Escuché la noticia en su momento pero lo cierto es que no le presté demasiada atención, salió en todos los medios: la destrucción de la milenaria ciudad de Palmira, en Siria, a manos del ISIS.
Un tanto, curioso, un poco en la línea que relaciona conflictos bélicos con arqueología, como en Irak. El tema es que estaba viendo imágenes de las ruinas de forma un poco más analítica y al poco me he dado cuenta de que lo que estaba viendo ya no existe.
Esta es una imagen de lo que fue el “templo de Bel” (Baal, de Belcebú, pero no me quiero enredar aún con eso) antes de 2014:
Y esto es lo que quedó después
Si
no fuera por la pérdida de un patrimonio de la humanidad invaluable
resultaría más bien cómico.
Y la verdad que no está mal para unos “salavajes extremistas”, bastante limpio, se diría.
El tema es que justamente me hallaba analizando esa fachada, sin la menor idea de que ya no está ahí. Hay algunas noticias extrañas que no he terminado de seguir sobre una reconstrucción el Londres y New york, pero creo que me quedo con la evidencia que quede del original, echemos un vistazo más de cerca.
A estas alturas uno ya ha visto unas pocas piedras pero al ver este caso particular una peculiaridad salta a la vista. Si tuvieran una distribución más heterogénea, o incluso si uno no presta atención, las hendiduras presentes en la fachada parecerían resultado de metralla.
Viendo que coinciden siempre con las juntas de los bloques, esa posibilidad queda automáticamente descartada. Podrían incluso ser algún rasgo particular de la técnica constructiva, pero dada su irregularidad, y aunque hay otros muros que presentan similar condición, también se hallan otros exentos. Luego, no parece causa probable.
La erosión tampoco parece que lo pueda justificar, más bien se diría que el proceso es en cierto modo de dentro afuera. Esta tercera imagen es apropiada porque, abajo a la izquierda se puede observar dos bloques cilíndricos de columna estriada de frente. En ambos se puede observar la ranura que albergaría un alma metálica, y suele ser similar la técnica de unión entre sillares a hueso, mediante cuñas metálicas internas.
Uno puede pensar en alguna suerte de reacción química con la piedra como resultado de filtraciones, aunque lo cierto es que no hay mayor evidencia de ellas. Ni la he observado en otros lugares. Luego, dada la peculiaridad del monumento parece más comprensible que, literalmente, desapareciera. Un poco como la pila del museo de Bagdad.
Ahora bien, ¿qué es lo que estamos viendo? A mi juicio el resultado de calor intentado escapar del interior. Aunque dicho así, sólo habiendo visto esas imágenes, podría parecer un poco precipitado. Una más:
El punto de fusión de la piedra caliza y la arenisca ronda los 1000º. Son temperaturas más propias de un horno que de la combustión al aire libre. Y sorprende más si cabe ver una fila de columnas perfectamente erguidas y otras que se diría han sido dañadas como si hubieran sido hechas con arcilla.
No sé si las columnas de la foto continúan allí, pero viendo el trabajo limpio que se ha hecho borrando la evidencia tengo serias dudas. Ahora, ¿evidencia de qué? Veamos algo más de la zona:
En
este caso se observan también algo parecido a las hendiduras de
antes pero en una sola fila de bloques dando la impresión más bien
de troneras, o tal vez con la función se sostener algún aparejo,
toldo, etc.
Lo interesante sin embargo está más abajo. Las dos primeras hiladas no parecen tener en realidad mucho que ver con el resto. Se diría que el 80-90% es una reconstrucción, de a saber cuando, tal vez griega o romana. También en el medio aparece algo de cemento, probablemente de época más actual.
Volviendo
al desaparecido templo de “Bel”, si vemos la parte de atrás
observamos otra situación extraña:
Además la hendiduras que parecieran alguna suerte de “fugas de alivio”, donde cabría esperar encontrar los ornamentados capiteles corintios del entorno o la estructura de la imagen anterior, por ejemplo, observamos una piedras mucho más rudamente trabajadas y se diría que en buena medida deformadas por la erosión, en grado y estilo más similar a lo que hemos visto en las hiladas de la base.
Tampoco los triángulos escalonados que coronan el friso, que se ven también en la primera imagen, parecen estar realmente en su lugar. Y de hecho el friso aparece con mucha mayor erosión que el estriado de las columnas. Lo mismo para las piedras de la base en esta última imagen respecto a las de la fachada.
Lo visto hasta aquí permite afirmar que estamos, sin lugar a dudas, ante una reconstrucción de la época antigua de una obra aún anterior, parecido a lo que se puede observar por ejemplo en el “templo de las mil columnas” en Chichen Itzá y curiosamente con unos elementos de partida que en algo recuerdan a los capiteles:
Por lo tanto estaríamos, como mínimo, ante la tercera destrucción de Palmira, aunque esta última más bien de sus restos. También el templo de Adriano en Roma presenta hondas cicatrices que en ese caso sí son resultado de la metralla de la segunda guerra mundial. Es útil por la diferencia en la distribución que denota un origen distinto, a simple vista.
Mencionar de paso que el edificio que alberga sus restos sirvió en tiempos como la bolsa de Roma.
De modo similar a como la “casa lloltja mar” fue hasta 1994 sede de la bolsa de Barcelona:
O de modo análogo a la bolsa de Madrid:
Londres…
O Nueva York, por no buscar más.
En en caso de Barcelona, para quien esté familiarizado con la simbología, comentar que el interior cuenta con un precioso suelo ajedrezado:
Pero supongo que esto último da para otro artículo. Volviendo a Palmira y a sus destrucciones, sin mucho más que agregar que lo dispuesto para que cada uno saque sus propias conclusiones, uno no puede dejar de interrogarse sobre la presunta fuente de calor extremo que habría causado algunos de los efectos observados.
Y será imposible no recordar, para quien conozca el caso, aunque muy cuestionado y controvertido, de Mohenjo Daro, en Pakistán. Que si esqueletos radiactivos, que si no, que si arena vitrificada... Nada está claro, por supuesto. Algunos mencionan incluso la posibilidad de armas nucleares.
Quizás no tanto, o no sólo, por lo indicios mencionados, como por el contexto que provee la literatura épica india sobre explosiones “más brillantes que mil soles” con ciertos efectos poco recomendables, que en cierto modo nos resultan familiares respecto a la tecnología mencionada. Y desde luego no es casualidad que el padre de la bomba atómica, Oppenheimer, citara esos mismos textos cuando se autoproclamó “el destructor de mundos” viendo los resultados de su ingenio.
Como tampoco es casualidad que, al ser preguntado en una conferencia en su Rochester natal por un estudiante sobre si la bomba que se hizo estallar en Alamogordo (Trinity) fue la primera, respondiera: "Bueno… sí. En tiempos modernos sí, por supuesto."