miércoles, 5 de julio de 2023

Las leyes de la Causalidad y la muerte del tiempo

Se conoce, a merced de observaciones y de los postulados de la relatividad, que existe un relación inversamente proporcional entre la velocidad de un observador y su experiencia del tiempo.

Así, a mayor velocidad. se entiende que existe una “dilatación temporal”, es decir, que éste se ralentiza.

Tenemos por lo tanto dos magnitudes, la velocidad del observador y la del transcurso del tiempo cuya relación inversamente proporcional apunta a la conservación de un total de movimiento posible, máximo y mínimo a la vez.

Si aceptamos que hay una magnitud que se conserva, podemos definir tal magnitud como la hipotenusa de un triángulo rectángulo y asignar las velocidades a los respectivos catetos.

Y si hablamos de un total de movimiento posible es difícil no reparar en la constante relativista que es la velocidad de la luz.

La causa de esa relación inversamente proporcional entre la velocidad del observador y la del transcurso del tiempo se halla en la resistencia del medio.

El resultado es que el total de la energía se conserva independientemente de la velocidad del observador o la del transcurso del tiempo que experimente.

Y al final se cumple el dicho de que “si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña”.

Lo hasta aquí descrito no se puede decir que resulte de una complejidad inasumible, sin embargo si existen algunos problemas de concepto que impiden alcanzar las conclusiones expuestas:

1. El concepto de vacío

2. El concepto de materia

3. El concepto de tiempo




1. El concepto de vacío

Desde que Michelson y Morley descartaran experimentalmente la existencia del “viento del éter” con su interferómetro hasta el mismo Maxwell, que unificó electricidad y magnetismo, y la física en general, quedó en un cierto estado de consternación.

Se descartaba con ello, incorrectamente, la existencia del éter que se había postulado como medio para que se desplazara la onda electromagnética. A partir de entonces debió hacerlo sobre el vacío.

Y si ya es dramático desplazarse en el vacío, interpretado como una suerte de “nada”, con más razón lo es para una onda que carece de elementos constitutivos propios y no es más que una ondulación del medio.

El motivo es sencillo: se interpretó que el supuesto éter debería presentar mayor resistencia en el sentido de desplazamiento, de modo análogo a lo que sucedería en el mar o en la atmósfera. Sucede que, a medida que vamos yendo hacia medios más sutiles, nuevos efectos emergentes pueden darse en virtud de los mismos principios, y puede que no se sepan interpretar correctamente.

Al final éter y espacio (o espacio-tiempo en la relatividad) son la misma cosa. La luz es una excitación del espacio en un punto que se propaga en toda direcciones

El hecho es que, según la relatividad, la luz no ve afectada su velocidad en función del desplazamiento como sucede con otros elementos. En todo caso su frecuencia, según dicta el efecto Doppler.

Luego, si lo que se plantea es que a mayor velocidad de los objetos, estos experimentan los cambios con menor velocidad, tal vez la luz como constante pueda quedar al margen de dicho principio y permitirnos tener un reloj libre de tales distorsiones.

Sucede que, aunque la luz dé perfecto cumplimiento a los postulados de Einstein y su velocidad permanezca inalterable, lo que si se altera con el desplazamiento es su trayectoria, en la misma diferencia que un cateto es a la hipotenusa. Así que, aquí por otros motivos, seguimos sin un reloj fiable.

Por lo dicho hasta aquí, no es de extrañar, según lo publicado después por Einstein, que el experimento de Michelson y Morley de 1887, no diera el resultado esperado. No parece que el viento del éter, o la resistencia del espacio, o la impedancia del vacío, interfieran con la luz, acaso por carecer de masa.

Pero la ausencia de prueba no es prueba de ausencia.

Según la relatividad es precisamente la masa lo que modifica las características del espacio-tiempo, lo que venía siendo el éter, y todos los observadores deberían percibir la misma velocidad de la luz independientemente de su desplazamiento, así que no parece que las condiciones de aquel experimento del siglo XIX estén planteando la pregunta correcta.

La masa y la velocidad están estrechamente relacionadas. A mayor velocidad, mayor masa. Y lo cierto es que la gravedad sigue siendo uno de los fenómenos peor comprendidos.

No en vano la conocida como “catástrofe del vacío” ostenta el dudoso honor de ser considerada como “la peor predicción teórica de la historia de la física”.


2. El concepto de materia

Viniendo del paradigma anterior y por nuestra experiencia del mundo, solemos interpretar, erróneamente, que donde hay un objeto hay “algo” compuesto de materia y donde sólo has espacio no hay “nada”.

Lo cierto es que lo único que cambia es la densidad. El espacio, antes que ningún vacío, es algo. Recordemos a Parménides y su “sólo la nada puede no ser”. El espacio es el medio más sutil de nuestra experiencia, tanto que ha sido siempre confundido con ese vacío lleno de nada que sin duda no existe.

Es el sustrato imprescindible para cualquier estructura material. Y, de hecho, bajo el punto de vista ondulatorio, la materia no es otra cosa que una alteración del espacio que se traslada a través de éste, y para ello ha de vencer un resistencia, en relación a su velocidad y su masa. De ahí emanan los efectos gravitatorios.

Tal vez el mejor ejemplo visual sea la deformación que se crea en una cuerda fijada por un extremo cuando sacudimos el otro. Vemos una deformación viajar por la cuerda, sin mayor constitución que una configuración determinada de ésta. Alguna de esas ondulaciones adquieren una configuración estable y esos tipos de ondulación son los que conocemos como materia ordinaria.

Para quien no haya hecho nunca nudos, cabe recordar que el principio siempre es el mismo: una parte de la cuerda aprisiona a otra. Pero los diferentes tipos de “nudos” se crean exactamente con la misma cuerda, que en esta analogía representa al espacio tridimensional.


3. El concepto de tiempo

Se le suelen atribuir al tiempo, erróneamente, propiedades que caracterizan a una dimensión espacial, cuando nuestra experiencia cotidiana evidencia que eso no es cierto en absoluto.

Lo cierto es que el pasado sólo existe en la memoria y el futuro como expectativa del presente.

Hay un espacio en el que se suceden cambios, en virtud de la causalidad, y estos determinan una secuencia.

Y solemos ordenarlos en un eje para representarlos, pero es un grave error confundir una representación abstracta con la realidad. No hay por lo tanto dimensión temporal por la que desplazarse, ni más ni menos deprisa y todavía menos hacia delante o hacia atrás. Lo que se conoce como “flecha del tiempo” es la tercera ley de la causalidad, estrechamente ligada con las leyes de la termodinámica y de Newton:

        1. Todo lo que sucede es inevitable.

        2. Todo lo que no sucede es imposible.

        3. Todo es irreversible.

Lo que termina de confundirnos es la llamada “dilatación temporal”. Al final lo que sucede es que no tenemos más manera de medir el “paso te tiempo”, que no son más que los cambios en la materia y el espacio, que con la propia materia y los cambios que en ella observamos. Y con luz, que como ya se ha referido presenta sus propios problemas.

Así, al comparar dos relojes, debido a su diferente relación de velocidad con el espacio, observamos que los que se desplazan a mayor velocidad respecto al medio experimentan una ralentización general del cambio, igual que toda la estructura material que les acompaña en su contexto, por lo que hemos entendido que es el tiempo lo que se ralentiza.

Una premisa errónea conduce a una conclusión errónea y si la primera no se corrige resulta imposible llegar a buen puerto.

Lo que sucede en realidad es que el omnipresente éter está ejerciendo una resistencia proporcional a la velocidad-masa respecto a los cambios que en su seno acontecen. Y de esta forma el total queda siempre conservado.

*****

 

 

En los últimos tiempos el llamado “vacío cuántico” ha venido a rescatar al vacío de la nada y a devolver al espacio (o éter) al lugar primigenio que le corresponde, pero aún persiste un enorme malentendido.

Tesla tenía muy claro que el vacío, la nada, no podía tener propiedad alguna y que por lo tanto no podría curvarse ante la gravedad como proponía la relatividad de Einstein con su espacio-tiempo, por lo tanto el llamado vacío no podía ser tal.

Y es obvio, no sólo que la onda necesita un medio para desplazarse, sino que la onda es en realidad expresión del medio. Y que, como con el ejemplo de la cuerda, nada se mueve de la manera que acostumbramos a interpretar si no que se transmite. Y que la materia no son más que nudos que se desplazan por esa cuerda sin que nada en su constitución se vea alterado, siendo su naturaleza última ondulatoria. En la línea de interpretación de la onda piloto de DeBroglie que merece comentario aparte.

Con esto, ya estaremos algo más cerca de responder a la pregunta, bastante más interesante de qué es la energía, aunque algo ya se ha esbozado aquí. Y otra aún, si existe alguna manera de obtener energía de ese descartado pero finalmente omnipresente éter. O del espacio, que desde luego no parece estar en absoluto vacío.

Espacio, materia, tiempo. Parece difícil acertar siempre en el error. ¿Casualidad o causalidad?

lunes, 3 de julio de 2023

Sombras en la oscuridad: la historia oculta

 


 

La manera de contar bien una historia se supone que es empezar por el principio, pero eso no siempre es posible. Podría empezar con esos mapas, como el de Piri Reis, que muestra un tierra que por entonces ni siquiera era conocida para la civilización actual. Pero lo que quiero contar es muy posterior, empieza, como todos los principios, con un final. El de la segunda guerra mundial.

Tal vez lo de los nazis en la Antártida ya suene hasta a tópico underground. Es natural que declaraciones como las del almirante Dönitz, diciendo abiertamente que ha construido “un shangri-la inexpugnable” para su führer, resulten cuanto menos llamativas.

Teniendo en cuenta además que el cadáver de Hitler se identificó por un trozo de mandíbula y muchos nazis lograron trazar su ruta de huida a Sudamérica, se puede entender que termine siendo terreno abonado para especulaciones.

En cuanto a documentos oficiales, existen archivos desclasificados del FBI que recogen la rumorología de la prensa de la época y poco más, situando a Hitler aquí o allá, siendo reconocido, etc. Incluso existe un documental argentino en el que un carpintero relata con toda normalidad un encuentro. Tal vez decepcione a alguien, pero al parecer se había quitado el bigote.

Lo que sí está mucho más contrastado es que Skorzny, el que llegó a ser catalogado como “el hombre más peligroso de Europa”, persona de confianza de Hitler al que encomendó las misiones más delicadas, entre ellas el rescate de Mussolini, fue guardaespaldas personal de Perón.

Un tipo audaz, qué duda cabe. Con una de esas llamativas cicatrices en el rostro resultado de los duelos de esgrima de su juventud. Él mismo lo relata en sus memorias. Y un tipo peligroso, por lo que otros cuentan de él.

Lo cierto es que que existe un cierto rumor de nazis en Argentina y no sin razón: por sus puertos pasaron algunos submarinos en rendición tras el final de la segunda guerra mundial, cuentan que uno fue hundido frente a sus costas y que todavía se puede avistar en la bajamar.

Huelga decir que la llamada tierra del fuego, al sur de la Patagonia, es la masa de tierra más cercana al continente helado. Es un lugar más que inhóspito, poco apropiado para el Shangri-la al que pudiera referirse Dönitz. Seguramente nadie en su sano juicio buscaría en tal lugar refugio. Algunos de los viejos exploradores como el británico Scott pagaron con la vida sus intentos de conquista.

Y lo natural sería concluir aquí la conjetura, descartando la posibilidad por descabellada.

Pero sucede que la realidad, tiene la mala costumbre de superar a la ficción. Y el dicho la manía de cumplirse incluso más de lo que cabría esperar. Y he aquí que en 1947 tiene lugar la operación Highjump. El nombre es oficial y material “desclasificado”. Incluso hay un libro subtitulado “la guerra que nunca existió” que tal vez nos pueda dar un panorama más realista de lo que sucedió que lo que la historia oficial cuenta a día de hoy:

Que aquello fueron unas simples maniobras en el hielo. Como muchos que conocen el asunto han observado, la envergadura, que hizo necesaria una versión pública pues era imposible ocultar aquello, no parece razonable para la circunstancia declarada. Ni tener que desplazarse hasta la Antártida si lo que se busca es hielo y no algo que sólo se pueda encontrar allí.

A estas alturas ya debería estar meridianamente claro que lo que se plantea es que la segunda guerra mundial no terminó el 30 de abril de 1945. Terminó a los ojos del mundo. Y no se puede decir en realidad que la ganaran los aliados. A pesar de disponer de armamento nuclear.

Si hemos de dar crédito al relato del almirante Byrd, tendríamos que remontarnos a los orígenes mismo del nazismo y aún más allá. El interés por la historia y por el esoterismo se ha recogido hasta en las películas y ha quedado en la cultura popular. Himmler estuvo de visita en el monasterio de Montserrat, seguramente siguiendo una de las historias del grial que cuenta quedó depositado en un supuesto Mont-salvat.

La esvástica es una antiguo símbolo. También la cruz de hierro, que a la postre es una cruz de Malta, como las de las velas de las carabelas. La impresión que da es que las élites nazis tuvieron acceso a un conocimiento antiguo desde sus mismo inicios. Algunos los vinculan con la sociedad secreta Thule.

Todo ese relato de razas, los arios, los judíos. No sé si la historia real, pero alguna historia les fue contada. Y no hay buena mentira que no tenga algo de verdad.

Lo cierto es que todo lo que tenga que ver con el pretendido Reich de los mil años está rodeado de controversia, oscurantismo e incluso tabú. Y sigue habiendo cosas francamente difíciles de explicar, al final todo se atribuye con ligereza a la locura del líder, y a otra cosa.

Si se analiza la situación militarmente, la apertura del frente oriental es algo que no puede tener el menor sentido para ningún estratega. E incluso con errores estratégicos de bulto, no estuvieron tan lejos. 11 millones de muertos le costó a la URSS pararlos. Y a pesar de llegar los primeros a Berlín, Stalin supo que Hitler había escapado. Lo que no está tan claro es que supiera dónde, algo que sí averiguaron los EEUU más tarde.

Y allí que fueron a exterminar el último reducto del régimen nazi, en el que los submarinos de Dönitz debieron tener un papel clave para el trayecto. Lo cierto es que la URSS sufrió un desgaste desgarrador en la contienda y es muy posible que aún disponiendo de la misma información que los EEUU hubiera dado por finalizado su papel. En cualquier caso, hasta donde yo sé, no hay constancia de que intervinieran, ni otras potencias europeas.

Si volvemos al almirante Byrd, y hemos revisado algo de la mitología que bebieron y se creyeron los nazis, cierta o no, tal vez podamos verlo con otra luz. Algo que, malinterpretado, puede sonar del todo ridículo: Agartha, la tierra hueca, el origen de la raza aria…

¿Sabes lo que es ridículo en realidad? Habitar en la superficie de un planeta, a merced de tsunamis, meteoritos, llamaradas solares y quién sabe qué más. Y a pesar de todo los mayores núcleos de población se hallan en las costas. Tampoco parecía mala idea el diseño de la central nuclear de Fukushima hasta que ocurrió algo fuera de lo habitual. Una receta para el desastre, sin duda, como bien se pudo comprobar.

Ya que hablamos de Japón, se da la circunstancia que la presencia de la esvástica es bastante común en su cultura, se puede ver asociada a imágenes de Buda. Tal vez algo tenga que ver con lo que podría parecer una curiosa alianza. Y, siguiendo con los colaboradores, hoy se ha convertido en chascarrillo aquello de la “conspiración judeo-masónica” que chocheaba Franco, pero lo cierto es que desde determinados niveles de poder se tiene acceso a más y mejor información. Y aún así parece que nadie escapa de las mentiras.

Lo que explicó el almirante Byrd, y que fue publicado en la prensa de la época, no encaja demasiado con la idea que tenemos de la Antártida: un continente sepultado bajo metros y metros, sino kilómetros de puro hielo. Aunque tal vez el mero hecho de que la historia fuera divulgada debería hacernos dudar.

Si nos ceñimos a los hechos, el actual presidente de EEUU, hizo un curioso viaje relámpago a la Antártida justo al final del mandato de Obama, administración de la que fue vicepresidente.

Es un viaje curioso, cuanto menos. Y un momento llamativo. El momento es importante a la hora de revelar lo que no es contado porque algunas cosas simplemente no pueden posponerse, se puede adornar todo, maquillar, tergiversar. Pero el momento puede ser invariable.

Aunque por supuesto no da mucho más que para la especulación. Ahora bien, si se une a otros contextos, como el desarrollo al final de la guerra por parte de los nazis de ciertos ingenios voladores, o el paseo que un buen día unas llamativas luces se dieron por la mismísimo Capitolio… ¿fue en el 52? Y ¿en qué año fue la conocida como “Batalla de Los Ángeles”? EEUU estaba en guerra si no recuerdo mal, pero siempre lo está en alguna parte. Si se une a otros contextos, decía, la impresión que da es que la pretendida hegemonía global de Washington nunca fue tal.

Sí, echaron a los nazis de Alemania y llenaron Europa de bases de la alianza militar que lideran, pero me temo que de la Antártida volvieron con las manos vacías. De hecho, rumores hay de explosiones nucleares por aquellas latitudes y fechas, incluso antes de poner un pie en el hielo, si no recuerdo mal. En cualquier caso son extremos difícilmente contrastables. Es lo que tienen los secretos. Pero lo cierto es que, a juzgar por el escenario que ha quedado a los ojos del público, aquella supuesta contienda del 47 debió finalizar como lo hacen todas las guerras: con alguna clase de negociación y acuerdo. Y no parece que EEUU, por más que dispusiera de la bomba atómica, tuviera en ella una posición de fuerza.

Muchas más dudas que certezas, desde luego: dudas, todas y certeza apenas ninguna. Pero sigamos delimitando esa silueta. Dada la situación hipotética planteada hasta aquí, ¿qué clase de acuerdo se podría haber alcanzado? Sin tener en cuenta a otras posibles partes, que ya es mucho suponer.

¿Cabría hablar de alguna suerte de vasallaje? Porque la idea de “me voy a quedar aquí y vamos a hacer que no existimos el uno respecto al otro, te puedes quedar el mundo” me temo que es demasiado inocente. Lo cierto es que el poder se cuida mucho de ofrecer un rostro. Se aprende muy rápido en los duelos de esgrima, igual que en las artes marciales y en general en cualquier confrontación física: se ofrece el menor blanco posible al enemigo.

Hacer creer que no existe es el mejor truco del demonio, se suele decir. Y lo cierto es que por lo que nos consta la Antártida es todo un continente de puro hielo: sin volcanes, sin geotermia, sin los paisajes verdes que describió Byrd.

La hipótesis se puede juzgar incluso como surrealista, pero lo cierto es que explicaría algunas cosas que de otro modo resultan de difícil comprensión: la árida tarea de buscar a un tal Bin Laden durante largo tiempo en cuevas de Afganistán, la invasión relámpago de Irak justo cuando el arqueólogo Jörg Fassbinder creía haber hallado la tumba de Gilgamesh, el paso por Siria y ahora la provocada guerra de Ucrania por las pirámides enterradas en Crimea, que quedó escindida tras el intento de golpe suave en 2014 y bajo control ruso.

Volviendo al 47, no parece que los rusos estuvieran en ese tratado. Sin embargo, sí podría parecer que, además de los científicos nazis que incorporaron a sus filas en lo que fue la conocida como operación Paperclip, entre ellos el muy conocido Von Braun, padre del programa espacial americano, los EEUU hubieran heredado un cierto gusto por temas que parecían más preocupaciones de un régimen de locos. O tal vez lo que recibieran finalmente fue un mandato.

Papel curioso jugaría Israel en este hipotético escenario, aunque la programada creación del estado semita merece sin duda ser abordada aparte. También la estrella de David que luce en su bandera es sin duda un símbolo muy antiguo. Lo que parece incuestionable, llegados a este punto, es que al público se le cuenta, cuanto menos, mejor.

Y que algunos parecen empeñados en seguir ahondando en la historia antigua, para su exclusivo provecho, ahora ya de una manera mucho más discreta, solapada, sin incurrir en los errores del pasado, aunque operaciones como la del saqueo del museo de Bagdad al final sean pura evidencia.

¿Conclusiones? Que ni siquiera conocemos el escenario real ni a los actores que lo componen. Que formamos parte de una partida de ajedrez, que como un simple peón, ni siquiera ve la totalidad del tablero y no escoge donde mueve: es movido.

Y más halla de la propia figura hay sólo un horizonte difuso de mentiras, medias verdades, especulaciones y rumores. Sombras en la oscuridad.

Que cada uno saque sus propias conclusiones, al final tampoco es que podamos hacer gran cosa, tal vez alguien termine con la peregrina idea en la cabeza de que Hitler es el responsable cambio climático. Sea como sea, la verdad nunca se ha contado entre el patrimonio de los desposeídos.

¡Nazis en la Antártida, menuda locura! ¿Y en la luna no? Bueno. Ya llegaremos.



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El tratado antártico redactado en 1959 prohíbe explícitamente el uso de armas nucleares en la zona así como su uso para almacenar residuos nucleares. Teniendo en cuenta que es una región considerada inhabitable y se prevé que permanezca así por siglos tal vez no fuera tan mala idea.

Está ratificado por países aledaños y las grandes potencias de la época, cosa que no sucede con el tratado lunar.

Tal vez es que ese otro territorio fuera del globo terráqueo sí está en posible disputa. La carrera espacial, lo llamaron.

Y el hecho de que el responsable último del programa espacial americano fuera un ex-nazi, da cuanto menos que pensar. O debería.

Y algunas fechas: Kennedy junto a sus repulsiones al secreto y a aumentar la presencia en Vietnam son asesinados en el 63, en el 69 se cumplía la mayor de las metas que planteó, “not because they are easy but because they are hard”, y a 2023, 60 años después, se diría que la carrera espacial terminó prácticamente al comenzar. Más de medio siglo.

Demasiadas cosas tienen muy difícil explicación. Y difícil intuir lo que sucede entre bastidores.

En mi opinión el video más revelador en cuanto al asunto del alunizaje no es ni el de la pluma y el martillo, ni el de bandera que sea por lo que sea no se está quieta, no.

Es el de la rueda de prensa de sus tres protagonistas. Aldrin es un tío duro, lo sigue siendo en cierto modo aún a su edad. Se le ve sagaz, con esa mirada afilada y luciendo sin recatos su joyería. Casi incisivo esperando las preguntas de los periodistas.

Armstrong, demasiado decepcionado para acabar de convertirse en un héroe, universal, se diría.

Collins retraído y algo distante. Ahí está todo lo que hace falta saber.

Bueno, no. Siendo justos es tan sólo un indicio, pero suficiente para ponerse en el camino correcto.

Luego está además, claro, lo que se cuenta. Son curiosos los intereses que el acontecimiento despertó en Armstrong. Cada uno somos de una manera, a él se diría que le pesó toda la vida.

Mucho se habla del canal médico privado, de una par de minutos de silencio. Al parecer él mismo confesó en vida que... no podía confesar. Y no parece que se pudiera referir a un transitorio desajuste gastrointestinal debido a la inevitable tensión del momento.

Si me preguntan a mí, lo que realmente me gustaría encontrar allí sería una pirámide como un campo de fútbol de grande. Pero me temo que se apreciaría desde el descenso. Quién sabe.

Lo cierto es que la información está reservada a ciertos niveles, en general. Y, de lo que llega al público, que sin duda es mucho más de lo que en principio cabría esperar, se contamina todo con desinformación.

Pero llegaron, ¿sí o no? Bueno, más preocupante es el supuesto incidente de la base de Dulce.

Majestic Twelve, Blue Book, Area 51… Pero deberíamos tratar de esclarecer algo de entre esas arenas movedizas dispuestas precisamente para dificultar esclarecer nada. Me vienen a la cabeza algunos tópicos manidos: “el público no está preparado para esto”, “sería el caos”, “podría desatarse el pánico”. Ese tipo de razones de hombres de estado.

Me llegó la historia de Eisenhower presentándose en algún lugar amenazando con traer una división si no le daban acceso. Siendo presidente, se entiende. La anécdota, real o no, lo cierto es que encaja bastante bien con el carácter de aquel hombre… ¿vetusto? Y sobre todo da que pensar en quién controla la información y quién tiene realmente el poder, incluso qué cosa es esa a la que llamamos “poder”.

No me gusta exponer demasiado a nadie que no quiera exponerse, pero su hija ha sido bastante activa en algunos temas de los que aquí se refieren. También Mitchell sexto hombre en pisar la luna, hizo declaraciones que tal vez se apartan un poco de lo que cabría esperar. Lo que sí me ha quedado marcado a fuego es una imagen de un documental en el que interviene la primera:

Consiste en un, digamos, platillo volante, de esos que hemos visto tantos una y otra vez en la pantalla, con una bandera norteamericana. Con la diferencia que, en el lugar que suelen ocupar las estrellas de cinco puntas que representan a los estados, se halla una enorme esvástica blanca, sostenida sobre su vértice, como la que caracterizó al tercer Reich.

Eisenhower, que se encontró personalmente con el panorama espeluznante de los campos de concentración. Difícil de entender y difícil de explicar un cuadro semejante.

Recuerdo una frase que leí, creo que de algún argentino o similar: “desde ya te digo que Hitler fue engañado por extraterrestres”. Las expresiones que salen de las tripas sin duda a veces tienen su gracia. Y quizás, a veces, consiguen tal vez sin saberlo arañar algo de verdad. Como un disparo en la oscuridad que da en el blanco.

Un poco como esa imagen de la bandera norteamericana con la esvástica, es como una bofetada. En un microsegundo te cuenta décadas de una historia desconocida.

La historia de este milenio empieza con los atentados a las torres gemelas. Y de ahí a Afganistán, Irak, Libia, Siria… Ucrania...

No sabemos lo que pasa en el mundo, vamos a saber lo que pasa en la luna. Ni siquiera está claro si es más difícil saber lo que pasa, lo que pasó o lo que pasará.

 

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Como reflexión final, me gustaría mencionar la cuestión de la fuentes.

Cuando uno está lidiando con asuntos sobre los que pesa un profundo secreto, sencillamente no es posible añadir referencias del modo que se hace al elaborar un paper en cualquier disciplina.

La manera de gestionar la información es infinitamente más complicada y a mucha gente le es muy incómodo tener que moverse más allá de lo que son certezas absolutas, pero me temo que es siempre ahí donde se halla la verdad, inaprensible.

Al final uno termina con algunas constelaciones de puntos, que parpadean, unos más brillantes, otros menos, según se trace la conexión entre ellos.

El tipo de persona que se niega a aceptar que siempre hay más hechos que los demostrables prefiere vivir en la ignorancia antes que en la duda, porque no tienen la fortaleza para asumir la debilidad que tal posición supone.

Sin embargo, hay herramientas inductivas que nos permiten conocer algo más allá de la evidencia, que es a la postre lo evidente.

Esas personas se suelen valer precisamente del tipo de falacia ad ignorantiam presumiendo que la ausencia de prueba es prueba de ausencia. En otras palabras, que el no poder probar una afirmación demuestra su falsedad. En el contexto de información clasificada es más absurdo todavía, además de perverso. Tanto como lo que en derecho se conoce como prueba diabólica, de hecho es la otra cara de esa moneda. Pero muchos lo prefieren antes que la suspensión del juicio a la que obligaría el verdadero escepticismo y no el negacionismo que profesan.

Porque qué duda cabe que aquellos que guardan secretos, y todos los estados los tienen, conocen bien el papel de la información. Se usa para dirigir a las masas. Se fabrica a medida, se diría. Y si en algún momento ocurre una filtración indeseada qué duda cabe que hay operaciones de “control de daño”. Tratando de ridiculizar, desmentir, cuestionar y por lo general intentando refutar desde el mero cuestionamiento, extremo que ya se ha expuesto como falacia lógica.

Si es un hecho que los estados guardan secretos, es un hecho que hemos sido engañados. Por más risa tonta, y subrayo lo de tonta, que les pueda entrar a algunos recordando la oportuna pintada.

Al final es la interrelación de esos puntos en principio inconexos lo que permite configurar el armazón de un escenario consistente con los actores y el contexto. Y sí, tiene mucho de novela en todos los sentidos, policíaca, tanto en los resultados obtenidos con en las aptitudes requeridas. Pero, si se hace un buen trabajo, debería acercarse mucho más a la verdad que cualquier otro relato basado exclusivamente en la evidencia y la información que se le ofrece al público.

Si el lector tiene algún día la buena o mala suerte de salir en prensa por algún acontecimiento vivido de primera mano es posible que se dé cuenta de que en muchos casos no tienen ni la menor idea de lo que hablan.

En cualquier caso lo hasta aquí expuesto no se presenta como hechos últimos y prefiero, por los motivos citados, no ofrecer fuentes más que las referencias citadas, que no son pocas. Antes que una papilla que se pretenda que nadie deba tragar es una invitación a indagar, profundizar y reflexionar. A no quedarse con las verdades parciales o completas mentiras que nos ofrecen, aunque sin duda muchos estarán más cómodos con ellas.

Pero lo cierto es que Han solo disparó primero y luego cambiaron la versión. Son como niños.





martes, 27 de junio de 2023

La cultura megalítica global

Escribo esto para que quienes lo deseen se puedan ir poniendo al día en un asunto de la mayor trascendencia posible: el origen de nuestra civilización. Y quién sabe si de algún modo nuestro futuro.

Lo cierto es que la palabra “megalito”, que al final significa piedra grande, puede inducir a error. Muchos podrían pensar en dólmenes y menhires. Sin desmerecer a estos, hablamos de algo completamente distinto.

De una técnica constructiva implementada en diversos puntos del globo cuya antigüedad real no va a ser tarea fácil esclarecer.

La arqueología académica ha fallado persistentemente en la atribución de determinadas obras a culturas que hallaron sus restos y se valieron de ellos.

Los estados de conservación son muy diversos, siendo tal vez el ejemplo mejor conservado la fortaleza de Sacsayhuamán en Cuzco. Prácticamente en toda la ciudad se pueden ver ejemplos.

El patrón se repite en todas partes de similar modo, obras magníficas con piedras enormes trabajadas y encajadas de una manera bastante particular. Por lo general destruidas y luego restauradas por las culturas a las que actualmente les son atribuidas: incas, mayas, egipcios, romanos, helenos…

Las teorías a estas alturas disparan la imaginación y poco hay firmemente establecido más que el denominador común, que a fecha de hoy ya es a todas luces innegable.

Desde Perú a Egipto, incluso en la Isla de Pascua y en muchos otros lugares, algunos aún por descubrir, se puede apreciar una raíz común.



La foto de arriba corresponde a la pirámide actualmente atribuida erróneamente a Micerinos.

Si uno observa con detalle podrá ver una serie de protuberancias o extrusiones en la piedra (en inglés lo llaman “knobs”) además de un tamaño irregular de los bloques, que en este caso preservan la hilada horizontal por las características de la construcción. Motivo por el cual también fue más fácil “desnudar” a las pirámides.

En la otra punta del mundo, en Cuzco, podemos observar este otro muro que presenta el mismo peculiar atributo, además de otras características comunes y algunas diferentes:



Y este otro muro se encuentra en la Isla de Pascua, a más de 3000 kilómetros de tierra firme en cualquier dirección: 



La conexión de la isla con Sacsayhuamán es del todo evidente, pero también en Egipto hay muchos más ejemplos. Aunque este último estilo sea algo más rectilíneo los elementos comunes son evidentes. La imagen siguiente corresponde al Osireion en el templo de Abydos, Egipto: 



Tales elementos podrían definirse como los siguientes rasgos de la técnica constructiva:

1. Bloques de gran tamaño.

Si bien es cierto que existen construcciones que cabría asociar con esta cultura megalítica global y que presentan bloques de menor tamaño suelen ser bloques enormes de incluso varias decenas de toneladas. El ejemplo corresponde a Sacsayhuamán:



2. Unidos de forma precisa y sin mortero

En algunas zonas podemos encontrar restauraciones que se han valido de técnicas más limitadas de culturas posteriores, como en la zona Chichén Itzá en la península del Yucatán. En muchos casos tales obras han podido ser parcial o totalmente desmanteladas, presumiblemente usadas como canteras.

Restauración maya partiendo de elementos megalíticos probablemente hallados en forma de ruinas:



Por otro lado el nivel de deterioro y erosión, muy diverso, puede dar la impresión de uniones más precarias en determinadas obras. Hay un nexo común que se halla en algunas de ellas, son un tipo de “grapas” metálicas (en inglés suelen utilizar "clamps") que mantienen aún más firmemente unidos los bloques. Hay mucho trabajo hecho ya pero mucho menos del que queda por hacer, apenas hemos empezado a arañar la superficie, disculpas por la calidad de la imagen:



3. Bloques poligonales e irregulares

Aunque en algunos lugares se conservan más las líneas rectas, como es el caso de Egipto, y no aplique a todos los casos, el ensamble de bloques de diversas formas y tamaños, hecho que confiere una resistencia superior por ejemplo ante movimientos sísmicos, es una característica habitual.

Y a partir de estos tres puntos fundamentales caben muy diversas apreciaciones como variados son los ejemplos a lo largo y ancho del planeta:

Suelen tratarse de lugares en ruinas o restaurados por asentamientos de culturas posteriores.

El estilo restaurado por los mayas recuerda en cierta medida al que se encuentra en los templos de India o Camboya, algunos mejor conservados que otros. Si bien esta última zona llegó a pasar del bajorrelieve a una muy notable tridimensionalidad que en la zona maya no se observa.

El estilo egipcio en cambio es mucho menos barroco encontrando la belleza en las líneas simples, aunque es difícil saber el aspecto que pudiera presentar en su momento.

Algo a lo que conviene estar muy atento es a los diferentes métodos constructivos que denotan las diferentes capacidades, desde el más rudimentario amontonamiento de piedras hasta trabajos de una finura y envergadura que no han vuelto a ser realizados. Machu Picchu es buena muestra de ello, en Perú:



Nada tiene que ver en realidad el muro de abajo con el de arriba en cuanto a calidad constructiva, por más que se haya acertado a preservar las líneas generales con cierta fidelidad.

Se diría que está trazado por la misma mano pero con medios muy distintos, lo que naturalmente dispara las especulaciones.

Y supongo que como introducción al tema es suficiente, no es preciso entrar en las muy diversas hipótesis que se manejan. Pero lo cierto es que la existencia de esa cultura megalítica global podría ser uno de los secretos mejor guardados de nuestro tiempo (o como se ve no tanto) y cambia por completo el relato de nuestros propios orígenes. Sorprende además que la arqueología e historiografía académicas presenten hasta la fecha un rechazo frontal a tesis que son mucho más que razonables, aunque en realidad estemos hablando de prehistoria. Y sorprende incluso más que no provengan del propio ámbito académico, lo cual, de nuevo, no hace más que disparar las especulaciones y las sospechas.

Hoy en día ya se dispone de mucha información y van surgiendo nuevos emplazamientos, hay una historia perdida, sino oculta, cuya evidencia cada vez aflora en mayor medida. Hasta el punto de ser ya sencillamente innegable. Lo mostrado aquí son sólo unos pocos ejemplos. Tal vez aún no sea el momento de volver a escribir la historia. Pero hoy ya sabemos que deberá volver a ser escrita.

Y no quiero dejar de anotar aquí una hipótesis que algunos plantean, ya no por su plausibilidad, sino por los riesgos que implica: Algunas potencias podrían estar en pugna, además de en otros ejes geopolíticos, por el conocimiento antiguo. Tesis que casa muy bien con el conocido gusto por el “esoterismo”, dicen algunos, del tercer Reich. No hay que olvidar que la esvástica es un símbolo milenario. Igual que la cruz de hierro, muy parecido al símbolo de las fuerzas armadas ucranianas que todos hemos visto no hace mucho en una de las camisetas caquis de Zelensky. Pero la exposición y desarrollo de tales conjeturas, por su entidad, merecen ser analizadas aparte.


sábado, 19 de marzo de 2022

El teléfono escacharrado

Supongo que todo el mundo conoce el juego infantil pero si vamos un poco más allá, ya como adultos, desde la teoría de comunicación es conocido que la calidad de la información se va degradando con su transmisión, un poco como una fotocopia que va perdiendo el detalle o tal vez añadiendo alguna irregularidad.

Y eso es en el caso de que el "teléfono" funcione bien, si está "escacharrado" puede ser aún más divertido.

Que todos tenemos ese moderno teléfono que es a la postre internet "pinchado" y que los servicios gratuitos que disfrutamos amasan ingentes cantidades de dineros con nuestros datos no es nada nuevo, es modelo de negocio trunfante e imperante. Comparado con eso la publicidad es pecata minuta, al fin y al cabo, dicen, la información es poder.

Pero a ese teléfono que siempre va a funcionar mal por definión y que además está escacharrado le podemos añadir un martillazo más en forma de algoritmo. Porque accedemos a internet pensando que nos va a mostrar el mundo tal y como es. Craso error.

No se engañe, si usted no sabe lo que es el SEO yo se lo resumo: las páginas de su buscador de confianza no difieren mucho al final de las páginas amarillas, al final lo que usted ve no es el mundo a través de una ventana, lo que ve al final es publicidad. Contenido promocional, promocionado, como se quiera decir.

Los viejos que vimos nacer internet teníamos otra idea acerca de como sería esto. Al final ya pagamos nuestra cuota de conexión para poder intercambiar información con otras partes del mundo, algunos habrán oído hablar de la llamada "neutralidad de la red". Eso es la no discriminación en la calidad y posibilidad de conexión por parte de nuestro proveedor. Ya ha estado en jaque, de momento parece que aguanta, pero tal como van las cosas ya veremos cuánto.

Pero una vez dentro de internet, aún asumiendo esa neutralidad, lo que impera es la ley del algoritmo. Que no por casualidad es poco más o menos la ley del dinero. Es una historia más vieja que el pan, ¿quiere usted con su negocio aparecer en los primeros resultados de nuestra búsqueda, lo cual le reportará pingües beneficios? Pague.

Es y siempre ha sido así, no es sólo un problema de la vieja prensa de papel, que hoy en su supervivencia con respiración asistida resulta más evidente que nunca. En la radio le llaman "payola". Son a la postre espacios publicitarios más que medios de información. Ya Lenin decía aquello de que la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta. Y esa voluntad suele tener bastante que ver con ganar dinero. Ninguna de esas cosas ha cambiado de forma significativa con internet.

Nos han hecho entrar en su lógica casi sin darnos cuenta, y en principio era hasta razonable, el que más paga, más presencia tiene. Y tiene mucho sentido, pero por si no fueran ya bastante perniciosas las consecuencias que se desprenden de tales principios (¿o tal vez hablamos de la ausencia de los mismos?) la distorsión cada vez ha ido a más y sin perspectiva de cambiar de trayectoria.

Hasta el punto surrealista de que en algunos partes da igual lo que uno busque, el resultado de su búsqueda va a ser el contenido promocionado. Pecamos de ingenuos, tal vez pensamos que el nuevo ecosistema virtual se autorregularía como lo hace por ejemplo la economía bajo las tesis neoliberales. Y lo cierto es que lo hace exactamente igual, el que paga manda y el que no puede pagar no existe. Ése es el mundo que vemos a través de internet. Pero hay mucho más mundo ahí fuera, incluso dentro de internet, simplemente no se nos muestra en aras de la rentabilidad de nuestro proveedor de servicios cada vez menos gratuito.

Porque algunos ingenuos pensamos que las plataformas que nos sirven para comunicarnos deberían hacer gala de cierta neutralidad, pero si esto furra un partido de fútbol aquí el árbitro va con el equipo que le parece y de vez en cuando nos mete un buen gol por la escuadra.

Son empresas privadas, arguyen algunos, y pueden prestar el servicio en las condiciones que ellos consideren. Claro, también lo son las operadoras que nos proveen la conexión eso no inavlidad un principio tan básico como la mencionada neutralidad de la red.

O acaso se puede imaginar alguien por ejemplo, dos plataformas de video, y que a una que paga a las operadoras se le ofreciera una velocidad de conexión excelente y a la otra se la boicoteara por no pagar tal "impuesto revolucionario", "protección de la familia" o simple y llanamente extorsión.

No, nadie puede imaginar tal cosa porque para eso haría falta competencia y no los monopolios de facto en los que estamos ya inmersos.

Pero si ya nos pasa con los periódicos, donde se mezcla sin vergüenza información y opinión, si es que queda algo de lo primero, no nos puede sorprender que información con publicidad. ¿O no son enternecedores esos publireportajes que hacen en el plató del telediario? O al revés, ¿qué tal esos espacios de las casas de apuestas donde informan de la evolución del partido en un alarde de generosidad?

Pero en los momentos cruciales, cuando de verdad hay cuestiones importantes en juego, cuando el acceso a la información es más importante que nunca... es entonces cuando a nadie quepa duda que la puñalada es segura. Pero bueno, son empresas privadas, no un servicio público, están para hacer dinero, y eso sí se les da bastante bien. Pero no hay que olvidar.

No hay que olvidar que cuando accedemos a una plataforma de intercambio de mensajes breves en la que todo el mundo se puede comunicar, no todo el mundo puede participar. O cuando vamos a ver un video en nuestro portal de confianza (¡ja!) vemos al final sólamente lo que nos muestran. Lo mismo cuando revisamos los resultados de una búsqueda.

Ovidamos el pequeño detalle de exigir imparcialidad y transparencia y ahora viviemos en una realidad virtual, disminuida o aumentada, según el caso. Pero nada que ver con lo que en realidad hay ahí fuera. Vivimos en un eterno corte publicitario.

Supongo que es demasiado pedir para una empresa privada, tiene su sentido que sus sugerencias sean del contenido mayoritario y probablemente el mejor financiado. Inluso cunado esté accediendo a contenido minoritario. Y es ahí cuando tiene lugar el curioso fenómenos de la expansión.

La expansión, sobre una onda de audio es proceso que consiste em acentuar los picos y por lo tanto atenúa aún más los valles. La compresión de una onda es el proceso inverso. Bien, pues si imaginamos una gráfica donde el contenido mayoritario se representa en los picos elevados el minoritario en someros valles, la ley del algoritmo imperante lo que hace es expandir esas diferencias que ya existen de partida y las acentúa con cada simple actuación. Vamos por raíles hacia el pensamiento único.

Para los que creemos en la libertad de expresión, ya no como una cuestión de derecho, sino como la forma más eficiente de producir progreso, la magnitud del desastre no se puede exagerar. Ni siquiera las llamadas cámaras de eco escapan al algoritmo. De ahí que se produzca una polarización antes que una diversidad.

Así que, ya bien entrado el siglo XXI, con flamantes teléfonos en el bolsillo por los que pagamos varios cientos, es bastante cómico darse cuenta de que están completamente escacharrados. Nos espían, sólo nos muestran publicidad y censuran, por el mismo precio. ¿Qué más se puede pedir?

Según el fenómeno de expansión propuesto no es de sorprender entonces que cualquier persona con cierta fama, por excelente que sea su trabajo, esté por definición sobrevalorada. Pero esa expansión no es nueva, al final es como funciona el capitalismo, el que más tiene más gana y el que paga manda. Y todos deberíamos conocer lo que Balzac entendió que se encontraba tras cada fortuna.

Supongo que el error fue pensar que internet, lo que iba a ser ese nuevo mundo podría ser diferente, incluso mejor. Ahora ya parece un lejano sueño que jamás tuvo sentido. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que muchos ni siquiera lo sospechan y creen que lo que ven a través de sus pantallas es la realidad. Y en función de esa realidad que no existe toman las decisiones de su día a día, así que algunos que aún no se han acabado la toneladas de papel de water de las que hicieron acopio durante el estado de alarma han hecho el hueco justo para las garrafas de aceite de girasol y ya la leche igual ni cabe... Pero, ¿acaso no es maravilloso hasta qué punto nos manejan como imbéciles?

A nadie se le debería olvidar que a la postre internet es un invento militar. El embrión de lo que hoy es la red debía servir para poder mantener las comunicaciones en caso de holocausto nuclear. No vale hacerse los sorprendidos cuando veamos que se utiliza como un arma. Tal vez tampoco cuando empiecen a caer las bombas.

 

viernes, 18 de junio de 2021

El precio de la publicidad

Hace pocos días hemos podido ver un gesto poco habitual en el mundo del fútbol que además parece que está teniendo ciertos ecos.

En una rueda de prensa reciente de esta Eurocopa, un jugador tan mediático como Cristiano Ronaldo apartó unas botellas de Coca-cola que, como todos sabemos, no están ahí por casualidad. Y en su lugar plantó una botella que llevaba en la mano declarando lo evidente: "agua".

Podría parecer un berrinche de un mal día pero no es un detalle irrelevante. Según tengo entendido, es la UEFA la que recibe unos ingresos de esos sponsors y, en parte con ese dinero, premia a los clubs y selecciones por sus éxitos deportivos que, en parte con ese dinero, pagan a los jugadores.

Es cierto que sólo son futbolistas, ni economistas ni políticos, pero seguro que tienen todos bastante más claro que yo lo expuesto en el párrafo anterior, cae en el terreno de lo evidente.

Quizás sea sólo coincidencia que el gesto venga a coincidir con la agria polémica generada por la frustrada iniciativa de la Superliga, cuyo estrépito ha superado con creces el ámbito futbolístico. En cualquier caso vale la pena reflexionar sobre ello. Y no es que yo tenga nada personal contra la Coca-cola, ni muchos menos, me parece un gran invento y seguramente todos en algún momento de nuestras hemos disfrutado de ese sabor chispeante.

No obstante, es difícil no reparar en la hipocresía que supone por parte de la marca el quererse ver asociada a algo en principio tan saludable como el deporte cuando lo más razonable es vincularla a las caries y a la obesidad infantil.

Precisamente cuando jugaba a fútbol había un chico en el equipo, Tom, del que decían que tenía una enfermedad rara en los huesos a causa del abuso del refresco, me contaron que bebía unos dos litros diarios. Fuera por esa u otra causa lo cierto es que el chaval tenía al menos dos problemas.

La cuestión es que la cosa no quedó en ese gesto de Cristiano, el francés Pogba lo reinterpretó desde la perspectiva de su confesión musulmana apartando esta vez una botella de Heineken. Tampoco tengo nada personal contra el alcohol y disfruto de una cerveza de vez en cuando pero, a pesar de aquella famosa imagen de Pujol y Fábregas celebrando en el campo la victoria en el mundial, tampoco está exento de cierta hipocresía vincular bebidas alcohólicas con la práctica deportiva, no es probablemente lo que mejor la caracteriza.

Sin embargo sí que conocemos todos los problemas de alcoholismo que padecen algunas personas y las consecuencias, a veces incluso fatales, que suponen.

Y aún después, el italiano Locatelli, tras marcar dos goles en su partido, reprodujo un gesto muy similar al de Cristiano, todo esto en pocos días. Desde luego a quien no le debe parecer irrelevante es a Coca-cola que al poco veía su cotización reducida en más de un 1%, ni a la UEFA, que ha corrido a apagar el fuego recordando que "...los patrocinadores son fundamentales para la realización del torneo...". Viene a decir, con mucha cortesía, que al final son los que , en parte, les pagan el sueldo a todos, futbolistas incluidos.

La coletilla que añaden a esa afirmación: "...y para garantizar el desarrollo del fútbol en toda Europa, incluso para los jóvenes y las mujeres" sin caer en la falsedad, no deja de tener ciertos tintes de chantaje moral.

Al final lo cierto, por mucho que haya afectado el tema Covid a sus ingresos, es que el fútbol mueve cantidades exorbitantes de dinero. Y en mi opinión, excesivas. Tanto que, tal vez algunos, puedan plantearse si realmente vale la pena ser cómplices en la hipocresía de algo que va contra sus convicciones, y contra el más obvio sentido común, por unos dígitos más en sus cuentas que en realidad no necesitan.

No creo que a nadie pueda sorprenderle que los deportistas se hidraten fundamentalmente con agua, a pesar de las coloridas etiquetas de las que les rodean. Y tampoco que ciertos patrocinios no sean demasiado coherentes con esa realidad del deporte. Quizás es justo para eso para lo que pagan, para lavar su imagen y tratar de distorsionar una realidad que no conviene a sus expectativas crecientes de ventas, que convierten en irrelevante todo lo demás. Ése es el precio de la publicidad.

Por mi parte, nunca he tenido una especial simpatía por Cristiano y estoy muy lejos de la práctica musulmana de no consumir alcohol, de Locatelli ni siquiera había oído hablar antes de esta Eurocopa, pero creo que hay algo que compartimos y probablemente deberíamos compartir todos: la necesidad de ser consecuentes.