es un fenómeno relativo. Y la referencia a tierra es, desde el punto de vista teórico, del todo arbitraria.

Sabemos que el medio tiende a eliminar esas diferencias de potencial bajo ciertas circunstancias.

Es el mismo principio de los vasos comunicantes.

En el caso de la inducción electromagnética, volviendo al caso del transformador, nos valemos del medio para convertir las características de una energía dada. Se emite al medio desde la bobina primaria y se recoge en las proporciones deseadas en la secundaria.

No se recoge más trabajo del que se envía, de hecho se registran pérdidas en forma de calor.

Pero hay un trabajo que el medio parece abocado a realizar, y no es otro que lo que conocemos como gravedad. Se diría que las altas concentraciones de energía que constituyen la masa tensan el medio, en el sentido más tradicional que propuso Einstein.

Ése es, y no otro, el agente transmisor que Newton buscó sin éxito en su día. Pero la historia, aunque no se repita, como dijo Mark Twain pareciera que rima, y también Einstein, habiendo planteado la solución al problema de Newton, terminó topándose con una “acción fantasmal a distancia” en lo que se conoce como entrelazamiento cuántico.

La naturaleza del espacio, del medio primigenio, parece tan esquiva como la de la gravedad.

Volviendo al mencionado principio de los vasos comunicantes, para que éste opere, ha de existir un canal de comunicación. En el caso de la diferencia de potencial un medio conductor.

Los semiconductores se caracterizan por fijar un umbral de modo que, desde cierto punto de vista, funcionan como un interruptor. Y en el momento que el umbral es superado se produce el efecto de transmisión.

La masa, que como hemos visto es una forma de resistencia, y resistencia se refiere respecto al movimiento en el propio medio, aparece como un fenómeno estable. Su constituyente, átomos, quarks, presentan una situación de estabilidad. Son una diferencia de potencial que no haya camino para disolverse en el medio, creando por tanto una estructura acumulativa.

Y lo hacen necesariamente con los elementos constituyentes del propio medio como pieza fundamental. Y con movimiento. Ése movimiento del espacio en el espacio es el responsable de las interacciones electromagnética y gravitatoria que al final son expresiones de un mismo fenómeno.

No hay masa sin gravedad ni hay gravedad sin masa. Del mismo que no puede existir un monopolo magnético.

Cuando se deshace la estructura atómica grandes cantidades de energía son liberadas, energía cinética, que es el único tipo que existe.

De alguna manera se presenta un tipo de equilibrio entre las fuerzas centrífuga y centrípeta: el giro por su naturaleza aleja del centro y es el medio el responsable del efecto opuesto.

Para que tal equilibrio pueda suceder ambas fuerzas deben estar en algún grado compensadas.

En el caso del átomo la fuerza centrípeta viene dada por la carga eléctrica, que atrae al electrón hacia el núcleo y es la fuerza centrífuga la que evita que éste colapse contra el núcleo.

Tal equilibrio genera las diferentes capas electrónicas de los diferentes elementos creando “canales” en los distintos puntos de equilibrio.

La fuerza centrífuga a la postre no es más que la primera ley de Newton, la inercia, y es que cuando un objeto se desplaza en trayectorias circulares está corrigiendo constantemente su rumbo, por lo tanto venciendo la inercia, lo cual requiere una fuerza centrípeta que lo compense.

Cuando observamos las galaxias, lo que vemos es que giran alrededor de un centro de masas.

Luego, la distorsión que se genera en el medio por el que se desplazan ha de ser del orden de magnitud de la fuerza centrífuga que se genera, siendo la relación entre estas dos fuerzas lo que determina si existe un estado de equilibrio o una dinámica, bien de disgregación o bien de colapso.

Lo intuitivo sería que el medio se dilate en función de la fuerza centrífuga pero, en este caso, al tratarse de objetos constituidos por el propio medio y, al aumentar la velocidad, estar aumentado a la vez la masa, no parece existir posibilidad de escape.

La gravedad sería por lo tanto la fuerza que gobierna el cosmos y tiene sentido tratándose de una expresión del propio medio colapsado en materia cada vez más densa, como se deduce de la dinámica química de las estrellas.

***


Gravedad, magnetismo y geometría: la tesis de la autocancelación magnética en la materia

Una alternativa al átomo de Demócrito


Volviendo de nuevo al caso del transformador, el papel del núcleo ferromagnético es conducir ese flujo con mayor eficiencia.

Sabemos que lo que convierte a un material ferromagnético (que se ve atraído por los imanes) es la alineación de su “dominios”, lo que viene a ser la estructura molecular. El magnetismo al final obedece a cuestiones elementales de geometría, visto como un flujo.

Eso es lo que se desprende de la observación del campo magnético generado por los imanes. Así que lo que cabe cuestionarse tal vez no es porqué esos materiales resultan “porosos” al espacio, si no por qué otros no.

Lo normal es hallar los átomos, que son pequeños imanes en miniatura, dado que presentan cargas eléctricas movimiento como son los neutrones, con una distribución estocástica o aleatoria (por más que el azar resulte una mera apariencia).

Si por ejemplo hacemos fluir una corriente suficiente por un metal que alinee esa estructura molecular, habrá adquirido propiedades magnéticas.

Lo que diferencia por lo tanto un material magnético de uno ferromagnético es su mayor grado de alineación en la estructura molecular que permite que el “tejido líquido” del espacio fluya a través de él. De modo análogo a como se polariza la luz.

La gravedad sería un sesgo de la media estadística en la distribución de esos pequeños imanes que lo constituyen todo y, a tenor del experimento de la pluma y el martillo, al menos en escalas moderadas presentaría la misma desviación, aunque no es descartable dada la amplitud del espectro de escalas del cosmos que esa desviación pudiera tener una relación con la cantidad de masa.

Luego, la gravedad sería magnetismo autocancelado en un alto porcentaje.

Alineados lo suficiente los polos de los átomos que forman cualquier cuerpo, debería tornarse susceptibles al fenómeno magnético, eso es, permeables al flujo del espacio como cualquier material ferromagnético, que ya presenta de forma natural una predisposición a ello.

A nivel ontológico, si concebimos la energía como movimiento del medio y la materia como bucles del propio espacio “aislados”, en cuanto a que los átomos presentan cierta estabilidad, puede ser más apropiado pensar como un líquido ese medio por el que se desplaza el electromagnetismo y por lo tanto la luz.

Tanto su comportamiento a través de los distintos materiales (magnéticos, diamagnéticos, ferromagnéticos…) como la propia velocidad de la luz, que sería en realidad la mayor velocidad en el tal vez medio último, nos debería hablar de las características de ese medio, teniendo en cuenta que todo por encima ha debido ser construido con una sola herramienta: el empuje de los constituyentes fundamentales de ese medio (ahora sí, el átomo de Demócrito) para generar fenómenos emergentes y la jerarquía en la estructura de la materia que conocemos.

Sucede que, tal vez la concepción de Demócrito no fuera necesariamente la acertada. El posible que el elemento fundamental de ese medio éterico tenga posibilidad de ser dividido sin que sus divisiones resulten en constituyentes de medio alguno sino algún tipo de subproducto que sin duda pronto se vería reintegrado en el equilibrio imperativo.

Del mismo modo que podemos desalojar algo de agua de una ola que llega a la orilla pero la tendencia del resto será la de ocupar ese espacio, por tratarse del camino de menor resistencia y porque para desplazar una cosa hay que desplazar necesariamente otra. Tal es la ley.

Y seguramente el mencionado equilibrio sea más una persecución perpetua en una suerte de efervescencia (vacío cuántico). No es que se pueda interactuar con el espacio, es que el espacio, en sus distintas formas, es lo único que interactúa. Y naturalmente, debería presentar una suerte de resistencia. Y, por lo tanto, masa (catástrofe del vacío). De ahí que pueda curvarse. (Relatividad)

El cuanto al flujo del espacio que interpretamos como magnetismo, carecería en principio de dirección de preferencia y presentaría una distribución isótropa. Los polos norte y sur de un imán sólo representan la entrada y salida de tal flujo, por tal motivo no puede existir un monopolo.

En el caso de los materiales diamagnéticos es de suponer que la estructura molecular presenta resistencias al avance del flujo hasta el punto de volverlo contra él mismo, creando así un fenómeno de repulsión, análogo al que se observa al enfrentar dos polos iguales de un imán: el flujo colapsa sobre sí mismo.

Cuando las líneas del diagrama de flujo comparten sentido se produce atracción y cuando lo hacen en sentido opuesto se produce repulsión. En imanes bien compensados la fuerzas debería ser idénticas, con la diferencia de la resistencia encontrada por el flujo al viajar a través del cuerpo, luego, es de esperar que en imanes comunes la entrada tenga más empuje que la salida, la diferencia debería verse expresada en forma de calor.

Cabría ubicar este tipo de interpretación en lo que Einstein denominó “teoría del campo unificado” o más popularmente “teoría del todo”, si bien no es menos cierto que mucho antes Faraday predijo la unificación de las fuerzas, probablemente antes de que Maxwell diera el primer paso unificando electricidad y magnetismo.













jueves, 23 de mayo de 2024

El problema de la escala

Está en todas partes, al menos para aquellos que hallen ocasión de levantar las vista de sus narices.

De hecho está en la misma raíz del, se diría, último problema por resolver de la física, la llamada teoría del todo. Sin pretender caer en el mismo error de Lord Kelvin cuando ya en su día daba prácticamente la física por una disciplina cerrada de la que todo se conocía salvo un par de flecos. Y apenas acabábamos de empezar.

A fecha de hoy, la incompatibilidad de de la relatividad y la cuántica, entre lo muy grande y lo muy pequeño, se presenta de algún modo como última frontera, y al final es una de las muchas formas del problema de la escala.

Y es un problema de una magnitud abrumadora, tal que es físicamente inasequible a nuestros sentidos el simple hecho de hacer una representación a escala real del sistema solar.

Si lo hacemos en una escala que pueda abarcar nuestro ángulo de visión, lo planetas desaparecen por lo diminuto.

Similar ocurre en sentido inverso, con la estructura del átomo, así que no sólo es que el problema nos vaya grande, es que requiere de una precisión que se escapa a nuestros sentidos y magnitudes cotidianas.

La ciencia de hoy se halla en un lugar tan sofisticado que sólo se puede accederse a él mediante el pensamiento abstracto, tan lejos de la experiencia física. Pero qué duda cabe que está ahí, ya sea el agujero negro o el bosón de Higgs, o por lo menos algo parecido al modelo que se trata de articular.

Y lo cierto es que no estamos en nuestro elemento, fuera de nuestras nociones cotidianas, las cifras astronómicas o nanométricas, ya sea con elevados exponentes en positivo o negativo, se escapan a lo asimilable. Ése es en realidad el problema de la escala.

Y nos distorsiona la mirada frente a muchos problemas abiertos, o tal vez más justo sería decir que nuestros sentidos nos muestras una evidencia indirecta del mundo, una imagen distorsionada.

Es curioso porque, lo único que existe es un presente, que es justo lo único que no podemos ver.

Cuando nos miramos en un espejo vemos un pasado muy inmediato, a tenor del tiempo que la onda fotónica tarda en cubrir esa breve distancia.

Y podemos aumentar la distancia y nuestros sentidos aún nos servirán bien, aunque rara vez reparemos en que la imagen los picos de esa montaña lejana no corresponden exactamente al mismo momento que al de un rostro que podemos observar a nuestro lado. Pero a esa escale, funciona. Es negligible, como se suele decir en cierto ámbitos.

Pero sólo en ese contexto, en ese orden de magnitud. Porque si pasamos a la escala astronómica hay que entender que ese desfase que estamos tan acostumbrados a ignorar, por imperceptible, resulta del todo determinante. Pero, al no estar en nuestro elemento, por más que lo repitamos una y otra vez, nos olvidamos de ello.

Somos víctimas del problema de la escala, un panteísta ni puede evitar acordarse de la expresión “alá es grande”, pero grande de cojones. Grande de otra manera, hacia lo enorme y lo diminuto, extenso, inabarcable, se diría. Infinito, por lo menos en apariencia. Aunque que siempre que se suele hablar del universo se suele referir al universo observable.

Hallamos antes los límites de nuestros sentidos y sofisticados instrumentos que los del cosmos.

Estamos realmente en la burbuja de nuestra percepción, la natural y la asistida por la tecnología.

Pero el problema no es ver el mundo a través de una burbuja que lo distorsiona todo, el problema en realidad es olvidarse de que uno está frente una imagen distorsionada que no le muestra más que una apariencia de la realidad. Y peor aún, tomar decisiones en base a ello.

Así, cuando se habla de la expansión acelerada del universo, se olvida que la información recibida desde lugares remotos no corresponde al mismo momento en que se recibe.

Si uno hace una fotografía del cosmos, no tiene una fotografía de un momento determinado.

Lo que tiene es una película condensada en un sólo fotograma.

Si fuera una fotografía de familia, estaría abarcando todo el árbol genealógico. Al frente de la imagen los padres, detrás los abuelos y así sucesivamente.

Y con una edad con la que jamás coexistieron en la realidad.

Lo que nos devuelven los sentidos e instrumentos no es, a esas escalas, nada que tenga que ver con la forma en la que experimentamos la realidad habitualmente.

Es útil la noción de la burbuja, al final lo que se observa a esas magnitudes es un gradiente en función de la distancia. Así que, cuando Hubble aprecia una evolución lineal del corrimiento al rojo en función de la distancia, parece creer que está viendo una fotografía de un solo momento.

Porque si lo vemos al revés, si vemos que cada vez que miramos un poco más cerca, más en el presente, ese corrimiento al rojo disminuye. Lo natural es pensar en una desaceleración.

Hasta llegar a nuestra vecina Andrómeda que, atribuido oportunamente a excepcionales movimientos locales, bien sabemos que presenta corrimiento al azul y terminará por fusionarse con nuestra Vía Láctea.

Y no intervienen aquí complicados cálculos relativistas, es tan simple como escuchar la sirena de una ambulancia, cuyo tono sube de frecuencia aparente cuando se acerca y baja cuando se aleja.

La luz se comporta igual, al final todo son ondulaciones del medio.

Lo cierto es que no estamos en posición de afirmar qué sucede en los cuerpos distantes hoy, nos llega la luz que emitieron hace millones de años. Asumir comportamientos homogéneos, se diría isótropos, tiene todas las luces de una simplificación. Cabe a partir de ahí inferir una cierta dinámica. En un lugar donde no hay mucha más herramienta que la inferencia y la analogía.

Pero ni siquiera eso es necesario, basta con no confundir lo que sabemos con lo que suponemos.

Diferenciar entre grados de certeza. Sin embargo aún se discute sobre la constante de Hubble.

Es como si nos mostraran una foto de una persona que hasta las rodillas tiene diez años, hasta la cintura veinte, hasta los hombros 30 y en la cabeza 40. Y nos preguntan, ¿qué edad tiene esa persona? Pues sí, me temo que eso estamos haciendo, la media: unos dicen que 20, otros que 30, según en los detalles que se fijen.

Pero ni uno sólo parece comprender lo que está viendo. Algo que simplemente no es real. Un espejo de feria. Eso sí, uno muy, muy grande. Y es sin duda digno de maravillarnos, pero la razón no debería dejarse deslumbrar.

Así que parece algo prematuro concluir que en el momento actual existe una expansión acelerada, más bien la evidencia, bien analizada, sugiere justamente lo contrario. Y el problema es que todo se intenta hacer encajar a martillazos con el paradigma actual hasta que éste se supera.

El hecho de que veamos todo alejarse de nosotros, una vez abandonado el error antropocéntrico, nos devuelve de nuevo a la noción de burbuja. En realidad ese tipo de escenario nos dice más de nuestra percepción que del propio panorama observado. Ni siquiera estamos en condiciones de afirmar que los corrimientos al rojo observados sean resultado exclusivo del efecto Doppler, al que se le suele poner el apellido de “relativista” en este contexto. El efecto Doppler.

Pero si ni siquiera hemos acertado con la dualidad onda-partícula en entender que la posición de De Broglie es la correcta cuando apunta a la noción onda-piloto (aunque más bien sería la partícula la que “pilota” la onda, es en realidad un efecto retroalimentado), estamos como para ponernos a barajar hipótesis sobre la idea de la luz cansada.

No aprendemos la lección, esas magnitudes negligibles en una cierta escala son determinantes si nos movemos varios órdenes de magnitud. Y con mucha probabilidad, con la llamada “teoría del todo”, estemos en la línea de Lord kelvin que cuando creía estar acabando el edificio de la física lo que terminó por demostrarse es que el asunto era mucho más endiablado de lo que cabía suponer.

Y lo paradójico es que son fenómenos simples, es su aglutinación en magnitudes colosales lo que genera la complejidad, sin variar un ápice su esencia pero generando efectos emergentes, hallando puntos de ruptura. Ésa es la verdadera naturaleza del problema de la escala. Por mucho que uno estudie el vuelo de un estornino, poco se podrá figurar del comportamiento de una bandada. Y lo mismo bajo el agua con los bancos de peces. Y eso es a una escala que podemos apreciar en nuestras magnitudes habituales, el problema es que el espectro real de la escala desafía incluso la sensata noción de finitud.

Es muy posible que estemos a las puertas de una paso importante, de un cambio fundamental de paradigma tras el escollo irreconciliable entre cuántica y relatividad. Y seguramente lo que hallemos nos parezca poco menos que pura fantasía, como se lo parece a un animal el fuego, o se lo parecería a nuestros antepasados la luz eléctrica o la comunicación a distancia. Y a buen seguro algo nos queda de esa fascinación ancestral, las posibilidades del futuro, como viene demostrando la historia, se sitúan mucho más allá de las capacidades de nuestra imaginación.

Pero los sentidos nos engañan, deberíamos aprender a escrutar el cosmos a través de los ojos de la razón. Que cuando hablamos de los límites del universo, en realidad nos referimos solamente a los límites de nuestra percepción. Seguimos, sin quererlo, en el error antropocéntrico. Sin saber escaparnos de nosotros mismos.

jueves, 16 de mayo de 2024

Los agujeros de la historia

Cualquiera que haya, ya no estudiado, si no por lo menos seguido el relato de la segunda mundial, debería tener un interrogante repiqueteando en la memoria.

Porque lo cierto es que el capítulo que determina en mayor medida el desenlace de la contienda, que es sin duda ese giro de Alemania hacia la URSS, carece en realidad de un explicación satisfactoria.

Ni todo el petróleo de los Urales vale por el hecho de perder la guerra, del mismo modo que no hay suma de dinero que valga el dirigirse hacia una muerte segura.

Y, dentro del relato de consenso académico de la historia militar, es en realidad la única justificación que se ha aportado. Si uno repara en Irak y otras aventuras más recientes, y cuando digo aventuras es en el sentido más despectivo del término, encuentra que la justificación al "final" es el petróleo.

Y es inteligente. Confesar lo inconfesable, en términos de lo políticamente correcto, bien puede ser una forma de dar por cerradas todas las preguntas. Y si funciona una vez, por qué no repetirlo. Lo cierto es que desde algunos entornos no parece rebosar la creatividad.

Tan sencillo como disfrazar un asesinato de “robo que sale mal”, todo un clásico. Pero con la información apropiada puede ser hasta previsible.

Pues bien, desde luego no puedo plantearme haber cerrado la cuestión, pero mucho es haber hallado un pieza que permita estructurar otra explicación, consecuente con el contexto hipotético que se evalúa en narrativas que cabría englobar bajo la idea general de historia oculta.

Muchas cosas chirrían de la segunda guerra mundial. Pero vayamos al dato, como no, por contrastar: Antes de la guerra Alemania ofrece “asistencia técnica” para construir una carretera hasta Ritsa, en lo que hoy es Abjasia. Y volviendo parece que esos "técnicos"se salen de una curva y regresan a Alemania en horizontal. Muy al estilo ruso.

La cuestión es: qué llevó a la generosidad alemana tan lejos y qué es lo que no se llevaron de vuelta.

¿Podrían ser las circunstancias hasta aquí descritas la razón del inicio de la hostilidades en el frente oriental? Bueno, que cada uno juzgue por sí mismo, esto es lo que fue hallado en 2018 en Adigueya, en el lado opuesto del Cáucaso a Ritsa.



Y es que, si quieres esconder algo, lo pones en la dirección opuesta a lo esperable en términos prácticos. Y si te sabes bajo control tratando de hacer algún tipo de contrabando, lo natural es ocultar el botín a la espera de circunstancias más propicias para extraerlo. O puede que haya visto demasiadas películas de espías.

En cualquier caso, y sin contrastar la información, creo que sirve para abrir la posibilidad dentro de lo razonable de plantear un sensato “qué coño está pasando aquí”.

Los cráneos van acompañados de una caja con el símbolo de la Ahnenerbe y el conjunto procede de una cueva de la región, bajo el lago Ritsa. La justificación que dieron del "agua viva" más apropiada para crear plasma tiene todo el aspecto de una falsa excusa. Y me quiere sonar que esa asociación promotora del conocimiento ancestral alemán tenía algo que ver con los supuestos diseños de platillos volantes nazis.

Y es que es inevitable dejar volar la imaginación. Sabiendo que el cadáver de Hitler nunca fue hallado, conociendo el mito de las declaraciones de Doenitz sobre el Shangri-la inexpugnable construido para su fuhrer, ¿podría una élite haberse exiliado, por la ruta argentina que muchos siguieron, hasta el continente helado?

No lo sé, claro. Ni si hubo una “guerra de los pingüinos” en 1947 bajo la tapadera pública de la operación highjump. No tengo ni idea. Muy oportuno que el tratado antártico prohíba toda presencia militar. Quién sabe.

Lo que sí tengo claro es que no me gustaría estar en la piel del que tuviera que coordinar con esa gente las políticas contra el cambio climático.

De la intempestiva visita de Kerry en vísperas de unas elecciones, siendo secretario de estado de Obama, mejor no acordarse.

De que hace tres meses justo hoy que Irán ha reivindicado el derecho a tener presencia en la Antártida, mejor tampoco enterarse porque, según se enfile el panorama, empieza a cobrar una forma, muy, muy rara.

Como si prácticamente todo lo que sabemos fuera una miserable patraña. Así que, viendo lo visto, qué pena que aquella película de nazis en la luna fuera en tono de comedia, desvirtúa un poco el interés de esa narrativa. Pero es una buena forma de caricaturizarla, de ridiculizarla. De ocultarla. Otra forma de ocultar las cosas, más audaz si cabe, es ponerlas en primer plano.

Así que uno termina en algo parecido al juego de las copas de vino en La princesa prometida. Pero creo que me he quitado un poco la espina de ese capítulo de la segunda guerra mundial que en mi opinión nunca quedó satisfactoriamente explicado, igual que como se explica casi todo lo que envuelve al inefable régimen nazi: que estaban locos.

Sabiendo como uno sabe que hasta los locos tienen sus razones, por inescrutables o disparatadas que nos puedan parecer, son unas cuantas cosas las que no quedan razonablemente explicadas, el mundo podría parecerse más a una película de Indiana Jones que a la realidad cotidiana a la que nos entregamos sin remisión como unidades productivas de un sistema cuyo objetivo se nos escapa.

Y a los que pudieran estar descojonándose de “mis locuras” les dejo una imagen bien linda del agujero de la capa de ozono, a ver si reconocen la silueta del continente que hay debajo:

 


Y por que soy un caballero, si no les estaría sugiriendo que me coman los huevos.

Y además se podría aproximar un centro de ese agujero:

https://www.lavanguardia.com/natural/20200618/481829836546/el-mar-de-weddell-pierde-en-cinco-anos-una-area-de-hielo-el-doble-de-grande-que-espana.html


 


viernes, 8 de marzo de 2024

La clave

 

Intentaré ser breve, últimamente no dispongo de mucho tiempo. Lo cual no es excusa para no decir algunas cosas que han de ser dichas. Así que hoy traigo una imagen, de esas que dicen que valen más que mil palabras. Hay imágenes que pueden condensar una época o un siglo. O incluso tal vez mucho más.

A estas alturas y aunque, como cualquiera, en cualquier momento pueda dar un patinazo de órdago, creo que he llegado a tener un punto de vista privilegiado sobre la realidad respecto al de la opinión pública o respecto a la media.

Y, llegados a este punto, a una distancia más que considerable de los muchos, preguntándome por las causas de tal circunstancia, me ha venido a la mente esta imagen:

Desde luego, como siempre, no hay una sola causa: se requiera demás una actitud vocacional de pensamiento permanentemente crítico respecto a todo. Tal vez el hecho de no dedicar tiempo en absoluto a socializar libere de muchas distracciones. Eso, y los años. Pero muchos individuos comparten esos rasgos, al parecer más de los que llegan a adentrarse tanto en la madriguera.

Pensando en detalles más particulares me he acordado de la imagen de Himmler visitando Montserrat. Un dato más bien pintoresco, incluso absurdo dentro de la concepción más extendida de la realidad. Como de costumbre, la repuesta para la mayoría de las explaciones para las acciones del régimen nazi es lo bastante sencilla como para que todo el mundo pueda entenderla. Algo, por cierto, muy en la línea de las tesis de Goebbles: que estaban locos. Es una suerte de comodín, al fin y al cabo sirve para explicar absolutamente cualquier cosa.

Desde mi punto de vista lo que diferencia a los locos, fundamentalmente, es que obedecen a razones equivocadas. Bien podríamos tildar como tal, bajo esa definición, a la inmensa mayoría de la población.

Hay que tener una premisa clara: yo vine a este mundo sin tener la más puta idea de nada y la mayoría de lo que creo saber es porque alguien me lo ha contado, y por extrapolación supongo que como todos. Lo digo porque, a base de indefensión aprendida, muchas veces nos puede parecer que llegamos a un mundo donde “se sabe todo” y nosotros somos los únicos ignorantes. Ciertamente no parece que sea así.

La foto no es importante porque responda en realidad nada. Es importante por las preguntas que abre y quedan tan deficientemente respondidas por el relato de consenso. El de la industria del entretenimiento, los medios de comunicación, la educación…

Montserrat es un lugar bastante conocido en Catalunya, además de por el singular tallado de las rocas que allí se elevan y el monasterio empotrado en ellas, suele ser frecuentado por “cazadores de ovnis”, “amigos del misterio” y personajes semejantes. Y puede que alguno se esté frotando la manos al leer esto pero la verdad es que el tema no va por ahí exactamente.

Lo sorprendente es que todo un jerarca del tercer reich pudiera contarse entre similar clase de “chusma” a la descrita. Pero, aún más allá de lo que pudiera ser un fetiche personal, una deformidad particular, es harto conocido el interés de los nazis por, digamos “lo oculto”, hasta el punto de tener un departamento dedicado a tales asuntos, bajo la dirección del propio Himmler.

Hasta se ha caricaturizado a través del cine en las películas de Indiana Jones. Cosas de las películas, claro. Pero lo cierto es que el Himmler que estaba ahí era muy real y las decenas de millones de muertos de la segunda guerra mundial, cuyo relato nos ha sido legado, se antojan también bastante reales.

Y no hablamos de una tribu de desarrapados y las creencias de sus hombres medicina, hablamos de una potencia industrial con las mejores ciencias y tecnología del momento. Y mucho después de que Einstein hubiera publicado sus teorías de la relatividad.

Desde luego la foto por sí sola tampoco puede decir gran cosa desprovista de todo el resto de contexto: sin saber como funcionan las sociedades y sus gobiernos, sin saber el papel de los países y como funciona el mundo, sin tener una mínima noción de los derroteros por los que ha transcurrido la historia.

Y aún así desde mi “privilegiada” perspectiva tras años de tozuda curiosidad apenas he empezado con ello a arañar cierta superficie. La cantidad de posibilidades a contemplar es realmente absurda, pero tal vez estemos en condiciones de trazar algunas líneas generales.

Sabemos todos que las guerras son por la economía, una cuestión fundamental, claro. Que es una manera algo más sofisticada de decir “por dinero” y un eufemismo para camuflar cierto grado de esclavitud. Como siempre ha sido.

Podemos dudar de muchas cosas, pero lo cierto es que a las pocas horas de que termine estas líneas millones de despertadores empezaran a sonar llamando a buena parte de la población al trabajo. No a todos, por supuesto, ni todos ocupan lugares equivalentes en la muy compleja jerarquía, pero ése es el hecho.

A esa clase de contexto sobre cómo funciona el mundo me refiero. Naturalmente a uno no le van a decir desde pequeño que es un esclavo y que trabajará toda su vida, los métodos se han refinado bastante pero los hechos son invariables. Lo comento porque desde siempre la esclavitud ha sido la forma de obtener mano de obra barata y la causa de muchas guerras, en parte de todas, pero sin duda no la única.

Porque si la economía es fundamental, aún más fundamental es la energía. No creo que haga falta siquiera poner ejemplos del papel clave que juega a todos los niveles. Y es hasta este punto donde llegan los análisis geopolíticos más profundos entre los que se difunden. Táctica, estrategia, geografía, intereses comerciales. Pero falta algo ahí de lo que no se suele hablar tanto.

El papel de la información. Creo recordar alguna anécdota militar en el que se desvía de su objetivo a una división enemiga con el simple hecho de cambiar un cartel en un desvío. Al más puro estilo del coyote y el correcaminos. Antes de que existiera GPS, claro, ahora el equivalente sería hackearlo. En ese mundo “que ya sabe todo” vivimos. Y sí, lo cierto es que parece un chiste.

Dado el contexto propuesto, el de una masa proletaria esclava que sirve a los intereses de una élite, incluso muriendo en guerras que probablemente poco tengan que ver con sus intereses reales, no es difícil entender que la información sea materia reservada, no lo que difunden en los telediarios.

Eso no es información, eso es un input para obtener un output. Punto. Y el resultado es no saber ni en el mundo en que se vive con el resultado obvio de ser manipulado. Desde la cuna hasta el féretro.

Pero bueno, ¿cuál es esa gran verdad oculta? Pues lo cierto es que no tengo ni puta idea y voy dando palos de ciego, igual que tú. Igual que la gran mayoría. Y ésa es una premisa necesaria, como ya se ha mencionado.

Nadie se molesta en aprender bien algo que no sabe que sabe mal. Asumir que no se sabe absolutamente nada es una posición de gran ventaja respecto a muchas otras. Pero no vamos a entrar en lo que se podría llamar conocimiento negativo, volvamos a la información. Eso que dice la máxima que equivale a poder.

Volviendo al ejemplo anterior, lo cierto es que uno no puede alcanzar su objetivo si no conoce el camino y le cambian las señales en un desvío. Eso es información. Información, conocimiento, es el medio de vida de la mayoría: pagamos en buena parte por servicios en los que los conocimientos requeridos para su puesta en marcha y funcionamiento exceden a los nuestros, además de otras cuestiones de economía de escala.

No cabe subestimar la complejidad de procesos que conforman el mundo en el que vivimos, pero tampoco es razón para renunciar a trazar unas líneas generales. Tampoco creo que haya que ilustrar mucho más la importancia del papel de la información, aún más fundamental que el de la energía.

El problema es que es un concepto aún más general si cabe que los anteriores: economía, energía, información. Y volvamos a recordar que nadie tiene ni idea de nada: vivimos a unos pocos siglos de lo que se vino a llamar el “descubrimiento” de América. Unas cuantas generaciones, en realidad en términos históricos hace apenas dos días.

Un ejemplo remarcable que escuché no hace mucho es que Cleopatra está mucho más cerca de ser contemporánea nuestra que aquellos que erigieran las pirámides, y eso a tenor de la cuestionable datación actual. No nos es sencillo trabajar con magnitudes que se escapan de nuestro rango cotidiano.

La historia moderna, en sí misma, desde la Grecia clásica, podríamos decir, es un invento en realidad bastante reciente. Se hace obvio por lo tanto que aquí han sucedido infinidad de acontecimientos de los que no tenemos ni la menor idea.

Otro ejemplo sencillo es remontar el árbol genealógico. Se pierde a las pocas generaciones, suponiendo que lo allí asumido sea correcto, dada la naturaleza del género humano. Ni como individuos ni como especie tenemos al final la menor idea de dónde venimos.

Podría parecer una pregunta para filósofos y eruditos muy alejada de la práctica pero lo cierto es que comprender los procesos es clave para entender los mecanismos, extrapolarlos y actuar con eficacia. La frase con la que Oppeheimer establece su responsabilidad respecto a lo acontecido en Hiroshima y Nagasaki es propia de un ratón de biblioteca, sin embargo estaba al frente de un equipo de científicos que cambia el equilibrio de poder en el mundo. Nada más lejos de la abstracción teórica y sin embargo cita textos sagrados hindúes con sus palabras.

Explicar la importancia de la historia para el pensamiento de las mayorías que la educación del sistema ha construido hoy es aún más difícil que explicar la importancia de la ciencia base.

Hay cosas baratas, hay cosas caras y hay cosas que no tienen precio. Tal como solemos interpretarlo lo suele determinar su escasez. Y lo cierto es que la información del pasado es muy, muy, muy escasa. E inevitablemente omnipresente a la vez. Pero no cabe confundir datos con información ni información con conocimiento. Es correlacionando unos con otros como se accede al siguiente nivel, como se obtiene el efecto emergente, un principio fractal que además de en todas partes se observa también en la biología.

Pero volviendo al tema, si la información es tan importante, tanto o más que la economía y la energía, aunque en un eje distinto, ¿puede ser tal recurso objeto de disputa como otros que se señalan más habitualmente en conflictos bélicos?

Tal vez el caso más cercano al propuesto y más conocido sea el del espionaje industrial. Y dentro de éste, el de la industria militar y ya nos adentramos en terrenos de “seguridad nacional”.

Y dicho esto, tal vez ya estemos más o menos en condiciones de comentar la foto. Esa foto que sin más contexto roza el surrealismo. De hecho, con lo hasta aquí dicho, algunas de las preguntas que plantea deberían empezar a responderse un poco solas.

Desde luego no de forma concreta, pero empiezan a apuntar a un cierto rango de posibilidades.

Al final sólo hay una regla de oro, asumir que no sabes absolutamente nada. Y que, probablemente, el otro tampoco. Pero qué mal que lidian los egos con sus ignorancias.

***

El texto podría finalizar aquí. Se sientan las bases para poder reflexionar en determinada dirección y probablemente cierto tipo de personas se puedan sentir estimuladas para ello. Aunque seguramente la reacción primaria no sea favorable, más bien de frustración: no hay ninguna respuesta en realidad. Ni mucho menos fácil, sencilla y concreta.

Propone más “trabajo” del que que uno está dispuesto a asumir para un asunto que en principio es bastante secundario para con sus prioridades. Y ése es precisamente el mecanismo que utilizan para manipularte. Uno entre muchos, en realidad.

Para ser justos no se trata de no poder esbozar ciertas respuestas atinadas que tienen mucho que ver con el mundo en el que vivimos hoy y en concreto con la situación geopolítica presente, sucede que exceder la presentación de la idea y desarrollarla apropiadamente seguramente exceda unos límites razonables.

Sin embargo algunos argumentos de esta línea ya han sido propuestos en trabajos anteriores:

https://www.meneame.net/m/Los12monos/importancia-crimea-1

No obstante, algunos pueden seguir pensando que es una absoluta locura que Himmler se presentara en Montserrat preguntando por el "Santo Grial", si es que fuera eso lo que buscaba, tal como se suele decir, sin saber siquiera qué cosa es exactamente.

Pero lo cierto es que la actualidad de hoy la conforma el genocidio de una población por parte de unos señores que sostienen que tales tierras le fueron otorgadas por dios hace tantos milenios. Y sí, seguramente es una absoluta locura. Pero lo cierto es que la conducta del otro no vienen determinada por la propia percepción de la realidad.

Como apunte final, es una lástima no haber encontrado espacio para mencionar los valores del humanismo y la ilustración hablando del contexto actual pero me temo que en el gran esquema de las cosas siguen sin ocupar un lugar que exija dirigir alguna de las pocas pinceladas dedicadas a situar el panorama más allá de esta nota al pie.












miércoles, 7 de febrero de 2024

Atemperando a Bach (Desde la teoría marxista)

 


Ya hace más de 300 años del primer libro de “El clave bien temperado” de Bach. En él desarrolla una obra para cada una de las tonalidades, demostrando entre otras cosas que su método de afinación temperada* funciona para todas las tonalidades. Dentro e lo que es el paradigma de la música occidental, por supuesto.

Es un avance teórico y técnico respecto al problema que ya hizo fruncir el ceño a Pitágoras, bastantes siglos antes. No muchos de los no avezados en teoría musical lo conoce pero no difícil de explicar.

Si hemos de hablar de los pitagóricos, y más en este contexto, es imposible no recordar la anécdota de la irracional raíz de dos. A pesar de la belleza y la importancia capital del teorema que lleva su nombre terminaron en un escollo: el simple triángulo rectángulo con catetos de valor uno arroja una longitud irracional para la hipotenusa.

En un número irracional, como lo es también pi, la secuencia decimal se diría que no termina nunca. No debería resultarnos difícil entender el modo en que la interpretación de tal asunto podía llegar a turbarles, se cuenta que tanto como para para tirar por la borda a un advenedizo que reveló el oscuro secreto que perturbaba su armoniosa visión del mundo. O eso es lo que nos ha llegado. Seguramente podrían haber aceptado una fracción, un número racional, en lugar de uno natural, pero en ningún caso uno irracional.

Sin duda apuntaba a un error en su interpretación del mundo. Y no es que el mundo haya dejado de ser “elegante”, pero sin duda es más complejo. Comento la anécdota como ejemplo porque pasa algo parecido con la música.

Los hertzs (o hercios) vinieron después, pero Pitágoras ya se dio cuenta de que los tonos que producen las pulsaciones de dos cuerdas, de la mitad y el doble de tamaño la una respecto al otra, producen una relación que el oído entiende como “armoniosa”. Y lo mismo en la relaciones enteras: 2:1 la octava, 3:2 la quinta y así.

Hoy definimos la octava como el doble o la mitad de la frecuencia, en lugar de la longitud de la cuerda, pero dada la relación matemática existente es exactamente lo mismo. Y se ha impuesto el La de 440 Hz que para los que ya somos un poco viejunos nos sonará como el tono de línea que ofrecía el teléfono al descolgarlo. Eso era un tono sinusoidal puro, sin armónicos, que son otras frecuencias que suelen acompañar a los sonidos naturales, de 440 ciclos por segundo, que es lo que es un Hertz, un ciclo por segundo.

En tiempos de Bach no sé si se seguía tirando a gente por la borda o no, pero lo cierto es que el problema estaba lejos de estar resuelto, y es un problema matemático. Que matemáticamente no tiene solución en los términos que se plantea, si embargo Bach propuso lo que vendría a ser una “solución de compromiso” que aún determina la afinación de los instrumentos occidentales hoy en día. Es difícil excederse halagando a Bach. Aún así puede que no este dicha la última palabra sobre este problema.

No es ningún secreto, como la irracional raíz de dos de los pitagóricos, pero como decía no es muy conocido fuera del ámbito de la música o más bien de su estudio. Se llama, no por casualidad, coma pitagórica.

La música, y sobre todo la armonía (que vendría a ser la relación entre melodías) se forma por sonidos a unos determinados intervalos, que son las distancias entre las diferentes notas.

El problema es que si uno parte de una frecuencia determinada y va multiplicando por dos para calcular las octavas perfectas y a su vez hace lo mismo con otro intervalo, típicamente el de quinta para el ejemplo, se genera el desfase, una desviación creciente. Por eso se suele resumir en que “12 quintas no equivalen a 7 octavas”. Nunca logro desprenderme de la impresión de estar hablando en galones y yardas como si el sistema métrico aún no hubiera sido planteado.

Total, que la ilusión de esa armonía celestial y perfecta que nos transmite a veces la música, es eso, una ilusión. La cosa es que los números no cuadran bajo la segmentación de 12 notas en las que dividimos el intervalo de una octava. Y no es una entelequia matemática sutil e inapreciable a efectos prácticos, ni mucho menos. Antes de la afinación temperada propuesta por Bach se convivía con la llamada “quinta del lobo”, que al final suponía evitar ciertas notas en ciertas escalas ya que sonaban significativamente disonantes, de ahí lo del lobo, como una especie de aullido que al final no identifica otra cosa que la ya mencionada coma pitagórica.

Y Bach, en lo que sería una aproximación diríase que comunista a lo que supone el problema, lo que plantea es repartir ese desfase entre todas la notas de la octava para no llegar a una y que chirríe tanto. Mejor que todas estén un poco desafinadas y de ese modo se pueden tocar todas las notas en todas las tonalidades sin que ninguna suponga una disonancia tan significativa. Claro que el precio es desafinarlas todas. Luego, no hay intervalos perfectos más allá de la octava en la música actual. Y bueno, tampoco nos va tan mal, ¿no? Total, para la música que se hace.

Sucede que cuando Bach muere aún faltaban 107 años para que Hertz naciera. La idea de frecuencia como causa de la altura de la nota en relación a un determinado números de ciclos de oscilación está hoy mucho más asentada. No es poco el trabajo sobre ondas desarrollado desde entonces.

La imagen obtenida mediante infinidad de representaciones de formas de onda ha hecho mucho más clara la relación inversa entre longitud de onda y frecuencia.

De la misma manera que resumir la idea de comunismo en que “todos tengan lo mismo” o que “se reparta por igual a todos” es una apreciación muy burda, algo parecido podríamos objetar sobre la solución propuesta por Bach.

Y va a ser jodido que Marx tenga que venir hasta a afinarnos el piano, pero lo cierto es que si entendemos bien aquello de “a cada cual según su necesidad y de cada cual según su posibilidad”, vemos que el temperamento de Bach, aunque de vocación acertada, aún se podría refinar un poco.

Si no todas las notas tienen la misma frecuencia es porque no todas las notas tienen la misma longitud de onda. Luego, no es lo mismo, por ejemplo, añadir o restar 1 Hz respecto a los 440Hz del La 4 que hacerlo sobre cualquier otra nota. Porque proporcionalmente a su frecuencia el desvío que se genera es diferente. Es un hecho matemático.

Lo cierto es que no dispongo ni del tiempo ni del interés, y puede que tampoco de la capacidad, para abordar formalmente el estudio del problema hasta sus primeras causas. Supongo que, como todo en la vida, es una cuestión de prioridades. Pero el hecho de que Marx tenga que venir hasta para afinarnos el piano dice bastante de nuestro tiempo. Los grandes genios sólo hallan interlocutor en la posteridad. Los que no son olvidados, claro.


*P.D.: Haciendo algo más de prospección sobre el tema uno puede encontrar, contra la afirmación más ampliamente difundida y también aquí planteada, que el temperamento usado por Bach en la obra mencionada al parecer no sería exactamente el “temperamento igual” que divide la octava en 12 tonos idénticos que ha quedado establecido finalmente, sin que exista certeza absoluta sobre cual sería exactamente ese temperamento.

martes, 19 de diciembre de 2023

El factor tiempo en la ley de oferta y demanda

Economistas tan diversos como Smith, Ricardo o Marx se han valido de ese principio sagrado de la economía que es la ley de la oferta y la demanda.

Todos conocemos la idea en sus rudimentos más básicos, a brocha gorda:


A mayor oferta, menor precio.

A mayor demanda, mayor precio.


Y al revés:


A menor oferta, mayor precio

A menor demanda, menor precio.


Así, se podría afirmar que la oferta es inversamente proporcional y la demanda directamente proporcional. Esa viene a ser la idea general que manejamos todos los que carecemos de un especialización en economía, políticos incluidos.

Bien, el problema es que no es cierto. O por lo menos no es exacto, veamos por qué.

Como principio general está muy bien y podrá describir a grandes rasgos la mayoría de situaciones o muchas de ellas pero lo cierto es que el resto de factores implicados en la formación de precios, en un contexto de libre mercado, pueden llegar a invertir la relación matemática descrita.

La gráfica típica suele representarse con dos curvas “ideales” entendiendo que siempre va a haber mucha oferta a precios altos y mucho demanda a precios bajos y viceversa.

Como todos los modelos al final es una descripción más o menos burda de la realidad y deberíamos empezar a identificar los aspectos que más apartan ese modelo de esa realidad para, a costa de la complejidad, hacerlo más fidedigno.


1. Estructura en las curvas de oferta y demanda

2. Utilidad y urgencia

3. La parte débil y la parte fuerte

Además se planteará un nuevo enfoque sobre el mecanismo de fijación de precios que añade elementos decisivos, empecemos:



1. Estructura en las curvas de oferta y demanda


Las curvas que se dibujan tanto en el aprendizaje básico como en la divulgación parten de unos principios generales que, aún válidos como aproximación primera, no cuentan toda la historia, haciendo que en muchos casos la afirmaciones expuestas al principio puedan quedar en el terreno de la falsedad.

Eso es porque las nociones básicas se desprenden de las curvas ideales que se suelen representar, pero las curvas reales pueden quedar muy dejos del ideal propuesto.

De hecho, ni siquiera tienen porque ser curvas. Las propias curvas provienen de los principios generales expuestos, y los principios generales de las curvas ideales, lo cual supone a todas luces un razonamiento circular.

Cuando vemos una curva de este tipo, que al final representa de una manera una tendencia, no deberíamos olvidar que la curva real la conforma un serie de puntos en el eje de coordenadas, también se puede ver más claro con un diagrama de barras.

Y lo cierto es que, por diversos aspectos, esas curvas tienen más forma de S tumbada que el cuarto de círculo que se suele representar.

¿Compraría usted algo por la mitad de lo que cuesta? ¿Seguro que no le están dado gato por liebre?

La demanda va a encontrar a efectos prácticos una meseta de menos inclinación que el resto de la curva a ambos lados del precio de equilibrio o de mercado.

Si miramos a los extremos de esas curvas, es fácil comprender que ninguna demanda u oferta puede tender a infinito más que en términos ideales. Ideal como opuesto a real.

Desde el punto de vista de la demanda, aparte de consideraciones maltusianas (nuestro entorno es finito), la utilidad no se mantiene al aumentar la cantidad si no que por lo general va a decrecer.

Igual que no se mantiene el precio de la acción de una compañía si se quieren vender todas o una parte significativa. El hecho de multiplicar el precio de cotización de una acción en un momento dado por el número de acciones para evaluar un patrimonio es un tipo de estimación que roza lo ridículo por su desapego de la realidad.

Lo que en términos micro puede ser lo bastante preciso para darnos una idea no sirve en términos macro para el mismo fin por la acumulación de la desviación. En términos macro antes habrá que considerar la curva que implica una operación determinada.

Por lo tanto podemos establecer que existe un factor de riesgo que desploma la demanda allí donde se supone que debería tender al infinito, por lo tanto lo que vamos a hallar en realidad es un corte abrupto.

Algo similar sucede en el caso de la oferta, nadie plantea a efectos prácticos una operación varios órdenes de magnitud por encima del precio mercado.

La estructura de las curvas de oferta y demanda es importante porque van a ser determinantes en la fijación de precios y como se decía pueden llegar a subvertir los principio generales.

Cuando se afirma que “a mayor demanda, mayor precio” se está asumiendo que la curva ideal va a permanecer inalterada desplazándose hacia la derecha en el gráfico habitual.

Pero eso no es del todo cierto, la demanda puede perfectamente, y de hecho lo hace, crecer de forma irregular. Si la demanda crece sólo por debajo del precio de mercado jamás tendrá afectación alguna en el precio.

Y al revés, si la oferta crece sólo por encima del precio de mercado, es imposible que modifique el precio. Ésta última afirmación es el motivo principal de la reflexión presente, e implica las nociones de oferta y demandad efectivas, a raíz del análisis de la desastrosa burbuja inmobiliaria que se creó en este país siguiendo la tesis liberal de poner a disposición más suelo para generar más oferta, con el resultado de que los precios se incrementaron en lugar de bajar por la razón expuesta.



2. Utilidad y urgencia


Es conocido en economía el concepto de utilidad, y aunque podamos valernos de su uso para lo que queremos expresar, no deja de sonar a eufemismo para describir lo que se pretende.

Porque si uno se queda sin oxígeno, decir que la utilidad del oxígeno es máxima parece que se queda bastante corto para definir lo que en realidad es una urgencia. Este tipo de elecciones semánticas denotan un enfoque determinado sobre los hechos que al final determinan su interpretación.

Porque va a ser la urgencia en cerrar una determinada operación la que va a acabar determinando el precio, tanto para el lado de la oferta como para el de la demanda.

Si lo vemos a través del factor tiempo, cuanto más tiempo dispongamos para el cierre de una operación dada, más nos podremos desviar del precio de mercado, incluso llegando a modificar este si la conducta se ve reproducida por los diferentes agentes de nuestro lado del mercado (comprador o vendedor).

Esto se debe a que las relaciones comerciales en un contexto de libre mercado lo que expresan en realidad en una relación de poder que deriva en explotación.

La economía exenta de regulaciones es un campo de batalla perfecto, o más bien un coto de caza, donde los intereses de lo que parten con ventaja se van a ver reforzados en una dinámica de acumulación que se retroalimenta.

Y es la urgencia, que apunta a la necesidad, el factor clave para ello. Si habláramos de utilidad parecería que los diferentes agentes de mercado acuden a él por no tener nada mejor que hacer y eso no describe en absoluto la realidad.

Pero no sorprende que desde el punto de vista neoliberal ortodoxo no se propugnen este tipo de enfoques.



3. La parte débil y la parte fuerte


Lo que determina quién es la parte fuerte y la parte débil en cualquier transacción es la urgencia en cerrar dicha operación. Utilidad, urgencia o tiempo.

No cabe duda de que el tiempo va a poder desplazar el precio de cierre con limitaciones, desde el punto de vista de una operación puntual, desde el punto de vista micro. Pero desde el punto de vista macro encierra el potencial de desplazar el precio de mercado, lo que es sin duda mucho más trascendente.

Es un fenómeno análogo a lo que en política y sociología se conoce como ventana de Overtone, la media de la nube de precios de cierre en las operaciones nos define el centro de esa ventana.

Pero veamos qué es lo que sucede si desde una lado del mercado reducimos drásticamente la utilidad o urgencia o ampliamos el tiempo disponible para el cierre.

Ya sea oferta o demanda, lo que sucede es que cae. Está ahí pero perfectamente puede no estar.

Por lo tanto si no hay urgencia, la demanda se puede situar cómodamente por debajo del precio de mercado y la oferta por encima. Por lo tanto no son oferta y demanda efectiva en ese momento.

Y si tal rasgo forma parte consustancial de uno de los lados lo que vamos a observar es un desplazamiento del precio de equilibrio siguiendo el dictado de aquellos que no tienen prisa.

La oferta por encima y la demanda por debajo del precio de mercado no van a alterar tal precio. Y eso es cierto mientras en el mercado reste oferta o demanda en ese precio. De ahí la importancia de la estructura: no es lo mismo una pirámide, que un bloque, que una pirámide invertida.

En el momento que la urgencia (en oferta o demanda) absorbe a su contraparte en el precio de equilibrio, (la demanda agota la oferta o la oferta agota la demanda) ya sólo podrá desplazarse por la curva en sentido inverso al de sus intereses.

El eje temporal o de urgencia que no figura en el diagrama plano de curvas de oferta y demanda es crucial para entender la evolución del precio de mercado.

Pero la idea que se nos vende desde el neoliberalismo ortodoxo es justo la opuesta: el discurso habitual trata de hacernos creer que todos acudimos al mercado en igualdad de condiciones y con las mismas posibilidades, que el éxito depende de nuestro buen o mal hacer y no de nuestras condiciones de partida.

Admitir la tesis aquí propuesta, que en realidad cae dentro del terreno de la obviedad, sería tanto como admitir que tal discurso es rotundamente falso. Matemáticamente falso, se diría.

La realidad es que aquellos acuciados por la necesidad, en un contexto de libre mercado que equivale a la desprotección absoluta, están abocados a ver mermados sus intereses y además bajo el mantra de equidad con el que se trata de revestir un sistema económico redistributivo en el sentido de la acumulación, para más inri. La realidad es justo la inversa: pobre paga doble.